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Elecciones legislativas en Argentina, otro duro revés para el kirchnerismo

El Minuto | Recién terminadas las elecciones legislativas en Argentina, y tras una nueva derrota histórica del peronismo, se abre un nuevo ciclo en el gobierno.

Por: Agustin Dragonetti | Corresponsal el Minuto de Argentina

El gobierno ha sufrido la madre de todas las derrotas: perdió por 8,35 las elecciones legislativas, lo que equivale a decir que perdió en 15 de las 23 proavincias argentinas. Esto supone la pérdida del quórum propio del peronismo en el Senado argentino por primera vez desde la vuelta de la democracia en 1983. De esta forma, el Frente de Todos quedará con 35 senadores mientras que Juntos por el Cambio pasa a tener 31 senadores. Para lograr quórum, se necesitan 37 senadores. Así, tanto el FdT como JxC dependerán de los representantes provinciales que quedan en el recinto para alcanzar el tan ansiado quórum. De esos senadores, dos suelen seguir al kirchnerismo en sus proyectos: Alberto Veretilneck (Río Negro) y Magdalena Solari (Misiones). Por el lado de Juntos, los senadores Juan Carlos Romero (Salta), Lucila Crexell (Neuquén) y Clara Vega (La Rioja), del Interbloque Parlamentario Federal, acompañan con su voto las propuestas del principal frente opositor.

El control de la Cámara Alta es fundamental, porque es allí donde se aprueban los decretos presidenciales y los pliegos de los jueces federales.

En el caso de los diputados, ninguna de las dos principales fuerzas políticas logró alzarse con el quórum propio y no podrá aprobar leyes sin consensuar con el resto de la Cámara Baja. En el caso de la Cámara de Diputados para alcanzar el quórum propio se necesitan 129 diputados. El FdT, que tiene actualmente 120 diputados, consiguió 51 escaños y quedará con 119, mientras que JxC, que tiene 115 diputados, logró retener las propias y sumar dos bancas, lo que lo deja en 117, con lo cual no podrá convertirse en la primera minoría a partir de diciembre, cuando asuman los nuevos diputados y se retiren los que tendrán el mandato vencido.

Pero también resultaron favorecidos los espacios que se alzaron con el llamado “voto bronca” o disconforme con los dos principales espacios políticos argentinos. El Frente de Izquierda se alzó con su mejor elección y logró hacerse de cuatro bancas, mientras que los liberales también consiguieron cuatro bancas en el Congreso Nacional.

El día después

¿Qué hará Alberto Fernández desde ahora hasta 2023? Es una incógnita que se irá develando en los próximos días y semanas. Algo dejó trascender en el mensaje grabado que dio después de conocerse los resultados electorales, discurso escrito posiblemente por Gustavo Béliz, Secretario de Asuntos Estratégicos y uno de los impulsores del rompimiento con Cristina Kirchner luego de la derrota en las primarias de septiembre. “En esta nueva etapa debemos priorizar los acuerdos nacionales”, afirmó Fernández. Y aseveró que convocará a “los representantes de la voluntad popular para acordar una agenda lo más compartida”, haciendo referencia al acuerdo que viene tejiendo el presidente de la Cámara Baja, Sergio Massa, que supuestamente estará integrada por el gobierno nacional, la oposición, los empresarios y los sindicatos, para definir acuerdos de largo plazo. Que ese acuerdo se concrete -y aún prospere- dependerá de la buena voluntad del kirchnerismo duro, no muy afectos a los pactos con sectores que no le son afines.

“Hoy empieza la segunda etapa de nuestro gobierno y sé que los argentinos necesitamos una esperanza, un horizonte”, afirmó en su mensaje post legislativas Alberto Fernández. El problema de esa frase es que el horizonte, hasta el momento, parece negro. El gobierno lidia con una inflación acumulada del 41,8% en lo que va del año y podría llegar al 48,5% a fines de diciembre, si no es que supera el 50%, mientras que el dólar paralelo (“dólar blue”) cerró a $200 el viernes previo a las elecciones y cerró a $199,50 el lunes posterior. La Casa de la Moneda emitió $960.000 millones para tratar de revertir las elecciones primarias (que en parte logró en la provincia de Buenos Aires) y el Banco Central está con las reservas casi al rojo. Los drivers económicos son terribles: 40% de pobreza y 10% de desempleo, y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional sigue sin aparecer, frenado por Cristina Kirchner. Un combo demoledor por donde se lo mire.

Sobre el acuerdo con el Fondo Monetario, Alberto Fernández dijo en la misma alocución que enviará al Congreso un proyecto que “explicite el programa plurianual para el desarrollo sustentable, con los entendimientos con el staff del Fondo Monetario Internacional en las negociaciones sin renunciar a los principios de crecimiento económico”. Y agregó que “en este nueva etapa profundizaremos nuestros esfuerzos para llegar a un acuerdo sustentable con el FMI”. “Es una decisión política y tiene el aval del Frente de Todos, la vicepresidenta, el Gabinete”, dijo el presidente. ¿Será tan así? Por lo pronto, la vicepresidente Cristina Kirchner no se hizo presente en el búnker del oficialismo después de los resultados de las elecciones. En su cuenta de Twitter, CFK dijo que fue por prescripción médica, a pesar de haber participado del cierre de campaña del Frente de Todos el jueves pasado. La vicepresidente fue sometida a una histerectomía -una operación en la que le extirparon los órganos reproductivos-, por lo que tampoco fue a Santa Cruz a votar. Dicho sea de paso, el Frente de Todos quedó relegado al tercer lugar en el lugar de nacimiento del kirchnerismo.

Pero en el búnker K, nuevamente salió a relucir el desvarío que caracteriza al gobierno. En medio de tamaña derrota (donde el kirchnerismo solo logró achicar la brecha en el conurbano bonaerense a 1,28 puntos de la fórmula de JxC), el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y Sergio Massa hablaban y festejaban como si hubieran protagonizado una victoria épica ante un público casi hipnotizado por un relato totalmente delirante. Cuando le tocó el turno al presidente, su dislate fue tal que llamó a llenar la Plaza de Mayo el próximo miércoles para celebrar la victoria, en consonancia con el Día del Militante, otra de las celebraciones mesiánicas del peronismo.

Creo que esta será la tónica de los próximos dos años: disfrazar la realidad para atravesar una tormenta socioeconómica que no tiene miras de aminorarse durante 2022 y culpar al gobierno anterior. Esto siempre y cuando Cristina Kirchner y su círculo rojo no hagan volar por los aires al gobierno cuando aparezcan los primeros signos de un ajuste económico.

Juntos por el Cambio: desafíos hasta las presidenciales

El triunfo de JxC le allana el camino hacia las elecciones de 2023 con más espalda. Pero también ha demostrado que hay un JxC sin Mauricio Macri y que la Unión Cívica Radical se ha vuelto a convertir en una opción real de alternancia en el poder, pero siempre con sus figuras más emblemáticas atadas a la coalición opositora. Hasta el momento -y con algunas crisis internas- solo se han mantenido unidos para derrotar al kirchnerismo. Hasta debieron hacer un “manual de buenos tratos” por las graves acusaciones y disputas al comienzo de la campaña.

También hay que decir que la oposición todavía no ha discutido públicamente los principales temas de fondo. Seguramente esto viene ahora, aunque no creo que piensen de igual modo María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, o los radicales Martín Lousteau, Gerardo Morales o Facundo Manes sobre cuestiones económicas y sociales. Veremos, indudablemente, cortocircuitos internos propios de los egos de los dirigentes de este espacio.

En los próximos días, cuando la coyuntura vuelva  a la agenda cotidiana, veremos qué tan duro golpeó la derrota al gobierno, y qué tan claro ha leído la oposición su victoria.

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