dom. Ago 25th, 2019

Diario el Minuto

El “fenómeno Bolsonaro”: una aproximación para explicar el auge de la ultraderecha a nivel mundial

Por Agustín C. Dragonetti Periodista-Analista de inteligencia, seguridad y defensa Este domingo se definirá en Brasil quien será el próximo ocupante del Palacio de Planalto. Las últimas encuestas de las consultoras Datafolha, BTGPactual e Ibope indican que el postulante del Partido Social Liberal (PSL), el ultradechista Jair Bolsonaro, tiene una intención de voto del 59% contra el 41% de su oponente, Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) y en la práctica el heredero político del confinado ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, preso en la  Superintendencia de la Policía Federal en la ciudad de Curitiba, Estado de Paraná, donde purga una condena de 12 años de cárcel por los delitos de corrupción, lavado de activos y tráfico de influencias.

Este domingo se definirá en Brasil quien será el próximo ocupante del Palacio de Planalto. Las últimas encuestas de las consultoras Datafolha, BTGPactual e Ibope indican que el postulante del Partido Social Liberal (PSL), el ultradechista Jair Bolsonaro, tiene una intención de voto del 59% contra el 41% de su oponente, Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) y en la práctica el heredero político del confinado ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, preso en la  Superintendencia de la Policía Federal en la ciudad de Curitiba, Estado de Paraná, donde purga una condena de 12 años de cárcel por los delitos de corrupción, lavado de activos y tráfico de influencias.

Mucha tinta ha corrido acerca de la ideología y las siempre polémicas declaraciones de Jair Bolsonaro, un ex capitán de reserva del Ejército de 63 años, que pasó por ocho alineaciones políticas antes de incorporarse al PSL y que hace 17 años que es diputado federal por Río de Janeiro, en este último período por el Partido Progresista. Lo cierto es que hoy Bolsonaro representa para millones de brasileños una bocanada de aire fresco para una sociedad asqueada de la corrupción política (Bolsonaro es uno de los pocos políticos brasileños que no recibió sobornos de la empresa de obras públicas Odebrecht), los asesinatos (desde hace años, la tasa de homicidios en Brasil ronda las 30 muertes cada 100 mil habitantes, doblando este número en varios estados, cuando en la región la media es de 23 cada 100 mil habitantes. El año pasado fueron asesinadas casi 63.000 personas), el crimen organizado y el narcotráfico.

¿Pero qué propuestas de la plataforma política de Jair Bolsonaro y el PSL es lo que ha seducido al electorado brasileño que hasta hace poco se volcaba masivamente a la izquierda? Las respuestas son muy variadas. Yo creo que el hastío a la izquierda, su corrupción estructural endémica durante años, las relaciones con líderes regionales fuertemente cuestionados, la violencia cotidiana, el poder de fuego del narcotráfico y las bandas del crimen organizado y la inoperancia de los partidos tradicionales, ha dejado el camino libre a Bolsonaro, que en varias de sus declaraciones públicas ha pronunciado frases racistas, homofóbicas y misóginas. Sin embargo, fue votado en la primera vuelta por mulatos (47%), negros (37%) y mujeres (42% del padrón femenino), primordialmente anclados en la franja etárea de entre los 16 y los 34 años, el 60% de su electorado. Toda una definición del cambio hacia la derecha en Brasil.

Bolsonaro promete privatizar varias de las 147 empresas estatales, impulsar la tenencia de armas para civiles, vigorizar a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, motorizar programas de vasectomías y ligaduras de trompas para quienes así lo soliciten, terminar con la ideología de género en las escuelas, castración química para violadores y bajar la edad de imputabilidad de 18 a 16 años, entre otras medidas, a la vez que propone posturas económicas liberales, achicando el Estado a través de la fusión de ministerios (propone pasar de los 29 actuales a 15), disminución del gasto público y desregular los mercados. Ha dicho que Paulo Guedes, un economista de 69 años formado en el liberalismo de la Universidad de Chicago, será su futuro ministro de Hacienda. Una agenda muy seductora para un electorado cansado de la manipulación populista del encarcelado Lula da Silva y la destituida Dilma Rousseff, que ni siquiera logró ingresar al Senado de Brasil, saliendo cuarta en el Estado de Minas Gerais, por el que buscaba una senaduría.

Jair Bolsonaro representa solo una de las patas del desplazamiento hacia posiciones de derecha -y aun de ultraderecha- en varios países importantes del globo. Esto obedece al fracaso estrepitoso y contundente de los partidos y alianzas de izquierda para garantizar orden, seguridad, administración responsable y crecimiento, el ABC de cualquier país creíble y responsable.

Los casos más resonantes de esta creciente tendencia global son Estados Unidos y Rusia. De la mano de Donald Trump, Estados Unidos tiene el mayor crecimiento del PIB de los últimos 13 años, a pesar de los escándalos que salpican al mandatario estadounidense. La desocupación cayó al 3,8 % (casi pleno empleo), igualando al porcentaje más bajo de los últimos 50 años en Estados Unidos, batiendo récords en los índices de consumo. Su fuerte política antiinmigratoria, para proteger las fronteras de la llegada de inmigrantes ilegales, fue duramente criticada por el colectivo de actores hollywoodenses de izquierda y los influyentes medios CNN, NBC, The New York Times, The Washington Post, The Boston Globe, Miami Herald o Denver Post, pero apoyada por la población, cuya aprobación supera el 48%, lo que predice su reelección.

Por su parte, el presidente ruso Vladimir Putin ratifica el conservadurismo como la senda correcta para continuar un progreso sostenido y ordenado. Su partido, Rusia Unida, defiende cuestiones como el autoritarismo, el euroescepticismo, el nacionalismo, el autoritarismo, el predominio de la soberanía nacional, el tradicionalismo en los temas sociales, como la familia, la oposición a los derechos de los homosexuales o el rechazo a tomar en cuenta a las minorías étnicas. Esto último, según una encuesta del Centro Analítico Yuri Levada de febrero de 2017, es avalado por el 67% de los rusos que se muestran partidarios de que el gobierno limite la entrada inmigrantes. También el rechazo a la diversidad sexual cuenta con el apoyo de la población. Entre los nueve países europeos analizados en 2013 por el Pew Research Center, Rusia es el estado donde la homofobia es la más intensa, con un 74% de rechazo a aceptar la homosexualidad.

Los números de la economía rusa avalan la gestión de Putin: Rusia es la sexta economía mundial según su PBI, logró bajar significativamente el desempleo y la inflación, redujo la histórica mortalidad infantil del país y ha ido reduciendo ligeramente la desigualdad de ingresos.

En Francia, el partido de ultraderecha Reunión Nacional (ex Frente Nacional) de Marine Le Pen, llegó el año pasado por segunda vez en la historia del país a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Marine Le Pen, que modificó el nombre del partido fundado por su padre Jean-Marie Le Pen, en 1972, también empezó a morigerar su discurso para hacerlo más flexible y con un tono acentuadamente más republicano, casi edulcorado.

De hecho, al ser consultada sobre el triunfo de Jair Bolsonaro, Marine Le Pen buscó diferenciarse del candidato brasileño: “Ciertamente él (por Bolsonaro) ha dicho cosas que son extremadamente desagradables, que no pueden transferirse a nuestro país. Es una cultura diferente”. Pero a pesar de mostrarse como una alternativa más moderada para Francia, en su núcleo, la filosofía y las propuestas de Reunión Nacional no se modificaron. La plataforma política de Reunión Nacional (Rassemblement National, RN, en francés), llamada “144 Engagements pour la France”, (“144 Compromisos para Francia), propone desde la salida del país galo de la Unión Europea, y aun del Espacio Schengen – el área que comprende a 26 países europeos que han abolido los controles fronterizos en las fronteras internas-, así como el endurecimiento de las políticas de seguridad y defensa.

También promete la expulsión directa de los inmigrantes en situación irregular, el impedimento de regularizar a los que ya se hallen en Francia y reducir la llegada de nuevos inmigrantes a 10.000 personas por año, restituir el delito de “indignidad nacional” para los individuos culpables de hechos conectados con el terrorismo islamista, o priorizar a los ciudadanos franceses en la asignación de viviendas sociales.

Una encuesta de la consultora Odoxa Dentsu, publicada en septiembre por los medios France Info y Le Figaro, reveló que “La República en Marcha”, el partido del presidente francés, Emmanuel Macron, y RN, están prácticamente igualados en intención de voto para las elecciones europeas de mayo 2019.

Por su parte en Italia, Matteo Salvini, el vicepresidente y ministro del Interior del gobierno de coalición formado por la Lega (ex Lega Nord, Liga Norte) y el Movimento Cinque Stelle (Movimiento 5 Estrellas), está encabezando una coalición antiinmigración junto al primer ministro de Hungría, el nacionalista Viktor Orbán (cuya reunión conjunta del 28 de agosto en Milán fue saludada por Marine Le Pen a la que denominó como “fundacional”), ante la oleada de refugiados que llegan de manera casi cotidiana a las costas europeas.

En estos meses a la cabeza del ministerio del Interior ha prohibido la entrada a puertos italianos de buques con inmigrantes rescatados en el mar. Estas políticas le han valido críticas de organizaciones humanitarias y la apertura de una investigación por parte de la Fiscalía de Agrigento (Sicilia) por los delitos de secuestro, arresto ilegal y abuso de poder. “Pueden abrir investigaciones o procedimientos, que no me harán cambiar de idea”, fue la tajante respuesta de Salvini.

Salvini tiene un enfoque muy crítico de la Unión Europea (UE), principalmente de su moneda, el euro, a la que se refirió como un “crimen contra la humanidad”.​ Hoy enfrenta los embates de la  Comisión Europea por el presupuesto presentado en Bruselas para 2019. La CE pidió a Italia un nuevo esquema de su presupuesto para 2019, que infringe las políticas comunitarias y que Roma ha expresado que no tiene la intención de modificar. En las próximas semanas veremos como evoluciona este conflicto, ya que la CE le dio a Italia tres semanas para armar un nuevo borrador de presupuesto.

Salvini, que se opone al matrimonio gay y critica el pésimo manejo de la cuestión inmigratoria que hace la UE, respalda los valores familiares tradicionales, apoya los impuestos únicos, el federalismo y el proteccionismo, bajo el lema “Gli italiani, prima”, “Los italianos, primero”.

Según una encuesta realizada por el periódico Corriere della Sera, la ultraderechista Lega de Matteo Salvini superaría el 32,2% de los votos, siendo hoy el primer partido en la preferencia del electorado italiano. Es aproximadamente el doble de sufragios que cosechó en las urnas en marzo último y desbancaría a su aliado de gobierno, el Movimiento Cinco Estrellas, el más votado en aquel momento, pero que hoy registra una intención de votos del 28,3%.

En el motor económico de Europa, el boom de la ultraderecha no difiere mucho de lo que se está registrando en otros países. En Alemania, la Christlich-Soziale Union (Unión Social Cristiana, CSU, por sus siglas en alemán), el partido aliado de la canciller Angela Merkel, perdió la mayoría absoluta en Baviera, en beneficio de la ultraderecha.

La CSU solo logró un 35,5% de los votos en las elecciones regionales, mientras que el partido de extrema derecha Alernativa para Alemania (Alternative für Deutschland, AfD) se abrió paso y consiguió un 11% de los sufragios

La AfD supo aprovechar el sentimiento antiinmigratorio que se está haciendo sentir fuerte en Alemania, luego de años de políticas erradas en materia migratoria por parte del gobierno de Angela Merkel y a los crímenes cometidos por migrantes musulmanes.

Algunos analistas políticos alemanes han interpretado que las elecciones en Baviera, el mayor estado federado germano, podrían ser un anticipo de futuros resultados electorales en comicios regionales y hasta han deslizado que podría aproximarse el “fin de la era Merkel”, tras trece años al frente de Alemania.

Varios países europeos registran un crecimiento exponencial de los partidos de extrema derecha, inclusive gobernando junto a partidos tradicionales. Es el caso de Austria, donde el Partido de la Libertad de Austria (Freiheitliche Partei Österreichs, FPÖ), cogobierna desde diciembre del año pasado en la coalición de gobierno junto a socialdemócratas, conservadores y verdes. El FPÖ está al frente de la vicepresidencia (vicecancillería), de la mano de Heinz-Christian Strache. El partido de ultraderecha también maneja las carteras claves de relaciones exteriores, defensa e interior.

En Bélgica, el partido de extrema derecha flamenco Vlaams Belang (Interés Flamenco) se muestra partidario de expulsar del país a los inmigrantes sin papeles y a los que no aprendan el neerlandés. Este partido, que tiene representación en la cámara regional de Flandes y en el Parlamento Europeo (Gerolf Annemans es el eurodiputado representante del VB), busca la emancipación de Bélgica para lograr la independencia de los flamencos.

En Polonia gobierna desde 2015 Andrzej Sebastian Duda, del Partido Ley y Justicia (PiS), de ideología católica, conservadora y de derecha. Apenas asumió el poder, eliminaron la educación sexual en los colegios. En diciembre de 2017, la Comisión Europea presentó una demanda judicial contra Polonia por su rechazo a acoger a los refugiados en su territorio conforme a las cuotas migratorias establecidas en 2015. El presidente Duda le recordó a Bruselas que hay cerca de un millón de ciudadanos de Ucrania que están trabajando y estudiando en territorio polaco, y dijo que su país no está dispuesto a recibir inmigrantes “a la fuerza”. Aunque el PiS es conservador en las cuestiones sociales, su estrategia económica puede ser descrita como de centroizquierda, ya que resalta la necesidad de abordar las desigualdades y promueve fuertes políticas de bienestar. A menos que se produzca una gran debacle económica, el PiS seguramente administre Polonia por mucho tiempo, a pesar de una ajustada victoria en las elecciones locales y regionales del pasado domingo.

Sintetizando: hoy la derecha gobierna en 21 de los 28 países de la Unión Europea. Y esto sucede porque Europa enfrenta a una crisis de identidad producto, entre otras cuestiones, de la pésima gestión de la inmigración de los gobiernos socialdemócratas, que no pudieron ofrecerles a sus ciudadanos cuotas de seguridad indispensables. De esta manera, cada vez más europeos están dispuestos a sostener estilos autoritarios de partidos políticos que les ofrecen un sentido de identidad y seguridad.

El casi seguro triunfo de Jair Bolsonaro el próximo domingo, supone la necesidad del electorado brasileño de elegir a alguien que no proceda de la política tradicional, enviciada por la corrupción extendida. Por otro lado, la sociedad brasileña necesita respuestas concretas para hacer frente a la criminalidad organizada y el narcotráfico. Veremos en los próximos meses si Bolsonaro lleva a cabo al pie de la letra sus promesas de campaña y cómo responderán la oposición brasileña y la comunidad internacional. Porque de ser efectivo y exitoso al frente del gobierno de Brasilia, varios “Bolsonaros” podrían surgir en la región, copiando lo que sucede al otro lado del Atlántico.

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