Jue. Ago 6th, 2020

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Argentina: Independencia y Banderazo

Las Provincias Unidas del Río de la Plata se terminaban de independizar de la monarquía española. 9 de Julio de 2020, las provincias que conforman hoy la República Argentina, volvieron a manifestarse en un notable e inmenso banderazo contra el gobierno de Alberto Fernández.

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9 de Julio de 1816, las Provincias Unidas del Río de la Plata se terminaban de independizar de la monarquía española. 9 de Julio de 2020, las provincias que conforman hoy la República Argentina, volvieron a manifestarse en un notable e inmenso banderazo contra el gobierno de Alberto Fernández.


Por: Daniel Defant | Corresponsal el Minuto para Argentina.


Pasaron desde entonces 204 años, en que aquel grupo de Próceres Históricos se dieran cita en San Miguel de Tucumán para bregar por nuestra Independencia, Libertad y Soberanía; de una nación que hoy permanece sacudida por cuestiones sanitarias que todos conocemos, sin hacer diferencias en los hemisferios que configuran el planeta que habitamos.

No cualquier libertad es reclamada cuando se anteponen los mercaderes políticos para justificar tal o cual receta económica en reclamo de en una República Fallida….

Una Argentina que hoy nos duele quizás, como nunca antes nos ha dolido.

Los Barbaros de este tiempo, no son los Barbaros de la antigüedad, ni de las invasiones Bárbaras, se muestran civilizados y a la vez arteros, representan la perversidad hecha política como el arte de lo posible, en un mundo de imposibles, donde todo lo que puede pasar, pasa y sucede. Su inventario de errores no es de hoy, viene del pasado completo, desde hace años.

El ejercicio critico desplegado del presente recae tanto sobre el pseudoprogresismo como sobre el pseudoliberalismo, la guerrilla, el terrorismo de Estado, la ineptitud administrativa de los sucesivos gobiernos constitucionales que tenían y tienen el deber de fortalecer la democracia representativa y no lo hicieron, ni lo hacen, el exteniente corporativismo que paraliza el país y el envilecimiento del Estado junto con la miopía evidenciada por una oposición incapaz de ganar autentica representatividad social, encuentran aquí una articulación expositiva digna de atención.

Hacer lectura de los sucesos es el paso inicial del poderoso esfuerzo de reflexión que hoy nos debemos los argentinos. La barbarie contagiosa ha contaminado nuestras tierras prosperas de un preciado legado abortado o que no supimos sobrellevar.

Hoy somos un pueblo, el que se manifiesta en sus calles enarbolando la celeste y blanca como insignia patria en un “banderazo” que a mi entender es el reclamo para no ser sometidos a la tiranía del tiempo real, donde el desafío inquietante no radica tanto en la uniformidad de opiniones como en la “sincronización de las emociones”, donde la acción personal y colectiva se dan como el reflejo condicionado por la red.

Allí están para corroborarlo nuestras propias masas movilizadas por Twitter o Facebook, asociadas emotivamente por hartazgos difusos y orfandades varias.

Virillo nos advierte al respecto:

La democracia es la reflexión común y no el reflejo condicionado. No existe opinión política sin una reflexión común. Pero hoy lo que domina no es la reflexión, sino el reflejo. Lo propio de la instantaneidad consiste en anular la reflexión en provecho del reflejo. La democracia como reflejo es una imposibilidad, no existe. Lo mismo ocurre con la confianza.

Las Bolsas están en crisis, porque hay una crisis de la confianza. ¿Y porque hay una crisis de confianza? Porque la confianza no puede ser instantánea. La confianza de un sistema político o financiero no es automática. La opinión tampoco puede ser instantánea.

Ahora bien, los sistemas administrados por los políticos, incluido el sistema financiero, son fenómenos que tienden hacia el autonomismo. La automatización es todo lo contrario de la democratización. Esta es la revelación más fascinante y compleja que enfrentamos. Quisimos progreso, tecnología para emanciparnos, velocidad de desplazamiento, borrar las fronteras, anular las distancias, interconexión total, autopistas atestadas de información.

Pues lo tenemos todo.

¿Esto nos hace verdaderamente libres?

¿Nos lanza hacia alguna parte o nos inmoviliza por la inercia sedentaria de tener el mundo “a mano”?

En definitiva, regresa la pregunta instintiva y crucial para darle sentido a nuestra autonomía:

¿Libertad para qué?

Estimado lector y ciudadano que sé que me lee: No ha sido mi intención persuadirlo o subestimarlo, pero si tal vez, contagiarlo. Nuestra tarea de hoy en más y en post de nuestra libertad, será compleja y arquitectónica, repleta de humanismo y de sentido asociativo de la vida, o no será….

Es lo que debemos saber, mucho, pero mucho más allá, de aquella independencia que nuestros próceres se proclamaron, o nuestro banderazo de hoy, a casi más de dos siglos de nuestra independencia heredada, ha venido con muchas ansias de argentinidad a reclamar.