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Elecciones en Argentina el desfile de la “mediocridad”

El Minuto | En el mes de septiembre los argentinos concurren a las urnas, para las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, donde deciden sobre las candidaturas que participaran en las elecciones legislativas locales y nacionales, que se llevaran a cabo en noviembre.

En estas semanas de campaña electoral, hemos observado una pobreza en propuestas y para peor, algunos incidentes, que rozan con la falta de respeto, en un país de luto con más de cien mil muertos para la crisis COVID 19.

Por: Jorge Suárez Saponaro | Director El Minuto Argentina

En los medios de comunicación vimos como una ex vedette bailaba ligera de ropas, cantando una suerte de tango, haciendo conocer sus propuestas sobre régimen alimentario en litigios judiciales, frente al Congreso de la Nación (la protagonista en cuestión, es pre candidata para la legislatura provincial). Una ex gobernadora, devenida en pre candidata a diputada nacional señalando que no era lo mismo fumar marihuana – porro como se dice aquí – en un barrio de clase media de Buenos Aires, que en un barrio pobre del Gran Buenos Aires.

Ser adicto, es lo mismo que ser de clase media o baja, el daño es el mismo. Tal vez las oportunidades de recibir tratamiento sean distintos, pero el tema del abuso de drogas es lo mismo, con sus consecuencias.

La ex presidenta del Consejo de Coordinación de Políticas sociales, pre candidata también, pero por la provincia de Buenos Aires, dijo en un programa de televisión local, que “en el peronismo siempre se garcha” (manera vulgar de definir el coito). Un pre candidato liberal, o mejor dicho anarco liberal, se ha cansado de gritar, insultar y luego cerrar el acto de campaña ante jóvenes eufóricos, como si fuera un rock Star.

La lista sigue, con otro candidato que simulaba que lo llamaba su madre y le comentaba que los argentinos “son todos unos pelotudos” (un insulto muy empleado en nuestro país, para definir a idiota o imbécil). Un reconocido médico, que se cansó de escribir libros de neurociencias, con peinado moderno, uso la red social Tik Tok para sus spots, para mostrar jóvenes bailando y él mismo haciendo juegos de pelota, para mostrarse cercano con la gente.

Además, de criticar a sectores de la propia coalición que forma parte. Su competidor, promueve sacar 15.000 policías a la calle. Todo muy lindo, pero la función del legislador es otra, no de conducir fuerzas de policía. Es simplemente un slogan, ante el reclamo ciudadano de seguridad especialmente en los grandes centros urbanos.

El Presidente de la Nación, nos sorprendió con su peculiar pedido de disculpas, cuando trascendieron fotos festejando el cumpleaños de su pareja en pleno “Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio” en 2020. Tiempo que se cansó señalar con el dedo, sobre las consecuencias de violar sus normas estrictas, de dudosa constitucionalidad, que impedían contactos sociales, o salir de determinado radio del domicilio. Ay de aquel que osaba pedir ir a un parque, o que cuestionara la cuarentena, eran severamente criticados y los medios los mostraban como verdaderos criminales.

Las propuestas van desde reducción de cargas impositivas para quienes contraten empleados, impulso al consumo de alimentos saludables, reformas del régimen penal, reformas laborales, medidas de seguridad ambiental, declarar la educación servicio público esencial, reforma jubilatoria, modificación del salario mínimo, no pago de deuda externa (para sectores de izquierda), y en el muchos puntos del país, está centrado en bajar impuestos y atacar los subsidios que reciben la provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires (responsables por cierto del casi 50% del PIB, había que ver quien subsidia a quien. O un distrito como la Ciudad que genera más del 20% del PIB u otro que aporta menos del 5%).

Mientras que los políticos cargan tintas unos contra otros, o nos hablan de la carta astral que determinó la caída de las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. Argentina tiene un nivel de indigencia que pasa el 10% de la población, una pobreza que supera el 40% (en pocos meses esta creció un 8% respecto a las cifras de 2019), casi el diez por ciento de la población menor de 18 años, recibe ayuda del estado; el PIB cayó el 9.9%; los controles de precios, cepos y otras yerbas, no han impedido que la inflación a fines de 2020 llegara al 36%, y sigue en aumento. El gobierno se aferra a cifras optimistas, y dice que el país crecerá.

Posiblemente sea una cifra engañosa, dado que es el resultado de la apertura de actividades, luego de meses de cuarentena dura – la más extensa del mundo – contrario de las previsiones del Banco Mundial, que dice que Argentina es una de las 20 economías con menor crecimiento desde 2019 y poco dinamismo de su reactivación. Cabe recordar que la pandemia y las medidas restrictivas, unido a pesados impuestos, inflación, significó que mas de 20.000 de pequeñas y medianas empresas cerraran sus puertas, junto a 140.000 empleos.

El desempleo ronda el 10.5%, sin tener en cuenta el sub empleo y los beneficiarios de planes asistenciales. Las cifras varían según regiones, por ejemplo, la Ciudad de Buenos Aires, el desempleo ronda el 15% y en el Gran Buenos Aires (Provincia de Buenos Aires, llega al 31%). El Observatorio de la Deuda Social de la UCA, considera que el desempleo de 2020, es una cifra de 14%, pero que trepa al 28%, si se toma en cuenta las personas afectadas por las medidas restrictivas, especialmente para cuentapropistas, empleo informal y beneficiarios de planes asistenciales, que no buscan empleo, y por ende no han logrado insertarse en el mercado laboral.

Se estima que en el tercer trimestre de 2020, se perdieron más de un millón de empleos. La misma Organización Internacional del Trabajo señaló que Argentina es uno de los países más golpeados en materia de empleo en la región.

El sector informal de la economía, en el mercado del trabajo se estima que supera el 35%. Los jóvenes y mujeres son los colectivos sociales más afectados por esta situación. Ni hablar del desempleo juvenil, que desde hace muchos años, se mantiene arriba del 20%.

Un poco más de tres millones de argentinos viven en viviendas precarias, que viven en mas de 4500 barrios de emergencias, llamados muchas veces “villas miseria”. Unos 1600 están en el Conurbano bonaerense. Tengamos en cuenta que desde 2001 en adelante, durante 15 años, el número de asentamientos de este tipo se ha triplicado. Esto pone en evidencia que en Argentina desde hace largo tiempo no existe un plan de viviendas de verdad. Generalmente están pensados para sectores medio y medio alto.

El gobierno pareciera no tener rumbo definido, con sus tensiones internas entre la coalición del Frente de Todos, adopta medidas de dudosa efectividad, como el cierre de exportación de carnes, con la idea de bajar los precios en el mercado interno. Medidas que solo generaron más desempleo en su momento y favorecieron que países como Brasil, Paraguay y Uruguay, ocuparan el lugar que antes tenía la Argentina.

Entre 2006-2015, se perdieron 10 millones de cabezas y muchos establecimientos cerraron sus puertas. En cambio los precios se incrementaron en 300%, dado que la inflación desde hace tiempo que no puede ser controlada del todo. Una costumbre muy argentina de volver a implementar recetas fracasadas

Estamos ante un país que tiene un déficit fiscal del 0.5% del PIB, con serios problemas de acceso al crédito externo, desconfianza de inversores, serios problemas de infraestructura que afectan al competitividad y una emisión monetaria de vértigo.

En materia de lucha contra la corrupción, algo que toman en cuenta los inversores, la Argentina parece que no hace bien los deberes. En 2021, la encuesta de la prestigiosa ONG Transparencia Internacional colocó a la Argentina en el puesto 78, de 180 países, descendiendo del puesto 66 que tenía en 2019.

La sociedad argentina esta golpeada duramente por la pobreza, desempleo, falta de expectativas. El dolor de más de cien mil muertos, muchos de ellos que murieron en la absoluta soledad, bajo normas que esperemos que algún día sean motivo de investigación. El régimen draconiano, afectaba incluso a familiares de enfermos que no estaban por COVID internados en los nosocomios públicos y privados.

Este corresponsal conoció el caso de una familia que luego de un escándalo pudo acceder, a que uno de sus integrantes, fueran a dar el almuerzo a una paciente de más de 80 años, en un hospital privado. Dado que el personal estaba tan ocupado, nadie tenía tiempo para cambiar las sábanas, y ayudar a dar de comer a la abuela en cuestión.

El dolor de los argentinos se manifestó en una marcha frente a la Residencia Presidencial de Olivos y la Casa de Gobierno, donde miles dejaron piedras recordando los nombres de sus familiares fallecidos. En el caso de las piedras de Casa de Gobierno, fueron retiradas de la plaza de Mayo, para ser colocadas en patio, con una bandera, sin acceso libre a familiares.

Esto generó una nueva polémica pública. El tema de las vacunas, es otra historia, mucho más grave, con idas y venidas, personajes que falseando declaraciones juradas, lograron vacunarse antes que otros ciudadanos, o por el solo hecho de tener amigos en ciertos sectores.

Nadie pidió perdón. Tampoco nadie dio explicaciones por el mal manejo de la gestión de las vacunas, especialmente con el “misterio Spútnik” donde la segunda dosis llegó a cuentagotas. Gracias a la donación de Estados Unidos con millones de dosis de Moderna, muchos pudieron completar la segunda dosis – para quienes recibieron la primera de la vacuna rusa citada – y también niños y jóvenes con discapacidades, encerrados hace meses por falta de vacunas Pfizer, pudieron acceder a dicha vacunación contra el COVID.

La crisis de seguridad pública, donde el crimen organizado lentamente se está haciendo con el control de la segunda ciudad del país, que es Rosario, pero parece que nadie quiere verlo. La ministro de seguridad, solo carga críticas a la Ciudad de Buenos Aires, y no toma cartas en el grave asunto. Los políticos siguen en sus discusiones mezquinas, desfilando en programas de televisión, con discursos escritos por asesores que viven en la misma burbuja que ellos.

Argentina precisa de nuevas ideas, innovadoras, que impulsen el talento que aún subsisten en el país. Una revolución educativa y cultural, que impulsen los valores, que han sido puestos en jaque. Los jóvenes precisan un mensaje esperanzador, proyectos que permitan realizarse como personas, tener sueños, una vida digna y mejor que sus padres. Sus necesidades no son legalizar el consumo de narcóticos para enfermar cuerpos y mentes. Los niños otro sector golpeado por la violencia doméstica, la falta de valores, la pobreza, también precisan de políticas activas.

No fueron los mediocres, los tibios, los personajes de ideas trasnochadas y resentidos de siempre, quienes convirtieron a un país con el 80% de analfabetos, gobernado por caudillos y fronteras asoladas por malones, en el primer país de América Latina por sus altos índices de alfabetización, generar riqueza para dar trabajo a cinco millones de inmigrantes y una movilidad social ascendente. Recordemos quienes nos legaron la nacionalidad, la Constitución de 1853, base de la unidad nacional, que estaban muy lejos de este desfile de mediocridad, que nos ha llevado a este lamentable estado de cosas.

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