Mié. Sep 30th, 2020

China: Guerra irrestricta y el nuevo “perturbador”

El conflicto entre Estados Unidos y China, se inserta a nuestro entender el tradicional conflicto entre potencias terrestres y marítimas.

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El conflicto entre Estados Unidos y China, se inserta a nuestro entender el tradicional conflicto entre potencias terrestres y marítimas. El almirante Francés, Raul Castex, en la década del 30, escribió una obra extraordinaria, “Teorías Estratégicas” donde desarrolló el teoría del perturbador. Aquella obra anticipó la Segunda Guerra Mundial y el surgimiento del conflicto con el ascenso del comunismo.

La idea del “perturbador”

El almirante argentino Fernando Milia, de manera brillante es su obra “Estrategia y Poder Militar” explica con ejemplos prácticos, los “perturbadores” en la Historia. En todos los casos fueron potencias terrestres, como los mongoles en el siglo XIII, Francia bajo Luis XIV o en las guerras napoleónicas; Alemania en las dos guerras mundiales y la Unión Soviética por citar ejemplos. El almirante Castex clasifica a los perturbadores en regulares e irregulares. Estos últimos son consecuencia de una gran conmoción política interna, como lo fue en su momento el III Reich.

Este tipo de Estados, están embebidos en una suerte de mística, religioso, social o político. Por ejemplo, Luis XIV consideraba que su poder emanaba de los divino y por ende su accionar estaba plenamente justificado. Había una suerte de destino manifiesto de Francia como potencia europea. La Alemania del Kaiser, también tenía un misticismo que pasaba por aspectos políticos como filosóficos, donde consideraba que la raza y cultura alemanas eran superiores.

La revolución bolchevique es otro ejemplo, donde la mística se traduce en el plano político, insuflando una suerte de ideal donde la misión del régimen es expandir la revolución y liberar a los proletarios. China, bajo la revolución comunista también está influida en una mística política. El poderío económico, industrial y tecnológico, lleva a sus dirigentes a considerar al país como un actor global y por ende con una misión, de expandir la influencia política y económica, a los fines de garantizar la supervivencia del régimen y mantener el orden interior.

El almirante Milia, nos dice que en el marco de este “misticismo” el perturbador ahoga libertades políticas, sociales y económicas, con el objetivo de subordinar a la sociedad a esos presuntos fines superiores para los que sirve el estado perturbador.

La idea justifica todo, desde el terrorismo, el fanatismo. Como dice Milia de manera gráfica Siberia o la Inquisición, el paredón o la picana eléctrica. Están plenamente justificados para imponer ese ideal místico del perturbador a su frente interno. En estos estados, los líderes son objeto del culto a la personalidad, existe una iconografía y una intensa propaganda para disciplinar las mentes. China lo tuvo con Mao. Ahora con el actual presidente, Xi Jinping, logró la reelección por tiempo indefinido, además de tener una importante concentración de poder. Otro rasgo distintivo es el nacionalismo exaltado, para luego caer en más de un caso en imperialismo.

China a pesar que el régimen se proclama comunista, en el plano cultural, muchas minorías nacionales han sido víctima de un nacionalismo a ultranza, donde se impone la cultura e idioma chino. El imperialismo, se manifiesta a través de un proceso de expansionismo comercial y diversas maniobras geopolíticas, que tiene como objetivo expandir la influencia del país fuera de sus fronteras.

La presencia china en África, no es relación de cooperación, sino de subordinación. Los créditos son para ejecutar obras, pero la transferencia de beneficios a los países africanos, son escasas, dependen del dinero chino, y se convierten en proveedores de materias primas. Ni siquiera es empleada mano de obra local en las obras. Las empresas chinas traen a sus técnicos y trabajadores.

El perturbador busca posicionarse claramente como una potencia militar. Recordemos el rearme del III Reich o la carrera de armamentos de la Unión Soviética, que la llevó a la ruina. En el caso de China, desde hace décadas forma parte del “club nuclear” y ha trabajado intensamente para convertirse en una potencia militar de alcance global, buscando la plena autosuficiencia en materia de desarrollo de sistemas de armas. El objetivo es alcanzar un nivel comparable al de Estados Unidos.

El perturbador es una amenaza en sus primeras etapas de desarrollo en el plano terrestre. China era una potencia terrestre, como se pudo apreciar en la Guerra de Corea, o en la Guerra de Vietnam o sus disputas con sus vecinos como la India, Unión Soviética y Vietnam. Incluso sostuvo encuentros armados con dichos países, como el caso de la Guerra de Aksai Chin en 1962 con la India, los incidentes armados en el río Ussuri con las tropas soviéticas o la invasión fallida a Vietnam en 1979. Desde la década del 90, China apostó al desarrollo de su poder naval, que durante décadas estuvo sujeto a una visión de defensa costera y protección de las líneas de comunicaciones, pero con alcance muy limitado.

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China con el crecimiento de su comercio marítimo, el desarrollo de una inmensa marina mercante y la necesidad de proteger sus intereses en ultramar, impulsó a desarrollar un poder naval con proyección oceánica. En este escenario entra en colisión con las potencias marítimas. Le pasó a la Alemania del Káiser a principios del siglo XX., especialmente frente al Imperio británico.

China apuesta a la expansión marítima, lo que la lleva irremediablemente a entrar en colisión con los intereses de una potencia marítima por excelencia, los Estados Unidos. Esto ha sido observadores, como el gran pensador naval británico Geoffrey Till, donde señala que China tiene una clara estrategia de expansión marítima, apostando al desarrollo de su economía marítima, que ha llevado a convertirse en un actor de poder global en lo referente a su flota mercante, puertos, etc. Este expansionismo “pacífico” lo vemos con la fuerte presencia de empresas chinas controlando lucrativos negocios de contenedores, puertos, construcciones navales, empresas de transporte marítimo, etc.

Las potencias marítimas buscan contener a los perturbadores a través de diversas acciones, generalmente levantando coaliciones. Inglaterra lo hizo en las guerras europeas en los siglos XVIII y XIX, para neutralizar a potencias terrestres como Francia, y luego en el siglo XX, al imperialismo germano. Estados Unidos sigue el ejemplo británico, levanta coaliciones para contener a los perturbadores terrestres, ya sea de magnitud global como fue la Unión Soviética, o contra actores regionales como Irak o Irán.

En el caso de China, Washington tiene una red de alianzas con Corea del Sur, Japón, Filipinas, Australia, Nueva Zelanda y ha desplegado un diálogo orientado a contener a China, con los gobiernos de India, e incluso Vietnam. Todo ello apoyado por una red de bases avanzadas.

La llamada “guerra comercial” entre China y Estados Unidos, no es más que una manifestación del tradicional conflicto de la “tierra versus el mar”. Este conflicto se agudizó en los últimos tiempos, especialmente por el cambio de “visión” por parte del nuevo presidente Donald Trump, en la Casa Blanca.

China se consolidó como una potencia industrial de primer orden, que tiene una demanda creciente de materias, gran parte producidas en áreas sujetas a la influencia de Estados Unidos. Su creciente papel como inversor y acreedor de los países de América Latina, llevó a los estrategas de la Casa Blanca a considerar el creciente avance chino en la región, como la presencia de Rusia, como amenazas a la seguridad nacional. Venezuela es el campo de batalla, a muy baja intensidad de esta pugna de intereses.

Mientras el régimen de Maduro, por su propia supervivencia, terminó subordinándose por completo a Rusia y China, Estados Unidos reacciona apoyando a Colombia como socio global de la OTAN, un acuerdo militar con Brasil, apoyo al gobierno de Guyana (que sostiene un histórico conflicto con Venezuela por espacios fronterizos) y una fuerte injerencia en las estrategias de seguridad de América Central.

El grupo de Lima es un ejemplo de esta maniobra de la Casa Blanca para tener influencia en la región. Pekín sabe que está en competencia con un poder financiero de alcance global y sigue manteniendo la superioridad tecnológica La crisis pro democracia en Hong Kong, es una señal clara que su adversario busca de alguna manera desgastarlo y que los conflictos domésticos, ya existentes, pero seguramente potenciado desde fuera, obliguen al régimen a mirar puertas adentro. Estados Unidos está en declive respecto a su poder global, la pax americana de los 90, ha dado paso a un multipolar, donde regiones, antes sujetos a la influencia del poder norteamericano, ahora es objetivo de otros poderes en ascenso, como China.

Un intento de explicar la Guerra Irrestricta.

La guerra ha ido cambiando, especialmente al aparecer los llamados conflictos asimétricos o guerras híbridas. El caso de Irak, post invasión de Estados Unidos, fue un ejemplo de un campo de batalla

que se venía. Pero un tiempo atrás, los coroneles chinos Qiao Liang y Wang Xiangsui, desarrollaron la teoría de la Guerra Irrestricta. Es una visión muy distinta de los parámetros occidentales, va mas allá de los clásicos términos bélicos. La guerra no comienza con el primer disparo. Por ejemplo, la economía podría convertirse en un arma para hacer caer a un Estado, pero los citados coroneles chinos, van mas allá y consideran por ejemplo el empleo de recursos tecnológicos, como es el caso de Internet. Dado el creciente desarrollo e interconexión a nivel global, esto puede generar serios daños a la economía de un país. Cuando el libro sobre Guerra Irrestricta – hoy doctrina de las Fuerzas Armadas chinas – un periódico oficial del Partido Comunista Chino resumió el concepto en lo siguiente “…la primera regla de la guerra irrestricta es que no existen reglas, no hay nada prohibido…esto amplia el “campo de batalla” del futuro.

Por ejemplo el ciberespacio tiene un rol importante para anular la capacidad del enemigo, y dado que este tipo de guerras, no tiene reglas por decirlo a de alguna manera, porque no llevar el conflicto a distintos ámbitos, que impliquen por ejemplo, el sistema de salud, con el objetivo de provocar un desmoronamiento del frente interno del adversario. Diversos autores señalan que la guerra irrestricta, concepto bastante difícil de entender para los parámetros occidentales, abarca no solo las comunicaciones, el espacio (por ejemplo la destrucción de sistemas satelitales), agentes desestabilizadores o proxys (el tirano de Corea del Norte, es un Proxy o agente desestabilizador funcional a intereses chinos), acciones en el plano económico como maniobras especulativas, etc. En lenguaje llano, subversión a gran escala y desestabilizar el frente interno. Algo que por ejemplo aplicaron con maestría Ho Chi Minh y el gobierno de Vietnam del Norte.

Sabían que no podrían derrotar a Estados Unidos en el plano militar, pero deberían llevarlo a un jugo en el plano de la dialéctica, ideológico, que terminaría con un frente interno exigiendo arrojar la toalla. La Ofensiva del Tet de 1968, que terminó en derrota militar para el norte (y la virtual liquidación del Vietcong), tuvo un efecto contraproducente en la opinión pública de Estados Unidos, y lo tomaron como una situación límite, de la cual había que salir. El objetivo de Ho Chi Minh y sus sucesores, fue logrado para 1973, Estados Unidos hacía las maletas en el sur.

Es indudable que China ha desarrollado una doctrina afín a los postulados de la llamada “guerra revolucionaria” propia de los regímenes comunistas. El conflicto se libra en diferentes niveles, el objetivo es generar el caos, para destruir la organización política del oponente y someterlo a la voluntad propia. No hay frentes, no hay distinción entre combatientes y no combatientes.

Los mismos autores de esta doctrina señalan usando todos los métodos, incluyendo fuerzas armadas o fuerzas no armadas, militares y no militares, letales y no letales, para imponer al enemigo aceptar nuestros propios intereses. No cabe duda, que fuera de las fronteras de Estados Unidos, donde han observado y analizado la cuestión, pareciera no haber estudios sobre este concepto de hacer la guerra. En América Latina algunos expertos lo han tratado, mientras que a nivel oficial, en materia de doctrina, las fuerzas de la región parecieran estar preparadas para guerras del siglo XX.

¿Piensa mal y acertarás?

Existe una teoría, muchos de ellos conspirativas, donde señalan que el coronavirus fue identificado en 2013 por un laboratorio de los Países Bajos, que por convenio con los Laboratorio Nacional de Microbiología de Canadá, ubicado en Winnipeg, dicho conocimiento llegó a dicha entidad. Allí trabajaba una reconocida investigadora, la Dra Qiu, reconocida por sus investigaciones sobre el ébola.

Dicha profesional fue despedida junto a varios investigadores chinos en 2019, la versión oficial señala que fue por una cuestión de protocolos. Asimismo la Dra Qiu entre 2017-2019 visitó un laboratorio de alta seguridad en la ciudad de Wuhan, famosa por la panademia que el mundo vive. El posible espionaje científico está en el marco de una dura competencia que tiene China con Estados Unidos y sus aliados, en materia tecnológica. Es sabido los conflictos por espionaje industrial que en más de una ocasión ha generado tensiones entre China, Estados Unidos y otros países.

El conflicto por la supremacía tecnológica estaba generando serios contratiempos, como el caso del 5G para telefonía móvil, donde Estados Unidos no dudó en poner tras las rejas a la directora financiera del gigante electrónico chino Huawei, Wanzhou Meng, bajo la excusa de violar las sanciones impuesta a Irán. El presidente Trump, fue más allá e instó a recuperar las industrias que migraron a China. Esto perjudica a dicho país, dado que precisa generar empleo a

gran escala, además es sabido que el gigante asiático es de alguna manera la primera potencia industrial y no piensa ceder bajo ningún aspecto ese lugar. La Ruta de la Seda, una obra de características únicas, genera desconfianza de su aliado ruso, que no ve con buenos ojos, la creciente influencia de Pekín en Asia Central. Su presidente, Putin, maestro de la geopolítica y la estrategia, es altamente probable que sepa muy bien las intenciones de hasta su ahora aliado, que busca por todos los medios, contrarrestar el poder de una potencia marítima como es Estados Unidos, consolidando su presencia en el espacio euroasiático, la Isla del Mundo, como decía Mackinder.

Sin ninguna duda, si tomamos en cuenta las ideas de la llamada Guerra Irrestricta, China esta en una suerte de guerra. Busca explotar a su favor las diferencias de Trump con sus aliados europeos y consolidar su posición con la Ruta de la Seda. Pero a nivel financiero y tecnológico, sabe que todavía tiene una brecha por delante, como el plano militar. Hay que doblegar de alguna manera al enemigo y ganar tiempo a favor. Tenemos serias reservas que por comer una sopa de murciélago, se halla expandido el virus COVID 19 a escala planetaria. Todos hablan de una guerra, que es cierto y se enlaza claramente con esta competencia.

El drama desatado, puso contra las cuerdas a la Unión Europea, provoca una crisis global, donde los precios de las materias primas se desploman. Escenario que sin ninguna duda fortalece a China. En estos años, el régimen ha logrado aceitar un poderoso aparato de propaganda y acción psicológica. Los sistemas de salud colapsan y muchos acuden a empresas chinas a proveerse de insumos, son paralizadas las economías nacionales y para peor, en nombre de la emergencia, las democracias liberales se convierten en estados policiales.

Donde las voces que se oponen a esta medida draconiana, son demonizadas. Los bloques regionales se fracturan. Estados Unidos también se ve obligado al aislamiento de sus ciudadanos, pero desde su máximo nivel dejan bien en claro, que esta situación es excepcional y solo por breve tiempo.

No lo dicen, saben seguro de de donde viene la jugada. Suben la apuesta, inyectan miles de millones para reactivar la economía y comienzan algunos movimientos. Venezuela, aliado de Pekín, recibe el mismo tratamiento que Panamá en tiempos de Noriega. Su presidente, Maduro, como el resto de altos funcionarios, son considerados criminales y se ofrece recompensa. La respuesta “Del Mar contra la Tierra” como lo definen los pensadores clásicos del poder marítimo, se materializa de alguna manera. El Brexit, lanzó a Gran Bretaña, a una posible alianza de mayor magnitud con Estados Unidos. Es cuestión de tiempo para que se lleve a cabo la próxima “maniobra” y devolver el golpe al “perturbador” chino.

En el medio de este “gran Juego”, los países de América Latina, siempre llegando tarde a la cita, sus dirigentes completamente desorientados, lo que costará muy caro a sus ciudadanos, especialmente a los más pobres.