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Economía del rigor…mortis.

Un economista de un conocido comité de expertos me dijo que le  “daba lo mismo si la gente se transportaba en burros”.

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Estaba en Valparaíso cerca del Banco del Estado que está a pasos de la Plaza Sotomayor. Leía ya que debía esperar a mi mujer que estaba haciendo un trámite que nos obligó a viajar desde Villa Alemana muy temprano (las sucursales de la provincia no podían o no querían hacerlo).


Por: Gérard Oliger Abaroa | El Minuto


En mis manos tenía “La Gran Sociedad” de Jesse Norman, libro que irónicamente describía el centralismo (propio de las izquierdas pero seguido por muchos gobiernos de derechas), y el matematismo de la economía (normalmente atribuido a las derechas pero seguido como religión por los discípulos de Keynes).

Esta obra daba como ejemplo del frío economicismo el “impuesto negativo” de Milton Friedman, que en síntesis propone un complejo sistema de pago de impuesto que en determinadas situaciones de baja de ingreso se traduce en subsidios estatales a favor de quien pasa (o vive) una mala situación económica.

En el libro se menciona su implementación durante el gobierno de Gordon Brown en Inglaterra y el grave error que implicó obligar a devolver el aporte estatal a quienes lo recibieron sin ser técnicamente acreedores de éste, lo que ignora algo muy humano: el sufrimiento que provoca tener que hacerlo, en muchas ocasiones endeudándose, lo que es consecuencia de una mala política pública que parte de la base que comprendemos complejos programas o, peor aún, no tendremos ningún problema en devolver lo que recibimos sin ser merecedores (aunque estemos en un mal momento y creamos sinceramente que lo somos).

Lo que describe el libro me recordó el bono de 500.000 pesos, al que muchas personas pueden haber postulado y recibido porque creían ser acreedores del beneficio y, espero que no, quizás terminen siendo deudoras del Estado.

Cuando veníamos en el Metro de vuelta a Villa Alemana retomé mi lectura, y recordé con nitidez cuando defendí un subsidio a Trole de Valparaíso.

Un economista de un conocido comité de expertos me dijo que le  “daba lo mismo si la gente se transportaba en burros”.

Ese no era el tono del gobierno, pero si es la mentalidad que economistas de izquierdas y derechas tienen, soslayan la naturaleza humana y sostienen sus opiniones sobre una ciencia que no es exacta ¡Tienen un tremendo rigor! Rigor mortis, rigidez que carece de vida.    

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