dom. Dic 15th, 2019

Crisis constitucional en Bolivia

¿El final de los populismos de izquierda de América Latina?

El duro informe de la Organización de Estados Americanos, que puso en evidencia graves irregularidades en las elecciones presidenciales en Bolivia, desencadenó una crisis institucional. 


Por: Jorge Suárez Saponaro. Director del Minuto en Argentina


Que tuvo como colofón la renuncia del presidente Evo Morales, su vicepresidente y ministros, creando un verdadero estado de acefalía. Las calles son un caos con una sociedad movilizada. En estas horas dramáticas que vive el país del Altiplano, Evo Morales, solicitó asilo en México, siendo otorgado dicho pedido. Mientras tanto el debate si hubo o no golpe de Estado.

En 2006 comenzó una nueva etapa política para la convulsionada historia de Bolivia. El país vivió momentos de zozobra, con tensiones separatistas en la región de Santa Cruz de la Sierra. El flamante presidente, Evo Morales Ayma, un combativo dirigente sindical, de ideología marxista, llegaba al poder. Los altos precios de las materias primas, especialmente el gas, favoreció el crecimiento económico y una mejora de la calidad de los bolivianos. El nivel de extrema pobreza descendió del 37% al 16%.   Medidas como la nacionalización de los yacimientos de gas y petróleo, donde no dudó emplear al ejército, para hacerse de las instalaciones, le dieron popularidad. Las políticas sociales tuvieron un buen desempeño.  El presidente Evo Morales, impulsó en 2009, la reforma constitucional, convirtiendo a Bolivia en “Estado Plurinacional” haciendo hincapié en la reivindicación de los derechos de las poblaciones originarias. Incluso reconoce la oficialidad de una serie de lenguas indígenas, la autonomía política y hasta facultades de jurisdicción propia de dichas comunidades. También resolvió solo en parte el reclamo autonomista del oriente boliviano.. La nueva Carta magna de contenido progresista, introdujo algo que anhelaba el presidente Morales, la reelección. Que a la postre sería su perdición.

Bolivia fue parte del llamado “eje bolivariano” donde el fallecido presidente Chávez, buscó incrementar su influencia política y hasta económica. Olvidándose del valor geopolítico que tiene para Brasil, Bolivia. La política de Evo Morales tuvo medidas controvertidas que lo alejaron de Estados Unidos, especialmente al ordenar el retiro de la agencia DEA que operaba en el país desde hace tiempo, flexibilización de normas para el cultivo de coca. Estas acciones combinaron con un acercamiento a China, Rusia e Irán (aunque solo a efectos retóricos), además de mantener estrechos lazos con Venezuela y Cuba. Los programas sociales, generación de empleo y una retórica nacionalista – populista, fueron factores clave para que Evo Morales ganara una importante base social, dentro y fuera del país, como se puede observar en Argentina, donde viven nada menos que 3 millones de bolivianos.

El gobierno de Evo Morales, no pudo o no quiso llegar al nivel de politización de las Fuerzas Armadas, como en el caso venezolano.  El régimen de Caracas, convirtió a las fuerzas militares en un actor clave para la supervivencia del régimen. En el caso boliviano, Morales no llegó tan lejos, pero no estuvo exento de acciones de politizar a las fuerzas armadas, especialmente al crear la peculiar “Escuela Antiimperialista”. Una suerte de intento de “Escuela de las Américas” pero profundamente antiestadounidense. Tal vez, esta circunstancia ha salvado al país de una situación similar a la que vive Caracas. El tiempo nos mostrará la realidad.

El modelo de crecimiento boliviano, basado en las materias primas, tocó a su fin y el Estado terminó con un déficit fiscal del 8% del PIB, incremento del desempleo, a lo que se agregaron tensiones políticas internas, dado las tendencias de mantener el poder por un tiempo indefinido. Evo Morales decidió convocar un referéndum, para reformar la Constitución y habilitar a un nuevo mandato. La Constitución boliviana – impulsada por Evo  – solo permite la reelección por una sola vez. En 2016 es convocado el electorado para apoyar o rechazar dicha reforma. El electorado dijo no, por el 51%. De 9 departamentos que conforman el país, siete le dieron la espalda a la propuesta del presidente. Y esta vez, cometería un grave error político, no querer ver la postura de la ciudadanía al respecto. En un recurso al Tribunal Electoral, habilitó, en el marco de un fallo que generó un gran rechazo en la sociedad boliviana, para presentarse a una nueva reelección. La Constitución boliviana pareciera ser clara al respecto (art. 168), pero los jueces hicieron una peculiar interpretación y habilitaron al presidente Evo Morales presentarse en las elecciones de 2019.

El contexto geopolítico en estas últimas elecciones, había cambiado. Brasil no estaban mas en manos del PT.  Dicho partido, erosionado por los escándalos de corrupción, terminó con la remoción de la presidente Dilma Rousseff y los escándalos judiciales hicieron aparición con fuerza. La tormenta arrastró al popular líder y ex presidente Luis “Lula” Da Silva. Quién terminaría en la cárcel.  La crisis de seguridad y moral del país, llevó a la presidencia a la versión brasileña de “Trump”.

El polémico Jair Bolsonaro. En Argentina una década de kirchnerismo, llevó que en 2015, la sociedad apostara por el presidente Mauricio Macri, de tendencia conservadora. El régimen venezolano, corrompido al máximo, no era un aliado de fiar, más allá del discurso. Los aires de cambio habían llegado a la región, los procesos políticos de izquierda habían tocado a su fin. Incluso los vientos se llevaron al ex presidente Correa de Ecuador. Evo Morales no solo tenía que enfrentar los cambios políticos de la región, sino también cuestionamientos por corrupción (especialmente con el manejo de los fondos de la petrolera estatal y un affaire que involucró a una ex pareja del mandatario, que representaba intereses chinos) y una economía que también le daba la espalda. La sociedad percibía que el proyecto de Morales, era hegemónico, y asimismo el discurso, muchas veces con contenido sectario, comenzó a irritar a muchos. La falta de una estrategia de desarrollo que rompiera con la tradicional dependencia de exportación de bienes primarios, tuvo sus consecuencias. El manejo ambiental, poco responsable, generó también problemas con el sector rural, como quedó de manifiesto en los recientes incendios en la región amazónica. 

Otro golpe fue el fallo adverso del Tribunal de La Haya sobre el reclamo histórico de salida al mar, perdido en la guerra con Chile de 1879-1881. Este reclamo forma parte de la identidad boliviana, más allá que la “realpolitik” diga lo contrario. Gobiernos civiles o militares, de izquierda o derecha han mantenido una postura unánime, Evo Morales no fue la excepción. Incluso generó fuertes tensiones con Chile.

El 20 de octubre de 2019, comenzó a escribirse aceleradamente el drama que terminaría con la presidencia de Evo Morales Ayma.  Las demoras en la difusión de los resultados provisorios, llevó a la oposición a denunciar un posible fraude.  En la noche los indicios decían que el opositor Carlos Mesa iba a segunda vuelta. Esto habilitaba a que la oposición hiciera causa común y Evo Morales perdiera la posibilidad para un nuevo mandato, por cierto habilitado en el marco de un fallo que genera mas dudas que certezas.  No obstante, la diferencia era mínima: 45,28% de los votos contra 38,16%, Morales todavía estaba cerca de alcanzar los 10 puntos de diferencias necesarios para ganar en primera vuelta. Las horas pasaban y las demoras pusieron nerviosos a muchos, especialmente a la oposición.  El 21 de octubre el Tribunal Electoral anunció el resultado de las elecciones, donde Evo Morales tenía 46.4% de los votos frente a 37.07 de la oposición. Evo quedaba a menos de un punto del triunfo con más del 4% de las mesas por escrutar.  La violencia se desató en el país.

El 26 de octubre, Evo Morales desafió a la oposición a contar voto a voto.  Estados Unidos, Colombia, y Argentina, se suman a los pedidos de una nueva elección.  Brasil no reconoció la victoria de Morales y lo hace saber abiertamente y se muestra favorable a una auditoria internacional de las elecciones.  La violencia es una realidad y la situación parecía perder el control. No cabe duda que la presión internacional, lleva al presidente Evo Morales a solicitar la calma y esperar el resultado de la investigación llevada por el Organización de Estados Americanos (OEA).  El Tribunal Supremo confirma la victoria de Evo Morales el 1 de noviembre. Los jueces apagan el fuego con nafta.  La sociedad esta movilizada, las cosas se salen de control y se forman comités cívicos que dan un plazo de 48 horas para que el presidente Morales renuncie. El presidente boliviano habla de golpe de Estado y de peligro de la democracia. 

Hay motines policiales, una alcaldesa es agredida salvajemente. El país está en ebullición.  El 9 de noviembre el presidente electo argentino, Alberto Fernández, reconoció como ganador al presidente Morales, cuando era un hecho, que el presidente boliviano acataba la actuación de la OEA en la auditoria de las elecciones. Creemos que el presidente electo Fernández, se apresuró y actuó por simpatías políticas, que muchos creen para dar un mensaje al ala izquierda de la coalición que encabeza y calmar ciertos ánimos.

El 10 de noviembre, la OEA, dicta su “veredicto”: hubo irregularidades, que van desde falencias en el sistema de transmisión de datos, falsificación de actas y firmas. Los tiempos se aceleran para Evo Morales  La poderosa y combativa Central Obrera Boliviana, se distanció del presidente Evo Morales. Prueba que el vacío de poder, no fue una conspiración militar.  Sectores que históricamente estuvieron cercanos a su gobierno, le retiraron el apoyo.  Desde la COB le dicen la que asuma la  responsabilidad de renunciar para pacificar al país y que la central obrera no será cómplice del cerramiento de sangre.  Las Fuerzas Armadas, si toman una postura polémica y piden la renuncia del presidente. El escenario de ser movilizadas para restablecer el orden interno – algo previsto por la Constitución y la ley – generó malestar en los altos mandos. Que han tenido una buena relación con el presidente, mientras que la Policía Nacional, no tiene la misma relación. Incluso el alto mando policial no cumpliò con directivas para actuar frente a la ola creciente de disturbios.  Morales no tiene salida, la crisis devora a ministros, y al presidente de la Cámara de Diputados. Es entonces cuando convoca a nuevas elecciones, en un intento de frenar la crisis.

La situación sigue deteriorándose, ya no tiene margen de maniobra y se retiró a la localidad de Chimoré, previa renuncia anunciada por cadena nacional de radio y televisión. El presidente vuelve a la carga y habla de un golpe de Estado. La polémica se desató. Mientras tanto el país parece sumergirse en el caos. Finalmente el 12 de noviembre, un avión de la Fuerza Aérea Mexicana lo llevó rumbo a México, al ser concedido el pedido de asilo político. Dejando atrás un país envuelto en el caos institucional y apelando a su fracaso a teorías conspirativas.

El presidente Morales en 2016 no comprendió o no quiso ver una dura realidad, la sociedad había rechazado la idea de una nueva reelección. Buscar la reelección por medio de un polémico fallo judicial, no hizo más que generar mayor resistencia en la sociedad. El proceso político por el encabezado estaba desgastado luego de muchos años en el poder. El modelo basado en la exportación de materias primas, era y es vulnerable. Cuando sus precios se desplomaron, impacto directo en las finanzas del Estado.  La política apostó a estimular el consumo, pero no hubo políticas de desarrollo, para romper la dependencia de los sectores tradicionales de la economía boliviana.  Asimismo vemos que el legado de Morales, no logró construir institucionalidad. Esto lo observamos ante una fuerza policial desbordada, comités civiles que controlan carreteras, y el llamado expreso por parte de la misma policía a las fuerzas armadas a restablecer el orden.  El gobierno de la noche a la mañana se esfumó. No hay mecanismos para hacer frente a este tipo de crisis. 

La incertidumbre es aún mayor, ante la reacción que tendrá el poder legislativo, para hacer frente a la acefalía del poder ejecutivo y generar cierta estabilidad para convocar nuevas elecciones. Muchos hablan de golpe de Estado y nosotros creemos que la falta de instituciones sólidas, ha permitido este estado de cosas.  Esta debilidad institucional, se pone de manifiesto con un comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, pidiendo la renuncia del jefe de Estado, cuando dicho discurso es algo de tiempos pasados. La Constitución de 2009 no ha sido más que una herramienta para garantizar un proyecto político de un determinado sector.  

Las clases dirigentes en América Latina, tienen una tendencia a ver teorías conspirativas, cuando los procesos políticos que lideran naufragan. Pareciera estar detenidos en el tiempo. La derecha en la década del 90, con el neoliberalismo y la izquierda, en los 70, apelando a discursos que pertenecen a otras épocas. El no asumir responsabilidades, lleva a comportamientos casi infantiles. Así vemos como muchos, ante los problemas por ellos generados, optan por el helicóptero (caso De la Rúa en Argentina), hacer rápido las maletas e irse del país (muchos presidentes de América latina no han hecho a lo largo de la historia) generalmente para pasar una buena vida en Estados Unidos o Europa y criticar a su sucesor desde su cómodo “exilio” . O pedir asilo a un país amigo.

Triste final para un interesante proceso político, dinamitado, por las aspiraciones hegemónicas de Evo Morales de quedarse en el poder vaya saber por cuanto tiempo. Bolivia una vez más ha hecho un retroceso, sus instituciones son vulnerables y el fantasma del caos recorre las calles de La Paz.

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