mié. Sep 18th, 2019

El día que unas islas llamadas Malvinas se hicieron famosas

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Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro.

El 2 de abril de 1982, las Islas Malvinas, un territorio insular disputado entre Argentina y el Reino Unido desde 1833, fue tapa de todos los principales diarios del mundo. En el marco de una crisis entre ambos gobiernos, el gobierno argentino de aquel entonces decidió terminar con la presencia británica y restablecer la autoridad argentina después de más de un siglo de presencia británica. El desembarco argentino en las Islas Malvinas, fue consecuencia de una crisis que se venía gestando semanas antes, el llamado Incidente Davidoff.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Director de El Minuto para Argentina

El reclamo de soberanía de Argentina, no se limita solo a las Islas Malvinas, sino también a las Georgias del Sur y Sándwich del Sur. Las islas Georgias en su momento, a instancias autoridades argentinas fueron una importante base ballenera y pesquera, los británicos que la ocuparon por medio de “hechos consumados” continuaron apoyando esta actividad.  La industria finalmente cayó en decadencia y la isla se transformó en un cementerio de instalaciones y barcos abandonados. Esto atrajo la atención del empresario argentino Constantino Davidoff, quien consideró un lucrativo negocio comprar chatarra y a un costo muy competitivo. En 1978 Davidoff firmó un contrato con Christian Salvensen Limited, con sede en Escocia, Reino Unido, para desarmar las factorias abandonadas.  El Reino Unido tuvo conocimiento de este contrato y no emitió objeciones. El gobernador británico de las islas, como la embajada británica en Buenos Aires, tenían conocimiento.

Bandera de las Malvinas

Davidoff buscó un buque de bandera inglesa para llevar a los obreros y retirar la chatarra. Todo ello sin éxito. En 1981, el empresario argentino fue citado en la cancillería argentina a fin de dar explicaciones sobre el alcance del contrato y fue ofrecido un buque del Servicio de Transportes navales de la Armada Argentina. Este componente cumplía funciones netamente civiles.  Davidoff visitó las instalaciones a bordo del rompehielos argentino Almirante Irízar, lo que generó una recriminación de la autoridad británica, por no reportase en King Edward Point, sede de la autoridad británica en la isla. Davidoff solicitó instrucciones para evitar problemas y hacer su negocio sin obstáculos.

El gobernador de las islas Malvinas, Rex Hunt, buscó generar una situación de conflicto, posiblemente a instancias del llamado Lobby Falkland (las islas Malvinas, Falkland para los británicos, eran propiedad en gran parte de una empresa, Falkland Island Company( con el objetivo de impedir la presencia de Davidoff y los obreros de su empresa para el desarme de las factorías. Sectores de la Armada Argentina como del gobierno de ese entonces veían como oportunidad la posibilidad de efectuar algún acto de presencia en la zona.  En 1978, la Armada había levantado una estación científica en las Islas Sándwich del Sur, en el marco de una débil protesta británica.

El gobierno conservador de Margaret Thatcher, buscaba recortar fondos en el marco de un duro ajuste fiscal. Entre sus planes estaba la venta de los portaaviones ligeros de la Armada Real, el buque polar y el cierre de la base de las islas Georgias. La idea de romper con el status quo en relación a las islas disputadas, venía dando vueltas en la Junta Militar (desde 1976, Argentina estaba en manos de un régimen militar), bajo la denominación Operación Azul.

La guerra de Las Malvinas, que enfrentó a Reino Unido y Argentina, duró dos meses y 12 días.

Las negociaciones desde los 60, cuando Naciones Unidas reconoció la existencia de una disputa de soberania, no había llegado a buen puerto. Los británicos informalmente habían hablado de abandonar las islas, sin plazo a determinar, hablando entre otras cosas de un régimen de arriendo (como fue el régimen de Hong Kong) y condominio (esto durante la tercerea presidencia del general Perón, quién dio su visto bueno, pero que fue abandonado tras su muerte). El llamado Lobby Falkland conspiraba contra cualquier salida razonable al problema.  El régimen militar (conocido como el  “Proceso” por la denominación que el mismo gobierno se daba a si mismo: Proceso de Reorganización Nacional) tenía muchos frentes. El tema de derechos humanos era un escándalo internacional, las divisiones internas entre los mismos miembros de la Junta, la política económica que fue un verdadero fracaso e hipotecó al pais con una deuda externa exorbitante. No cabe duda que había que buscar una salida a esta situación.

Caida del Puerto Argentino

Los autores son coincidentes en afirmar que la operación comercial de Davidoff  no tenía nexo con la llamada Operación Alfa, como pretendieron hacer creer determinados sectores británicos. Esta consistía en instalar una base argentina permanente en Georgias, tras el repliegue británico de la zona, previsto para 1982. La participación de un buque de transporte de la Armada Argentina, sin ninguna duda contribuyó a alimentar la citada teoría “conspirativa” británica.  En el Informe Franks (elaborado por los británicos tras la guerra) señala que el gobernador de las islas consideró que la Armada Argentina utilizaba a Davidoff como pantalla para ocupar las islas Georgias del Sur, sugiriendo el envío del buque polar HMS Endurance con infantes de marina para expulsar a los argentinos.

Este temperamento es contrario al tomado por el entonces embajador británico Williams, mucho más prudente que el gobernador Hunt. Este último pidió sanciones a Davidoff, actitud censurada por el ministerio de exteriores británico, quien dejó en claro que la presencia del empresario era netamente comercial.  Finalmente el buque de la Armada, el Bahía Buen Suceso, zarpó rumbo a Georgias. Los británicos sabían de la naturaleza de la operación. Hunt ordenó alertar a los funcionarios del Servicio Británico Antártico, responsables de las Georgias.  Los obreros argentinos, iban con la llamada “tarjeta blanca” un documento de viaje acordado por Argentina y el Reino Unido para los viajeros que fueran a Malvinas o de las islas al continente. El acuerdo había dejado en la nebulosa para el caso de las Georgias del Sur y Sándwich.  El llamado grupo Alfa, previsto para ocupar las islas, no iba con los obreros argentinos. Esta versión es ratificada por un trabajo realizado por el almirante de la US Navy, Harry Train.

El 19 de marzo de 1982 los obreros desembarcaron en Puerto Leite, no pasaron por Grytviken, donde estaba la estación británica del servicio antártico. Una patrulla de este apareció de golpe e intimó a los obreros a embarcar el material, algo complicado de realizar, arriar la bandera argentina (uno de ellos la llevó a titulo personal) y presentarse a King Edward Point. La crisis estaba desatada. El gobernador británico fue informado del desembarco argentino de carácter ilegal. La llamada “tarjeta blanca” no tenía validez para Hunt y ordenó desalojar a los obreros enviando al buque polar Endurance con una sección de infantes de marina. La Cancillería argentina respondió a la crisis señalando que el buque de transporte no era de carácter militar, el personal argentino tenia tarjetas blancas y que la operación era en el marco entre privados.

Rendición Británica

Hunt sabía de esto desde 1979. En aquellas horas, las instalaciones argentinas en las islas Malvinas (que incluía las oficinas de la línea aérea estatal LADE) fueron objeto de pintadas y la actitud de las autoridades locales, fue de alguna manera hostil. Incluso un periódico local habló de “invasión argentina” a las Georgias. El embajador británico en Buenos Aires, Williams, a diferencia de Hunt, actuó con mucha mesura. Sugirió evacuar los obreros hasta que la situación se aclarara. El Canciller Costa Méndez se opuso, por razones de política interna. La Junta tomó cartas en el asunto y decidió dar seguridad a los obreros despachando una fuerza militar.  En Londres el gobierno apremiado por graves problemas, adhirió a la postura de Hunt de mano dura. Desalojar por la fuerza a personal civil argentino. La Junta no lo dudó, la opción militar era el camino a seguir.  Lamentablemente, la Junta Militar no recurrió a Naciones Unidas, como del ofrecimiento de mediación de Estados Unidos, a través del vicepresidente Sr. George Bush.

La Junta Militar consideró que la crisis podría ser una oportunidad de dar un golpe de mano, anular la respuesta británica ocupando las mismas Islas Malvinas. El 28 de marzo, el Reino Unido, alistó sus fuerzas navales para desplegarse en el Atlántico Sur. El 30 de marzo el gobierno argentino instruía a su embajador Dr Eduardo Roca para que presentara una protesta en la ONU. Esto fracasó cuando el Reino Unido “le ganó de mano” cuando convocó al Consejo de Seguridad por la “invasión argentina” del 2 de abril. Aquellas islas pobladas por 2.000 isleños y con cientos de miles de ovejas, llamadas Malvinas, se hicieron famosas.

Malvinas. Tres décadas después.

La guerra de 1982 ha sido objeto de ríos de tinta, los errores del plano estratégico, significaron que en el plano táctico, las opciones eran escasas. Las fuerzas desplegadas actuaron con valor y determinación. El mundo observó con asombro la calidad del adiestramiento de los pilotos de las tres armas. El personal a pesar de las limitaciones de adiestramiento, por una movilización temprana de recursos, actuó con determinación. Ironías del destino, una clase política que se negó durante décadas de reconocer el valor de sus soldados y cuadros en el campo de batalla, lo reconoció el propio enemigo.

El desembarco argentino del 2 de abril de 1982, una magnífica operación conjunta, liderada por el almirante Büsser, estuvo sujeta a severas reglas de empeñamiento, al prohibir generar bajas fatales al enemigo. Estas reglas ha sido motivo de estudios en prestigiosas instituciones.  El 14 de junio de 1982, aquella Plaza de Mayo, que en su momento un pueblo gritaba de alegría por la recuperación de las islas, clamaban en medio de incidentes que no las tropas no se rindieran  Luego vino el fantasma de la desmalvinización. El derrotismo carcomió a la clase política. Esto ha generado serios perjuicios a los intereses nacionales en los mares australes. Miles de millones de dólares fueron sustraídos por la política pesquera de las autoridades coloniales británicas. De diversas formas los gobiernos argentinos facilitaron esta situación. Las Fuerzas Armadas enviadas a desguace y hoy nadie se atreve de hablar de “conflicto” como si viviéramos en un mundo idílico.

Malvinas fue un hito en la historia argentina, en los días que duró el conflicto, el país vivió tal vez sus momentos más intensos que no se habían vivido en décadas. La solidaridad de América Latina y fuera de ella, fue una realidad manifiesta.  Guatemala ofreció soldados, Perú no solo buscó mediar, sino es famoso su apoyo militar, Venezuela, Bolivia, Panamá (en el seno del Consejo de Seguridad firme junto a la Argentina)…incluso la Cuba de Castro, fue tan solidaria como el resto de la región. Esto pone en evidencia que la existencia de una causa justa, puede ser base para promover la unidad de los países de común origen.

Estamos plenamente conscientes que el derrotismo, no nos ha conducido a ninguna parte, sino más bien el único beneficiario ha sido el país que detenta ilegalmente las islas. La causa Malvinas, puede ser el motor para terminar con las fracturas que afectan a la sociedad argentina y extenderse fuera de las fronteras como el inolvidable 2 de abril de 1982. Superar el derrotismo, es una obligación y una deuda con quienes cayeron en defensa de la soberanía.

Es el clamor de nuestros marineros que descansan en el mar junto al crucero General Belgrano, de los cientos de soldados que son prueba de que la historia de Malvinas está estrechamente ligada a la Argentina. Es el clamor del suboficial naval Felix Artuso, cuya tumba custodia las islas Georgias del Sur (y ojalá haya justicia por su muerte), que el porvenir, prosperidad y paz para la Argentina está estrechamente ligado con la reincorporación al patrimonio nacional de las islas irredentas.

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