Lun. Nov 30th, 2020

El Golpe de los Centenial

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Perú, tiene un nuevo presidente de la República, Francisco Rafael Sagasti Hochhausler, quien asumió primeramente el cargo de presidente del Congreso el 16 de noviembre vía votación realizada en el Palacio Legislativo, ahora es el cuarto mandatario en el lapso de cuatro años.



¿Cómo ocurrió? Luego de varios días de movilización nacional tras una vacancia presidencial, un nuevo actor se impuso, no un poder del Estado, Fuerza Armada, ni político: La juventud, la generación entre 17 y 25 años de edad que expresó en las calles su voz de indignación y su noción de patria.


Escribe: Gary Ayala Ochoa | Director de El Minuto en Perú.


La salida del presidente, Martín Vizcarra Cornejo, de Palacio de Gobierno, marcó una nueva etapa en la historia del Perú, “Pronto se sabrán los detalles de todo lo acontecido hoy en el Congreso de la República”, dijo al despedirse. El shock de incertidumbre para muchos y de alegre euforia para otros fue el contexto de un neo epifenómeno social.

La mayoría ciudadana que expresó inmediatamente su indignación en las diversas plataformas digitales ante la vacancia orquestada en el Parlamento tenía un elan moral. Los opositores al gobierno celebraron con ataques furibundos hacia el recién vacado y contra quienes condenaban el suceso; no se comprendió que el repudio por la vacancia no constituía necesariamente defensa por Vizcarra, sino indignación ante lo que calificaron como un golpe de Estado.

Cuando en la mañana del 10 de noviembre, Manuel Merino de Lama, asumía el cargo de presidente nacional -por ostentar el cargo de presidente del poder Legislativo- expresó: “Trabajemos por hacer realidad el sueño de quienes consolidaron nuestra independencia: Construir una patria firme y feliz por la unión”. Y, se instaló en Palacio de Gobierno. Pero, su gobierno duraría solamente cinco días, sus ministros de Estado renunciarían en bloque al ver que su barco se hundía inevitablemente.

La autoestima de millones de ciudadanos quienes fatigados de convivir con sucesivos hechos cargados de corrupción y suciedad política no dio para más, en una coincidencia de sentimientos con el protagonismo de los jóvenes decidieron darle cuerpo a la indignación y salieron a las plazas de las capitales departamentales de todo el país con carteles de repudio contra el Congreso de la República y los políticos identificados con la corrupción.

Las marchas de protesta mostraron a través de los medios de comunicación tradicional y en redes a jóvenes con banderas blanquirojas, a seres de gran vitalidad con carteles en abierta condena al golpe. Exigieron la renuncia inmediata a Merino, censuraron moralmente a todos los parlamentarios. El rostro joven fue el rostro de la protesta. Los peruanos en el exterior también protestaron con carteles similares en las principales plazas de los países donde radican.

Al respecto, Perú, tiene 32’700 habitantes (cuarto lugar de población en América Latina, luego de Brasil, Colombia y Argentina). Los jóvenes con edades entre los 15 y 29 años suman más de ocho millones. De este sector, el 54% carece de empleo, el 25% estudia y casi el 17% no estudia ni trabaja, solo el 1% está en condición de analfabetismo. En el país viven 25 millones de personas en edad para trabajar (PET), el 47,9% son hombres y 52,1% mujeres, pero de esta población solo 17’970,800 son económicamente activos (PEA).

El fallecimiento de dos jóvenes estudiantes producto de los enfrentamientos con la Policía Nacional: Jordan Inti Sotelo Camargo (24) y Jack Brian Pintado Sánchez (22) -considerados héroes cívicos del Bicentenario (Perú, celebra 200 años de independencia política el 28 de julio del 2021)- fue letal para el nuevo “presidente”, los congeneracionales enardecieron su temperamento ya indignado y superaron por completo el temor al virus, al toque de queda, a los gases lacrimógenos y además al hambre y la sed ya que permanecieron en las calles. No apagaron su voz. Las familias los acompañaron con cacerolazos desde sus casas.

“Comunistas”, “rojos”, “caviares”, “pro terrucos”, “terroristas”, “socialconfusos” y “vagos”, son algunas de las calificaciones que recibieron y aún reciben los jóvenes marchantes -y todo quien denuncie la corrupción- de parte de otras personas que también afirman luchar contra la corrupción (mayormente simpatizantes de gobiernos anteriores y personas que se expresan de modo sedentario).



El domingo 15 de noviembre, Merino renunció: “Quiero hacer de conocimiento a todo el país que presento mi renuncia irrevocable del cargo de presidente de la república…”. Millones lo celebraron y reconocieron la fuerza del clamor joven.

Vizcarra, declaró el mismo día: “La renuncia del señor Merino es un paso, no soluciona el problema…” “…que el Tribunal Constitucional se pronuncie y diga si es que es legal lo que han hecho los congresistas el día 9, es fundamental”. Y de hecho, el TC trascendería luego declarar fundada su demanda competencial con lo cual saboreaba su vaticinio.

Es propicio recordar que el enfoque histórico cultural identifica a los nacidos básicamente en las últimas dos décadas del siglo XX como milennials, aquellos a quienes no llegó la guerra fría y conocieron la tecnologización e industrialización con una visión global, los que vivieron el impacto de la socialización digital y el mayor acceso a información respecto a sus padres y abuelos, los caracterizados por su fuerza laboral y emprendimiento, los que requieren una sociedad ordenada para desarrollar su creatividad y capacidad.

Los centenial, son los nacidos dentro de la primera década del siglo XXI. Considerados como la auténtica generación del mundo digital, su relacionamiento social es más caracterizado por la tecnología ciber espacial, ellos aprecian a los influencers; no obstante, son sumamente proactivos en la búsqueda de información, identifican y diferencian muy bien los contenidos y la utilidad de las plataformas virtuales, son pragmáticos en su visión de la realidad. Exigen, como nadie, las cosas claras y concretas, no aceptan matices surrealistas y su autoestima es muy elevada.

Como corolario de una mala acción, la fiscal de la Nación, Zoraida Ávalos Rivera, anunció el lunes 16 de noviembre que la Fiscalía Provincial Especializada en Derechos Humanos abría investigación contra las autoridades del efímero gobierno: Manuel Merino de Lama (ex presidente), Ántero Flores-Aráoz (ex Premier) y Gastón Rodríguez Limo (ex ministro del Interior) por los presuntos delitos de abuso de autoridad, homicidio doloso, desaparición forzada y lesiones graves. Puso a derecho a la irresponsable aventura política.

Horas después el congresista Lenin Bazán Villanueva, vocero del partido Frente Amplio que ahora tiene la presidencia del Congreso a través de Mirtha Vásquez Chuquilín, no tuvo más remedio que hacer un mea culpa: “Pedimos a todos los peruanos que nos perdonen a todos los parlamentarios”. Reconoció que cometieron un error al ejecutar la vacancia.

Francisco Sagasti, al asumir la presidencia interina del Perú, el martes 17 de noviembre, dijo: “Sean mis primeras palabras para recordar a los jóvenes ciudadanos Jack Brian Pintado Sánchez y Jordan Inti Sotelo Camargo…” “Para que la política cambie, necesita de los jóvenes.

El costo ha sido muy alto. El sacrificio de estos jóvenes debe marcar un hito para cambiar la forma tan nociva en que hemos estado ejerciendo la política”.

El nuevo gobierno -el mismo que durará ocho meses- tiene iniciales retos: Primero, demostrar que un gobernante puede tener honestidad, luego, tener conciencia que él no tiene deudas con el actual Congreso de la República. Y, por supuesto el consejo de un conejo: No olvidar que lo vigilan los centenial.