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El principio del Fin

Escribir a lo largo de un año que nos deja, ha sido iniciar un viaje sin destino definido. Una invitación a crear conceptos, repasar ideas y aprender a lo largo del tiempo. Hacerlo en medio de esta crisis, la más importante de la modernidad, ha sido juntar material, notas y entrevistas, para entretener a quienes nos leen. He visto a lo largo de este difícil año, atípico de por cierto mucha gente con incertidumbre,

Escribir a lo largo de un año que nos deja, ha sido iniciar un viaje sin destino definido. Una invitación a crear conceptos, repasar ideas y aprender a lo largo del tiempo.

Hacerlo en medio de esta crisis, la más importante de la modernidad, ha sido juntar material, notas y entrevistas, para entretener a quienes nos leen. He visto a lo largo de este difícil año, atípico de por cierto mucha gente con incertidumbre, con angustia y la eterna ansiedad de pensar soluciones, para encontrarlas y salir a dar respuestas a preguntas casi sin encontrar solución.


Por: Daniel Defant | Corresponsal del Diario el Minuto en Argentina.


Siempre en el intento de derribar mitos y entregar herramientas para trabajar sobre lo que no estábamos preparados. Todo en un tiempo récord, ese tiempo que no admiten las crisis por la rapidez con que se presentan poniendo foco en un cosquilleo extraño, y a veces, un miedo terrible.

Algunas mentes brillantes dicen que las crisis solo son superadas por aquellos que están dispuesto a cambiar y a entregarlo todo.

Si analizamos a lo largo de nuestra vida todos pasamos por ellas no solo son económicas y políticas; las hay sin ir más lejos en la adolescencia con todos esos cambios que nos llevan de ser niños a ser algo más parecidos a la adultez, o de la adultez a la vejez, las crisis de pareja, las crisis de familia, las crisis de trabajo o en la empresa, graves o pequeñas.

Nos guste o no, las crisis existen, parecen una necesidad de la vida en su andar, en realidad, están relacionadas con nuestra manera de actuar y con las decisiones que tomamos ante ellas.

¿Cuándo entramos al mundo de las esencias, nos cuestionamos al fin que son?…

Y nos encontramos con un sin número de variables que en su momento fueron buenas, pero ya no lo son… entramos en el principio del fin… básicamente es un cambio brusco en todas las reglas de juego, producido por una o varias acciones que pueden ser propias o ajenas; de esto solo deducimos si las podríamos a hacer evitado o no, sucedieran o no, de todos modos y de no ser posible minimizar sus efectos.

Por ello, debemos estar muy atentos para notar si algo está cambiando y ser flexibles para resolver la nueva situación a la que nos enfrentamos.

Siempre en el mundo de las esencias estará el inevitable: ¿Por qué? (fundamentos)

¿Cuánto tiempo durará?

¿Cómo saldremos de esta situación?  

¿Qué aprendimos?

¿Nos tendremos que adaptar a vivir en escenarios de cambio permanente?

¿Cuántos de los cambios que estamos experimentando han venido para quedarse y cuántos no?

Son muchas las preguntas y aún pocas las respuestas.

Desde la definición de crisis como cambio brusco, sus tipos, su importancia en nuestras vidas, el diagnosticar la situación, trabajar la cultura, la colaboración, la agilidad y la innovación son algunos puntos en el que todo se apoya.

Transitar por una situación de crisis nos expone a estar en una línea de fuego para la cual no estamos preparados del todo y menos cuando desconocemos lo que pueda suceder.

Esto que nos está sucediendo en este 2020 que ya comienza a despedirse entre ausencias, cambios profundos y la llegada de una vacuna universal que al parecer fuera la solución para volver a transitar el mismo camino de antes en medio de haber atravesado por días larguísimos, difíciles de transitar, llenos de conflictos que ante su debilidad se manifestara entre lágrimas y llantos producidos por nuestra carga emocional.

De todo han quedado aprendizajes, rediseños, redefinir roles y fortalecer el sentido de pertenencia y de permanecer. En lo personal, aprender y reaprender todo el tiempo, desarrollar habilidades que no teníamos, atravesar miedos, frustraciones y manejar el estrés desbordante.

Hay una frase adjudicada a Marcel Proust: “Nada ha cambiado, solo yo he cambiado; por lo tanto, todo ha cambiado.” En estos tiempos de pandemia, en épocas de coronavirus o covid, en periodos de aislamiento social y obligatorio, la misma cobra mucho más sentido aún.

Las crisis pasan, pero lo que queda es cómo respondemos a las mismas, y eso depende de cada uno de nosotros. Sería injusto no agradecer a quienes estuvieron cerca o lejos, pero nunca distantes en estas circunstancias tan especiales por las que debimos atravesar.

La crisis desatada por este maldito “bicho”, ha sido universal porque ha atravesado todos los océanos, se ha afianzado en cada rincón de tierra y hasta en islas donde el hombre habita, encontrando así un montón de situaciones que se iban manifestando y que en realidad no tenían que ver con la pandemia, sino que eran problemas que ya existían de antes, conflictos internos no resueltos; es aquí donde juegan dos tipos de personas, aquellos que son negativas y las que creen que las cosas van ser mejor.

Las primeras son las que creen en las malas noticias – que pueden ser ciertas –como, por ejemplo, la última vez que una pandemia sacudió nuestro mundo duro cien años.

Para las segundas, las más optimistas, son las que cuentan que, en poco tiempo, todo comenzara a recuperarse, que la erupción ha comenzado por recuperar la naturaleza en medio del paraíso perdido, que todo será posible y mucho mejor que antes, con esto, en realidad lo malo pronto va a terminar.

La conclusión, por ahora, y con el paso del tiempo está centrada en la recuperación de la belleza exhibida en la propia naturaleza de un “hombre nuevo”, todos hablamos de esto y sobre eso, pero a su vez nos estamos cuestionando qué sucederá cuando el peligro ceda, ¿nos olvidaremos? ¿creeremos que todo estará bien y volveremos al mismo estado en que estábamos antes, o algo habrá quedado resuelto?

¿Seguiremos buscando algunas respuestas escondidas en nuestros Dioses, que aún no podemos encontrar?

Yo me lo sigo preguntando y para finalizar esta nota que decidí titular: “EL PRINCIPIO DEL FIN” lo quiero hacer con una reflexión que aun ahonda en mi memoria a pesar del paso de los años más igual sigue en cuestión.

¿El Dios buscado será argentino?

Año 1980, Facultad de Ciencias Económicas, Catedra de Filosofía y Lógica, yo alumno como otros tantos, sentados en los claustros de las aulas universitarias ante dos profesores de reconocido nombre en la ciudad docta (Córdoba): Amancio Ríos y Arnaldo Marmai, que para concluir su ciclo lectivo en donde Ríos debatía constantemente la lógica metodológica de las ciencias y Marmai lo hacía desde la filosofía de la esencia de todas las cosas,  dejaron flotando en el aire un nombre, un nombre de estos tiempos, un fenómeno universal, que ellos no lograban descifrar; quizás más famoso que este virus, o quizás menos,  dependerá desde la óptica con la que se lo mire o se lo analice que hoy  llama mas allá su muerte por tratarse de un  ser universal, con la suerte de ser argentino ovacionado por millones de un deporte que es pasión de multitudes, se retiraron de aquella clase dejando flotando en el aire un apellido:

“MARADONA”

Así quedamos, pensantes….

Cuando supe la noticia lloré!!!

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