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El Oficio de Elector

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Votar es más que un derecho sublime, más que un acto jurídico y más que leal apoyo a alguien que estará más lejos si gana. Votar es definir la calidad de vida que tendrá la persona, la familia y la nación con beneplácito -igual a las letras pequeñas de un contrato bancario- para un grave error o certeza, que incluso, puede significar certeza para pocos.

Por: Gary Ayala | Director de El Minuto en Perú.


El voto es el sacramento de la vida cívica, la síntesis participativa en la construcción social y el epicentro de la práctica democrática, también puede ser la excusa para la legitimación de un régimen que puede negar los anhelos de quien le votó. Como ironía, hasta hoy, es la mejor herramienta para coexistir en sociedad.



Un pedregoso camino

El derecho a votar ha tenido diversos factores como el sexo, debido a la milenaria cultura patriarcal; el étnico, por causa de la supremacía de un pueblo sobre otro; el socioeconómico, por el protagonismo de la riqueza sobre la pobreza; el cronológico, por el referente de la edad; la nacionalidad, en la medida del compromiso con el país anfitrión; el estado civil, respecto a la garantía de inserción cívica; la salud, referente a enfermos terminales, personas dawn y esquizofrénicos; la situación legal, sobre los sujetos a penas.

En el transcurso de los episodios sociales se produjeron más pretextos para discriminar la participación de ciudadanos en procesos electorales, pero la fuerza de la presión social determinó, finalmente, entre retrocesos, anécdotas y logros, la participación de todos en la elección de gobiernos o en las decisiones políticas sobre circunscripciones específicas.

En Nueva Jersey, año 1776, se permitió el voto a la mujer, pero en 1807 se “detectó un error” y se cambió la palabra “personas”, por “hombres”. En Wyoming, 1869, se aprobó el voto por igual, hombre y mujer, pero a las personas de piel oscura se les prohibió hacerlo.

En cambio, en 1838, en el Pacífico, Islas Pitcairn, (de dominio británico y población de 56 habitantes al 2021), se aprobó para todos este derecho y marcó una etapa histórica.

En 1893 se otorgó formalmente el voto a la mujer en Nueva Zelanda; pero el 15 de marzo de 1907, en Finlandia, Gran Ducado del imperio Ruso, se realizó la primera votación sin distinción de sexo, en el mundo, con la elección de candidatas mujeres. Se autorizó asistir a las urnas a las mayores de 24 años de edad.

En 1855, en Vélez, Colombia, se autorizó votar a las mujeres, pero luego la Corte Suprema la derogó: “Violaba el orden nacional”. En cambio, en Uruguay, 1927, se realizó el primer voto femenino de América Latina y fue para elegir la pertenencia de una localidad a una provincia. Y en 1924, la primera mujer que votó en un proceso nacional en América Latina fue durante las elecciones legislativas en Ecuador.

En España, se admitió el voto general en la Constitución de 1931 pero recién se pudo ejecutar en las elecciones generales de 1933. De otro lado, resulta interesante señalar que el único Estado del mundo donde solo votan los varones para elegir a su autoridad es en El Vaticano (solo candidatean cardenales y de diferentes nacionalidades), razón religiosa.

Si la declaración de los Derechos Humanos, realizada el 10 de diciembre de 1948 por la Organización de las Naciones Unidas, instituyó el derecho a votar y participar a los ciudadanos en la función pública de su país (Art. 21), todavía hay imperfecciones socioculturales en los Estados miembro que determinan limitaciones sobre ese derecho.

Hitos en Perú

En 1827, se realizó la primera elección presidencial del Perú a partir de una ley del Congreso General Constituyente que se auto concedió esta facultad; hubo dos candidatos, ambos militares, José de La Mar y Andrés Santa Cruz, ganó la Mar (58 contra 29). Luego, en 1829, se convocó a las primeras elecciones populares (varones) del país, hubo un solo candidato, el militar Agustín Gamarra fue ungido como presidente.

Una nueva versión de autoridad surgiría en el país en 1872, Manuel Pardo y Lavalle, fundador del Partido Civil sería el primer presidente de la república, no militar, electo. Para tener una idea de la representatividad, votaron 3,778 electores (la población total bordeaba los 2 millones y medio de habitantes). No votaban las mujeres, los analfabetos (85% de la población), los menores de 25 años, ni aquellos que no pagaban impuestos.

Más adelante, las mujeres votaron por primera vez el 17 de junio de 1956, cuando Manuel Prado y Ugarteche ganó la presidencia, aunque solo votaron las mayores de 21 años que sabían leer y escribir y las esposas mayores de 18 años con la misma capacidad. Luego, en la Constitución Política de 1978 se aprobó la votación de todas las mujeres lo cual se efectivizó en las elecciones de 1980 con la elección de Fernando Belaúnde Terry.

Un Nudo por Desatar

Desde el retorno del sistema democrático al país en 1980, las nuevas generaciones aprendieron a vivir con procesos electorales, pero además con nuevas presencias sociopolíticas y disfuncionales como el terrorismo, el narcotráfico dentro de los poderes del Estado y la sociedad civil, así como la corrupción como herramienta de gestión pública.

Aquella década predispuso el ejercicio democrático de refundar organizaciones políticas, de crear otras nuevas y acondicionar individualismos y caudillismos políticos al punto de instalar una casta carroñera, en el aparato público, que dinamizó una gran amistad con cada gobierno de turno.

La informalidad se institucionalizó en la sociedad democratizada y lo que mejor funcionó fue el desorden. La denominada cultura “chicha” fue la empoderada.

La guerra fría aún vigente no determinó cimientos morales para la vida política, las organizaciones con base doctrinaria e ideológica disminuyeron su intensidad idearia ante el ascenso de los desideologizados.

Así llegaría la década del ’90 con la irrupción hiper democrática de un hombre del pueblo, Alberto Fujimori Fujimori, quien marcaría la década con un pragmatismo criollo que superaría dialécticamente a la partidocracia en coincidencia con la aparición de un nuevo sujeto antropocéntrico: “El emprendedor político”, sin formación, sin oratoria, sin partido histórico, eso sí, con capacidad carismática y manejo de recursos sin importar su origen.

Entonces, el lavado de activos como recurso para el enriquecimiento ilícito, el chantaje político, la violación de los derechos humanos, la manipulación del Ministerio Público y del Poder Judicial, la negociación fraudulenta en la venta de las empresas del Estado y la mentira psicosocial como interacción oficial se sumaron a las disfunciones ya existentes, hasta el oficialismo de la iglesia romana, en dicho lapso, bendijo al corrupto régimen.

El nuevo milenio se inició acorde al dicho: “Lo que mal empieza, mal termina” y aquella experiencia concluyó con una fuga y renuncia por fax del presidente de origen nipón para luego terminar en prisión con pena a 25 años de cárcel por diversos delitos. Sucesivos jefes de Estado pasaron: Valentín Paniagua Corazao, Alejandro Toledo Manrique, Alan García Pérez, Ollanta Humala Tasso y Pedro Kuczynski Godard quien asumió en el 2016.

Después de ser sometido a dos pedidos de vacancia por permanente incapacidad moral, Kuczynski, presentó su carta de renuncia y dejó el cargo el 23 de marzo de 2018. Martín Vizcarra Cornejo (primer vicepresidente) asumió inmediatamente el cargo bajo la celosa mirada de un Parlamento autosuficiente y cuestionado por insolvencia moral que sería disuelto constitucionalmente ante el respaldo y clamor nacional, en setiembre del 2019.

Muchos intereses ajenos al desarrollo del país cayeron con aquel Parlamento, pero el poder oscuro continuó en el país. Vizcarra, recibió denuncias por corrupción, convocó a elecciones para un nuevo Parlamento, tenía el respaldo del 78% de la población nacional cuando fue vacado por el renovado poder el 09 de noviembre del 2020 por incapacidad moral permanente después de haber expuesto en el recinto congresal que, de 130 había 68 congresistas denunciados e investigados (desde lavado de activos hasta asesinato).

Manuel Merino de Lama, en su calidad de presidente del Congreso asumiría la presidencia del país, la respuesta del pueblo fue impresionante, espontánea y generacional: Más de tres millones de personas en las calles -de 20 años de edad promedio y otros millones de ciudadanos en casa en modo “cacerolazo”- repudiaron lo que llamaron golpe de Estado y lograron su renuncia el 15 de noviembre. “Manuel, el Breve” duró menos de una semana.

Los peruanos en el exterior también protestaron y deslegitimaron a Merino. Vieron la sombra del fujimorismo, el alanismo (García), a un sector del partido Acción Popular y a otras organizaciones en el golpe. El repudio contra una mafia política fue estruendoso.

Francisco Rafael Sagasti Hochhausler, asumiría el cargo de presidente del Congreso el 16 de noviembre del 2020 y escaló a la presidencia de la república el día 17 como cuarto mandatario dentro de un mismo periodo quinquenal. En su corto periodo de gobierno hasta el próximo 28 de julio, recibiría como mayor responsabilidad hacer cumplir el calendario de las elecciones generales decretado para el 11 de abril del siguiente año.

Elecciones 2021

Según cifras del Jurado Nacional de Elecciones al mes de abril existen 25 millones 287 mil 954 electores en Perú, solo en Lima residen ocho millones 322 mil 644 (32.9%) y en el exterior, 997 mil. Muy interesante resulta señalar que los jóvenes electores con edad entre los 18 a 30 años son el 27.4% y los de 30 a 39 años, el 21.6%. Entre ambos grupos representan el 49%.

Las personas entre 40 a 49 años son el 18.5% y las de 50 a 59, el 14.2%. Asimismo, las de 60 a 69 son el 9.7% y los mayores de 70, el 8.6%. Irónicamente, los que han vivido más experiencias sociales, hechos históricos y han comprobado más veces lo que ocurre realmente después de cada elección, son el número menor de electores.

Contar con cinco presidentes durante el lapso de cinco años no habla muy bien de la cultura política de un país a pronto de cumplir 200 años de independencia política.

Ahora, un escenario con 18 candidatos presidenciales, encuestadoras como parte de un sistema criminal inimputable, trolls en labor de neo sicariato, noticias lapidadoras de lo que un día fue periodismo, empresarios escudando inversiones con candidaturas en culto al cinismo, ciudadanos dañando amistad con sus semejantes y miles en dolor por el virus, no puede ser fiesta electoral sino decadencia de la inteligencia.

Se consideraba malignos del país solo a los candidatos claramente vinculados a la corrupción, pero otras evidencias aparecieron: Ignorancia política, desconocimiento de historia, carencia de alma nacional, letal ocio por leer libros de análisis social y observación del mundo vía medios de comunicación. Peor aún, en pandemia, no se comprendió que la protección frente a la carga viral funciona cuando se cumplen los protocolos de protección frente a la carga mediática.

El país no necesita mercaderes en disfraz de políticos devotos ni a quien promueve ideologías de libre aberración, requiere a alguien que camina por las calles igual a los 33 millones de peruanos quienes agotan sus ingresos en servicios básicos y comida, que tiene por club exclusivo a su familia ante una mesa y que no mide su felicidad en la Bolsa. Hoy, para tener un presidente honesto y capaz que dice lo que piensa, hace lo que dice, respeta la dignidad de todo ciudadano y cumple con la ley, urge un buen elector, es esencial.