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Esto no termina con Molina

Es de público conocimiento que, de no mediar la oposición de Evópoli, la futura carta de Chile Vamos para Viña del Mar sería Andrea Molina.

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Es de público conocimiento que, de no mediar la oposición de Evópoli, la futura carta de Chile Vamos para Viña del Mar sería Andrea Molina. A primera vista parece una jugada “inteligente” para el triunfo electoral, pero esa respuesta descarta de plano algo más profundo: la concentración del poder.


Por: Gérard Oliger, abogado | El Minuto de Chile


Las confianzas están depositadas en quienes comparten códigos comunes, lo que en sicología se denomina homofilia, lo que puede ser un grave problema respecto de los municipios, pero lo es más aún si las fuerzas de conservación se despliegan eficazmente en la Convención Constitucional.

Hay autores como Niall Ferguson en su obra “La Plaza y La Torre” que atribuyen a la homofilia un carácter muy específico (amigos íntimos), y para describir el fenómeno que aquí comentamos prefieren acudir a la noción de “nexos débiles” que fue creada por el sociólogo Mark Granovetter, concepto que remite a la idea de “los conocidos”, quienes conforman “el mundo pequeño” (op. cit. p. 57).   

La concentración del poder en Chile está muy bien descrita por Gerardo Vidal y Juan Pablo Cárdenas, el primero doctor en sociología y el segundo físico, que en el año 2015 señalaban como conclusión de su investigación la importancia de las vinculaciones familiares, sociales y de educación, “como así, también, la desigual distribución y concentración existentes, donde sólo el 1% de las personas reúne el 31.7% del poder total del sistema (político y económico), esto coincidente con el porcentaje de los ingresos que acumula el 1% superior de los chilenos que es del 30.5%” (El poder en Chile: cuando la naturaleza se manifiesta. El Mostrador,  14 de abril de 2015).

Es poco probable que estas condiciones de desigualdad destacadas por Vidal y Cárdenas hayan variado sustancialmente, pero sí da la impresión que cambió la relativamente mansa aceptación del 99% restante de la población respecto del estatus quo.

Esto es muy complejo ya que puede producir un escenario distópico en la Convención Constitucional, y que lleguen muchas “Andreas Molinas” a las regiones (o incluso las generaciones más jóvenes de las élites santiaguinas), y querer “representarnos,” y la oferta electoral puede facilitar en demasía sus triunfos.

Sin conspiración alguna, pero por una afinidad electiva, la Convención Constitucional puede terminar integrada de un modo que no represente la realidad nacional y, por consiguiente, ciega (o al menos tuerta), respecto de la descentralización profunda que Chile requiere.

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