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Bloody Sunday: a 50 años de una herida abierta en Irlanda del Norte

El Minuto |  Último domingo se conmemoraron los 50 años de la masacre británica sobre una pacífica marcha en Bogside, Derry, en Irlanda del Norte. La Masacre de Bogside, que pasó a ser conocida en la historia como el Domingo Sangriento (Bloody Sunday), fue el asesinato por parte de paracaidistas británicos de 14 civiles, todos ellos católicos desarmados.

Por: Agustín Dragonetti | Corresponsal de Argentina

El contexto

A principios de 1972, el primer ministro inglés, Ted Heath, había ordenado al 1º Regimiento de Paracaidistas del Ejército británico (desplegado desde 1969 cuando la Policía Real del Ulster (RUC) y la Policía Especial del Ulster (B Specials) fueron sobrepasadas por las manifestaciones y la violencia entre católicos y protestantes) tomar el control de la ciudad norirlandesa de Derry (llamada Londonderry por los británicos), donde la población católica había establecido una llamada Derry Libre (Free Derry), tal como era conocida la zona antes de fines del siglo XVI cuando los primeros colonos londinenses, en su mayoría comerciantes, llegaran a instalarse allí, a orillas del río Foyle, para imponer el predominio ingles.

Un año antes, entre el 9 y el 11 de agosto de 1971, el mismo 1º Regimiento de Paracaidistas británicos protagonizó la llamada Masacre de Bellymurphy, en Belfast, donde 11 civiles fueron ultimados a sangre fría como parte de la denominada Operación Demetrius, lanzada contra sospechosos de pertenecer al IRA Provisional. Un informe forense de 2021 señaló que todos los asesinados eran inocentes que fueron ajusticiados por el solo hecho de ser católicos.

Para el momento de la marcha, la resistencia norirlandesa contra la ocupación británica la llevaban adelante el IRA Oficial y el IRA Provisional, fundados en 1969, aunque sus acciones eran muy esporádicas. De hecho, antes del Bloody Sunday era común ver pintadas en las calles de Derry con la inscripción “IRA=I Ran Away” (IRA=Yo corrí), en alusión a que las siglas del IRA significaban el poco compromiso de la organización contra la ocupación británica.

En el barrio católico de Bogside, los adolescentes se reunían casi todas las tardes en el llamado aggro corner (el rincón de los enojados) desde donde lanzaban todo tipo de objetos contundentes (incluyendo bombas molotov y bombas de clavos) a los pelotones británicos. Tras cada choque, los jóvenes huían y se guarecían detrás de las barricadas levantadas por el IRA, para luego volver a sus hogares. Era la forma de resistencia de los jóvenes católicos norirlandeses contra las experimentadas tropas de la Corona inglesa.

Ese 30 de enero de 1972, la Northern Ireland Civil Rights Association (Asociación por los Derechos Civiles de Irlanda del Norte), NICRA por sus siglas en inglés, convocó a una marcha en protesta contra las detenciones y encarcelamientos sin juicio impuestas por parte de las autoridades del gobierno unionista de Irlanda del Norte contra los sospechosos de integrar o colaborar con organizaciones terroristas. En 1971, el primer ministro protestante de Irlanda del Norte, Brian Faulkner, aplicó el Special Power Act (Acta de Poderes Especiales) para enfrentar los crecientes actos de violencia.

Uno de los instrumentos más controvertidos del paquete de medidas era el “intermment”, lo que en la práctica era la reclusión sin juicio previo de sospechosos de terrorismo. Si bien el Acta se aplicaba para las dos facciones en pugna (católicos nacionalistas y protestantes unionistas), de los 1981 encarcelados solo 107 fueron protestantes, lo que equivale casi a decir que esas leyes solo se aplicaban a los combatientes católicos. El Acta de Poderes. Especiales recién fue derogada en 1975, aunque se siguieron produciendo arrestos bajos leyes específicas hasta 1988.

Bloody Sunday

A las 16.10 horas de ese fatídico fin de enero de 1972, la marcha de la NICRA de 15.000 personas llegó a la intersección de las calles Fahan y Lecky. En esa época, los nacionalistas habían establecido en los barrios de Bogside y Creggan una zona no-go en la que no podían actuar las fuerzas británicas. El área fue denominada Free Derry, Derry Libre.

Las autoridades británicas habían prohibido que la manifestación saliera de los límites del área autodelimitada por los nacionalistas católicos, aunque los organizadores (entre ellos Ivan Cooper, político protestante que defendió a los católicos norirlandeses y fue uno de los fundadores del Partido Socialdemócrata y Laborista que falleció en 2019) habían programado terminar la marcha en el centro de Derry. Para que la manifestación pudiera ser multitudinaria y pacífica, los convocantes habían acordado con las dos facciones del IRA que pospusieran sus actividades para ese día.

En la ya mencionada esquina de Fahen y Lecky, un grupo de aproximadamente 50 manifestantes se abrió de la concentración principal y se plantó frente a la barricada de los paracaidistas británicos en William St. y comenzaron a increparlos y arrojarles piedras y botellas. Los 21 efectivos de la fuerza de ocupación respondieron con fuego y varias tanquetas entraron por Rossville St. disparando a quemarropa contra los manifestantes. La mayoría de los muertos fueron alcanzados por la espalda y algunos mientras se rendían. Incluso uno de los asesinados, James Joseph Wray, de 22 años, fue rematado en el piso por dos disparos. John Johnston, de 59 años, murió a causa de las heridas recibidas en junio de 1972. Él iba rumbo a la casa de un amigo en Glenfada Park y no había participado en la marcha. El saldo de la locura británica fue de 14 muertos y 300heridos.

Secuelas

Si las intenciones del gobierno unionista y la Corona británica eran atemorizar, someter y terminar con la resistencia católica en Irlanda del Norte, las cosas no le fueron nada bien. En las semanas posteriores las protestas contra la carnicería en Derry produjeron decenas de incidentes, incluyendo acciones en el exterior: en Belfast el IRA contraatacó con atentados con bombas, la embajada del Reino Unido en Dublín fue incendiada, hubo manifestaciones en Berlín Occidental, Milán, Nueva York y, por supuesto, Boston, ciudad donde los descendientes de irlandeses conforman el mayor grupo étnico de la ciudad, donde hubo graves incidentes frente al consulado del Reino Unido. Inclusive se temió una guerra entre la República de Irlanda y Gran Bretaña, aunque finalmente no pasó de un ida y vuelta diplomático.

Los disturbios posteriores al Domingo Sangriento, obligaron a Londres a suspender a la Asamblea de Irlanda del Norte y la imposición de un gobierno directo desde la capital del Reino Unido, la llamada Direct Rule. Por su parte, el IRA experimentó un aumento sensible en el número de sus integrantes y un apoyo jamás visto.

Si bien al día siguiente del Bloody Sunday las autoridades británicas anunciaron que habría una profunda investigación de lo sucedido que estaría a cargo el Lord Presidente del Tribunal Supremo, Lord John Widgery, lo que en realidad ocurrió fue una vergüenza. En menos de tres meses, el Tribunal Supremo eximió a los efectivos militares al entender que actuaron en defensa propia y echó la culpa de la masacre a los organizadores de la marcha.

Para Lord Widgery, “la cantidad de disparos hechos por algunos soldados rozaron lo imprudente”. Una típica canallada británica. La peculiar y tendenciosa investigación no pudo demostrar que los manifestantes asesinados estuvieran armados. Sin embargo, un soldado identificado en el informe como “F”, fue señalado como responsable de dos asesinatos. Por supuesto, nunca se lo llamó a declarar ni fue juzgado.

Veinte años después, en 1998, el ex primer ministro británico Tony Blair encomendó una nueva investigación de la masacre cuyos resultados se conocieron recién en junio de 2010. El resultado de ese nuevo informe arrojó lo que todos ya sabían 38 años antes: los paracaidistas británicos asesinaron a manifestantes desarmados siguiendo órdenes que nunca debieron ser dadas.

Finalmente, y como un triste epílogo de sangre e injusticia, en junio de 2021 la fiscalía de Irlanda del Norte retiró todos los cargos que quedaban contra el “soldado F”, el único paracaidista acusado. Los familiares de las 14 víctimas revivieron los horrores del pasado al cerrarse para siempre el caso y toda posibilidad de investigar y castigar a los autores materiales e intelectuales de la masacre.

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