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El Efecto Placebo

Plaza de Armas de Lima.

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Una teoría de la comunicación sostiene que los medios pueden actuar como narcóticos sociales cuando falsifican la realidad, por ello es necesario inmunizarse frente a la desinformación disfrazada de información.

Por: Gary Ayala | Director de El Minuto en Perú


La práctica de la sanación estuvo antes que la medicina en el mundo, aquel oficio de devolver la salud al cuerpo con una visión cósmica y cultural.


 Las lomas de Ventanilla, en la provincia constitucional del Callao.


Los componentes de esa forma de curar eran la teovisión (religión) y la magia como evidenciaron los antiguos griegos desde el siglo XI a.C. -narrado en la Ilíada y la Odisea- quienes erigieron al divino Asclepio como el dios de la salud y lo representaron con una serpiente benigna.

En la creencia helénica, Asclepio, hasta resucitaba a los muertos (con lo cual antecedió a Jesús en esa figura), tuvo tanta influencia que los romanos lo adoptaron con el nombre de Esculapio en el siglo III a.C., y le erigieron templos los cuales, en armonía con sus poderes sobre la salud, incluyeron baños y gimnasios. Las enfermedades en ese mundo eran el justo castigo de los dioses.

Hipócrates (460 a. C.-370 a. C.), considerado como el padre de la medicina clínica, cultivó una escuela donde se consideraba que las enfermedades eran consecuencia del desorden de cuatro líquidos: Sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla, también tomó en cuenta el factor emotivo en el estado de salud, se cuenta que cuando fue llamado para tratar de locura al filósofo Demócrito (se reía de todo), le diagnosticó: Personalidad alegre.

Muchos sanaron, mejoraron y extendieron años de vida con tratamientos no formales pero positivos: “…hizo un poco de lodo con tierra y saliva, untó con él los ojos del ciego y le dijo: Vete y lávate en la piscina de Siloé. El ciego fue, se lavó y cuando volvió, veía claramente” (Juan 9 v. 6-7). O, casos exitosos por necesitar creer como la mujer que padecía 12 años de hemorragia: “… ella pensaba: Con solo tocar su manto, me salvaré. Jesús se dio vuelta y al verla le dijo: Ánimo, hija, tu fe te ha sanado” (Mateo 9 v. 21-22).

La religión instituyó a la convicción como energía (fe) para sanar las enfermedades.

El Placebo

La ciencia médica define que un elemento puede curar o generar bienestar en la salud cuando la persona lo recibe de modo complaciente sin que dicho producto posea componentes farmacéuticos: El placebo. Los efectos fisiológicos y psicológicos confirmarán luego la predisposición adoptada por el paciente.

En esa línea los laboratorios aplicaron vacunas reales en un grupo de personas y solo agua azucarada en otras para experimentar su eficacia contra el covid-19 en las primeras.

El efecto placebo en medicina se explica con un factor biológico que sustenta cómo la liberación de endorfinas que produce el sistema nervioso trabaja de modo similar a los analgésicos contra el dolor.

El otro factor es el de la expectativa, cuando se mejora porque existe confianza por una vacuna. Un tercer factor es el condicionamiento estímulo-respuesta cuando por asociación de hábitos o experiencias vividas, “algo familiar”, se toma como reconocido sanador para el cuerpo.

De hecho, chamanes, brujos, curanderos y ungidos, han obtenido numerosos logros de salud -y ganancias- gracias a sus conocimientos naturistas, habilidades comunicativas, carisma e histrionismo frente a personas que mantenían una esperanza abierta y además la urgencia de sanar. Por ello, las condiciones emotivas de las personas tienen suma relevancia en las reacciones somáticas luego de recibir un placebo.

El Nocebo de los Medios

La disfunción de las vacunas, es decir, los efectos perjudiciales o mortales son una posibilidad en las experiencias farmacéuticas y reciben el nombre de nocebo.

En el ámbito de las comunicaciones, la información mediática, sea emitida por señal abierta, privada, de forma impresa o en redes, mantiene una presencia diaria -más real que la del ángel de la guarda- en la vida de toda persona. Si en periodos no electorales la información construye y legitima un modelo de sociedad, en periodos electorales la propaganda es el mensaje ariete. De este modo, el mensaje nocebo puede ser el principal.

La disfunción narcotizante de los medios fue mencionada por el sociólogo austriaco Paul Lazarsfeld (1901-1976) en sus investigaciones sobre los medios de comunicación masivos realizados en los Estados Unidos. No obstante que su escuela consideró cierta limitación de los medios sobre la mente humana reconoció que pueden ser “narcóticos sociales” eficaces y capaces hasta de impedir que el drogado advierta su enfermedad.

Luego, la “Aldea global” que halló el literato canadiense, Marshall McLuhan (1911-1980) en la década del ’60 y que marcó un hito mundial gracias a sus estudios sobre la evolución comunicacional, brindó a la filosofía, política, economía, derecho, educación, religión y a otras ciencias, una nueva mirada para que sus campos reciban actualidad. Advirtió que el “Medio es el mensaje”, que “Somos lo que vemos” y que la TV tendría un gran reinado.

La “Agresión desde el espacio” que el sociólogo belga, Armand Mattelart (1939) detectó y presentó en un libro con ese título al iniciar la década del ’70, permitió visualizar la transculturación realizada por el poder anglosajón en las mentalidades latinoamericanas mediante la interconexión tecnológica. Ayudó a la ciencia social en las investigaciones sobre los efectos sometedores de los mega medios.

Los estudios más ligados al tiempo digital realizados por el filósofo, lingüista y profesor norteamericano, Noam Chomsky (1928), tienen una brillante proyección sobre el siglo XXI.

Chomsky, compara a los medios como empresas de propaganda bajo dominio de élites económicas que en el tratamiento de la realidad generan un sesgo mediático antes que noticias de calidad. Considera la existencia de un “Consenso manufacturado” donde se exhibe a una democracia engañosa que aparenta una convivencia normal, acordada y validada por la ciudadanía; también cita al sesgo cognitivo del “Falso consenso”, cuando un grupo minoritario cree que todos o muchos piensan o defienden lo mismo que ellos.

El Efecto en Perú

El proceso electoral que proclamará al nuevo presidente peruano el 6 de junio muestra una guerra con misiles mediáticos envueltos en variada cubierta: Encuesta, entrevista de opinión, noticia, informe dominical, notas en redes y carteles LED. El país afronta un trágico desafío a resolver entre un supuesto “Terrorismo” (Pedro Castillo Terrones) aunque no tenga denuncia ni investigación; frente a la “Corrupción” (Keiko Fujimori Higuchi) que sí tiene un pedido de 30 años y 10 meses de prisión de parte de la Fiscalía.

Los grupos de poder económico que controlan la casi totalidad de los medios de comunicación -que no hace falta mencionarlos porque su presencia invasiva está en el ambiente como el propio virus- han confirmado la razón de su existencia: Sostener a un sistema que funciona a su medida.

Para descalificar a Castillo, el activismo informacional utiliza ideas fuerza que lo vinculan al grupo terrorista Sendero Luminoso el mismo que rompió fuegos 40 años atrás. Asimismo, el candidato es asociado al MOVADEF -rama política actual de SL- aunque no tenga filia comprobada. El término “Comunista” le es conferido en grado Satanás junto a la alevosía de querer convertir al Perú en Venezuela con el consiguiente final democrático. Sus electores también son aludidos: Resentidos sociales y ociosos vividores del Estado.

Las predicciones anunciadas por un premio nobel de gran descrédito político (Vargas-Llosa) además de las declaraciones brindadas por tecnócratas de estrecha participación en gobiernos signados por la corrupción, gozan de una permanente resonancia periodística.

Las informaciones -de la otra parte- contra Fujimori han tomado el lado oscuro del gobierno de su padre Alberto (remate de empresas nacionales, crímenes contra los derechos humanos, narco avión presidencial, venta de armas a las FARC, esterilización ilegal de mujeres, compra de congresistas tránsfugas y pago ilegal a medios de comunicación, entre otros). Además, atacan a la propia Keiko (crimen organizado, lavado de activos, “vagancia” de ella y del esposo, indiferencia ante la tortura de su madre, etc.).

La “objetividad informativa” ha sido declarada en cuarentena y el mensaje que debiera brindar claridad sobre la coyuntura, equilibrio en el tratamiento del debate democrático y auto control para no distorsionar la realidad; contrariamente, constituye una información placebo que no auspicia la participación de una ciudadanía debidamente informada y desprejuiciada capaz de emitir su voto con mejor responsabilidad y conciencia.

Al igual que el retrógrado sistema tradicional educativo que exige al estudiante repetir todo lo oído en el aula para ser aprobado, el proceso electoral, llevado bajo esta influencia, se asemeja a un examen planteado al elector para que demuestre con el voto su aleccionamiento mediático y su aprobación por la continuidad del sistema imperante.

Al cumplirse 200 años de independencia política del país el próximo 28 de julio, día del cambio presidencial, las venas abiertas en el Perú no han cesado de emanar el dolor de la postergación social y de las distancias socioeconómicas que crecen a nivel escándalo.

El modus vivendi de la población con el político representante del “mal mayor” camuflado como “mal menor” en los tiempos electorales no favorece al desarrollo integral del país.

La estructura que sostiene a los medios de comunicación ha decretado no cambiar el establishment que otorga felicidad selectiva en su sociedad.

El ciudadano necesita inmunizarse más que nunca frente a la información que falsifica la realidad, frente al mensaje placebo que finalmente distorsiona su salud mental y le produce el temido nocebo para su rol social.

Es momento de leer con ojos propios y relegar a las fuentes que conforman el torbellino mediático. La verdad es como la perla hallada en la ostra de la profundidad, no como la piedra dispersa en el camino.

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