mar. Nov 19th, 2019

Argentina y la batalla contra el subdesarrollo

En plena campaña electoral, encontramos un discurso pobre sobre los caminos a seguir para superar las constantes crisis que atraviesa la Argentina.

En plena campaña electoral, encontramos un discurso pobre sobre los caminos a seguir para superar las constantes crisis que atraviesa la Argentina. Inspirados en las ideas del profesor Reinaldo Bandini, quien en su obra Desarrollo y Seguridad en el Marco Geopolítico Mundial en co autoría con el coronel José Felipe Marini, plantea un verdadero cambio para romper con las barreras del subdesarrollo.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Director Diario El Minuto para Argentina

En su momento pudimos escuchar personalmente las ideas de un hombre que soñaba con hacer de Argentina un faro de desarrollo y prosperidad, que inspirara a los países de la región a seguir el mismo camino, romper las cadenas de la dependencia y el subdesarrollo.

El desafío argentino

En los años 40-50, la Argentina tuvo una política de sustitución de importaciones, orientada a satisfacer la demanda de un mercado doméstico reducido. Este modelo se caracterizó por su vulnerabilidad, dado que el ingreso de divisas, recaían en el sector agroexportador.

 

Su competitividad dependía de una moneda local barata. Es por ello que las devaluaciones, tenían su impacto. El sector agrícola con precios competitivos para el exterior, mejoraba su rentabilidad, pero puertas adentro, los precios subían. La inflación era una realidad. Esto también afectaba al sector industrial, que era dependiente de la importación de elementos esenciales para su funcionamiento, entre ellos productos intermedios, determinadas materias primas, combustibles e insumos de la industria pesada.

La devaluación significaba – y lo sigue haciendo – el incremento sustancial de bienes de producción local. Sucesivos gobiernos aplicaron recetas aptas para países industrializados, con sus consecuencias, el agravamiento de los desequilibrios de la economía argentina.

La relación de intercambio antes descripta, que se deteriora permanentemente, se ve agravada por un sector público deficitario y sobredimensionado. El peso de un Estado deficitario termina en inflación, recesión y pobreza. Este modelo económico no ha hecho más que condicionar a la Argentina y mantenerlo como un país subdesarrollado. El país tiene otros condicionamientos como la ineficiencia del sector público, la falta de seguridad jurídica, una infraestructura deficitaria y elevados niveles de corrupción. Romper con este modelo, implica reformas estructurales, con su costo político y social, pero necesarios para evitar que el país siga en este rumbo, que tendrá como consecuencia, situaciones de violencia y mayores niveles de pobreza, potenciando vulnerabilidades y poniendo el riesgo la viabilidad del estado nación a largo plazo.

Geopolítica regional. De un escenario de confrontación a otro de cooperación.

Argentina como resultado del modelo establecido en el siglo XIX, ha estado de espaldas al continente. Observamos una región central, conocida como la “región pampeana” que muestra dinamismo y es donde se concentran la mayor parte de la población argentina y las actividades económicas. Este modelo ha permitido la formación de un cordón desde Rosario hasta La Plata donde se concentra gran parte de la actividad económica y donde se encuentra el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde casi un tercio de la población argentina vive en dicho espacio, con sus consecuencias sociales, ambientales y económicas, como políticas.

Rosario hasta La Plata donde se concentra gran parte de la actividad económica y donde se encuentra el Área Metropolitana de Buenos Aires.

Este cordón que se extiende en las riberas de los ríos Paraná y de la Plata, ejerce un efecto succión, convirtiendo de alguna manera al resto del país en una suerte de “hinterland” que gravita ante este centro de poder económico y político. Así observamos que el país no está conectado entre sí, sino que todos los caminos, conducen a Buenos Aires. El Sur no está conectado directamente, por ejemplo vía ferrocarril con el centro del país.

El país cuenta con 13.500 kim de fronteras, con serios problemas de infraestructura y desarrollo. Superadas viejas rivalidades geopolíticas, no impide que existan problemas, especialmente en materia migratoria, contrabando, narcotráfico y la satelización de localidades argentinas con localidades vecinas. Por ejemplo se observa en determinadas áreas de la provincia de Salta, como en la norteña provincia de Formosa.

La falta de políticas adecuadas, ha llevado a la agonías de cientos de pueblos y el desplazamiento de millares de personas en busca de trabajo a la periferia de las grandes ciudades. Incrementando los índices de pobreza y marginalidad. No cabe duda que el país debe revertir la política de fronteras. Creando polos de atracción geopolítica, que por un lado reafirme la presencia propia en áreas sensibles, pero por otro lado sean escenario de cooperación con el vecino. En otras palabras, el desarrollo propio debe beneficiar también al vecino, por ende se reducen los escenarios de competencia y eventual conflicto.

Entre los grandes cambios a realizar es romper con la centralidad del eje Rosario – Buenos Aires – La Plata, creando las condiciones para promover el desarrollo de áreas postergadas como la región del Chaco o el Sur patagónico. Integrando dichas regiones a una nueva dinámica de desarrollo. En este proceso de cambios juegan un rol relevante los proyectos del Paraná Medio, la reconstrucción de determinados ramales ferroviarios, el desarrollo de la cuenca del río Bermejo, el puerto de Aguas profundas de Punta Médanos, de la zona del valle del Río Negro y Neuquén y en el extremo sur, y la integración de las provincias de Santa Cruz y Tierra del Fuego al resto del país, mejorando sus conexiones terrestres, marítimas y aéreas, además de impulsar una serie de obras clave, como la hidroelectricidad, etc.

La Argentina debe romper con la satelización en relación a Brasil. Es sabido que grandes intereses han apoyado la radicación de importantes industrias, relegando al papel de Argentina como exportador de materias primas y reemplazando el sector industrial, por servicios. La puesta en marcha de los Acuerdos UE – MERCOSUR, no hace más que consolidar el papel de Argentina como proveedor de materias primas sin industrializar. El potencial energético de Vaca Muerta, va en la misma dirección. Un modelo rentístico, como sucede con la minería. El camino a seguir es desarrollar la Cuenca del Plata, siendo llave de esto el proyecto del Paraná Medio, y alcanzar acuerdos para el desarrollo de centrales hidroeléctricas en el río Uruguay, que mejoraría la navegabilidad y la generación de energía abundante para el desarrollo de ambos países, como también del propio Uruguay.

Cinco obras clave de alto valor geopolítico, clave para el desarrollo argentino.

El Estado federal debe lanzar una verdadera ofensiva para avanzar sobre los espacios aún no integrados y con un desarrollo todavía incipiente. Esta estrategia se centrará en tres grandes áreas: Cuenca del Bermejo, Paraná Medio, y Patagonia Austral. Esto requiere una activa participación de la inversión estatal en cooperación con el sector privado. El desarrollo de los espacios citados, permitirá sentar las bases de un desarrollo equilibrados del pais, diversificar la oferta de exportación e integrar dichas regiones entre sí.

El desarrollo de la Cuenca del Río Bermejo, es un viejo proyecto que data desde principios del siglo XX. En la década del 60 se hicieron nuevos estudios en manos de la llamada Comisión Portillo. Las obras incluyen las construcción de de embalses, que permitan por un lado la generación de energía eléctrica, regadía para 700.000 hectáreas, posibilidad de navegación “de empuje” hasta puerto Barranqueras. Esto permitiría por ejemplo, que Bolivia podría utilizar dicho medio para su comercio exterior. Los estudios realizados han señalado la posibilidad de llevar a cabo dos cosechas anuales, gracias al riego y la posibilidad de incrementar la cabaña ganadera hasta 10 millones de vacunos. Asimismo se controlaría la llegada de 63 millones de toneladas de sedimentos que terminan en el Río de la Plata, con sus costos asociados.

El desarrollo de esta obra permitirá que áreas empobrecidas tengan potencial agropecuario y forestal, terminar con el ciclo de migración hacia las grandes ciudades y crear un polo de desarrollo, que se extendería hasta Bolivia y el puerto chileno de Antofagasta. Obras de infraestructura permitirían que la región del Chaco pudiera tener acceso a puertos del Pacífico, como también el norte de Chile podría tener acceso al Cuenca del Plata, y por ende a los mercados de Paraguay, Bolivia, el sur de Brasil.

El llamado proyecto del Paraná Medio, es una obra de alto valor estratégico. Frenada en su momento por intereses mezquinos en los 90, donde es altamente probable que el lobby ligados a la generación de energía termoeléctrica estuviera detrás, es una de las claves para el desarrollo de la Cuenca del Plata.

Su impacto beneficiaría no solo Argentina, sino a Paraguay, el Oriente boliviano y el sur de Brasil. La ventaja de esta gran obra, es que no tiene condicionantes políticos como lo tuvieron por ejemplo Yaciretá y otras obras bi nacionales. Es una obra que incluye dos complejos de represas, uno Norte y el otro Sur (conocido como Chapetón), con un potencial para generar energía por 33.000 GW/h.

Esta obra además permitiría la recuperación de 500.000 ha para la economía nacional, riego para 200.000 ha y el saneamiento de 300.000 hectáreas adicionales. El complejo crearía un enorme reservorio de agua dulce apto para promover el turismo, la pesca. La navegación se vería ampliamente beneficiada, dado que podrían remontar el Paraná hasta el puerto de Barranqueras con buques de 20.000 toneladas de desplazamiento.

Este puerto de la empobrecida provincia del Chaco, se convertiría en un activo centro comercial. La producción minera y agrícola de Brasil y Bolivia podría emplear esta vía para alcanzar los mercados de la Unión Europea, etc. La abundante energía eléctrica, facilitaría la radicación de industrias, de plantas siderúrgicas, aluminio, petroquímicas, etc.

El valor energético del “Paraná Medio” equivale a ahorrar el consumo de 4 millones de metros cúbicos de fuel oil, que son “quemados” para generar energía en las centrales térmicas, que cuesta al país cientos de millones de dólares, que podría tener mejor uso en la industria petroquímica.

La provincia del Neuquén, donde se encuentran las reservas de gas y petróleo no convencional, de Vaca Muerta, debe convertirse en un polo petroquímico. A ello se une el potencial en materia hidroeléctrica. El valle del Río Negro puede beneficiarse ampliamente, mejorando su productividad. Al otro lado de la frontera también, Chile puede beneficiarse para el desarrollo de su economía. Especialmente por la exportación de gas argentino, y la posibilidad de la construcción de una red de ferrocarriles que interconecten puertos atlánticos con los puertos del Pacífico chileno. No sería descabellada la idea de una planta siderúrgica, gracias al gas como también abundante energía hidroeléctrica, en la zona de Bahia Blanca alimentada por el hierro de Sierra Grande.

La Patagonia Austral ofrece también posibilidades, especialmente en materia de generación eléctrica con el complejo Condor Cliff, siempre retrasado por razones políticas. Es imperioso contar con puertos adecuados. Radicar industrias pesqueras, que se verían beneficiadas por la existencia de energía e infraestructura que debe ser construida. También ofrece posibilidades la explotación de las importantes cuencas de carbón que existen en las áreas cercanas a los ríos Santa Cruz y Coyle.

Estas actividades beneficiarían también a Chile, la posibilidad de exportar energía al dicho país, facilitaría también el desarrollo de sus regiones australes, afectadas por el aislamiento geográfico. En lo referente a Tierra del Fuego existe una deuda pendiente para establecer una conexión marítima permanente entre Río Gallegos y la localidad fueguina de Río Grande.

El modelo de zona franca debe ser revisado para que deje de ser un simple centro de montaje de componentes importados, para que se convierta en un espacio de desarrollo de industrias de alto impacto tecnológico. Asimismo el turismo, la pesca, y el convertirse en plataforma de apoyo a la Antártida, para ser empleados por todos los actores que operan en el continente blanco. Es preciso reconstruir líneas férreas que conecten la zona occidental de la región con los puertos atlánticos, reduciendo costos de transporte y facilite el desarrollo de áreas postergadas o poco pobladas. El desarrollo de la Patagonia Austral crea un verdadero polo de atracción geopolítica, destinado a limitar el accionar de actores extrarregionales en el Mar Argentino.

El Puerto de Aguas Profundas, es un viejo proyecto de la década del 60. Durante el régimen militar 1976-1983, se iniciaron estudios concretos. Este complejo ubicado en la provincia de Buenos Aires, en la zona de Punta Médanos, está pensado para buques de 100.000/150.000 toneladas. Este complejo portuaria articularía la Pampa con la Patagonia, la región de Cuyo y el Norte argentino.

Su construcción mejoraría la competitividad argentina. Los puertos de la Cuenca del Plata no se verían perjudicados, sino que serían puertos “alimentadores” de dicho complejo. Sería una gran terminal de la Cuenca del Plata, dado que las obras del Paraná Medio facilitarían el acceso a dicho puerto. Los estudios realizados preveían un polo petroquímico, talleres navales, áreas para la radicación de industrias. El polo petroquímico de Dock Sud, podría ser enviado a dicho complejo, reduciendo su impacto ambiental y los riesgos que representa dicho

complejo industrial en una zona como Buenos Aires, ante la densidad de población que rodea y su impacto en la salud de quienes viven en sus alrededores.

La batalla contra el subdesarrollo

Los cinco proyectos propuestos, son de largo plazo, requiere consensos y políticas de estado. La oposición a estos proyectos vendrá directamente de quienes quieren que Argentina siga siendo un país subdesarrollado, con un modelo económico que beneficia solo a unos pocos, con tensiones sociales crecientes, contenidas por la política de ayudas sociales, que no hace más que mantener a millares en situación de pobreza. El único camino para superarla es generar trabajo, inversión. Es indudable que para llevarlo a cabo es preciso un gran acuerdo que incluya a la dirigencia nacional, no solo política, sino sindical, empresaria, sector financiero, referentes intelectuales, académicos, religiosos.

El proyecto de la Cuenca del Bermejo romperá sin ninguna duda con la grave situación que viven millares de argentinos en la zona del Chaco. Décadas de postergación, donde hemos visto escenas de los pueblos originarios sumergidos en el olvido y marginación.

El proyecto de desarrollo, permitirá generar condiciones para radicación de industrias, y por ende trabajo, mejorar el sector agrícola, evitar que muchos abandonen sus pueblos, combatir inundaciones y sequías, forestar. El río Bermejo se convertirá en un medio de transporte, y generación de energía. La transformación de la región permitirá crear un polo geopolítico, que reducirá la vulnerabilidad de la frontera norte, promover su doblamiento o por lo menos reducir la sangría por emigración a otras regiones.

La expansión del sector agropecuario, la radicación de industrias y la promoción de actividades económicas regionales, generará empleos de mejor calidad y oportunidades diversas. Bolivia se beneficiará ampliamente al tener una alternativa para sacar su producción al exterior.

La interconexión con puertos del norte de Chile, abre la posibilidad que la producción del Norte argentino pueda buscar mercados en el Asia Pacífico, como también la producción chilena pueda tener acceso a un nuevo espacio de desarrollo. Las obras del Bermejo controlaran los sedimentos que generan tantos gastos en dragado aguas abajo en el Paraná y el Río de La Plata, ahorrando millones al país.

La construcción del proyecto del Paraná Medio, que requerirá enormes esfuerzos económicos, a largo plazo significará un antes y después para el país. Los costos de transporte se abarataran sustancialmente, al permitir que buques de 20.000 toneladas puedan navegar el río Paraná hasta Puerto Barranqueras (Chaco). Esto favorecería abiertamente al desarrollo agropecuario de Paraguay, Bolivia y Brasil. La generación de energía abundante y barata permitiría la radicación de industrias, tanto en Argentina como en los países aludidos.

Cientos de miles de hectáreas serían recuperadas para la agricultura y la forestación. La creación de un gran espejo de agua dulce, habilita para la promoción del turismo y la pesca. Pueblos agónicos, tendrán una oportunidad para su desarrollo. La abundante energía barata, permitirá terminar con la dependencia de la energía termoeléctrica, que tanto costo ha significado al país.

El desarrollo de la región del Comahue (provincia del Neuquén y valle del Río Negro) va de la mano con Vaca Muerta, las grandes reservas de gas y la generación de hidroelectricidad. Dejar que el petróleo se vaya sin ser industrializado en el país, es un crimen. Es la oportunidad para desarrollar una potente industria petroquímica, que incremente el valor agregado de las exportaciones de hidrocarburos. La creación de un moderno complejo petroquímico, tendrá alcance regional, dado que esto beneficiaría al desarrollo de industrias de ambos lados de los Andes. La existencia de energía en abundancia, como importantes reservas de gas, hace factible el desarrollo de industrias siderúrgicas, gracias a las minas de hierro de Sierra Grande. Es reconstruir el ferrocarril, modernizar terminales portuarias, e incrementar el potencial del valle del Río Negro.

El desarrollo de la Patagonia Austral está estrechamente ligado al conflicto Malvinas. Argentina debe recuperar capacidad para maniobrar y contrarrestar los intentos del Reino Unido en desarrollar las islas, creando un espacio de competencia. Esto lo saben y no en vano dicha zona permanece postergada. La generación de energía barata por medio de las represas de Condor Cliff,

como de medios alternativos, dado el potencial eólico de la región, facilitará la radicación de industrias. El estado debe construir puertos, carreteras y vías férreas. El sueño del ferrocarril transpatagónico debe ser una realidad. Asimismo la diversificación económica, como el desarrollo del sector agrícola, ganadero, pesca, como industrias derivadas. Asimismo es imperiosa la reconversión económica de Tierra del Fuego, con el modelo de promoción industrial, que deberá estar orientado al desarrollo de capacidades e innovación tecnológica.

Finalmente el puerto de Aguas Profundas, que articula y ordena al país. Tendrá sin ninguna duda un gran impacto para el interior del país, rompe con la tendencia de satelización de los puertos argentinos en relación con Brasil. La producción de la Cuenca del Plata, el gran norte argentino, como del oriente Boliviano, Paraguay y el centro oeste de Brasil, podrán tener una terminal marítima de primer orden. El oeste de Argentina también podrá tener acceso a un complejo portuario marítimo, reduciendo costos y mejorando la oferta exportable del país.

Cuenca del Plata

Son cinco obras clave, que solo requieren voluntad política para llevarlas a cabo, que permitirá que el país pueda dejar de ser solo un exportador de bienes primarias, para exportar insumos críticos (alimentos, minerales y energía) elaborados por la industria pesada. Asimismo se expande la frontera agraria, incrementando sustancialmente la producción, que requerirá de importantes inversiones en materia de transporte, tanto de ferrocarriles, carreteras como puertos.

La construcción de centrales de energía, ferrocarriles, grandes obras de infraestructura, como del transporte de productos, tendrá impacto directo en el desarrollo de la industria nacional. Estos nuevos polos de desarrollo, permitirá reorientar las migraciones internas, ordenar el territorio argentino, desarrollar áreas postergadas, convertir fronteras muertas y vulnerables en fronteras vivas y centros de desarrollo y cooperación.

Audacia e inteligencia serán claves para que estas obras, no solo generen trabajo y riqueza a los argentinos, sino que esto se expanda a los países vecinos, reemplazando escenarios de competencia por otros de colaboración y cooperación. Esta es la gran batalla que deberá librar la Argentina y los países de la región: la lucha contra el subdesarrollo.

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