Mar. Sep 29th, 2020

CUANDO LA VERDAD SUPERA EL RELATO “PERIODISMO BAJO FUEGO”

Mientras los tiempos corren en el medio de futuros inciertos y los mediadores sociales estamos entrando en una zona con peligro de extinción cuando no se comenta, se publica o se dice la verdad.

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Mientras los tiempos corren en el medio de futuros inciertos y los mediadores sociales estamos entrando en una zona con peligro de extinción cuando no se comenta, se publica o se dice la verdad.


Por: Daniel Defant | Corresponsal del Diario el Minuto en Argentina.


Los más de cinco mil impactos diarios que recibe nuestro cerebro en medio de la concentración globalizada somos nosotros mismos o la cultura horizontal que nos desecha. La respuesta que buscamos resulta compleja y arriesgada al periodismo en los tiempos que compite con un diluvio tecnológico universal de información que lo transforma en preocupante ante la desorientación del ciudadano, lector, oyente, televidente, internauta, frente a la catarata de estímulos audiovisuales que lo acosa.

No es más importante la supervivencia de los diarios de papel, o el rol del periodista enredado entre soportes múltiples, o el destino de las reglas de oro para informar debidamente con la verdad.

Parecería que la angustia o la anestesia que circulan en paralelo por las venas de un habitante de esta aldea global nos convierte a todos en víctimas, desde que suena el despertador, de un bombardeo simultaneo de contenidos caóticamente distribuidos para nuestra expresa predicción.

La información, tal como la conocíamos en los manuales, es apenas un elemento constitutivo de esa viscosa mezcla que se introduce con formatos de SMS, MMS, E-MAIL, BLOGS, DIARIOS ELECTRONICOS Y DIGITALES, en medio de una pandemia a modo de constelación de RADIOS, CADENAS DE TV, etc, que entra parpadeando a los bares, restaurantes, oficinas y hasta en pantallas gigantes en medio de una peatonal en la que circulan millares de personas, indagando a los receptores más allá de los estereotipos del marketing en la palabra escrita y los productos a media del target de los receptores.

Una nueva tarea comienza con la propuesta de diarios de lectura veloz, de sintaxis más descartable que lo habitualmente descartable, para gente ocupada y saturada. Quizás un poco de realismo nos ayudaría a romper con los mitos que amenazan con sepultar nuestras ganas de ejercer el oficio más maravilloso del mundo: Informar haciendo periodismo.

Cuando se informa, se relata, pero ¿qué pasa cuando la verdad supera el relato o el relato supera la verdad?

Esto mucho tiene que ver con la observación que se hace de las dimensiones del problema.

Sabemos que vivimos en un mundo problemático, cuyas respuestas exige no solo de conocer el mecanismo a fondo, sino a saber el porqué de él; debe seguir el “mundo de la esencia”, el mundo de las razones, el mundo de los fundamentos del accionar diario, ese que no deja lugar a la reflexión y pensamiento porque no nos da el tiempo.

La acción diaria y minuto tras minuto nos compete informar, esto es sin pretender dar una respuesta exhaustiva, que escapa a este trabajo, creo que es útil exponer algunos principios generales que pueden servir para orientar, sobre él porque y más adelante quizás sobre el cómo de este accionar diario que asume el protagonismo y unas técnicas muy especiales, a medida que la sociedad se va diversificando.

Buscando respuestas en por qué necesitamos echar raíces en una cultura abierta, como construcción humana que pasa por varias etapas. Se vive culturalmente porque la cultura representa la vida, los pueblos se definen como piensan y piensan como se viven.

Durante años, el Estado ha ido ampliando sus atribuciones y roles. En parte, ello se debió a la complejidad de las actividades que los cambios sociales fueron imponiendo, y en parte a tendencias de tipo paternalista.

El papel subsidiario se convirtió en un paraguas bajo el cual se han acogido numerosos beneficiarios, cuando la injerencia estatal crece y crece hasta llegar al punto de tornarse incontrolable. El hombre común debe protegerse, no solo de los otros hombres, sino también del propio Estado que asume roles de protagonista. En este contexto, es el propio Estado que entra a crear organismos de control.

Si bien jurídicamente tienen una apoyatura indudable que es el de todo mandante a rendir cuentas a su mandatario, creemos que la existencia de esos controles hoy va más allá, al punto de la censura; a que sí y a que no, es lo que debe informar.

Todo control se hace cada vez más necesario, cuanto mayor es la posibilidad de desorden; si no hay posibilidad, carece de utilidad el establecer mecanismos, que no tendrían sobre que actuar.

Quedo establecida en nuestras sociedades una cultura diferente, a la que llamamos “cultura de la corrupción”; para definir la corrupción, hay que decir que es un clima que se respira y tal como el aire nadie lo ve, pero todos lo sentimos como ráfagas de vientos fríos o calientes si es que el sistema inmune nos responde, mientras la corrupción nos castiga y castiga, mas todo se vuelve negocio y se convierte en peligro amenazante, que pone a todo lo social bajo fuego y el periodismo no deja de ser la excepción.

Al perderse la costumbre de esos actos incorrectos, llegara entonces la adopción de la costumbre de la ética, con la que habremos realizado antes una labor educativa a fondo, que acabara en un cambio de cultura.

Lord Acton es quien siempre sostuvo que el Estado Contemporáneo donde “todo poder es corruptible y el poder absoluto absolutamente” lo que resta es echar raíces en una ética civil y en una cultura abierta.

Moral Civil es el conjunto de ideales últimos, de valores intermedios y normas particulares a través de las cuales un pueblo vive su destino como humano, logra su identidad histórica y realiza una misión dignificadora en el mundo, como si dijéramos dignidad personal, responsabilidad asumida y eficacia histórica.

Cultura Abierta es a su vez la que permite al hombre a estar en el mundo como hombre: como ser dotado de sentido, abierto a la trascendencia, necesitado de configurar su entorno, ordenado al prójimo como tu – en – libertad, capaz de expresar su mundo interior.

La responsabilidad es, sin embargo, una especie de control que cumple la función genérica que a este corresponde: limitar al arbitrio que es connatural a la acción de gobierno, haciendo participar a otros órganos en las decisiones políticas. En una palabra, para que se entienda, control significa limitación y coparticipación en la libertad de decisión política de los actos de gobierno.

Controlar significa una forma de coparticipación especifica. Quien controla no decide, solamente influye de manera directa o indirecta en la decisión de otro órgano. Persuade o disuade, o incluso impide, pero no acepta la responsabilidad moral, ni en su caso, la responsabilidad política de la decisión.

Así nació la Ley de Medios.

Todos los gobiernos en todo el mundo tienen pulsiones similares con la prensa, pero en aquellos de raíz totalitaria se convierte en patología.

Bajo ese signo la Argentina del imperio K decidió, con la anuencia de su Parlamento, reemplazar una ley obsoleta de la Dictadura militar por una nueva legislación cuyo cuerpo fue redactado como un manual de batalla contra el Grupo Clarin y contra toda iniciativa privada que no se avenga al relato a los contenidos afines al Gobierno.

Muchas son las secuelas de esta guerra que pone al periodismo bajo fuego en donde se pierden espacios reales, se reduce el vocabulario a lo elemental, se elimina gradualmente el papel como soporte, avanza la imagen y el sonido sobre la palabra escrita y por añadidura tienden a desaparecer los contextos explicativos, las ideas más complejas y hasta se pierde el vigor de las metáforas útiles.

La noticia gana por impacto y pierde por profundidad.

La investigación se está volviendo un objeto suntuario en los medios tradicionales y se confunde con el chisme, el infundio, la militancia o el panfleto en los diarios personales digitales.

¿Qué hacer entonces?

En principio, sin arriesgadas tentaciones futuristas, lo que haría por reflejo cualquiera que se vea atrapado en medio de un aluvión o a merced de una ola tipo tsunami: aferrarse a lo más sólido y firme que se encuentre a su alcance.

En este caso, el del periodismo, a las herramientas básicas, a las preguntas insustituibles, al origen mismo de la atracción comunicativa.

Sera suficiente para la subsistencia?

Probablemente no, pero si a ese regreso instintivo a las fuentes le agregamos como salvavidas aquel proverbial consejo de Nicolas Gogol:

“Describe tu aldea y pintaras el mundo”, tendremos un kit de emergencia para capear la tormenta perfecta que se ha desatado sobre la aldea global que predijo Marshall McLuhan.

Una manera de hallar la brújula para salvar(se), la profesión puede estar en rastrear y redescubrir la base misma del lenguaje y la comunicación, su lógica de servicio.

Estimado lector; GRACIAS por llegar hasta aquí, pero uno de los desafíos más nobles y exigentes de hacer prensa, periodismo o como guste de llamarlo es sustraerlo del aturdimiento global, desintoxicarlo de tanto dato chatarra circulando y dando vueltas en vano.

En definitiva, es recuperar activamente y sin renunciamientos el rol de mediador con todos sus reflejos y su legado hacia una desconocida normalidad, pero siempre con el sentido puesto a la transcendencia que en su final claudica volver a las fuentes, porque será lo más efectivo y fehaciente de cualquier relato.