dom. Ago 18th, 2019

Diario el Minuto

El hambre se come a Venezuela

El camión de la basura frena y Rebeca corre hacia el contenedor para buscar en las bolsas. Es su carrera diaria contra el hambre, que tiene a muchos venezolanos viviendo de sobras. Antes de que los desechos sean triturados, revisa veloz y encuentra un poco de pasta. Rebeca León tiene 18 años, está terminando secundaria y vive en el barrio popular de Petare, en una casa que pese a su miseria cuenta con servicios básicos.Un hijo de dos años desnutrido, una madre discapacitada y la vida con nada la lanzaron hace seis meses a las calles de sectores acomodados para buscar comida en la basura.

Rebeca registra las sobras de una marisquería de Altamira. Cerca de allí, en un local de comidas rápidas, un hombre fue apuñalado hace poco en una pelea por una bolsa, cuenta un empleado.

En ese lugar José Godoy, albañil desempleado de 53 años, lame ansioso un plato desechable. Lo acompañan dos hijas de seis y nueve años que beben jugo sacado de un bote. Están anémicas. Una vez al día comen yuca o plátano. “Me daba pena, pero una noche nos acostamos sin comer. No se lo deseo a nadie. Los niños lloraban: ‘tengo hambre’. Vendí las herramientas, todo, y por último salí a la calle. Miles vivimos de la basura“, relata José, quien dice estar cansado de hacer en vano colas para comprar productos subvencionados.

El hambre no sólo causa estragos en las zonas urbanas de Venezuela, sino en todo su territorio, desde los barrios de la capital hasta los asentamientos rurales en las fronteras con Colombia, Brasil y Guyana. Un estudio de Cáritas –la única fuente de información a la mano para tomarle el pulso a este fenómeno– revela que en los vecindarios más pobres de la nación cerca del 15,5 por ciento de los niños entre cero y cinco años están desnutridos; otro 20 por ciento está en riesgo inminente de padecer desnutrición.

“Nuestra base de datos no es amplia, allí no está representada toda la población venezolana. Recopilar esa información de manera completa y exhaustiva es responsabilidad del Gobierno; pero ese tipo de datos no es divulgado desde hace más de dos años”, asevera Janeth Márquez, directora de Cáritas Venezuela. “Siguiendo los criterios de las Naciones Unidas, las regiones que estamos monitorizando están entrando en una situación de emergencia alimentaria. Eso es grave y amerita la intervención de organismos internacionales”, acota.

El desabastecimiento de alimentos no golpea únicamente a los más pobres. Con una inflación que rompió la marca del 2.000 por ciento en 2017 y promete llegar al 10.000 por ciento este año, el poder adquisitivo de quienes tienen la suerte de contar con un salario se ha reducido considerablemente. Un análisis realizado en el primer semestre de 2017 por la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Central de Venezuela constató que al menos el 70 por ciento de los venezolanos había perdido peso en el semestre previo.

Auspiciados por el Estado, los paquetes de comida distribuidos por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) evitan que la crisis humanitaria alcance proporciones mayores, comenta Ingrid Soto de Sanabria, directora del departamento de nutrición médica del Hospital Infantil J. M. de los Ríos; pero subraya que la calidad del contenido deja mucho que desear. “Casi no provee proteínas, ni animales ni vegetales”, sostiene la experta. Esas cajas de comida le llegan a cerca de un 20 por ciento de la población. No obstante, están lejos de ser la respuesta ideal a la situación.  

Mientras el régimen de Nicolás Maduro sigue negando el hambre en Venezuela, la crisis humanitaria se percibe sin precedentes, a tal punto de que los ciudadanos desesperados, en plena luz del día y con cuchillos en manos recopilan la carne de los perros callejeros para poder alimentarse. En la nación con la mayor inflación del mundo, los salarios más bajos de la región, y la escasez de alimentos y medicamentos que supera el 90 %, existe una crisis comparable con la de un país en guerra: la gente come de la basura, aumentan los saqueos, y los camiones que trasladan alimentos se han convertido en blanco de la delincuencia y de las comunidades más desesperadas; a esto se suma la depredación animal.

Un nuevo vídeo se hizo viral cuando un hombre venezolano en el estado Carabobo, se agachó para descuartizar a un perro callejero para quitarle toda la carne; se puede observar cómo rebana hasta el último trozo de proteína que podía tener el canino desnutrido.

Pero la caza de perros no es la única opción a la que han acudido los venezolanos, pues ahora, a los niños en la pobreza los entrenan en las calles para atrapar palomas, cocinarlas y compartirlas entre grupos de jóvenes hambrientos. 

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