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Donald Trump: Un amargo final

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El mundo vio asombrado como manifestantes favorables al presidente de Estados Unidos, el “tempestuoso” Donald Trump, irrumpieron en el emblemático edificio del Capitolio, sede del Congreso, cuando se iba tratar la aceptación del presidente electo Joe Biden. Ni en los tiempos de la guerra de Vietnam, hubo intentos de tomar el Capitolio. Una imagen poco feliz para los orgullosos Estados Unidos, que conmocionó a la dirigencia de aquel país.

 Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro Director Argentina


Una multitud de manifestantes, tomaron el Capitolio, generando serios incidentes, que terminó con una mujer Ashli Babbitt, muerta de un disparo y queda pendiente una investigación bajo que circunstancias perdió la vida.

Las imágenes fueron patéticas, especialmente un personaje disfrazado de guerrero sioux, con la bandera de Estados Unidos, en la silla del presidente de una de las Cámaras. Ironías de destino, dado que muchos manifestantes, son de la extrema derecha, orgullosos de su origen blanco, anglosajón y protestante, teniendo entre ellos, a un personaje vestido de guerrero nativo americano, sector de la población, que se encuentra bastante marginada. Más allá de ello, la gravedad de los incidentes llevó a las autoridades del Distrito de Columbia, a decretar el toque de queda.

El vicepresidente Mike Pence, hizo un llamado a la Guardia Nacional – reserva activa del Ejército – para que intervenga y apoye a las fuerzas de policía, de por sí desbordadas. A título de curiosidad, el Capitolio, tiene su propia agencia policial federal, de unos 1800 efectivos, pero dependiente del Congreso. Esta policía es responsable de la seguridad de edificios y espacios exteriores.

La ira de los manifestantes se desató el 6 de enero ante un discurso del presidente Donald Trump, donde denunciaba por enésima vez, que hubo fraude en las elecciones. Su discurso, por cierto para nada conciliador, instó a recuperar el país. La idea de la movilización era presionar al vicepresidente Mike Pence, para que adoptara medidas destinadas a impedir la proclamación de la fórmula Biden – Harris como la ganadora por parte del Congreso. Semanas anteriores, Trump tuvo varios reveses judiciales en el intento de hacer valer su postura e impugnar las elecciones por fraude. Los tiempos se aceleraron cuando las autoridades electorales del Estado de Georgia, hicieron saber que el Partido Demócrata, había ganado las bancas para el Senado, garantizando al presidente elector Biden, la mayoría en ambas cámaras.

Trump fue mucho más allá y le pidió al Pence, que bloqueara la ratificación de la victoria de Biden, e incluso se lo hizo saber en su cuenta de Twitter. Allí el polémico presidente escribió “Mike Pence no tuvo el coraje de hacer lo que debería haberse hecho para proteger a nuestro país.

Y nuestra Constitución, dando a los Estados la oportunidad de certificar un conjunto de hechos corregidos, no los fraudulentos o inexactos que se les pidió certificar previamente. ¡Estados Unidos exige la verdad! Los disturbios sucedieron cuando el Congreso estaba contando los votos del Colegio Electoral. Hasta ese momento senadores republicanos Steve Daines de Montana, Mike Braun de Indiana y Kelly Loeffler de Georgia, iban a plantear sus objeciones y oponerse a la ratificación del resultado electoral.



Pero los graves incidentes, motivó un cambio de opinión y avalaron sin reparos el resultado de las elecciones presidenciales. Incluso el vicepresidente Mike Pence, criticó abiertamente al presidente Trump, señalando, You did not win. Violence never wins (No ganaste, la violencia nunca triunfa), mientras el Senado reanudó el conteo el miércoles 5 por la noche.

Nancy Pelossi, histórica líder del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes, no dudó en criticar duramente los hechos. En cambio el presidente Trump, fue mucho más cauto, instó a los manifestantes a retirarse a sus casas en paz, pero no condenó abiertamente los hechos. El Congreso no estuvo exento de debates sobre la validez de las elecciones, pero finalmente, el bloque republicano, dividido apoyó a los demócratas y abrieron paso para que Joe Biden, jure como presidente el próximo 20 de enero.

El 5 de enero de 2021, en la Plaza Libertad, los partidarios de Trump, se aglomeraron, no exentos de incidentes, donde varias personas fueron detenidas con cargos de portar armas sin autorización. El presidente había instado a que sus votantes se movilizaran, Nunca recuperarás nuestro país con debilidad.

Tienes que mostrar fuerza y tienes que ser fuerte. Hemos venido a exigir que el Congreso haga lo correcto y solo cuente a los electores que han sido legalmente nombrados. Sé que todos aquí pronto marcharemos hacia el edificio del Capitolio para hacer que sus voces se escuchen hoy de manera pacífica y patriótica. Pero parece que con esto no bastó, y en su discurso agregó “Luchen. Luchamos como el infierno.

Y si no luchas como el infierno, ya no vas a tener un país”. Los hijos del primer mandatario, Eric y Donald Jr, fueron más allá, y atacaron duramente a los legisladores, exigiendo bloquear la ratificación de Biden como nuevo presidente. A las 13 horas, los manifestantes, alimentados por las palabras del presidente, se dirigieron al Capitolio.

Una hora más tarde, cientos de manifestantes habían ingresado violentamente, no solo al Capitolio, sino edificios anexos y espacios linderos. ABC News, señaló que hubo disparos, que los legisladores fueron evacuados rápidamente.

Los manifestantes desbordaron la red de contención física puesta por la policía del Capitolio, conocida por siglas como USCP, e irrumpieron en el edificio, imágenes que viajaron como reguero de pólvora en las emisoras del mundo, como en redes sociales. Hubo actos vandálicos, con roturas de objetos diversos, atacaron las instalaciones de Associated Press, destruyendo equipos de filmación, etc.

El resultado de los incidentes fue la muerte de una mujer, ex integrante del Ejército, aparentemente en manos de un oficial del USCP. Personal de dicho cuerpo policial tuvo serias heridas, varios fueron hospitalizados en estado grave, además de cincuenta oficiales con heridas de menor consideración.

La situación demandó la intervención de la Policía Metropolitana (Policia del Distrito de Columbia). La alcaldesa Muriel Bowser, del Distrito de Columbia, días antes había pedido la movilización de la Guardia Nacional. Se estima que el día de los incidentes había unos trescientos desplegados en distintos puntos para contener tumultos.

La situación generó toda suerte de críticas, las autoridades federales, señalaron que no tienen preparación para este tipo de disturbios. En redes sociales de extrema derecha, Gab y Parler, habían organizado la manifestación con antelación, por ende para más de un observador, los argumentos de los responsables de seguridad del Capitolio, somos dijeron excusas. Asimismo, la respuesta de la USCP, no fue la misma, como en a mediados del año 2020, fue mucho más dura con los manifestantes por la muerte de George Floyd.

Los incidentes provocaron que el gobernador del Estado de Virginia enviara tropas de la Guardia Nacional, decretara el estado de emergencia en el condado de Alexandria, vecino a Washington DC, como la movilización de la policía estatal en apoyo a las autoridades de la capital estadounidense. Desde el Departamento del Ejército se dio órdenes para movilizar también elementos de guardias nacionales.

Trump se negó a firmar la orden de movilización, finalmente firmada por Pence, lo que ha generado una controversia constitucional. El toque de queda decretado tanto en Washington DC como de distritos vecinos, se vio reforzado por guardias nacionales de Maryland, Virginia (unos 3300 soldados fueron desplegados) además del apoyo de las policías estatales de dichos territorios. La alcalde Bowser extendió el estado de emergencia por 15 días, ante la presencia de importantes grupos de manifestantes y la posible presencia de elementos radicalizados, ya sea pro Trump o anti Trump.

En diversos puntos de Estados Unidos hubo incidentes, algunos de mayor gravedad, como en Georgia, donde paramilitares, intentaron tomar el Capitolio local. No cabe duda que en todo el país se vivieron momentos de tensión.

Trump desde sus redes sociales siguió hablando de fraude y que el es el ganador de las elecciones. Facebook y Twitter, pasaron la cuenta pendiente con Trump, con quién tienen una mala relación y dieron baja a las cuentas del presidente.

Finalmente, una vez que el Congreso ratificó la elección presidencial, por medio del portavoz presidencial Dan Scavino, el presidente dijo Aunque estoy totalmente en desacuerdo con el resultado de las elecciones y los hechos me confirman, sin embargo, habrá una transición ordenada el 20 de enero.

Siempre he dicho que continuaríamos nuestra lucha para asegurarnos de que solo se contaran los votos legales. Si bien esto representa el final del mejor primer mandato en la historia presidencial, ¡es solo el comienzo de nuestra lucha para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande! Luego de un alud de críticas, varios colaboradores del presidente, renunciaron.

Los incidentes del 6 de enero, han puesto en evidencia que la sociedad estadounidense está fracturada, consecuencia de un estilo de hacer política por parte de Trump. La pandemia, la crisis derivada de ella, u un discurso para nada conciliador han encendido los ánimos. El mundo ha visto los incidentes en el Capitolio, como signo de debilidad.

Trump ha sido un líder mezquino en este aspecto, y no tiene reparos en el impacto de sus acciones en el frente externo. Para ser sinceros, la política exterior no ha sido una prioridad, y por cierto ha cometido todo tipo de desaciertos, siguiendo los pasos de su antecesor Obama, con nula formación en materia de política exterior, seguridad y geopolítica.

Este peculiar estilo de hacer política, no cabe duda que le haya granjeado a Trump un importante caudal electoral, pero ha terminado con una fractura de hecho del Partido Republicano. Incluso sectores duros ligados a Trump hablan de crear un nuevo espacio político, rompiendo con una tradición centenaria de bipartidismo.

La llegada del presidente Biden, más allá que fuera por un margen corto de votos, a la presidencia, puso en evidencia que parte del electorado castigó a Trump, especialmente por las falencias en materia de política sanitaria, como económica. El modelo Trump fue una burbuja, pero con vulnerabilidades, como puso de manifiesto la crisis COVID.

Estados Unidos no es competitivo como en otros tiempos, el sueño del polémico presidente de Estados Unidos, de que el país volviera ser una potencia industrial de primera, resultó fallido. China supo explotar con habilidad la crisis, a tal punto que es uno de los grandes proveedores de material sanitario, se posiciona con sus vacunas, además de una rápida recuperación económica, con sus limitaciones, y un fortalecimiento del régimen, que ya no oculta sus ambiciones geopolíticas, no solo a nivel del Sudeste de Asia, sino mucho más allá, de convertirse en una potencia global.

La crisis del Capitolio, pone en tela de juicio de la credibilidad de la institucionalidad de Estados Unidos. Esa es una lectura simplista, para muchos, pero es muy posible que países que están en abierta confrontación con Washington, promuevan la idea de un Estados Unidos dividido, y donde el fantasma del fraude puede ser una realidad.

La Casa Blanca durante la Era Trump, renunció al liderazgo global, por intereses partidarios de corto plazo, se explotaron grietas o fracturas no resueltas en la sociedad estadounidense, lo que afectó a las instituciones, tanto puertas adentro como fuera. Trump tal vez quiso ir contra un sistema, de por sí corrupto, pero enquistado hace largo tiempo, que ir contra él, puede significar la vida, como el caso de J. F. Kennedy, pero tampoco supo ofrecer una alternativa al sistema, que mal que le pese, le permitió ser presidente de la primera nación del mundo.

Asimismo, la mediocridad de Trump, quedó reflejado por su limitado papel en la gestión de la crisis sanitaria del país, solo se aferra a buscar enemigos, conspiraciones, tal vez para ocultar la incapacidad que ha tenido para convertirse en el líder global, que demanda un cargo, tan relevante y trascendente, como el de Presidente de los Estados Unidos de América.