El Universo Mediático y el Derecho a la Realidad

Los grandes medios de comunicación levantan un gran telón cada día para exponer el mundo ante los ojos y oídos de todos. Su imponente voz e imagen es protagónica en casas, oficinas y lugares públicos; su mensaje es ley; pero, cuán bueno como nocivo puede ser otorgarle crédito total, cuán verídica o irreal puede ser la realidad presentada sin objetividad ni visión social. ¿Existe otra opción de mirar el horizonte y no ver espejismos?

Un hombre fue rescatado del fondo de una caverna donde vivió toda su vida, había visto solo figuras reflejadas en la pared por una hoguera; al llegar con gran dificultad hasta la intemperie vio la luz por primera vez, allí sufrió ceguera temporal y dolor, tuvo que esperar la noche para acostumbrarse, en penumbra como en aquel fondo. Pero en la cueva quedaron otros hombres, volvió y les relató cómo era el exterior, les contó que habían vivido entre sombras y que la realidad era otra, le tomaron por loco.

Si bien el relato de Platón (428-347 a.C.) conocido como El Mito de la Caverna se orientaba a explicar la diferencia entre la percepción del mundo a través de la simple sensibilidad y de otro lado, la que significaba el verdadero conocimiento a través de la reflexión y la inteligencia, el ejemplo es un gran referente para comprender mejor el actual universo mediático.

El emporio de los mega medios o trust de comunicación evoluciona en tecnología, se reinventa en sus formas cautivantes pero mantiene su característica de fondo: El hegemonismo vía producción industrializada de programaciones adictivas y de noticias de impacto que reflejan una “realidad”, contexto que debe ser tomado sin resistencia y con la tarea de vivir en torno a ello. La relación entonces entre estos medios y el ciudadano se sintetiza de modo vertical: “Creo, luego existo”.

“Somos lo que vemos”, ya había sentenciado el literato canadiense, Marshall Mc Luhan (1911-1980), el hombre que permitió comprender mejor al mundo desde el punto de vista de la comunicación. “Sin radio no habría habido Hitler, porque la radio le permitía a los alemanes estar todos juntos, al mismo tiempo, llegando a ser un gran clan tribal otra vez. Esto es aplicable a toda la humanidad, la cual lleva a ser una gran y única familia”, explicó.

Pero el sustento cumbre de Mac Luhan -el que influiría en líderes políticos mundiales, científicos sociales, filósofos, líderes religiosos, economistas y estudiosos- sería el contenido en La Galaxia Gutemberg, obra en la cual sentenció: “La nueva interdependencia electrónica vuelve a crear el mundo a imagen de una aldea global”, luego de lo cual se impondría el nuevo término para la convivencia mundial: Globalización.

El estudioso concluyó además que si queríamos recuperar la libertad, había que desconectar la electricidad. Una ironía imposible dada la imparable intromisión de la tecnología en la vida humana.

Los estudios del polémico lingüista norteamericano Noam Chomsky (1928…) realizados con su coterráneo analista Edward Herman (1925-2017) revelaron en Los Guardianes de la Libertad cómo se induce al “consenso manufacturado” en las sociedades democráticas mediante la prensa, la radio y la televisión hasta llegar a construir la “verdad oficial”, aquella que en realidad representa una obra de manipulación, según sustentaron.

Durante la década del ’90, cuando ejercía la docencia universitaria, explicaba en mis clases a los estudiantes de teoría de la comunicación los efectos de la lluvia massmediática (conjunto de emisiones de todos los medios de comunicación de la cual es difícil huir) y su trascendencia tanto sociocultural como política para el país. Explicaba que quienes rompían el establishment comunicacional representaban posibilidades de transformación cualitativa, pero quienes se empapaban de ese diluvio afirmaban el statu quo.

Dos décadas después, las condiciones son distintas, la tecnología electrónica implementó nuevas condiciones para la iniciativa comunicacional y surgió otra galaxia. Twitter hace viral una información en todo el mundo apenas en minutos y You Tuve con MySpace han construido historia sin necesidad de cultivados historiadores. El individuo también cambió, invirtió su privacidad por la exposición en Facebook, Instagram y más redes y se reinventó virtualmente, es director de su vida pública y depositario de su propia verdad.

Los grandes medios también volaron hacia esta galaxia y se instalaron con nuevos estilos; eso sí, con la misma pretensión hegemonista.

Pero, ser libre en las redes es más que publicar lo cotidiano del día y trollear a los discrepantes, puede ser comunicar y dialogar en horizontal sobre las prioridades locales, nacionales y globales; también contribuir desde el ámbito virtual con la mejora social vía la mirada crítica y la desinhibición que permite el ciberespacio; además disfrutar del tiempo real para compartir información útil e incluso divertida y reconocer derechos tanto como deberes; asimismo, marcar identidad cultural para evitar la masificación.

La práctica comunicacional en las redes -junto a los periódicos alternativos que allí navegan- constituye actualmente la mejor alternativa para afirmar el derecho a la realidad en esta era coexistencial de dos mundos simultáneos, el formal y el virtual.