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El Retorno de Una Cabalgata

El Minuto | Su nombre está en plazas y avenidas, las nuevas generaciones no lo recuerdan, menos a su esposa. Prefirió la vida militar y renunció al academicismo de su época al que tenía acceso. Su origen ibérico y de alcurnia incaica le otorgó gran ventaja, hablaba quechua y conocía el alma andina, muy estratégico para su epopeya. Trasmitió esperanza a una nación ante la vileza de los gobernantes: Andrés Avelino Cáceres, mentor para Antauro.

Escribe: Gary Ayala | Director de El Minuto en Perú

Ayacucho, Perú, tierra signada por la independencia de América (1824), acunó a Andrés Avelino Cáceres Dorregaray en medio de grandes haciendas de propiedad de sus padres, Domingo y Justa. En 1854 se unió a Ramón Castilla y Marquesado por haber eliminado el tributo del indio y la esclavitud del negro. Castilla, rebelado contra José Rufino Echenique (acusado de corrupto), llegó a la presidencia y se apoyó en una nueva Constitución.

En 1859, Ecuador, estaba en crisis y su deuda externa agobiaba al país presionado por Gran Bretaña, su solución fue ofrecer territorio peruano como forma de pago, entonces, Castilla, envió tropas a Guayaquil, Cáceres acudió, disuadió la errada intención vecina y retornó a Lima con la defensa exitosa de la soberanía nacional.

En 1862, Andrés Avelino, viajó a Paris como asistente de la delegación peruana, allí se capacitó en estrategia de campo en la Academia Militar. Cuando retornó al Perú, mejor instruido, apoyó la rebelión de Mariano Ignacio Prado contra el presidente Juan Antonio Pezet quien no mostraba fuerza ante el intento español de apoderarse del guano peruano. Estuvo presente en el combate del 2 de Mayo en 1866 y mostró su gran valentía.

El origen campestre de Cáceres lo llevó a retornar a los valles de la sierra central a desarrollar labores agrícolas, pero retornó a la armas en 1872 para enfrentar a otros militares, los hermanos Gutiérrez, quienes querían impedir el triunfo del primer presidente civil del Perú, Manuel Pardo y Lavalle. Sus acciones por la defensa del sistema democrático le otorgarían la jefatura del Batallón Zepita con el que alcanzaría la gloria.

En 1874, Nicolás de Piérola, conspiró contra el gobierno de Manuel Pardo, pero halló a Cáceres como defensor del institucionalismo. Esta actitud ética le creó el rencor pierolista.

Doctrina Etnocacerista

Una singular cualidad del espigado y recio militar ayacuchano la constituía su capacidad de comunicación: Era privilegiado, podía hablar con los indígenas en su idioma y sentir sus emociones; también podía dialogar con la alta oficialía y sectores altos por su origen natal. A Cáceres, le conmovía la melodiosidad del huayno cantado en quechua y le extasiaba el romanticismo de Richard Wagner. Cuando estuvo en Berlín no desaprovechó en asistir a exquisitas presentaciones de ópera.

Perú, entró a la Guerra del Pacífico con Chile en abril del 1879, Cáceres interiorizó esa coyuntura con valores natos: Un gran amor a la familia y la patria, apego a sus riquezas naturales y cultura andina, y disposición de renunciar a sus zonas de confort. Sufrió por la pérdida de Miguel Grau y con él de la defensa naval, comprendió que la lucha debía ser por tierra, así consagró su papel de soldado al servicio de la nación.

En Tarapacá, el 27 de noviembre de 1879, demostró su disciplina para la batalla y vio morir a su hermano, Juan, pero logró junto con Francisco Bolognesi y otros combatientes una significativa victoria. No obstante, los gobernantes peruanos no estaban al nivel de su entrega por el país. Sin armamentos adecuados, sin el rancho con vitaminas, proteínas y calorías necesarias, sin uniformes ni calzado a la medida de las duras geografías, continuó.

Su voz expresaba ánimo, nacionalismo integrador y exigencia directa a los responsables de abastecer al ejército peruano. En mayo de 1880 la batalla de Tacna lo golpeó duramente junto al batallón Zepita, solicitó a su Estado mayor acudir a la base de Arica para brindar apoyo, se lo negaron, no pudo estar al lado de Bolognesi.

Cáceres, habló con Nicolás de Piérola a quien le agradaba ostentar uniforme prusiano. El mandatario había convocado a civiles afines a su régimen para organizar una milicia sin experiencia y sin formación militar pero que ostentaba grados de alta oficialía. Cáceres, le explicó su estrategia para sorprender al ejército adverso. Fue rechazado. “Tengo mi plan ya trazado”, le dijo con soberbia. Los sureños entraron a Perú con 15 mil soldados, asentaron bases en Trujillo, Huacho, Lima y Callao, estaban bien equipados y mejor instruidos militarmente.

El 13 de enero de 1881 se produjo la batalla de San Juan, Chorrillos terminó incendiado. Cáceres, observó el pillaje y embriaguez del enemigo, propuso una estrategia de contra ataque, Piérola lo volvió a rechazar, relució su petulancia de político capitalino. Luego, vendría la batalla de Miraflores, Cáceres, se batió sin apoyo logístico y resultó muy herido, fue buscado casa por casa y fue atendido en una iglesia, en Lima hubo derrotismo, en Cáceres, creció el coraje y marchó a la sierra donde se convirtió en una leyenda.

Tenía un as bajo la manga: Conocía la geografía andina y la mentalidad del andino. Convocó a pueblerinos sin formación militar y les trasmitió nacionalismo y brío, formó montoneros en cada pueblo y los instruyó, casi no tenían fusiles y forjaron piezas de arado tornadas en lanzas. Creó la “Estrategia de desgaste”: Sorprendía al enemigo, batallaba, le quitaba fusiles, se escabullía entre montañas y reaparecía en otro lugar. Era el alma moral para su gente, le llamaban: “El tayta Cáceres”, y el contrincante: “El Brujo de los Andes”.

Cáceres, logró importantes victorias en Marcavalle y Pucará e influyó en la de Concepción, pero las élites socioeconómicas criollas no querían arriesgar sus propiedades ante el ocupante y tampoco a éste le convenía más guerra. En Lima se publicó un aviso de recompensa de S/30,000 soles ¡Para el que entregue a Cáceres! El general patriota tenía enemigos nacionales y externos, solo la sierra le brindó fidelidad.

Llegó a Huamachuco (La Libertad) para batallar el 10 de julio de 1883. Cáceres, vencía pero se quedó sin municiones, voces traidoras afines al gobierno peruano, avisaron de ello a los contrarios quienes contraatacaron, ganaron y fusilaron a Leoncio Prado, entre otros. Miguel Iglesias, presidente Regenerador del Perú ¡Celebró el triunfo! Luego, ocurriría el Tratado de Ancón (20 de octubre, 1883) con cesión de territorio. Cáceres, jamás lo aceptó.

El oficial tayta sería presidente luego en tiempos de paz (1886-1890 y 1894-1895). Fue honrado con el título de Mariscal el 10 de noviembre de 1920 por el presidente Augusto Leguía y Salcedo. El héroe de la Breña falleció en Lima el 10 de octubre de 1923.

Después de la guerra se sabría que el gran ganador resultó el inglés, John Thomas North, “Rey del salitre” quien amasó una colosal fortuna al empoderarse de un trust de empresas que explotaban y comercializaban yacimientos salitreros, manejaba el agua potable desde la sede Iquique y además era propietario del Bank of Tarapacá and London Ltd.

Antonia Moreno

Nacida en Ica, Antonia Moreno Leiva y Luque, creció como niña aristócrata. Cuando ya era jovencita viajó a Lima, conoció al coronel Andrés Avelino y surgió un amor mutuo. En 1876 se concretó el anhelo matrimonial. Se impregnó de la convicción de sacrificio de su esposo, cultivó un gran sentimiento patrio y desarrolló proactivamente tácticas de desplazamiento.

Después de la batalla de Miraflores buscó afanosa a su gran amor, lo halló con vida pero herido en la iglesia de San Pedro, se arriesgó y lo trasladó camuflado hasta su mansión en el centro de Lima. Lo atendió hasta su recuperación. Luego, Cáceres, partiría a la sierra.

Formó parte del Comité de Resistencia donde también estaba la viuda de Miguel Grau, pero el rol de Antonia fue singular, acopiaba fusiles, uniformes y dinero. Su casa era vigilada e ideó un plan, remitía dos fusiles por vez, amarrados a la cintura de su criada Gregoria, los dejaba en el teatro Politeama (hoy calle Lampa) con el italiano, Giuseppe Nicoletti, quien los despachaba a la sierra. Atrapar a Gregoria, significaba el fin de Antonia.

Su casa fue asaltada dos veces para capturarla, su activismo era conocido, la primera vez se escondió en una habitación secreta, la segunda huyó por el techo y llegó a una botica donde se escondió con la ayuda del propietario.

Cáceres, peleaba en la sierra central, Antonia operaba en Lima, el militar temía por la vida de su esposa, además, si la capturaban le exigirían un canje por él: Fin de la resistencia, le pidió viajar a la sierra. Antonia, antes de acudir, envió un cañón a su amado, lo camufló en un ataúd, fingió un entierro en el cementerio Presbítero Maestro y desde allí lo destinó.

Al salir de Lima, junto a sus tres hijas: Lucila, Zoila y Rosa, vistieron de campesinas y subieron a una carreta, pasaron varios controles con mucho temor, llegaron a Chosica y a la altura de Santa Cruz de Cocachacra las recibió con gran ternura su propio esposo.

Cuando Cáceres se estableció en la sierra incorporó a mujeres quienes se encargaban de preparar la comida, lavar las prendas, remendarlas y atender como enfermeras a los heridos de guerra o de tifus, eran conocidas como “rabonas”. Antonia o “Mamacha Antonia”, se alineó a ese grupo sin establecer ninguna diferencia.

Antonia, quedó embarazada en el trayecto de la campaña lo cual no mermó su entrega y valor. Al llegar a Tarma fue atendida con urgencia en una vieja casona, alumbró un hijo varón pero éste falleció por las duras condiciones. Cáceres y su amada sintieron un gran dolor, comprendieron que era el precio de su misión. Asimismo, el adversario lo perseguía más de dos años y no podía aniquilarlo hasta que dispuso cercarlo por tres frentes con 6,500 combatientes frente a menos de 3,000 de Cáceres.

Antonia, viajó a Huaraz y adelantó a su esposo. Lograron reunirse pero fueron rodeados, así, volvió a Lima en una trayectoria de alto riesgo a través de temibles quebradas y climas difíciles. Con el corazón partido se despidió de su gran amor y de la tropa quienes enfrentarían una batalla final en Huamachuco. Falleció el 26 de febrero de 1916. Es la única mujer enterrada en la Cripta de los Héroes.

El Simbolismo de Antauro Humala

La campaña presidencial de Antauro Humala Tasso evoca la campaña de la Breña, la menciona en cada pueblo visitado, ha construido un escenario ideal como los abismos, climas y montes por los que avanzó su maestro; también sociopolítico, donde vincula el interés particular de los sectores socioeconómicos altos de aquella época con los actuales. Describe una fatalidad nacional e induce a una reacción política con una carga psicosocial.

Se mimetiza con la historia -como ningún político lo ha realizado- junto al resentimiento del hombre rural sobre los sectores de poder económico y político. Caricaturiza al Estado como un sistema cómplice del dolor de millones de personas por siglos. Y utiliza la línea de base de licenciados del ejército de fuerte composición andina y extendida por todo el Perú.

Aprovecha la imagen de Cáceres fijada en la serranía donde dejó una estela diferente a la de Lima, allá él fue triunfador y encarnó el honor; en la capital, perdió y sucumbió ante la traición. La festiva “Danza de los Avelinos” en la sierra central es un ejemplo. Antauro, quien perdió un hijo, camina con su esposa, Ildarina Andrade Ríos (hermana de Julio, popular rockero) como Antonia, mujer que enfrentó a su clase social por una noble causa.

Antauro, es confrontacional ¿Influencia? Luego de Huamachuco, Cáceres, sentenció: “La sangre por ellos vertida caerá sobre los traidores y retemplará más, no lo dudéis, nuestro valor”. Quien reduce a “loco” a Humala poco saber democrático brinda, menos quien lo ignora, pues, aquel no relata ideas foráneas, anuncia hechos fácticos para la ansiedad social. Hora de pensar con más inteligencia que ver TV, leer portadas monotemáticas o dardos cruzados en redes que matan la fe ciudadana en su sociedad, objetivo antaurista. Tiempo de actuar como país, con sensatez.

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