dom. Ago 25th, 2019

Diario el Minuto

El ajedrez diplomático y una lanza por el servicio exterior español

Por : El Embajador Ángel Ballesteros García. Especial para El Minuto, desde Madrid, España.  

En el ajedrez diplomático, las partidas conllevan el peso atómico internacional de cada país, pero también la competencia del jugador para mover las figuras y las piezas, que describía Rohden en su Glanz und elen der klassischen diplomatie, en el mágico año de 1939, al tiempo que Nicolson publicaba su también clásico Diplomacy. Y esa competencia viene dada en alta medida por la preparación de la jugada que le proporciona, documentándole, su servicio exterior. En los últimos días se han producido tres movimientos, disímiles pero elocuentes, en nuestro tablero diplomático.

El non nato nombramiento al frente de la Seguridad Nacional, del muy experto geoestratega  y coronel(R) Pedro Baños, al parecer por ¨la incidencia rusa¨, abona el principio elemental de mantener relaciones con todos los países y en la medida de lo posible, mejorarlas. Yo estudié ruso con profesora particular y luego lo seguí en la Escuela Diplomática, en una época en la que no muchos nos dedicábamos a tamaños menesteres. Después, estuve en asuntos soviéticos en Exteriores y más tarde fui pionero yendo a Moscú, en solitario, para ofrecer el inicio en relaciones de cooperación, en unas negociaciones en las que brindamos con vodka e ikrá, que es como se dice en ruso caviar y se debería de decir en todos los idiomas, y con el abrigo puesto, sudando la gota gorda, porque se me habían roto los pantalones al inclinarme al besar la mano a la quizá sorprendida camarada que me recibía. ¡Qué lejos quedaban los tiempos en que, como recuerda Rojas Paz, Catalina la Grande exigía a los embajadores que le besaran la mano y le hablaran en francés! Y hace dos años, lamenté la finalización de las estadías en Ceuta de la flota rusa, con el Kusnetzov, por sugerencia de la OTAN en relación con la base de Gibraltar, por los perjuicios económicos que acarrea para la siempre necesitada economía ceutí.

Relaciones con todos los países. Cuando fui a la Unión Soviética, yo era, creo, el primer director de Cooperación con Africa, Asia y Oceanía, pero en mi quehacer (mi labor fue reconocida oficialmente por ¨mi dedicación, eficacia y entusiasmo¨, como se lee en la petición de condecoración, que entiendo que, en alguna forma, sigue pendiente y por eso lo menciono) continué la cooperación con los países del Este, donde recuerdo que no pude ir a Albania porque la dirección política de la zona no estimó oportuno mi viaje de cooperación al no tener todavía relaciones diplomáticas. Mi tendencia a sortear en cierta medida a la superioridad –como se cuenta de aquel representante en Naciones Unidas que convencido de tener más razón que Exteriores y para no cumplir las instrucciones que se le impartían vía telefónica, comenzaba diciendo que se oía mal y luego que no se oía nada para por fin, ir a votar con idéntica beatitud lo que le parecía oportuno- me lleva a pensar que quién sabe si mi viaje a Tirana no hubiera venido bien para las relaciones bilaterales. Pues bien, relaciones con todos, naturalmente a los niveles que corresponda, y por supuesto intentando mejorarlas cuando así proceda. Con Rusia, siempre entre las primeras potencias mundiales, y con una invocable e invocada cierta fama y determinados datos de adolecer de juego limpio en más de una actividad, deberíamos de mejorar nuestras relaciones hasta donde sea pertinente, no sólo per se, sino además, claro está, en el fundamental juego de equilibrios.

Sólo hace días, cuando el presidente Sánchez negociaba resueltamente en Bruselas la crisis de la migración, ¨se asustó¨, leo en El Confidencial digital, al oír que algunos países del Este, nucleados a estos efectos por Bulgaria, proponían a Ceuta y Melilla como sedes de los CIEs. Una hábil finta, que causó un casi touché (mi afición a la esgrima) en la quizá un tanto sorprendida delegación española.

Llevo mucho tiempo proponiendo, y lo acabo de reiterar al nuevo gobierno, el tratamiento coordinado de nuestros tres grandes contenciosos por estar íntimamente conexionados. En Ceuta y Melilla, donde mis libros son de referencia, y soy miembro del Instituto de Estudios Ceutíes, en primera línea de nuestros contenciosos diplomáticos,  las aristas, que lo son más por cabalgar entre lo interior y lo exterior, pueden surgir en cualquier momento.

Respecto de Bulgaria, guardo en mi biblioteca el icono clásico de San Jorge. Pero del simpático país, a cuyas gentes recuerdo con afecto de los pocos días que allí pasé, también debo de contar, a título anecdótico claro está, que durante unas negociaciones en una visita al mausoleo del héroe nacional, el guardia, sin el menor miramiento, propinó un manotazo a los brazos en jarras del inadvertido jefe de la delegación española. No se trataba como en Rabat cuando en los inicios de la Restauración, nuestros inexpertos políticos en asuntos exteriores, al visitar el mausoleo de Mohammed V, sorprendidos al tener que quitarse los zapatos, para no lucir los tomates que, en la época, más de uno tenía en los calcetines, comenzaban a ejecutar unos imaginativos pasos de ballet. Aquí en Sofia, era la intransigencia, con razón en ese caso ante la posible aunque involuntaria falta de respeto institucional, o sin ella, cuando en viaje a Moscú y provisto de mi billete de primera clase, ¨que mi país había pagado¨, como les espeté a aquellos funcionarios que pretendían encajarme con mi traje de Saville Row y todo, en la abarrotada segunda clase, llena de orondos campesinos con jaulas de gallinas y demás, cuando en primera había varios asientos vacíos, junto a las gorras altas que exhibían unos cuantos militares que, al explicarles que yo era alférez universitario de Aviación, me acogieron con grandes ovaciones y cantidad de vodka. Y hasta uno me pareció que se  empeñaba en que pilotara el Tupolev aquel. Saber con precisión con quién se juega unos los cuartos, resulta elemental, en especial cuando la puesta puede afectar al interés nacional, aquí, en Ceuta y Melilla, al muy delicado, hipersensible interés nacional.

El tercer tema es el catalán, que se le sigue complicando al gobierno en su proyección exterior. Y que más de uno de los que jaleaban la acción de Madrid luego, al cambiar un tanto las tornas, echaban la culpa a nuestro servicio exterior, ¨que no ha sabido contrarrestar la propaganda secesionista¨. Ha tenido que precisar el nuevo titular de Santa Cruz que los servicios exteriores está fundamentalmente para comunicarse a nivel de gobierno y no de opinión pública. Por mi parte,  he argumentado en La cuestión catalana y el rem publicam vi mutare, que el grado de desobediencia en que han incurrido los separatistas catalanes, sin duda el mayor desde la Guerra Civil, tiene que ser castigado como corresponde, como violadores de la legalidad constitucional. Pero he disentido, académicamente, del juez instructor, en la tipificación jurídica del delito.

He escrito numerosas páginas y tres libros sobre el golpe de Estado, en España y en Argentina, distinguiéndolo por primera vez en un ejercicio de filigrana política, de una veintena de figura próximas pero diferenciables, siguiendo algunas tesis de mi maestro en estas lides Tierno Galván, en la todavía dorada aunque ya crepuscular universidad de Salamanca de principios de los 60. Y he dejado establecido que en este iter de la anormalidad política, es la intriga la figura clave; que se materializa a través del contubernio; que se vertebra, perfeccionándose, en conspiración o en conjura; y asciende a complot, y origina el golpe. Asimismo he coincidido con golpistas, del tipo de algún que otro centurión latinoamericano, un presidente hondureño golpista impuesto y a la postre depuesto, y he sabido de las conspiraciones palatinas del mundo árabe e incluso he visto a escasos metros el golpe que derribó a Nino Vieira, asesinado en la cocina de su casa con un ritual tribal, en presencia de su mujer, a quien no me dio tiempo a rescatar del horror desatado en la vivienda. Días antes, con su hermana, había cenado en nuestra residencia; y después del magnicidio se asiló en la del embajador de Angola, compañero de la guerra de liberación del presidente, y allí la presenté mi pésame y mis respetos pocas horas después.

 –Alejo, ¿están los policías locales guardando la embajada? No puedo verles desde la ventana, llamé al canciller. -Sí, embajador, ¿quiere que vaya? añadió el siempre dispuesto y eficaz funcionario. Un grupo de militares pasaba por delante de nuestra embajada en Bissau, con tremendo estrépito y ruido de disparos. Yo, salvando todo lo salvable y hasta lo insalvable, recordaba sin saber muy bien por qué, La Habana, cuando algunos cubanitos regresaban a sus modestas casas, con ojos que a veces me parecían más tristes que alegres al no terminar de encontrar el mundo feliz que les prometía Fidel, y desde luego un tanto turbios por la cerveza ingerida, que sin el menor empacho, cierto que ocasionalmente, miccionaban con generosidad en la puerta de nuestro palacio-cancillería, al tiempo de lanzar una serie de invectivas al capitalista aquel que a altas horas de la noche tenía encendidas la luces de la biblioteca, desde la que se divisa el Morro, escribiendo sin más testigos que la bandera y los libros, muchos con el ex libris, de Maria Teresa Velasco Sarrá, una gran dama a cuyos pies me pongo, que como consecuencia de la revolución había tenido que abandonar la isla y su mansión construida por su potentada familia, con su marido, un  González Byass, para morir bastantes años después en Jerez de la Frontera. A principios de los 80, el gobierno castrista donó, revirtió la expropiada mansión, a España, que instaló su cancillería y consulado.

Uno de los logros del sólido ministro Moratinos, fue ampliar nuestra presencia diplomática en Africa, abriendo embajadas en torno al Sahel, con una política previsora frente al terrorismo. Guinea-Bissau revestía particular interés por estar considerado país casi narco estado por Naciones Unidas, a causa de ser zona de paso de la droga sudamericana que llegaba al maravilloso archipiélago de Bijagós, con inmensas posibilidades turísticas, y desde allí pasaba a España y a Europa, además de ser punto de salida del tráfico de pateras, y tradicional escenario de compulsividad pretoriana, amén de apresamiento de pesqueros. ¨Es el mejor embajador que hemos tenido¨, reseño con honor el juicio de un primer ministro de Bissau que me trasmitió el propio Moratinos, años más tarde. Durante mis dos períodos como presidente local de la Unión Europea, hubo por primera vez una misión militar europea dirigida por un general español. Y la noche del golpe que derribó al presidente, asimismo golpista impuesto y finalmente depuesto, yo estaba solo en la embajada, con los policías nacionales residiendo lejos de nuestra representación, así como los guardias civiles que colaboraban y los propios funcionarios. Sólo quedaban por la noche, en el exterior, los policías locales. En fin, que los amotinados siguieron hasta la casa del presidente y ya se sabe lo que ocurrió.

En fin, también, que a la búsqueda de que se consiga la extradición a España y como modesta contribución a título académico, reitero que no sobre códigos militares ni penales, cuya última reforma de éste pertenece a  los noventa, mantengo que no se aprecia prima facie la cabal inclusión del movimiento separatista en la figura de la rebelión,  por falta del elemento de compulsividad pretoriana en grado bastante, y sí en el de sedición, en cierta manera en la línea de lo que sostiene el tribunal regional alemán. (A evocar mi grata comisión en Frankfurt, hace décadas, siempre bajo el gran Goethe). Por lo demás, la sedición facultaría para su extradición y consecuente sentencia. Hoy termino de ver un titular de prensa, sin tiempo todavía de haber leído el contenido: ¨el Supremo sostiene que cabe una rebelión sin armas¨… Pues ojalá, que quieren que les diga pero añadiendo como elemental factor cautelar, siempre desde el punto de vista académico, que yo no lo sabía, que diría el clásico.

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