Cincuenta años de la Primavera de Praga

El 5 de enero de 1968, en la ciudad de Praga, el flamante liderazgo comunista checoslovaco, comenzaba con una serie de reformas, que dejarían una profunda huella en el entonces Bloque del Este.

La república checoeslovaca fue creada en 1918 a raíz del desmantelamiento del imperio austro húngaro, durante dos décadas de existencia, la joven república tuvo una existencia agitada. En 1935 el ascenso del nazismo en Alemania alimentó conflictos en relación a los llamados “alemanes sudetes” que desembocó en la anexión de territorios ocupados por esta minoría al III Reich, para luego en el marco de un creciente clima de ilegalidad internacional y tras los acuerdos de Munich, dieron vía libre a la anexión de parte de la república y la creación de un estado títere eslovaco.  En  1945, como resultado del reparto de áreas de influencia por parte de los Aliados, Checoslovaquia quedaría bajo la órbita de Moscú. Luego de un intenso período de agitación comunista, estos se hicieron con el poder definitivamente en 1948 tras el “Golpe de Praga”. El presidente Benes, enfermo (presidente en la entreguerras) cedió la presidencia a Masaryk, muerto en circunstancias extrañas, como también su sucesor Gottwald. Este proceso de imponer el “socialismo real” costó entre 200.000/280.000 personas, entre las ejecuciones, exiliados y detenidos. Bajo lineamientos soviéticos la economía sufre una importante transformación, orientando la industria al sector pesado y producción de armamento. La muerte de Stalin en 1953, significaron cambios en la Unión Soviética y por ende en sus satélites.

En 1953 llegan al poder Zopotoky como jefe de estado y Novotny, hombre de confianza de la Unión Soviética como líder del Partido Comunista local (PCCh). El XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) de 1956, puso al descubierto los abusos del stalinismo. La dirección comunista checoslovaca intentó minimizar el impacto del duro informe de Nikita Jruschov, no obstante ello, hubo un importante debate en el marco de II Congreso del Partido, especialmente motorizado por intelectuales. La población no asumió un rol muy activo, dado el recuerdo reciente de las purgas del “golpe de Praga” y por ciertas mejoras económicas. En 1960 es reformada la Constitución, que refuerza el papel dirigente del PCCh y el cambio del nombre del país por República Socialista Checoslovaca. El hombre fuerte del país, Antonin Novotny, desde 1957 ostentaba el cargo de jefe de estado, además  de líder del PCCh. En 1966 Ota Sik, reconocido economista, en el Congreso del PCCh, fueron puestas en marcha una serie de reformas económicas, resistidas por la vieja guardia del A pesar de las tímidas reformas y ciertas libertades en materia cultural. La política de Novotny fue criticada abiertamente por los comunistas eslovacos, y desde allí vino el cambio. En base a una serie de componendas políticas, llegó al liderazgo del PCCh Alexander Dubcek  en enero de 1968.  Durante un tiempo parecía que no habría cambios importantes. Este líder, que no estaba comprometido con la vieja guardia y apoyado por una nueva generación de dirigentes, dio los primeros pasos hacia la reforma.

La Primavera de Praga comienza.

Novotny, pro soviético, comenzó a recibir duras críticas del ala reformista del Partido, y luego de pedir ayuda sin éxito a Brezhnev, nuevo líder del PCUS, presentó su renuncia  en marzo de 1968, reemplazado por el general Svoboda.  Dubcek habló de un socialismo con rostro humano, que dio paso a la formación de organizaciones fuera del control del PCCh, se autorizó a viajar al extranjero, reduciendo las restricciones; la gente se acostumbró hablar abiertamente, y la censura a la prensa fue levantada. No obstante ello, Dubcek, mantuvo la idea de mantener el socialismo, pero en el marco de mayores libertades políticas. Los intelectuales apoyaron decididamente las reformas. Vaculik, reconocido intelectual, elaboró con apoyo de otros reformistas publicaron el “Manifiesto de las 2.000 Palabras”, donde solicitaba que los cambios llegaran a todos los sectores de la sociedad.

Los cambios tuvieron repercusión mundial, mientras tanto en abril, Dubcek promovió la formación de un nuevo gobierno reformista. El plan de este incluía garantías a la libertad de expresión, elecciones libres con nuevos partidos (de orientación socialista), derecho a huelga, igualdad de checos y eslovacos, además de un programa de reparación para víctimas del régimen. Tiempo más tarde explicaría un ex-dirigente reformista checo, Zdenek Mlynar, no pretendían un multipartidismo que hiciera de la conquista del poder el principal objetivo. Más bien la democracia la pretendían con medidas como la autoadministración de las empresas por los trabajadores, autogobiernos regionales y grupos de interés y de libertad de opinión y de la prensa, aún sabiendo que el resultado de todo esto habría sido un sistema multipartidista.  

Las posturas de Dubcek lo alejaban de los lineamientos del PCUS, dado que buscaba un socialismo donde el PCCh estaría mas cerca de la sociedad, dando mayor importancia a los comités locales.  Por otro lado se buscaba una vía independiente de Moscú y que el Partido tuviera posturas realistas respecto a las demandas sociales.  Las resistencias a los cambios vino desde el propio PCCh, donde sectores pro soviéticos buscaron frenar las reformas. Esto tuvo apoyo abierto de los líderes de Alemania del Este, Polonia, Hungría, Bulgaria y la propia Unión Soviética.  Incluso fuerzas del Pacto de Varsovia (alianza militar de los países controlados por Moscú) ejecutaron una serie de maniobras militares como mecanismo de presión a Dubcek. La respuesta fue abolir la censura.

Los soviéticos pasan a la acción

En julio en la localidad fronteriza de Cierna, Dubcek inició negociaciones con los soviéticos. El camino tomado por el país no tenía retorno, ello no impediría mantener lazos con el bloque socialista – del cual tenía una fuerte dependencia económica – y mantenerse dentro del Pacto de Varsovia. Las negociaciones parecieron ser un éxito para Praga. No obstante ello, la presión diplomática continuó y Praga resistió. La idea de un acercamiento con el bloque occidental, como manifestó el primer ministro Cernik, alarmó a Moscú y en una reunión secreta fue decidido invadir el país y terminar con el proceso político liderado por Dubcek. En agosto, el comité central del PCUS ordenó la intervención militar. El gobierno checoslovaco buscó apaciguar los ánimos para no provocar a Moscú, que resultó en vano.  El 20 de agosto se materializó la invasión, Cernik, primer ministro denunció el hecho, y el congreso del partido donde estaba previsto ampliar las reformas, tuvo que llevarse a cabo en parte secretamente en las afueras de Praga. El congreso repudió la invasión y exigió la inmediata retirada de las tropas del Pacto de Varsovia. La invasión movilizó a 600.000 efectivos que encontraron una importante resistencia civil, incluso en Eslovaquia, donde Moscú pensaba que la situación le era favorable.

Las comunicaciones fueron cortadas, el gobierno virtualmente tomado prisionero, mientras tanto los checos amanecieron con los tanques soviéticos en las calles de Praga. Las manifestaciones se hicieron sentir, cantando el himno nacional, formando cordones humanos para impedir el avance de los tanques. Hay heridos y muertos. Naciones Unidas pidió el retiro de las tropas soviéticas. En estas horas dramáticas, el destino de Dubcek y el gobierno son desconocidos. La Asamblea Nacional fue tomada por los invasores.  Los sectores duros del partido, se hicieron con la situación y comenzaron con las detenciones masivas de personalidades ligadas con el programa de reformas. Moscú se escudó diciendo que las tropas fueron llamadas por el gobierno checoslovaco, cuando esto fue desmentido abiertamente poco tiempo después.

Las radios y medios de televisión nacional transmitieron desde centros clandestinos, exhortaron a resistir la invasión. El PCCh ratificó su lealtad a Dubcek, a pesar de los intentos del ala dura de formar un gobierno con anuencia de los invasores. Mientras tanto el presidente Sbovoda negociaba con los líderes soviéticos, mientras que el país parecía sumirse en el caos. Dubcek, y líderes reformistas fueron conducidos secretamente a Moscú, finalmente fueron puestos en libertad, al fracasar el intento de un gobierno títere en Praga. Bajo amenazas, el presidente Svoboda, para garantizar la existencia del país (fueron amenazados de anexarlos a la Unión Soviética) cede a parte de las demandas soviéticas y ahogar la “Primavera”. Dubcek, en un breve discurso de regreso al país, llamó a la calma, luego de serios incidentes con los ocupantes. Asimismo anunció que las medidas liberalizadoras serían suspendidas por un tiempo. La “Primavera de Praga” había terminado.  El clima de libertad en las artes, la prensa, la religión, terminó abruptamente.

El fin de la Primavera de Praga y sus consecuencias.

El saldo de la invasión fueron una veintena de muertos, unos cuatrocientos heridos y cientos de millones de dólares en pérdidas por la ocupación y los daños a las infraestructuras del país.  En abril de 1969, Dubcek fue removido del cargo, el cual ejercía simbólicamente. Fue sustituido por un pro soviético, Gustav Húsak.  Dubcek fue enviado como embajador a Turquía, para luego ser expulsado de su empleo y el partido. Durante largo tiempo seria un guardia forestal, para volver en 1989 como presidente de la Asamblea Federal, en el marco del proceso de democratización del país.

Los sucesos de Praga, pusieron de manifiesto el descontento de amplios sectores de la población sobre los regímenes totalitarios impuestos por Moscú al finalizar la Segunda Guerra Mundial. A pesar del clima de represión, la resistencia y oposición no cesó.  Un ejemplo de ello, fue la llamada Carta de los 77, siendo su principal exponente, el escritor y reconocido intelectual Vaclav Havel, que luego sería presidente de la República Checa, en tiempos de democracia.

La Primavera de Praga, fue un proceso político que generó mucha atención, dado que las reformas, fue iniciado por sectores del propio partido comunista, tomando conciencia del sentir de la sociedad y en abierto desafío a Moscú. Vale la penar recordar que los procesos de establecimiento del “socialismo real” generó una intensa oposición con importantes levantamientos populares, como Alemania del Este (1952), Hungría (1956) y luego Polonia con la larga lucha del sindicato Solidaridad. La respuesta a estos procesos siempre fue de una dura represión. A fines de los anos 80, la falta de libertades, el fracaso evidente de estos sistemas, hizo que con la caída de la Unión Soviética, los países del Bloque del Este, rápidamente se deshicieran de sus sistemas políticos y abrazaran la democracia.  No cabe duda que esos días donde se “respiró libertad” generó una huella profunda en la sociedad.

Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Corresponsal del Diario el Minuto en Argentina