dom. Jul 21st, 2019

Diario el Minuto

El Frente Polisario El último movimiento de liberación nacional

Por: Jorge A. Suárez Saponaro.

El 10 de mayo pasado se cumplió un nuevo aniversario de la creación del Frente Popular de Liberación de Saguía El Hamra y el Río de Oro. Las Naciones Unidas lo reconocen como movimiento de liberación nacional y representante legítimo del pueblo saharaui. Por otro lado es el partido único de la República Árabe Sabaraui Democrática. Estado reconocido por más de medio centenar de países en todo el mundo, incluyendo a nuestra América latina. El Frente ha tenido una historia intensa y se ha desarrollado exitosamente en circunstancias realmente adversas.

El movimiento nacionalista saharaui tiene sus raíces en el movimiento creado por Bassiri, líder moderado y desaparecido en oscuras circunstancias en 1970, tras la gran manifestación nacionalista ocurrido en dicho año en El Aaiún.  El fin de la guerra de Sidi Ifni y la pacificación del Sahara en 1958, llevó al régimen franquista a ocuparse del llamado Sahara Español. El proceso de urbanización y los cambios en la economía local, rompió con viejas estructuras sociales y económicas. La presión anexionista marroquí, forzó sin ninguna duda, unido a los cambios que vivía la sociedad saharaui, a generar cohesión y espíritu de unidad. Este proceso acelerado de cambios sociales, estaba inserto en el proceso de descolonización de África y en el caso del mundo árabe, la revolución argelina como el nasserismo y panarabismo, hacían llegar su influencia, pero especialmente los sucesos de Argelia, tuvieron influencia en muchos movimientos nacionalistas y progresistas.

Por: Jorge Suárez Saponaro. Director del Diario Minuto en Argentina

La historia recordaría a la ciudad de Argel, como “La Meca de los Revolucionarios”.  Volviendo al Sahara Español, el descubrimiento de fosfato y las políticas paternalistas del franquismo, favorecieron la urbanización acelerada de los saharauis, el poder tradicional de los chiuj o jefes tribales, perdía influencia real en los sectores más jóvenes, a pesar que el régimen español, intentó emplearlos como instrumento de influencia y control, a través de dádivas, ayudas sociales y con la creación de la Yemaá o Asamblea General del Sahara, cuerpo consultivo del gobierno colonial español.

Los sectores juveniles querían otro tipo de representación, en un intento de romper con el sistema tribal, por uno realmente legítimo desde su perspectiva, pero sin ir a un escenario de independentismo. El nacionalismo saharaui de los 60 veía a España como garantía frente al anexionismo marroquí.

Desde Rabat varios movimientos, todos ellos controlados por los servicios de inteligencia militares, intentaron mostrarse como una expresión genuina de la población saharaui, sin mucho éxito. En este contexto, aparece la figura de Bassiri – Bassiri Mohamed uld Hach Brahim Ub Lebser – periodista saharaui, que trabajo en Damasco y El Cairo, donde es posible que viviera de cerca el panarabismo y nacionalismo árabe, en dos capitales donde había sendos gobiernos progresistas.

Niñas y niños saharauis durante una celebración en la wilaya de Dajla, en Tinduf.

En su regreso, Bassiri, en la ciudad de Smara, fundó un movimiento nacionalista, que creció rápidamente. Por ejemplo medio millar de soldados saharauis que servían en las tropas nómadas y la policía territorial, eran parte del movimiento. La agenda del movimiento era su oposición al régimen clientelar de los chiuj, y una participación activa de los saharauis en la administración del territorio. Las autoridades españolas subestimaron el alcance del movimiento liderado por Bassiri. Su presencia en la población local quedaría demostrada en la manifestación de Jatarrambla en junio de 1970, que terminó en una dura represión y la desaparición de Bassiri. Esto  abrió una brecha entre la población saharaui y la autoridad colonial.

La torpeza de las autoridades españolas de ese entonces, dieron por tierra a la idea de crear un estado saharaui controlado indirectamente por España, como proponía en su momento los mandos militares españoles en Canarias. El antiguo Sahara Español era de importancia – lo sigue siendo – para la seguridad de las estratégicas Canarias. Esta política de inmovilismo alimentó el nacionalismo saharaui, y que con la desaparición de Bassiri, lo llevó a su radicalización. En 1972 un grupo de estudiantes saharauis, que se encontraban en Marruecos, en contacto con sectores de izquierda radical, comenzaron a gestar un movimiento nacionalista que ocupara el vacío dejado por Bassiri. Entre sus líderes sobresalía el joven El Uali Mustafá Sayed, alias Luley.

Así nació el llamado Movimiento Embrionario que buscó el apoyo de los regímenes árabes progresistas. Luley inició una serie de viajes En Argelia contactó a referentes del Frente de Liberación Nacional, pero sería en Libia, donde el régimen español no pudo bloquear la actividad diplomática de los saharauis, el renacido movimiento nacionalista saharaui encontró apoyo político y económico.  Los líderes nacionalistas llevaron a cabo una serie de reuniones secretas en el desierto, en parajes aislados de Argelia, Mauritania, Marruecos y el propio Sahara Español.

En esos tiempos los servicios de inteligencia españoles advirtieron la existencia de un nuevo partido nacionalista. El 10 de mayo de 1973, fue creado el Frente Popular de Liberación de Saguía El Hamra y el Río de Oro o Frrente Polisario.

En este movimiento se aglutinaron los militantes que seguían a Bassiri, antiguos combatientes de la guerra de Ifni Sahara de 1958, miembros de las tropas coloniales, Brahim Ghali, ex cabo de la Policía Territorial se convirtió en el jefe del ala militar y “Luley” como líder del Frente.

La lucha armada iba ser una de las herramientas para lograr la independencia del Sahara Español y convertirlo en una república progresista. El manifiesto de creación del Frente Polisario, claramente se mostró favorable a la Revolución argelina, como ejemplo a seguir.  El 20 de mayo de 1972, el ala militar del Frente lanzó un ataque al puesto policial de Janguet Quesat. Los jóvenes nacionalistas saharauis tuvieron su bautismo de fuego, dando paso a una serie de acciones armadas de pequeña escala, que tenía como objetivo hacer visible al movimiento desde el plano político.

Los recursos del Frente eran modestos, surgían de material capturado y los aportes de los saharauis afiliados. Fue organizado en una secretaría general como rama ejecutiva, que lideraba el comité ejecutivo, un consejo nacional y una estructura territorial organizada en células. El Frente Polisario siguió de alguna manera, el modelo exitoso del FLN. El sistema permitió tener una fuerte presencia territorial, conformar un verdadero movimiento de masas, mas allá de su postura de izquierda, habilitaba, como ocurrió en la convención de unidad nacional de Ain Bentilli, convertirse en un movimiento que aglutinara a los diversos sectores de la nación saharaui.

Asimismo el sistema de conducción, impedía personalismos. Quienes fundaron el Frente, dotaron al movimiento de un sólido andamiaje, que le permitió sobrevivir a las duras pruebas que sobrevendrían luego de la retirada española de 1975.

El II Congreso del Frente en 1974, aprobó el programa político, verdadera estrategia nacional y proyecto de país, donde claramente se hablaba de un régimen republicano, progresista, destacándose la igualdad, los derechos y emancipación de la mujer, modernización de las estructuras sociales, control de los recursos nacionales en manos del Estado, programas de alfabetización y sanidad de carácter universal. En tiempos de la colonia española, todavía subsistía la institución de la esclavitud, erradicada por el Frente Polisario. En lo referente a la mujer, su rol sería clave durante la Guerra de Liberación.

El accionar militar del Polisario, llevó a la paralización de la explotación de las minas de fosfato de Bu Craa, contando con capacidad para desplegar acciones a lo largo del Sahara Español, desde santuarios ubicados en Mauritania. En esos años, la inteligencia española estimó que la rama militar de Frente, era de un millar de combatientes.

El acercamiento político entre Mauritania y Marruecos, llevó a que el Frente buscara refugio desde sus bases en Argelia. Su fuerte implantación en la población, impulsó a los españoles a crear el partido de la Unión Nacional Saharaui o PUNS, en un intento de disminuir la creciente influencia política del Frente.

La captura de soldados españoles por parte del Frente, llevó a que Madrid negociara con dicho movimiento e incluso existieran negociaciones para una eventual salida española del Sahara.

La historia es conocida, vino la traición de la mano de los Acuerdos de Madrid en noviembre de 1975. El dictamen de la Corte Internacional de Justicia que favorecía ampliamente a los saharauis y rechazaba de plano las mentiras de Marruecos y Mauritania, quedó como papel mojado.

La Misión Visitadora de Naciones Unidas que llegó al territorio en 1975, comprobó abiertamente la presencia del Polisario en el pueblo saharaui. La Marcha Verde marroquí, maniobra de invasión del Sahara, permitió el ingreso de tropas marroquíes, que combatieron abiertamente con las fuerzas del Ejército de Liberación Popular Saharaui o ELPS.

La invasión marroquí, cargada de incidentes muy graves, llevó a muchos a buscar refugio en el desierto. La presencia de marroquíes en El Aaiún se tradujo en usurpaciones de viviendas dejadas por los colonos, inseguridad, y una represión indiscriminada a sospechosos de apoyar al Frente Polisario. El terror sembrado por la ocupación, llevó a la huida de 40.000 saharauis al desierto. Este sería el primer gran desafío del Frente Polisario. El drama se había desatado, aviones marroquíes atacaron campos de refugiados improvisados de Tifariti, Guelta y Umm Draiga.

40 años de resistencia y lucha saharaui

Ello motivó al Frente a conducir a los exiliados a sus bases de Tinduf, en Argelia. Mientras se organizaban los campos de refugiados, las guerrillas del Frente tenían que librar una guerra de dos frente a enemigos diez veces mayores, apoyados por una potencia de primer orden como Francia. Las tropas del Polisario, recibían una ayuda limitada, mientras que los invasores contaban con blindados, artillería y aviones.

Esos magros recursos, fueron utilizados con suma inteligencia y audacia, lo que permitió generar serios contratiempos a las potencias ocupantes, permitir la evacuación de los refugiados y consolidar las bases de una guerra de guerrilla a escala en el desierto.  Esta maniobra de retardo, llevó acciones heroicas como la defensa de la ciudad de La Güera – que había quedado desierta luego de la evacuación de los colonos – donde literalmente se luchó hasta el último cartucho. Los mauritanos debieron recurrir al concurso de una unidad de artillería marroquí y lanchas cañoneras para provocar la rendición de un centenar de hombres, de los cuales sobrevivieron muy pocos.

El Frente Polisario se convirtió en un movimiento de unidad nacional, en aquellos días dramáticos, miembros de la extinta Asamblea General del Sahara, del Partido de Unidad Nacional Saharaui, se integraron, así como destacados jefes tribales. Consolidado el movimiento nacional saharaui, pudo enfrentar con éxito, más de una década de guerra anticolonial hasta llegar al Plan de Paz de 1991.

El futuro.

El Frente Polisario es un movimiento de liberación nacional, ajustado al régimen de derecho internacional previsto para este tipo de organizaciones, además de ser signatario de las Convenciones de Ginebra. A pesar de las propaganda marroquí, las fuerzas saharauis se apegaron a normas de la guerra e incluso como muestra de buena voluntad en las negociaciones de paz de los 90, liberó los últimos prisioneros de guerra que tenía en su poder, a diferencia de su contraparte marroquí, siendo el destino de los soldados saharauis capturados hasta el día de hoy de carácter incierto

Problemas de recursos y también de una estrategia clara, el Frente no ha logrado, con excepciones del caso, de avanzar en el reconocimiento de la República Saharaui por parte de países sudamericanos especialmente. Creemos que los líderes del Polisario deberían revisar la estrategia a seguir, para contrarrestar el lobby marroquí. Esta falencia en la política exterior saharaui, impide avanzar en hacer conocer el conflicto en la región y lograr apoyos, como es el caso de Sudáfrica, que lideró hace poco una conferencia internacional de solidaridad con el pueblo saharaui.

En otro plano, el gran desafío es lograr romper el impasse en las negociaciones y buscar una salida realista al conflicto, que tenga como objetivo final, la supervivencia de la República Saharaui como estado.

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