dom. Ago 25th, 2019

Diario el Minuto

35 años de democracia en Argentina Un país a la deriva

El 10 de diciembre pasado los argentinos recordamos los 35 años de restablecimiento de la democracia, con la asunción como presidente constitucional de Raúl Ricardo Alfonsín. Los primeros días de la democracia, fueron difíciles, por la pesada herencia económica, la deuda externa, un sindicalismo combativo, que terminó junto con el peronismo en una oposición obstructiva. El oficialismo de aquellos años tampoco ayudó mucho. Lo que debería haber sido un gobierno de Unidad Nacional, terminó siendo una experiencia traumática, Alfonsín, un hombre con sus aciertos y muchos errores, quedó muy desprestigiado. Quienes le sucedieron, en vez de enmendar sus errores, profundizaron los graves problemas estructurales, condenando a millones a la pobreza y olvido. A pesar del potencial que tiene el país, Argentina sigue anclada en el subdesarrollo, desigualdad y corrupción.

La Argentina recuerda los 35 años de democracia con una inflación del 40%, con la caída del poder adquisitivo, la deuda externa ha crecido constantemente durante todo el período constitucional. El primer gobierno democrático heredó del régimen militar unos US$ 45.000/50.000 millones y hoy día  y estamos en unos US$ 200.000 millones. Los políticos se llenan la boca y no asumen las responsabilidades que tuvieron todos los gobiernos en este drama, verdadero condicionante para el desarrollo.  El país en 1983, tenía unos 30.000 km de vías férreas, la mayor parte en funcionamiento y una poderosa industria asociada. Hoy los ferrocarriles agonizan, y mientras los talleres están ociosos, los gobiernos argentinos compran material llave en mano con más deuda externa…

La Argentina sigue con un serio problema energético, siendo más del 60% proviene de fuentes fósiles, un 32% hidroeléctrica, 5% nuclear y el resto energías renovables como eólica, solar, etc. Fuentes sobre las cuales el país tiene un enorme potencial. En materia hidroeléctrica, existen proyectos como el Paraná Medio, frenado por la provincia de Entre Ríos, bajo la excusa de la cuestión ambiental – pareciera que a los políticos les afecta mucho esto, el tema de los peces, pero no que la gente coma en basurales, curiosa sensibilidad – y evitó que se pudiera llevar a cabo estudios que permitieran al país contar con un complejo hidroeléctrico  con una potencia de más de 3.000 GW, facilitar la navegación de embarcaciones de hasta 20.000 toneladas hasta puerto Barranqueras en Chaco, riego de 200.000 hectáreas y generar energía barata que permitiría el desarrollo industrial de las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes. Este tipo de obras desviaría el uso de unos 4 millones de m3 de fuel oil, para ser literalmente quemado en centrales térmicas, para potenciar el desarrollo de la industria petroquímica.  

El norte postergado hace décadas, con índices de pobreza escandalosos, carencias de diverso tipo, duerme en carpeta, el proyecto “Aprovechamiento Múltiple del Río Bermejo” proyecto estimado e unos 3.000 millones de dólares o un poco más, que implica una serie de obras de embalse que permitiría generar 3.500 Gwh, agua de regadío para 700.000 hectáreas, capacidad para transportar vía fluvial unas 100 millones de toneladas por año, posibilidad de criar 10 millones de vacunos y control de sedimentos que van a parar al Río de la Plata, con sus ventajas en materia de costos de dragado, etc.  El gobierno del presidente Macri, lanzó el Plan Belgrano, que como hemos visto ha quedado en la nada. En cuanto a gestiones anteriores, todo quedó en mero voluntarismo.

La pobreza es otro drama que pareciera que el país, está en un callejón sin salida. Desde hace más de dos décadas, la pobreza tiene un piso del 20/25% de la población (10% de pobres había en 1983, cuando el país recuperó la democracia). La economía informal afecta a más del 40% de la población y pareciera ser un drama estructural. A ello se une la dependencia de millones de argentinos de programas de asistencia social. El 18% de los hogares de los centros urbanos no tiene acceso a servicios de salud como obras sociales o prestadoras prepagas, el 30% no tiene acceso a servicios básicos, 17% no tiene acceso a una vivienda digna. El desempleo siempre estuvo en un promedio del 10% (tengamos en cuenta que los gobiernos tienen una peculiar contabilidad, donde los beneficiarios de planes sociales, por no tener empleo formal, quedan excluidos siempre de estas cifras).  Uno de cada tres hogares tiene problemas de vivienda, o sea cuatro millones de argentinos tiene serios problemas de hábitat.  Es fácil de observar esto, a pesar que muchos políticos y sus “aplaudidores” de turno, se niegan a verlo, con el crecimiento exponencial de las llamadas “villas” también conocidas en su momento como “barrios de emergencia”.  La tasa de propiedad decreció ocho puntos entre 1999 y 2010. El país precisa construir un millón y medio de viviendas, para hacer frente a este drama.  Muchos son expulsados a la precariedad, dado que los alquileres aumentan cada seis meses – contrarios a la ley, pero se hace igual – en un clima de especulación inmobiliaria realmente perniciosa. Así observamos que en grandes ciudades y áreas metropolitanas, las propiedades se venden en dólares. Esta moneda, siempre está sujeta a fluctuaciones, lo que hace del acceso a la vivienda a convertirse en un verdadero lujo.

La Argentina ha gastado históricamente una cifra elevada en materia de salud, hoy día se estima que es el 8.5 % del PIB. Pero en la realidad, esto no se refleja en calidad, sino que se observa muchas desigualdades. Existen sistemas públicos, privado y “obras sociales”.  Solo uno de cada tres argentinos accede al primero, donde intervienen sistemas financiados por los gobiernos federal, provincial y municipal. EL sistema privado está en manos de entidades privadas conocidas como “medicina prepaga” y las obras sociales, son prestaciones brindadas a los empleados de la economía formal. Generalmente están controladas por entidades gremiales patronales, profesionales o sindicales.  La distribución de camas y médicos por cada 1.000 habitantes, varía de estándares realmente buenos en la Ciudad de Buenos Aires, y otros muy limitados como Misiones.  El sistema precisa a todas luces fuertes inversiones, estamos ante un sistema que tiene una infraestructura pensada para dos millones y algo más de personas allá en los años 50, frente a 15 millones de hoy día. Es natural que el sistema tenga toda suerte de problemas. Esto se observa claramente por la fuerte demandada que tienen los hospitales y centros públicos de la Ciudad de Buenos Aires, dado que millares de personas del Área Metropolitana, optan por atenderse en la capital de Argentina, antes que ir a los hospitales maltratados del conurbano bonaerense.  El país arrastra males endémicos como el Mal de Chagas que afecta un millón y medio de argentinos, especialmente en el empobrecido Norte. También el Norte, tiene una tasa que supera el doble la media nacional en materia de tuberculosis.  El 80% de las muertes se debe como indica un estudio del Ministerio de Salud de la Nación, a problemas cardiovasculares, diabetes, y cáncer.  Todos los expertos demandan políticas adecuadas de prevención.  En materia de enfermedades de transmisión sexual o ETS por ejemplo se triplicaron los casos de sífilis entre 2012-2017, a ello se agrega que el 96% de los nuevos infectados con el VIH / SIDA lo hacen por contacto sexual. Sin ninguna duda, a pesar de la Ley de Educación Sexual y el discurso de la clase política, el problema subsiste, no por la opinión o lobby de entidades conservadoras, sino por la incompetencia propia del Estado.

La educación otrora orgullo de la Argentina por sus envidiables tasas de alfabetización, calidad de sus universidades, ahora está afectada por problemas gremiales – muchas veces con sustento, pero con medidas cargadas de irresponsabilidad política – deterioro de la formación de docentes, alarmantes tasas de deserción escolar.  Medio millón de adolescentes está fuera de la educación secundaria. A pesar que es obligatoria en Argentina.  Las falencias en materia de educación pública y una brecha cada vez más creciente con el sector privado, que por cierto no es una panacea, tiene consecuencias sociales. Las Universidades nacionales también se ven afectadas por políticas erráticas y sectarismo del gobierno de turno. El país pide a gritos un proceso de escolarización, reformas profundas y un freno al creciente índice de problemas gremiales, con huelgas y reclamos, que por ejemplo llevó a que los chicos del Chaco, solo alcanzaran la mitad de los días fijados para el dictado de clases.  El sector ciencia y tecnología sufrieron serios recortes con el clima de austeridad fiscal, se ha recortado en un 30% comparando con los gastos de 2015.  El país solo invierte el 0.5% del PIB, una cifra exigua, si queremos salir del subdesarrollo. Corea del Sur invierte en este segmento el 4% del PIB. A ello cabe sumarle el escaso porcentaje del sector privado que dedica inversiones a la ciencia. Argentina tuvo premios Nobel, lo que pone en evidencia, la capacidad del talento nacional. La democracia tiene una gran deuda con su sistema educativo, cada vez más limitado y acorralado, lo que impacta también en las aspiraciones en materia de ciencia y tecnología. Un ejemplo de la escasa visión estratégica del tema, es la abolición del Ministerio de Ciencia como parte del plan o presunto plan de austeridad del gobierno.

La Argentina en las encuestas en materia de corrupción y transparencia, sigue reprobando el examen, incluso en una entrevista dada al Diario Perfil, de la presidente de Transparencia Internacional, Delia Ferreira Rubio,  puso en evidencia las “sofisticación” de la corrupción en el país, potenciada en el kirchnerismo, donde la experta indica que había un verdadero andamiaje dedicado a la corrupción y el soborno.  Así vimos con la ley de extinción de dominio, se convirtió en el Senado, en “papel mojado”. Los miles de millones robados a los argentinos, jamás serán devueltos.  Este año los medios de comunicación, indicaron que Argentina escaló al puesto 85 en materia de transparencia internacional, compartiendo el lugar con países como Suazilandia (un país que no existe democracia y donde su rey dilapida el presupuesto en esposas y autos de lujo, mientras que casi la mitad de la población tiene SIDA), Kuwait (también lejos de la democracia), Kosovo (acusado de ser un estado “mafioso”), Islas Salomón y Benín, países históricamente con instituciones endebles.  La reforma de la Constitución Nacional de 1994, donde se introdujeron instituciones como la Defensoría del Pueblo de la Nación, ¿alguien lo ha visto estos últimos años haciendo algo?, la Auditoria General de la Nación. Etc.  En materia judicial, vemos procesos eternos de corrupción, que pareciera que nunca llegarán a juicio, a lo que se agrega el clima de pacto de silencio y corporativismo, a la hora de relevar de fueros a legisladores para que rindan cuentas en la Justicia, amparándose en una ley de dudosa constitucionalidad. Sin ninguna duda aplican una viera regla de oro,  hoy por ti…mañana…por mi…

La lista es larga de deudas, que incluye a la infancia, a los millares de menores sujetos a instituciones de tutela, que más que preservar sus derechos, pareciera vulnerarlos. La ausencia de políticas no solo hacia la infancia, sino a la adolescencia y juventud, a la promoción de valores. La tercera edad, otra gran deuda pendiente, donde millares sobrevive con pensiones y jubilaciones que apenas alcanzan para pagar el plato de comida. Las políticas sociales pareciera reducirse a subsidios y no en mejorar la calidad de vida de las personas.

La Argentina padece desde hace años serios problemas de seguridad pública, con instituciones policiales degradadas y en más de un caso carcomidas por la corrupción. En las campañas electorales, todos se llenan la boca con promesas, que quedan en la nada misma. Estamos ante un crecimiento del consumo de drogas – la Argentina es el segundo consumidor de cocaína de América del Sur – y la aparición de estructuras criminales que ejercer control territorial de barriadas pobres y sectores de la periferia de las grandes ciudades. La marginalidad, la falta de políticas de largo plazo y una Justicia que también se ha degradado, crean un escenario siniestro para el mediano plazo que nos acerca a situaciones como las que padece México o América Central. La vida de los ciudadanos de a pie, pareciera no tener valor para una clase políticas irresponsable y carcomida muchas veces por prejuicios ideológicos y otras “taras” que impide que tomen real dimensión del problema.

La reforma política es otro sueño que esperamos los argentinos. Se vota cada dos años, se renuevan Cámaras, lo que implica que los gobiernos vivan de campaña electoral. Asimismo, se observa la ausencia para verdaderas reformas, donde el contribuyente debe cargar con administraciones públicas crecientes, especialmente provinciales y municipales, cargando a la sociedad de tarifazos e impuestos.  La Argentina gasta miles de millones en estructuras que realmente son ineficientes. Estamos ante una situación inviable. El sistema federal, está conmovido por el partidismo y sectarismo. Es necesario hablar de regionalización, para promover el crecimiento armónico del país, de ordenamiento territorial, de hacer el Estado más eficiente y brinde servicios de calidad. El ciudadano debe tener mayor poder para controlar la administración pública. Es hora de hablar si es necesario tener un sistema presidencialista o reflexionar sobre un régimen semi parlamentario.  Es preciso abolir privilegios fiscales de jueces, jubilaciones de privilegio, salarios exorbitantes para legisladores y funcionarios políticos. Es hora que los políticos dejen “de comer” frente a una sociedad con carencias cada vez más acentuadas.

La democracia debe debatir sobre un proyecto nacional. No puede ser que sigamos viviendo o pensando que la única salida es el modelo agroexportador pensado a fines del siglo XIX. Estamos ante un país con una población que el 92% vive en ciudades. Es preciso pensar en diversificar nuestra economía, en explotar el talento nacional. El mundo no se limita a Estados Unidos, la Unión Europea y China. La Argentina precisa reconstruir sus ferrocarriles, un puerto de aguas profundas, una revolución energética que rompa las cadenas que tenemos con los combustibles fósiles para el largo plazo, marina mercante para llevar nuestros productos (el haberla liquidado sale a los argentinos US$ 3.000 millones en fletes bajo banderas extranjeras), en desarrollar nuestras vías navegables. La cuestión ambiental no debe esta fuera de la agenda de desarrollo, el país ha tenido un comportamiento irresponsable ha reducido dramáticamente los bosques, etc. El ajuste fiscal no es excusa para impedir el desarrollo. Hemos hablado en El Minuto, donde se pueden recortar gastos, especialmente en aquellos fondos para sostener aparatos políticos, que pueden funcionar con mucho menos dinero.

Han pasado 35 años de democracia, la libertad no tiene precio, y es una conquista que los argentinos deben defender a toda costa. A pesar de los graves problemas, los argentinos mal que mal, han resuelto sus problemas a través de elecciones. Pero para que esta democracia deje de ser una mera formalidad, y sea algo mucho más profundo, es preciso que las clases dirigentes discutan un proyecto nacional, acorde al siglo XXI, un verdadero modelo de desarrollo que beneficie a todos los argentinos. Ese gran desafío, es la batalla contra el subdesarrollo, que sin ninguna duda incrementará sustancialmente el grado de autonomía del país frente a los centros mundiales de poder y traiga prosperidad a todos los hogares y familias a lo largo y ancho de la Argentina.  Alguna vez, esto fue posible, en el lejano 1853, cuando el país sentó las bases de la Unidad Nacional, luego de décadas de guerra civil. En cincuenta años, Argentina, un país con un 80% de analfabetos y atrasado, se convirtió en la primera nación de América Latina y dio trabajo para millones de inmigrantes. El siglo XXI nos brinda una segunda oportunidad. Esperemos que no sea desperdiciada.

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