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2020: El año que nuestro tiempo se detuvo

A tan solo 15 días, 2020 se comienza a despedir en medio de un abrumador balance de cierre, con saldos a rojo candente de cifras que nunca se podrán llegar a medir con la mediana exactitud que en balances anteriores se podía realizar.

A tan solo 15 días, 2020 se comienza a despedir en medio de un abrumador balance de cierre, con saldos a rojo candente de cifras que nunca se podrán llegar a medir con la mediana exactitud que en balances anteriores se podía realizar.


Por: Daniel Defant | Corresponsal del Diario el Minuto en Argentina


Argentina ha sido desde 1943 y lo es a la fecha, uno de los países con más inflación acumulada en el mundo. Las causas son múltiples y dan cuenta del fracaso sistemático de los políticos a la hora de resolver el problema más grave que tiene nuestra economía: “La plata no alcanza”. No lo resolvieron los que estaban antes, ni los que están ahora.

No hemos visto que se impulsen medidas innovadoras en la materia para terminar con el flagelo de una economía que tiene característica sistemática: los precios suben siempre.

El abordaje o la estrategia a seguir para que dé algún modo se logre resolver este enorme problema debería alguna vez privilegiar que en el camino la inflación baje, los salarios no pierdan valor y la carrera de los precios se detenga.

Lo cierto es que la inflación es la medida de confianza que tenemos en nuestra propia moneda. Es decir, en nuestra economía, o más concretamente en nosotros mismos como sociedad.

La falta de confianza se refleja en un comportamiento histórico de todas las personas que vivimos en la Argentina, yo la llamo vocación verde.

Es sencillamente el acto reflejo que tenemos al pensar en el mejor modo de preservar el valor de nuestro dinero: dólares. Es así que nos convertimos en el país con mayor tenencia de dólares físicos por habitante fuera de los Estados Unidos.

Las políticas implementadas parecen no comprender cuales son los mecanismos que los ciudadanos de a pie privilegiamos en la construcción de confianza. Esa que es fundamental para demandar nuestra propia moneda en lugar de dólares.

Para entender el modo en que funciona la confianza en la moneda, pensemos en esta situación: una señora entra a un autoservicio en la ciudad de Huston, Texas, en los Estados Unidos y compra un paquete de chicles, el precio al momento de abonar, es 95 centavos de dólar. Entonces la señora saca un billete de un dólar y lo paga. El muchacho de la caja, recibe el dólar y, junto con los chicles, le entrega el vuelto que son 5 centavos de dólar. En ese momento la señora toma los chicles, pero también los 5 centavos de dólar, los guarda en su monedero, y sale del local.

¿Qué fue lo que paso aquí a diferencia de la Argentina?

Se convalido un pacto de confianza social. Esto sucedió en el momento en que el muchacho de la caja le entrego los 5 centavos de dólar como vuelto, ambos saben que ese momento es insignificante y no sirve para comprar nada, pero lo que hay detrás de ese intercambio es más importante que lo estrictamente económico.

Se trata de un acuerdo social, ya que ambos consideran que la moneda tiene valor, dado a que sirve como unidad de cuenta, medio de cambio y reserva de valor, son las características que debe poseer el dinero para ser considerado dinero. Los dos comparten el mito y la creencia sobre el valor de la moneda.

La misma situación en nuestro país sería completamente diferente, ya que la moneda no constituye un mito común que nos permita dotarla del valor suficiente como para preservarla y utilizarla como una referencia estable que se expresa en esa unidad de información que llamamos precios.

Muchos creen que la construcción de confianza en la moneda debe ser compulsiva a través de acciones coercitivas por parte del Estado, como son los controles de precios permanentes.

Otros creen que el Estado no debe intervenir para nada, y que el valor depende de una relación estrictamente de carácter cuantitativo, es decir de cuantos billetes y monedas circulan.

En mi opinión personal, la confianza de la moneda es la consecuencia directa de un conjunto de factores que no son solo económicos, y que tienen que ver sobre como percibimos la marcha de nuestra economía en general.

Que tan confiables son las instituciones, como la justicia, y los poderes legislativos y ejecutivo de un Estado de Derecho.

Esto es así ya que la moneda es un papelito que emite solamente ese Estado y por lo tanto el que debe construir esa confianza colectiva es ni más ni menos que el propio ciudadano.

Esta confianza no se logra recurriendo a la solución prestada que supone usar otra moneda como el dólar, para las transacciones cotidianas ya que eso no resuelve el problema de fondo. Ni tampoco se resuelve eliminando al encargado de emitir la moneda que es el Banco Central.

Se trata de hacernos cargo del desafío de resolverlo con nuestros medios y nuestras limitaciones, pero entendiendo cuales son los puntos claves que se deben considerar en el camino, por ejemplo, que quien vive de un salario no tenga que vivir cada vez peor como única receta para resolver lo que la política no resuelve desde hace cuarenta años.

Dicho esto, queda en nosotros la esperanza de construir una alternativa superadora a lo conocido, no mesiánica, inclusiva, sensible, innovadora y efectiva para resolver nuestros problemas.

2020, es el año en que el tiempo se detuvo.

Ojalá sea útil esta pequeña pero importante reflexión para saber apuntarnos en lo que se dice: “nueva normalidad” dejando de operar sobre las consecuencias de vivir en un país donde la plata no alcanza.

Para salir de la trampa de este auto engaño y contar con las herramientas que nos permitan elegir mejor, maximizar el rendimiento de nuestro dinero, no con el fin de acumular, sino sencillamente de ser lo más felices posible con el ingreso que tenemos.

Hagamos entonces un recorrido por los principales gastos que conforman nuestro presupuesto: el supermercado, el alquiler, el transporte, los celulares y la cobertura médica, entre otros.

Debemos antes que nada saber “ahorrar” para incrementarlo y luego invertir, no interesa si lo vamos hacer en plazos fijos, bonos, acciones o fondos comunes de inversión, como lo puede ser la compra de algún inmueble.

Lo importante en estos momentos de crisis, porque estamos frente a una de las mayores crisis de la historia universal y si no contamos con el kit de herramientas necesarias nada nos podrá defender de esa realidad que se nos presenta cada día en sus formas más difíciles, cruda y cruel.

Somos consumidores, nos guste o no, estamos en una “sociedad de consumo” formando parte de ella y somos sus protagonistas a partir de las decisiones que tomamos en forma permanente.

Ahora bien, existen distintas maneras de pararnos en el mundo, en esta sociedad y, por supuesto, también existen distintas formas de consumir.

Esa conducta que adoptemos es la que nos llevara al camino organizado, o bien, al caos y la depredación casi total.

Vale mucho preguntarnos: ¿qué hacemos con lo que tenemos?

No importa cuánto tenemos, o cuanto no tenemos, sino que hacemos a la hora de consumir, como nos comportamos; que productos, en que cantidades y de que marcas vamos a comprar.

No es mejor consumidor el que gasta menos sino el que logra ser más feliz con el dinero que tiene.

Somos consumidores gastadores, ahorrativos o inteligentes.

Lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Buscamos incansablemente tanta información que nos infoxicamos en la busca de las mejores decisiones que nunca llegan o si es la perfecta; cada decisión persigue un objetivo y nos abre un abanico de posibilidades u opciones.

Todo aquel que tenga un abuelo italiano o español recibió alguna vez el sabio consejo de: “primero la casa, después el resto”. Ellos mismos buscaban ese objetivo: siempre en su vida priorizaron ahorrar para llegar a tener vivienda propia. Recién entonces evaluaban si podían hacer alguna otra cosa.

Mas allá de la cuestión cultural asociada a que en nuestro país el porcentaje de inmigrantes españoles e italianos fue el más alto, en la Argentina además hay otro factor que nos lleva a pensar en la inversión del “ladrillo” como una opción posible al resguardo ante la pérdida del valor de nuestra moneda, crisis económicas y pulverización de nuestros ahorros; es así que el “ladrillo” siempre se considera un refugio de valor de una moneda devaluada.

Otra de las posibilidades es invertir en acciones y/o títulos que representan derechos contra el ente emisor, pudiendo ser públicos y/o privados; para aquellos que le tienen aversión al riesgo están las inversiones de renta fija como son los bonos; las lebacs y letes.

Para hablar de un ahorro más seguro están las colocaciones de dinero a plazo fijo ya sea en moneda nacional o en dólares, asumiendo riesgos a afrontar o mejor irnos al tan especial auto usado, el valor de la organización es la herramienta más poderosa para tener un presupuesto ordenado y disponer de estrategias que nos permitan ser lo más eficiente posible.

Cuando la emocionalidad nos permite podemos llegar al auto nuevo y compras especiales, un tanto costosas, pero no caras cuando llegamos, sin olvidarnos que todas las cosas llevan implícitas sus costos ocultos: seguros, patentes e impuestos, como el poder darnos el lujo de tener una empleada doméstica para que nos realice los trabajos.

En estos países donde el dinero no alcanza, se puede recurrir a los créditos blandos, o fáciles de obtener, como realizar compras con tarjetas de crédito que llevan sus gastos, comisiones bancarias, impuestos y costos de mantenimiento.

Para estar a la altura de los tiempos y responder a las tecnologías diarias recurrimos a los combos de cable, teléfono e internet; aunque muchas veces pagar de menos es pagar de más, igualmente muchas veces pagar de más significa pagar de menos; necesitamos de los servicios que hacen a nuestro hábitat y confort de vida que ante las circunstancias se han transformado en servicios necesarios y casi esenciales.

Todo va sumando en el medio de esta montaña rusa como son los celulares con costos adicionales e importantes en nuestro presupuesto.

En la actualidad, hasta las mascotas tienen un mercado propio que hace veinte años no tenían. Tener una mascota es un acto de amor, pero no es un acto gratuito; a esto también debemos saberlo.

Sumamos las obras sociales y prepagas para tener acceso y cobertura a servicios médicos esenciales que de no ser por ellas serian impagables, cuando sabemos que la salud pública no funciona en los estrados o niveles que deberían hacerlo.

Estar saludables de mente, cuerpo y alma, también implica recurrir a los gimnasios y clubes sociales que tienen sus costos adicionales.

Siguen así, el boleto estudiantil y la sube; para movernos que también cuesta dinero, como aquellos gastos necesarios de consumo de electricidad, gas, cloaca y agua; por lo que es necesario ahorrar para responder a nuestros consumos haciendo economía de ellos para a gastar menos en estos servicios.

Cuando no se tiene la vivienda propia aquella que proponían nuestros abuelos, la opción es alquilar afrontando alquileres, gastos y expensas.

Es así que caminamos por la lista de Lazzari en pleno siglo XXI, en medio de una pandemia abrumadora que conlleva sus gastos de limpieza y hasta el uso del propio tapabocas con los costos merecidos en el mercado que conforman muchos compradores y difieren en muchos sentidos.

Esas diferencias podrían radicar en los deseos, los recursos disponibles, la ubicación geográfica y los grupos de referencia o la cultura.

Hablar de vacaciones caras es hablar de aquellas que se toman a un valor menor del percibido o costosas cuando implican desembolsos importantes de dinero pero que son compensados por el valor recibido de algo necesario para el descanso y la relajación que en estos tiempos todos necesitamos.

Viene entonces el tiempo de definir hacia donde nos apuntamos y nos indagamos en profundidad.

¿Qué valoramos?

Hablamos de un conjunto de atributos que combinados de manera especial generan seducción.

Es una extraña combinación de lo medible, accesible, sustancial, diferencial y susceptible de ser procesado.

Vivimos una era de intercambio digital, con tecnología apta para comunicarnos como nunca antes.

Tiempos en que la ciencia avanza velozmente, poniendo como ejemplo que en menos de un año se elaboró una vacuna ante un enemigo invisible.

Habitamos un planeta fascinante y luminoso, pero agredido y depredado, al que imperiosamente debemos cuidar, pero no lo comprendemos del todo.

Trabajamos en línea con estas realidades que nos envuelven en lo renovable, biodegradables y reciclable.

Estamos en un punto estelar donde la tecnología y la naturaleza interactúan, para multiplicar efectos y beneficios; todo se conecta con el mundo, con el medio, cuidando nuestra piel, nuestra salud y nuestra calidad de vida.

Es el paradigma que llega mucho más allá del diseño y el confort; avanzamos en la búsqueda de un “hombre nuevo” que es el producto innovador asociado a un estilo de vida.

Nos segmentamos.

Daniel, es un nombre imaginario.

Una persona independiente, que hace ejercicio al aire libre pero no deja de ser urbano.

Consume calidad, tecnología y estéticamente cosas bonitas.

Lee e-Profesional, La Nación y Clarín online y recibe información thecollhunter.net.

Descarga series en internet, porque no le gusta que le digan que mirar ni cuándo.

Habla al menos dos idiomas y vivió una temporada en el exterior, al menos estudiando.

Viaja mucho y lleva en su haber una docena de países con los que experimenta cultura. Cuando viaja come en la calle y va a lugares tradicionales, además de hacer turismo. Para viajar compra las guías de Wall Paper. Todos los años intenta ir al mar o las montañas y se hospeda en hoteles.

Le interesa la arquitectura, el diseño, la decoración, la música y todo lo relacionado con lifestyle.

Vive por Sobremonte, en un departamento muy luminoso, en balcones tiene su pequeña huerta con los condimentos que usa para cocinar, plantas y flores.

Trabaja en una oficina, pero tiene independencia para administrar su tiempo, porque esto es lo que le da “calidad de vida”.

Trabaja mucho, pero genera espacios de esparcimiento: sale con amigos, juega al tenis, va al gimnasio cuando puede y también de compras a los shoppings.

Todos los fines de semana va a comer a restaurantes que le gusta, porque le gusta comer bien. Siempre tiene información sobre el lugar al cual va a comer. No le gustan los restaurantes ostentosos, pero es muy exigente en cuanto a la calidad de la comida que consume y no tiene reparos en el precio, si lo vale. Reconoce que, en estos tiempos de cuarentena, ha extrañado bastante estas prácticas y ritmo de vida sin música.

Les gustan los desayunos abundantes en alguna buena cafetería y cuando sale de compra al supermercado prefiere alimentos orgánicos, pero solo si están a su alcance, si no los ve, compra otros alimentos.

En su Mac tiene al menos 10.000 canciones y cada semana descarga lo último en música. Escucha música indie, electrónica, rock, etc.

Esta todo el día conectado a través de su BlackBerry o su Computadora personal a las redes sociales. Es fiel seguidor de Facebook, YouTube, Instagram, Twitter y LinkedIn.

Está comenzando a interiorizarse sobre los cuidados del medio ambiente, aunque solo hace cosas “a su alcance”. No derrocha agua ni energía y no usa aparatos con pilas desechables.

Le gusta tener información y es un “conector” (conoce mucha gente, tiene convocatoria) y es “recordable”.

En cuanto a moda (moda entendida como un estilo de vida, no necesariamente indumentaria), es un “early adopter”, no es el primero que adopta una tendencia, pero sabe lo que “está pasando” y cuando usa algo lo convierte en tendencia, porque es un referente.

Se mueve en “varios mundos” con facilidad, alta capacidad y adaptación. Eligio un trabajo que no le exige usar traje porque se siente disfrazado.

Compra marcas que conoce o que le dan seguridad y respaldo de calidad.

Al leer este ejemplo podemos poner en la piel, visualizar y entender dónde puede estar ese Daniel, Juan o como se llame.

El nombre no es lo importante, lo importante es como es, que siente, donde vive, etc…

Tiene sueños: uno de ellos es llegar a descubrir lo que encierra la magia en los parques de Disney; como realizar un viaje imaginario desde la NASA a Marte; también está la de escribir un libro como Código; tiene sus progenitores que hasta se ofrecieron para redactar el prólogo; añora que su presentación sea en la ciudad “Feliz” que tanto quiere.

Todo es cuestión de tiempo al tiempo, odia los protocolos, y ama la libertad siempre hasta el infinito.

Una vez más y guardando relación con cómo se inició en este medio de prensa digital simplifica la forma de entender la organización del producto que vende de verdad.

Así, encontrar a Daniel es mucho más fácil.

Vos también puedes hacerlo, descubrir tu ADN, segmentarlo y compartirlo.

Escribidme a: danieldefant@hotmail.com formaremos parte de un mismo código. Para ir cerrando este 2020 como año en que nuestro tiempo se detuvo. LES DEJO MI ABRAZO Y CARIÑO DE SIEMPRE; ¡¡¡PARA SER FELICES!!!

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