Mié. Oct 28th, 2020

Cambiar para que nada cambie

Mi abuelo andaba en camello, mi padre en camello, yo ando en Mercedes, mi hijo en Land Rover, pero mi bisnieto va andar en camello.”

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Le consultaron al fundador de Dubai, Shaikh Rashid Bin Saeed Al Maktoum, sobre el futuro de su país, y este sin basilar respondió: “Mi abuelo andaba en camello, mi padre en camello, yo ando en Mercedes, mi hijo en Land Rover, pero mi bisnieto va andar en camello.”


Por: Daniel Defant | Corresponsal del Diario el Minuto en Argentina


¿Por qué?

Tiempos difíciles generan hombres fuertes, hombres fuertes generan tiempos fáciles, tiempos fáciles generan hombres débiles y hombres débiles generan tiempos difíciles.

¿En el medio de esta ruleta rusa, parafraseando a eco las sociedades entran a preguntarse quienes son los responsables de convertir a un país en el reino de las mentiras?

Argentina no es la excepción; la sociedad de hoy se lo está preguntando: Kirchner, su esposa, ambos, Clarín, los medios, los empresarios, ¿o un volumen mayoritario de todos ellos y de todos nosotros?

Los millones que hoy se gastan en construir un monopolio propio de la verdad oficial, comprando periodistas, medios, empresarios y artistas populares, puede arrojar una pista de la jerarquía de responsabilidades, pero no su totalidad.

Si mañana las consultoras privadas son acusadas de mentir con la inflación y llevadas a los tribunales por el principal mentiroso consuetudinario que es el Estado desde 2007, la culpa ocupa un terreno más amplio que la cortedad intelectual de un secretario de Comercio Interior y su tacto de carnicero.

En el medio hubo muchos aplausos y apretones de manos en la Casa Rosada, con tertulias empresarias donde el mandamás repartía saña a los enemigos y beneficios y subsidios para pocos.

Si las correrías personales de un Canciller – vedette, que abre valijas norteamericanas pretendidamente golpistas en Ezeiza, fueron festejadas como un símbolo de la soberanía nacional por multitudes arrumbadas en los años setenta la explicación excede el resentimiento o la estudiantina antiyanqui del grupo gobernante….

Si la inseguridad es nuestro verdugo colectivo, que nos hace vivir en libertad condicional, las muertes diarias de ciudadanos que caen como moscas como producto de otra una pandemia que nos escandaliza más allá de ser solo números fríos cuando ni la droga ni los narcos nos conmueven, algo huele mal entre nosotros mismos.

En palabras de Santiago Kovadloff: “La decadencia argentina se ahonda con la despiadada palabra oficial y la magnitud de los hechos sociales que desmienten con dolorosa intensidad, el aplazamiento y la comprensión vergonzosa de esa palabra oficial que resbala a cualquier oído, enfermiza de los desaciertos que el gobierno no puede aprender ni tampoco está dispuesto a enseñar, su ciencia es el saber de la intolerancia hacia todo lo que no coincide con su dogma.

Lejos de Umberto Eco y cerca de casa la abuela decía: “la culpa no es del chancho…sino del que lo alimenta”.

Por eso a esta mentira con investidura le digo: ¡No! Porque es el único acto soberano individual que está al alcance cuando nada queda por hacer y todos se lanzan al precipicio abrazando la salvación…

  • No es la economía.
  • No es falta de un relato modelo.
  • No es el Producto Bruto Nacional que no creció.
  • No es el Banco Central con sus nuevas directivas.
  • No es un salto evolutivo hacia el desarrollo lo que nos está faltando.

¡Es que con la libertad no basta!

Para lograr el equilibrio entre Igualdad y Libertad, las Instituciones Políticas deben jugar un papel crucial en la distribución de la renta, a partir de criterios ampliamente consensuados.

Para esto hace falta docencia y conciencia sobre el sólido acompañamiento social que la debe avalar.

Porque la distribución de la renta, sostiene Morlino, es también la gran tentación de quien está en el poder cuando decide responder a esa demanda a su manera, sobre todo si las instituciones no facilitan la respuesta.

“En tal caso, puede darse –y de hecho se da- una situación de hegemonía partidaria o de liderazgos populistas que terminan yendo contra la calidad de la democracia”.

Clientelismo, intervencionismo, inseguridad jurídica, capitalismo de amigos y la corrupción estructural son consecuencia y efecto de la falta de Instituciones Políticas estables que impidan la propagación de esos males.

Todavía no se apagaron esos fuegos gatopardistas (cambiar para que nada cambie) y el gobierno siga ensayando nuevas reformas en base a los intereses que especula.

El psicólogo y escritor Sergio Sinay lo manifestó con elocuencia exclamando:

¡Pobres!

La temporada de caza está abierta; miles siguen muriendo en las rutas, en las calles, en los boliches y en los hospitales, todos huérfanos de adultez nutriente, aprendiendo a sobrevivir como sea en un mundo que los adultos ausentes (o presentes desde el oportunismo y la manipulación) han convertido en inhóspito y amenazante.

En un mundo para sobrevivientes sin escrúpulos, donde los cazadores pusieron el cebo y quienes podrían dar la voz de alarma para impedirlo, dudan y hacen cálculos.

¿Conviene detener a los cazadores?, se preguntan.

Con semejante guardaparques no habrá especie que sobreviva.

¿Qué importa al sistema?

¿O solo pretende usar a una sociedad que antes uso con brindarles oportunidades discursivas?

Las estadísticas no oficiales son lapidarias y no mienten.

Analicemos la población joven y arribaremos a lo siguiente:

  • De 2.111.430 que es la población joven entre 15 y 17 años en el país.
  • 489.506 no asisten al colegio.
  • 46,8% pertenecen a hogares que se encuentran bajo la línea de pobreza.
  • 43,6% recibe algún plan o programa que otorga el Estado.
  • 63,5% no cuenta con acceso a internet en la casa.
  • 65% no tiene una biblioteca mínima en su hogar.
  • 63,3% no suele leer habitualmente textos impresos.
  • Sin lo mínimo no puede haber aspiración a lo máximo.

La bajísima calidad de nuestra democracia está al desnudo de cualquier observador que está dispuesto a traspasar las luces embriagantes del relato oficial, más allá de la pandemia amenazante.

Pero cuando se buscan respuestas más amplias mirando a todo el horizonte político la impotencia se agrava.

No basta con escuchar recitar opositores a quienes les preocupa más que nunca esta Argentina quebrada próxima a un pacto electoral de apuro, los clásicos enunciados retóricos sobre una “Moncloa Nacional” que nunca supera la línea del ego del candidato.

Debería ser esta una premisa cultural de las nuevas generaciones: “sortear esa barrera”.

Esto va porque la condición de pordioseros institucionales se nota más cuando quedamos expuestos al contexto de países vecinos que avanzan en la dirección correcta; recorriendo un camino evolutivo más complejo, que permite plantear calidad democrática: el equilibrio deseado entre “igualdad y libertad”, discutir la distribución de la renta sin trincheras ni vengadores, o someterse a la alternancia y a los controles republicanos del poder.

Ya no hay opción.

No hay quimera económica que disimule el atraso y la miopía de mirarnos frontalmente al espejo de una vez por todas.

La Democracia no es un bien renovable como el aire o el agua; debemos cuidarla, desarrollarla y nutrirla para que nos sirva como sistema de vida, de lo contrario en nuestra indolencia crónica puede que un día despertemos asfixiados o sedientos de otros regímenes de vida que no sirvieron ni han sido los mejores para el progreso y de los cambios más profundos.

Nuestra democracia también puede morir lentamente no solo por “golpes militares” a los que veníamos acostumbrados, sino también, por una sucesión de medidas despilfarradas, poco espectaculares que acumulativamente atentan contra ella y la vuelven letal de todos modos en maneras impensadas.

Defender la libertad en Argentina, es hoy todo un desafío, el más importante de todos, lanzarnos a esquivar la etiqueta que hoy nos avergüenza, pero debe ser la única premisa para cambiarlo todo, evitando así el cambiar para que nada cambie.