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El mundo debe erradicar el trabajo infantil

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El trabajo infantil, una aberración reconocida a nivel mundial, no deja de ser una realidad en nuestras sociedades. Muchos niños a lo largo y ancho del mundo todavía realizan actividades económicas que comprometen seriamente su desarrollo y plenitud y puede poner en riesgo su vida.

Por: Habib Kouamé


La Convención internacional sobre los derechos del niño en su artículo 1 engloba bajo la definición de niño que todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad.

Según la Oficina Internacional del Trabajo (ILO), unos 152 millones de niños se ven obligadas a trabajar, de los cuales 73 millones realizan trabajos peligrosos. África es el continente con la cifra más elevada de niños trabajadores, con un 19,6%, seguida de Asia Pacífico con un 7,4% (Organización Internacional del Trabajo, 2017).

De ellos, 88 millones son niños, mientras que 64 millones son niñas.  El sector agrícola es el que más niños emplea, con un 71%. Los otros sectores, el sector industria y el sector servicios, emplean respectivamente un 12% y un 17% de niños. Resulta aún más abrumador constatar que el 48% de los niños trabajadores tienen edades comprendidas entre los 5 y los 11 años. Por lo tanto, no han alcanzado aún la mayoría de edad para poder empezar a realizar una actividad económica rentable.



Son muchos factores el primero de ellos, y el de más importancia, es la  pobreza. Esto justifica en gran parte la elevada tasa de niños trabajadores en África, dado que la gran mayoría de la población africana vive en condiciones de pobreza, por lo que a menudo los niños se ven obligados a trabajar para cubrir las necesidades de la familia.

Son muchos los niños explotados incapaces de probar que están siendo explotados porque carecen de un certificado de nacimiento.

El difícil acceso a la escolarización, un sistema educativo deficiente y unos padres que a menudo ignoran la importancia que tiene ir a la escuela son elementos igual de importantes que motivan el trabajo infantil.



Además, debemos hacer referencia al interés de los empleadores en conseguir mano de obra barata, a las crisis humanitarias y a los conflictos que dan lugar a los niños soldados (Plan Internacional , 2016).

Por estos motivos, que estimulan el trabajo infantil, los niños sufren consecuencias altamente negativas.

Los niños procedentes de familias pobres y de zonas rurales resultan ser las más vulnerables ante las diferentes formas de explotación. Estos niños, a los que se priva de su infancia, conocen condiciones de trabajo miserables.

El trabajo en el campo y en las plantaciones agrícolas requieren de los niños para llevar cargas pesadas, manipular herramientas cortantes o productos químicos peligrosos. Quedan entonces expuestos a riesgos de lesión grave e intoxicación.

1 millón de niños explotados sexualmente (OIT). La explotación sexual llevan al secuestro, abuso o malnutrición de los niños. De hecho, se ven considerablemente expuestos a enfermedades de transmisión sexual.

Los niños que trabajan en las minas y carreteras sufren de enfermedades pulmonares, silicosis o tuberculosis, porque durante el trabajo están expuestos a gases explosivos y venenos nocivos.

Por su parte, los niños soldados ponen diariamente sus vidas en peligro y se exponen a graves discapacidades. Tienen que hacer frente a numerosos traumas físicos y psicológicos de gravedad considerable.

Son muchos los niños que se ven obligados a ejercer esta actividad aun cuando sea en detrimento de su desarrollo físico y moral. Sufren considerables perjuicios y a menudo se les abandona a su suerte sin ninguna perspectiva real de futuro. Se les lanza también a un círculo vicioso perpetuo: la pobreza.

Para Humanium es de vital importancia educar a los padres de modo que consideren la educación como una inversión a largo plazo. Es este el enfoque que adoptamos desde la organización en la India y Ruanda.

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