Mié. May 27th, 2020

el Minuto

El Primer Diario Social de Chile

Crimen de una noche de verano. El Caso Báez Sosa Muestra de una sociedad violenta.

En el mes de enero de 2020, como es una costumbre “bien argentina” un caso policial conmocionó a la sociedad. El caso del crimen de Fernando Báez Sosa, un joven de 19 años, muerto a golpes por un grupo de jóvenes de su edad, en el reconocido centro turístico atlántico de Villa Geseel, meca de la Juventud, especialmente para los excesos y libertades, que rozan con el libertinaje.


Por: Jorge Suárez Saponaro | Director del Minuto en Argentina.


El crimen puso en evidencia la crisis moral y de valores que atraviesa a la Argentina desde hace décadas y donde los jóvenes son víctimas, que ha costado muchas vidas, ya sea en la drogas, el delito o en actos de violencia como el de Fernando.

El 17 de enero de 2020, un joven llamado Fernándo Báez Sosa, hijo de trabajadores de origen paraguayo, alumno ejemplar, cursó sus estudios en el prestigios Colegio Marianista, ubicado en el barrio porteño de Caballito, encontró la muerte de manera trágica. Sus aspiraciones eran ingresar a la carrera de derecho, habiendo comunicado antes del fatídico viaje a Villa Gesell, a su madre que sería abogado famoso como el mediático Dr Burlando.

Báez Sosa viajó a la localidad balnearia de Villa Gesell, famosa por ser meca de jóvenes, donde no está exento los incidentes por el alto grado de consumo de alcohol y drogas. A pesar de eso, sigue siendo un lugar donde los jóvenes eligen dicha ciudad para tener sus primeras vacaciones lejos del control paterno. En este contexto se desarrollaron los trágicos acontecimientos.

En Infobae citó el testimonio de uno de los amigos de Fernando que concurrieron a un popular local bailable, Le Briq, que como siempre, los dueños para obtener algunos dividendos de más, habia más gente de lo autorizado. Dicho testigo señaló “Con Fernando conseguimos algunos pases al VIP. El boliche estaba lleno, era difícil moverse, con el correr de la noche se hizo peor. Yo soy re fan de Neo Pistea y bajé para estar cerca. Estábamos con T. y Fernando y en una de las últimas canciones hay que hacer pogo, empezamos a hacerlo.

Por accidente, Fernando golpea a un muchacho levemente”. Así expresó F., uno de los amigos con los que Báez Sosa fue a bailar la noche del crimen y que declaró en la causa, según publicó (Se conoce como pogo a un tipo de baile que se caracteriza por los saltos y por desarrollarse a partir de choques y empujones entre quienes lo practican). Fernando conoció incidentalmente a sus victimarios. Ocurrió una discusión y dado la situación tensa, la seguridad del local, decide sacar a los jóvenes fuera del local.

En un video que vio toda la Argentina se pudo ver como eran sacados los jóvenes, jugadores de rugby amateur de la localidad de Zárate, donde uno de ello estaba claramente exaltado y muy violento Fernando la víctima, con su camisa rota, salió ordenadamente y fue a tomar un helado con sus amigos, dando por terminado el incidente. Pero no sabía que aquel grupo, lo estaba esperando y fueron tras el. El 18 de enero de 2020, ingresó el cuerpo ya sin vida de Fernando Báez en el hospital local, luego de haber sido sometido a una brutal paliza, que fue filmada y estremeció a la Argentina.

En aquella noche fatídica, la respuesta del Estado fue débil, como surge de los testimonios del personal de seguridad, como de los allegados a la víctima y testigos del hecho, quedó manifiesto una clara incapacidad disuasoria del sistema público de seguridad para impedir este tipo de hechos. Fue una noche donde hubo muchos incidentes. Algo no es inusual en dicha localidad, donde las noches de verano, implica que los jóvenes consuman cifras de vértigo de alcohol y por supuesto otras cosas.

La respuesta judicial fue rápida y eficiente, fueron detenidos los diez sospechosos del crimen de Báez Sosa, también otro personaje, que los sospechosos acusaron de ser autor del crimen, Pablo Ventura, un joven oriundo de la misma ciudad que los sospechosos del homicidio, pero que en todo momento estuvo en la ciudad de Zárate. Pudo probar ello y quedó libre.

Que razones llevaron a endilgarle dicha responsabilidad a Ventura, que vinculo tenía con los rugbiers, no quedó muy claro. Mas allá que quedó más que acreditado que Ventura no tiene nada que ver con el crimen, no sabemos a ciencia cierta que tipo de conocimiento lo unía con los rugbiers. Quedará para la anécdota, dado que esto ya no tiene importancia. La fiscal que intervino, Verónica Zamboni, desplegó los medios correspondientes para llevar a cabo la investigación, sostuvo desde un primer momento que los asesinos y cómplices, tuvieron un plan, y que dos de los integrantes del grupo, fueron lo que ultimaron a Fernando Báez Sosa, ya indefenso (siempre lo estuvo, dado que fue un ataque en grupo y por sujetos físicamente muy superiores). El 20 de enero Fernando fue sepultado en el marco de una conmovedora ceremonia, con activa participación de la comunidad educativa donde el pertenecía. Ni hablar sus padres.

Luego vino el conocido show mediático, pero esta vez la prensa tuvo un rol muy activo y positivo, para que la causa no durmiera el sueño de los justos. Hubo marchas de solidaridad y el ministro de seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, hizo aparición e intentó dar explicaciones. Como si esto no fuera un hecho excepcional. Hace largo tiempo que a la salida de locales bailables, muchos jóvenes terminan heridos, muy mal heridos o muertos.

El intendente de Villa Gesell, lugar de los hechos ha guardado silencio, y como siempre la política responde tarde a los problemas…muy tarde. Se dictaron algunas medidas para restringir el consumo de alcohol en espacios públicos, playas. Esto no resuelve el problema. Estamos ante una cuestión cultural. Desde hace años la violencia se ha ido enquistando en la sociedad. No solo por el abuso de drogas y alcohol, sino por una crisis de valores y moral que carcome desde hace tiempo a la Argentina.

El debate quedó abierto, ahora hablan de una Ley Fernando, para aplicarle “mano” prohibida a deportistas. La ley penal contiene elementos suficientes para condenar a los asesinos de Fernando Báez, creemos que fallaron mecanismos de disuasión y prevención. Entre otras cosas. Localidades como Villa Gesell, donde es sabido que hay incidentes, arriban millares de turistas, demanda una planificación para distintos supuestos. Lo ideal sería trabajar previo a la estación veraniega, mecanismos de respuesta como de prevención.

Existe una deuda en la Provincia de Buenos Aires para contar con personal de seguridad de locales bailables, debidamente entrenados. Los llamados “patovicas” han sido protagonistas también de hechos de violencia y en más de un caso de muertes. Los municipios deben ejercer poder de policía, aplicar sanciones y las autoridades provinciales arbitrar medios para que el personal de seguridad privada reciba formación específica, controles diversos y entrenamiento. Los Foros Vecinales y Departamentales de Seguridad, entidades con funciones algo difusas, pueden servir para instrumentar mecanismos de respuesta y prevención.

La reforma policial en la Provincia de Buenos Aires, un verdadero desastre, requiere una revisión total. A ello se une la formación del personal para actuar ante la creciente violencia juvenil. La falta crónica de personal, puede ser suplida, por “policías auxiliares”, ciudadanos que puedan recibir instrucción específica, y ser movilizados en tareas de prevención, presencia y disuasión, como también para desactivar conflictos en ciernes. Este concepto existe en el Reino Unido y en América Latina, en Costa Rica. En el caso del Reino Unido, este tipo de figura, es empleado en emergencias o crisis de orden público

En el marco del debate sobre la tragedia de Fernando Báez Sosa, han seguido apareciendo casos fatales de jóvenes muertos en incidentes callejeros, como también de víctimas de golpizas. El espacio es corto para explicar, un fenómeno que viene de lejos, que tiene que ver con valores en crisis, el rechazo “hacia el diferente”, culturas de pertenencia, que degeneran en verdaderos comportamientos criminales.

Durante décadas hemos sido bombardeados por un mensaje extremadamente negativo. El término “matar” o “mátalo” ha sido frecuente en el lenguaje cotidiano de Argentina, en el plano político, deportivo. El valor vida se ha ido degradando a tal punto, que tenemos cifras de vértigo de violencia doméstica, donde muchas mujeres terminan muertas. La falta de respuestas adecuadas, en más de un caso pudo ser un caso evitable. El fenómeno del bullying, que llega a situaciones dramáticas, donde más de un menor se ha quitado la vida, por hostigamiento.

La respuesta de las instituciones educativas, docentes, padres y las fuerzas vivas de la sociedad han sido limitadas, ante un Estado, también ausente. El violento, debe ser sancionado con severidad. Debe saber que su comportamiento lo deja fuera del sistema y que debe saldar cuentas acorde a la falta cometida. Por otro lado debemos promover una verdadera “Cultura de la Paz” promoviendo valores, donde la diferencia, sea factor de enriquecimiento, de construir una mejor sociedad.

Debemos recuperar el rol de la Familia, como herramienta de promoción de la convivencia y transmisión de valores. La Escuela es otro escalón de suma importancia, en el marco de promover comportamientos de convivencia, y que exista de una vez por todas, premios y castigos. Esta escalada verbal, se traslada a los diversos ámbitos, como el deporte, afectados muchas veces por la violencia, como el fútbol. El materialismo, donde contar con una zapatilla de determinada marca, o un determinado celular, implica pertenencia, en el sentido negativo, como el culto al cuerpo, o la tolerancia a comportamientos adictivos, es signo distintivo de “trasgresión”. El abuso de drogas y alcohol, deriva en violencia.

El Estado puede articular a las entidades de bien público, desde iglesias, organizaciones sociales, clubes de barrio, asociaciones de diverso tipo, de la mano de los municipios para promover valores y cultura de paz. Es una batalla cultural, difícil de librar, pero que bien vale la pena llevarla a cabo. La victoria significará que esta violencia social deje de llevarse la vida de tantos inocentes.

Hace mucho tiempo que los argentinos nos agredimos, por color de piel, religión, identidad sexual, ideologías, club de fútbol, y un largo etc, Esto se ha trasladado a la dirigencia política, que de manera irresponsable promueve divisiones, exacerba ánimos, para sus intereses mezquinos. Las clases dirigentes hacen fuerte hincapié en las diferencias, en visiones sectarias, y esto se traslada a diversos órdenes de la vida.

El negar al otro, termina siempre en algo trágico, como es la muerte. Tomando la crónica periodística, Fernando, por ser “negro” merecía morir, o como otros que por ser “blanco” o tener una ropa que no era la “aprobada” por el grupo agresor, en su visión torcida de la realidad, también merecía morir. La víctima se transforma en un objeto que hay que descartar. Si seguimos en esta senda, habrá muchos más “Fernando” y tarde o temprano, este drama podrá golpear a las puertas de nuestras casas. La clase dirigente debe tomar cartas en el asunto, porque este estado de cosas dejarlo como están, no tiene para nada final feliz.

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