Atentados anarquistas en Argentina: un fenómeno siempre vigente

El último miércoles 14, Anahí Esperanza Salcedo, de 32 años, perdió tres falanges y quedó con el maxilar destrozado al fallar el artefacto explosivo casero que quiso colocar junto a su pareja, Hugo Alberto Rodríguez, en el mausoleo del Cementerio de la Recoleta donde descansan los restos del coronel Ramón L. Falcón, el jefe de la por entonces Policía de la Capital, asesinado junto a su secretario privado precisamente un 14 de noviembre, pero de 1909, por el joven anarquista ucraniano de 17 años Simón Radowitzky.

Foto: Luciano Thieberger.

Tanto Salcedo como Rodríguez pretendían hacer volar el mausoleo de Falcón al cumplirse 109 años de su asesinato. En el lugar del fallido atentado los medios dejaron registradas las imágenes de las partes de la bomba confeccionada, manchas de sangre y el graffiti de una “A”, el símbolo universal que identifica a este movimiento fanático y antisistema. De repente, los medios de comunicación descubrieron la violencia anarquista, algo corriente en Argentina dese fines del siglo XIX con la formación de agrupaciones libertarias de inmigrantes italianos y españoles, pero que tuvo su momento de mayor impulso a principios del siglo pasado durante las grandes luchas obreras por demandas de derechos laborales con la conformación de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), una organización de tipo anarcosindicalista de la que participaban en ese momento numerosos militantes socialistas que luego se escindieron de esa estructura para formar la Unión General de Trabajadores (UGT). La prensa anarquista también tuvo su momento de esplendor en esa época: entre 1910 y 1919 se publicaron 51 periódicos libertarios. El más popular de esos periódicos fue La Protesta Humana, que había empezado a publicarse en 1897.

Los antecedentes históricos

La historia del anarquismo argentino durante la primera mitad del siglo XX tuvo sus auges y caídas. Durante la década de 1920 el anarquismo tuvo un nuevo momento de apogeo, donde la FORA, por ejemplo, llegó a tener unos 100.000 afiliados. Durante la década de 1930, la llamada “Década Infame”, el general José Félix Uriburu, que dio el primer golpe de Estado de la historia argentina, puso fuera de la ley a todas las organizaciones, grupos y colectivos anarquistas. Se castigó con la pena de fusilamiento a todo militante que se lo hallase complotando contra el gobierno. Durante esa década, el anarquismo reinició sus atentados con artefactos explosivos y recurrió a la llamada “expropiación”, es decir, la financiación y obtención de recursos para las actividades de sus organizaciones a través de asaltos, robos y la falsificación de dinero, modalidad delictiva que hizo su estreno en Argentina en 1919, de la mano del inmigrante ruso Germán Boris Wladimirovich, con el fin de apoderarse de recursos financieros para imprimir folletos que aclararan la realidad de la Rusia revolucionaria. Fue durante esa etapa donde Severino Di Giovanni, un violento inmigrante italiano anarquista que imprimió las publicaciones Culmine y Anarchia (financiadas con su trabajo legal y asaltos), lanza su lema “De la propaganda a los hechos”. Di Giovanni, que protagonizó atentados terroristas que costaron varias vidas, fue atrapado y fusilado en 1931.

Entre la persecución del gobierno de Uriburu, que se extendió durante el gobierno de su sucesor, el general Agustín P. Justo, se asestaron continuos golpes que dislocaron al anarquismo argentino, estructurado alrededor de la FORA. Varios grupos anarquistas creían que la FORA había dejado de ser un referente de los ideales libertarios y luego de diversas reuniones hechas en las penitenciarías donde permanecían encarcelados, fundaron en 1932 en la ciudad de Rosario el Comité Regional de Relaciones Anarquistas (CRRA), que dio un nuevo protagonismo al movimiento. El surgimiento de esta “organización específica anarquista” produjo un conflicto con los militantes enrolados en la FORA, que sostenían la distribución por oficios. En 1935 se fundó en la ciudad de La Plata la Federación Anarco Comunista Argentina (FACA), como continuación del CRRA. La Guerra Civil Española de 1936, produjo que muchos militantes anarquistas de la FORA y la FACA participaran directamente en el conflicto como combatientes del bando republicano.

El moviendo anarquista, si bien siguió siendo considerable, su declive fue inexorable, mientras crecía la preponderancia del Partido Comunista Argentino y otras facciones de izquierda. El golpe de gracia lo dio la aparición en la vida política argentina del peronismo. La FACA atacó inmediatamente al peronismo desde su periódico Acción Libertaria, y en sus congresos y reuniones. La FORA fue diezmada porque el peronismo atrajo a muchos de sus militantes y sindicatos para integrarlos en la Confederación General del Trabajo (CGT). Desde ese momento, la participación libertaria en el movimiento obrero fue minúscula. A esta situación, se sumó la persecución, cárcel y clausura de sus periódicos por parte del Estado peronista.

Tras la caída del régimen peronista, el sindicalismo había cambiado por completo su naturaleza y la CGT se había convertido en una poderosa organización, no habiendo lugar para una estructura anarcosindicalista en la consideración de la clase trabajadora.

Para la década de 1960, la FORA había dejado prácticamente de existir. Sin embargo los viejos integrantes continuaban conservando algunos locales y publicando periódicos y folletos. Por su parte la FLA se mantenía vigente a través de su publicación, la revista Reconstruir editada desde 1959. Varias agrupaciones anarquistas fundaron la Editorial Proyección, que retomó la publicación de los clásicos anarquistas y algunos títulos nuevos. La editorial funcionó hasta 1977, durante el Proceso de Reorganización Nacional.

Con el retorno de la democracia en 1983, hubo un nuevo resurgimiento de grupos anarquistas, con Buenos Aires como epicentro, en los viejos locales de la FLA y la FORA, este último en el barrio de La Boca. Brotaron decenas de agrupaciones de fugaz trayectoria y aparecieron la revista Utopía, El Libertario, editado por la FLA y se continuó con La Protesta y Organización Obrera.

Ya en los 90, florecieron una multitud de agrupaciones, muchas de las cuales persisten hasta la actualidad. El Grupo Anarquista Libertad surgió en 1997, publicando el periódico homónimo ¡Libertad! y gran cantidad de folletos. Luego apareció CAIN, agrupación anarquista, que luego de un corto tiempo se adscribiría al plataformismo conformando la Organización Socialista Libertaria, relacionándose con otras organizaciones del especifismo anarquista, como la agrupación AUCA de La Plata (con presencia durante un largo tiempo en la Universidad Nacional de La Plata) y la Organización Anarquista Revolucionaria de Rosario. Editaban en conjunto el periódico En la calle, que dejó de imprimirse en 2009. Todas estas organizaciones se dispersaron, siendo muy criticadas por los jóvenes anarquistas de cuño clásico, especialmente cuando una gran parte del grupo AUCA pasó a integrar las filas del peronismo. También surgió la Red Libertaria de Buenos Aires, que se disolvió en 2010.​ Por esos años también continuó la edición de literatura anarquista, destacándose la actividad editorial de la colección Utopía Libertaria, de Ediciones Anarres que continúa hasta el presente.

Promediando 2011 surge la Federación Anarco-Comunista de Argentina (FACA), estructurándose en columnas. Esta organización, no es la continuación de la antigua FACA. Promediando 2012, la FACA se disuelve por lo que tres años más tarde, hacia 2015, la Columna Libertaria Joaquín Penina de Rosario pasa a estructurarse como Federación Anarquista de Rosario con inserción principalmente en el ámbito territorial y sindical. En el año 2011, surge el Frente de estudiantes Libertarios (FeL) en la Universidad de Buenos Aires, con presencia en varios puntos del interior de país, tanto en universidades, terciarios y colegios secundarios.

Hoy por hoy, el número de organizaciones que adscriben al ideario anarquista es desconocido, puesto que se disuelven rápidamente o se unen a otras agrupaciones. Sin embargo, la cantidad de adherentes al ideario anarquista -organizados o no- siguen siendo numerosos. Y peligrosos.

El movimiento anarquista argentino -y aún mundial- ha mutado bastante desde sus comienzos, a fines del siglo XIX. Si bien conservan su filosofía original (anticapitalista, ateo, feminista) se han ido adicionando nuevos conceptos, que van desde la antiglobalización o altermundismo (anti libre comercio, contrario a las instituciones financieras internacionales y a las empresas multinacionales); el ecologismo, el veganismo y la liberación animal (como filosofía de vida); el anarcopunk (como tendencia músico-cultural); el “okupismo” (como forma de acceder a una propiedad); el proindigenismo, o el feminismo de tercera generación, al cual yo denomino lesboanarcofeminismo.

Terrorismo anarquista

El terrorismo de carácter anarquista, hasta el fallido atentado de La Recoleta, recibía poca o nula atención por parte de las fuerzas de seguridad y los organismos de inteligencia -y aun de los medios de comunicación-, a pesar de venir protagonizando desde hace años violentos atentados. Sus blancos preferidos son los cajeros automáticos bancarios, las sedes diplomáticas y las comisarías. Y por supuesto el incendio de automóviles, que la prensa argentina denomina “quemacoches”, donde no diferencian un BMW de un Fiat.  De hecho, entre 2011 y 2013, durante la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, los grupos anarquistas se adjudicaron 111 ataques incendiarios contra vehículos particulares solo en la Ciudad de Buenos Aires. Si bien en la mayoría de los ataques no se descubrieron los autores materiales, se supo que algunos de los ataques fueron perpetrados por un pirómano que vivía en el barrio porteño de Villa Devoto.

Principales atentados terroristas anarquistas contemporáneas

El 25 de mayo de 2010, un grupo llamado “Células Revolucionarias Brigada Andrea Salsedo” se adjudicó la explosión en una sucursal del Banco Ciudad, en protesta contra el Bicentenario de la Revolución de Mayo. El 4 de julio, una joven de 24 años resultó herida por la explosión de una bomba del mismo grupo contra la sucursal Almagro, del Banco Francés. En agosto,  otra bomba del mismo grupo estalló en la sucursal de Villa Urquiza del Banco Santander Río. En septiembre, un grupo anarquista chileno denominado “Vandalicia Teodoro Suárez” difundió ser autor de un ataque con bombas que causó grandes averías materiales en las oficinas de las aerolíneas American Airlines y Alitalia, en el barrio porteño de Recoleta. Reclamaban “la liberación de presos políticos” y la “autonomía y territorios para el pueblo mapuche”.

En 2011, la “Célula Incendiaria Luciano Pitronello” (en alusión al anarquista chileno Luciano Pitronello Schuffeneger quien, al igual que Anahí Salcedo, perdió su mano derecha y varios dedos de la izquierda cuando detonó el artefacto explosivo que manipulaba durante el atentado contra una sucursal del Banco Santander el 1 de junio de 2011. Hoy recibe una pensión por invalidez de Estado chileno), se adjudicó dos incendios en cajeros automáticos del Banco Santander Río, en el barrio de Flores.

El primer día de marzo de 2012, un artefacto de los denominados “caños” explotó en los tribunales de la calle Paraguay. El hecho fue reclamado por un llamado “Núcleo Indomable por la Expansión del Fuego”, que reivindicó las figuras de los anarquistas chilenos Freddy Fuentevilla Saa (quien salió de prisión en junio de este año) y Marcelo Villaroel Sepúlveda, que se habían escapado a la Argentina tras robar una sucursal del Banco Security. Ese mismo mes, la Federación Anarquista Informal se adjudicó la detonación de un artefacto explosivo casero relleno de metralla contra la embajada de la Unión Europea en el barrio de la Recoleta. Finalizando el año, un grupo autodenominado “Amigxs de la Tierra”, acometieron contra la sede del Servicio Penitenciario Federal en el barrio de Once.

La muerte en agosto del año pasado del anarquista Santiago Maldonado, (alias “el Lechuga” o “el Brujo”, su apodo predilecto), quien se ahogó tratando de cruzar el  río Chubut en la provincia homónima mientras escapaba de gendarmes, luego de resistir a pedradas y cócteles molotov junto a un grupo de mapuches y otros anarquistas el desalojo de la Ruta Nacional 40, disparó una serie de ataques incendiarios contra sedes de Gendarmería Nacional, casas de provincia y consulados y embajadas argentinas en el exterior. Todas con el característico sello anarquista: el 4 de agosto, encapuchados despedazaron la Casa de Chubut en Buenos Aires; el 7 de agosto se producen serios incidentes frente al Congreso Nacional, donde se utilizaron cócteles molotov; el 12 de agosto se atentó contra un monumento a los veteranos de Malvinas y se prendió fuego una Bandera Argentina; el 18 de agosto atentan contra una sede de Gendarmería Nacional en Córdoba y el 24 de agosto detonan un artefacto explosivo en La Plata. Todos estos atentados terrositas estuvieron relacionados con la, hasta ese momento, “desaparición” de Santiago Maldonado.

En la noche del 20 de septiembre, el equipo de la Brigada de Explosivos de la Policía de la Ciudad desactivó una bomba de fabricación casera que había sido dejada en las escalinatas de ingreso a los pabellones de Ciudad Universitaria, en el barrio de Belgrano. El explosivo (de los comúnmente denominados “caza bobos” y que estallan al ser manipuladas), según explicaron fuentes de la Policía de la Ciudad, si bien era de un armado precario podría haber originado serios daños de haber detonado.

El 28 de noviembre, en la localidad de Rincón de Milberg, en el partido de Tigre, Federico Rodolfo Morera, de 50 años, recibió serias heridas al explotarle una bomba de tipo casero, que estaba armando en base a un matafuego, rellenado con clavos, bulones y tuercas. Debieron amputarle su brazo izquierdo, además de sufrir diversas lesiones en el resto del cuerpo. El perito policial explicó que “había en el interior de la vivienda, publicaciones y recortes de marchas por la aparición con vida y reclamo de justicia por Santiago Maldonado, además de existir aerosoles de pintura que orientan a sospechar actividades anarquistas por parte de esta familia”.

El 5 de diciembre, una bomba de fabricación casera estalló en una sede del Correo Argentino en la localidad bonaerense de Monte Grande. El artefacto explosivo estaba dentro de una caja de cartón y había sido fabricado con un tubo metálico y una pila. La detonación provocó la dispersión de los clavos y las tuercas que contenía en su interior. Un empleado postal resultó herido y otros dos fueron atendidos por aturdimiento.

El 5 de enero de este año, dos artefactos explosivos caseros fueron hallados debajo de un carro de asalto frente al Departamento Central de la Policía Federal Argentina, en el barrio porteño de Monserrat. El artefacto estaba compuesto por “tres tubos de gas butano, otro de papel con pólvora, un timer y una batería de 9 voltios”, según informó el propio jefe de la PFA, Néstor Roncaglia. Si bien se encontró un mensaje reivindicatorio del Partido Obrero (de extracción tostkista), su titular, Jorge Altamira negó terminantemente cualquier participación en el hecho.

El 15 de enero, la Policía de la Provincia de Buenos Aires halló una bomba casera en un puesto de la Municipalidad de Tres de Febrero. A pocos metros del artefacto, había placas metálicas con amenazas a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y al juez federal Claudio Bonadio.

El 14 de julio, dos bombas de fabricación casera estallaron frente a sedes policiales, ubicadas en los partidos de Tres de Febrero y Esteban Echeverría. Si bien no se produjeron destrozos de importancia, en la sede de la Policía Local de Tres de Febrero, la onda expansiva causó lesiones auditivas a una agente y un suboficial, como así también a un empleado municipal.

El 14 de septiembre, un grupo de anarquistas realizó pintadas, agredieron a los espectadores y lanzaron piedras contra las ventanas del Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén durante la proyección del documental “El camino de Santiago”, dirigida por el cineasta Tristán Bauer y con guión de Florencia Kirchner, que retrata la vida del anarquista ahogado en Chubut. Con anterioridad hubo acciones similares en las presentaciones de Buenos Aires, Esquel (Chubut), El Bolsón (Río Negro), entre otras ciudades del país, en las que grupos anarquistas y de militantes mapuches reclamaron por el uso de la figura de Maldonado por parte del kirchnerismo.

El 20 de septiembre, un grupo anarquista quiso censurar la película “Soledad” (film inspirado en la vida de la anarquista ítalo-argentina Soledad Rosas que se suicidó en Italia en 1998), dirigida por la hija del presidente Mauricio Macri, que se proyectaba en el cine Village Recoleta, increpando a los asistentes, lanzando bombas de olor y provocando destrozos en algunos locales vecinos al complejo de cines.

El 23 de octubre, el Ministerio de Seguridad de la Nación denunció ante el Juzgado Criminal y Correccional Federal N° 9, a cargo de Luis Osvaldo Rodríguez, al grupo anarquista “Lxs Solidarixs” que convocaba a “dinamitar el Congreso” durante el debate en la Cámara de Diputados por el Presupuesto 2019. Desde Facebook, el grupo señalaba que “es hora de incendiar de una vez por todas ese nido de ratas llamado Congreso. Si los recursos fueran suficientes dinamitarlo con diputados y todo adentro”.

El 7 de noviembre, un explosivo provocó daños materiales en un cajero automático del Banco Río, en el barrio porteño de Flores. Las autoridades investigan una posible conexión con la reunión del G20 a realizarse entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre en la Ciudad de Buenos Aires.

El 14 de noviembre, el mismo día del fallido atentado contra el mausoleo del coronel Ramón Falcón, Marco Nicolás Viola, de 26 años, fue detenido por efectivos de la Policía de la Ciudad luego de arrojar una bolsa plástica que contenía tubos y cables similares a un artefacto explosivo contra la casa del juez federal Claudio Bonadío. El atacante, que también pertenecería al grupo anarquista “Simón Radowitzky”, arrojó un paquete a través de la reja de la vivienda al patio delantero, el cual quedó ubicado muy cerca del auto del juez que se encontraba estacionado. Luego intervino personal de una brigada de explosivos, que hizo detonar el paquete sospechoso. Los investigadores sospechan que Viola es el mismo que puso una bomba en el Departamento Central de Policía el 5 de enero pasado, según un video en poder de la Policía Federal. Viola publicó por última vez en Facebook el 9 de septiembre: “Yo moriré con lxs pocxs que me acompañan xq es preferible morir como rebeldes y no vivir como esclavxs”, compartió en la red social.

Las autoridades también sospechan que los integrantes de esta agrupación, son los mismos que el 25 de agosto pasado, durante una protesta de estatales y docentes bonaerenses en La Plata, lanzaron un cóctel molotov contra el edifico del Senado, arrojaron piedras contra una sucursal del Banco Galicia y rompieron ventanas de la Casa de Gobierno bonaerense. Durante la noche, en medio de la desconcentración, incendiaron dos automóviles que estaban estacionados frente al playón del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires.

El 15 de noviembre, a raíz de las investigaciones por los fallidos atentados contra el cementerio de la Recoleta y la casa del juez Bonadío, la Policía Federal allanó una propiedad usurpada en el barrio de San Cristóbal donde se encontraron elementos tales como pólvora, mechas, clavos, tornillos, caños y otros elementos para armar bombas molotov. En la vivienda, además, había banderas con el signo del anarquismo y banderas en contra de la policía. Diez personas también fueron arrestadas por los cargos de intimidación pública y lesiones graves.

Este breve racconto de las actividades anarquistas pone en evidencia la escasez de una inteligencia criminal acorde a los tiempos violentos que se están registrando en Argentina. De todos los atentados terroristas anarquistas relatados más arriba, solo fueron detenidas trece personas: Anahí Salcedo, su pareja, los diez okupas de San Cristóbal y Marco Nicolás Viola, el atacante de la casa del juez Bonadío. Es decir, nunca se le prestó la debida atención como cuestión de seguridad nacional a los ataques incendiarios contra instalaciones bancarias, policiales o diplomáticas.

Y quiero recordar que el próximo viernes comienza la Cumbre del G20, con todos los ojos de sus opositores puestos en Argentina en general, y Buenos Aires en particular. Para un país que no pudo coordinar sus fuerzas de seguridad para garantizar el orden en un simple partido de fútbol sin hinchada visitante, la seguridad del G20 (con las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia extranjeros mediante), será todo un desafío. Y un gran aprendizaje.