Mar. Feb 11th, 2020

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Fuerza Naval israelí. Pequeña pero temible

Las fuerzas terrestres y aéreas son las ramas que generalmente tienen más “prensa” que las fuerzas navales de Israel.


Por: Jorge Suárez Saponaro | Director del Minuto en Argentina.


El descubrimiento de importantes reservas de gas en aguas de jurisdicción israelí, el fortalecimiento de las capacidades navales de importantes actores en el Mediterráneo, la creciente amenaza iraní, llevaron a replantear el papel de las Fuerzas navales.

Hasta el 2002, la visión de la Marina israelí, era de una fuerza de aguas costeras con capacidad de negación del mar, protección de las líneas de comunicación marítima y seguridad del litoral.

La nueva realidad estratégica llevó a los líderes israelíes a dotar a su fuerza naval de mayores capacidades. En esta nota repasamos un poco esta selecta fuerza militar poco conocida.

La marina israelí fue creada formalmente en 1948, sobre la base de la rama naval del Haganá (milicia nacional bajo control de la Agencia Judía en Palestina), conocidos como Palyam, comandos navales que tuvieron un papel destacado en la Guerra de Independencia y durante los años de la resistencia en el Mandato Británico. Junto a estos comandos navales fueron incorporados personal provenientes de la marina mercante, y veteranos de la Segunda Guerra Mundial provenientes de la US Navy y Royal Navy Dado los limitados recursos del país y la estrategia de defensa adoptada, la marina israelí, se convirtió en el “pariente pobre” de los servicios armados. Los medios navales fueron buques de segunda mano veteranos de la Segunda Guerra, provenientes de Estados Unidos y el Reino Unido, además de patrulleros y torpederos, adquiridos en Francia.

Los Comandos Navales israelíes, una verdadera elite de primer nivel, ejecutaron a lo largo de su existencia acciones espectaculares. En 1948 hundieron el buque insignia de la marina egipcia. Entre 1953-1967 ejecutaron acciones en las costas de Siria, Líbano y Egipto, además de ejecutar operaciones contraterroristas.

En la llamada Guerra de Desgaste de 1969 (acciones a lo largo del Canal de Suez, que iban desde duelos de artillería, incursiones de comandos, a verdaderas batallas aéreas), el alto mando israelí, apostó a los Comandos Navales contra la estación de radar Raas el-Adabi’a, destruyendo la estación y generando 32 bajas a la guarnición.

Los comandos navales se organizaban para ese entonces, de una manera similar al SBS británico. Los israelíes podían atacar en lanchas, para luego cruzar a nado o buceando, para luego actuar en tierra y lanzar acciones relámpago.

El ataque a Green Island, una isla artificial de 145 m, base de una importante estación de radar, pero muy protegida, dado que estaba fortificada y defendida por tropas de elite egipcias, muchos lo consideraban inexpugnable.

El Alto mando encomendó la tarea a los Comandos Navales, quienes junto a comandos paracaidistas atacaron la isla. Luego de dos horas de cruzar a nado el canal de Suez, los comandos asaltaron la posición egipcia, librándose una dura batalla cuerpo a cuerpo. Finalmente los comandos lograron destruir la estación radar y neutralizar la base en la isla.

En período entre 1967 a 1973, la Marina israelí golpeada por la pérdida de un destructor INS Eilat por un misil egipcio y el submarino INS Dakar, perdido con toda su tripulación en las aguas del Mediterráneo, llevó a una completa reestructuración. La llegada de patrulleros lanzamisiles de origen francés en 1969, impulsó una nueva doctrina. Dichos buques fueron equipados con misiles de origen israelí, el Gabriel, de 20 km de alcance.

La marina israelí, a diferencia de las otras ramas de las Fuerzas de Defensa, se prepararon para un nuevo conflicto, sobre bases nuevas. La superioridad naval enemiga, especialmente egipcia, unido a los recursos limitados, impulsó a crear una pequeña, pero compacta fuerza naval, con una visión ofensiva, apoyada por desarrollos en materia de guerra electrónica, maniobrabilidad de los buques y poder de fuego de largo alcance.

El resultado fueron las patrulleras SAAR, tipo Reshef, con mayor radio de acción que las compradas a Francia, mayor poder de fuego y alcance de las armas, además del desarrollo de patrulleros costeros especialmente pensados para contrarrestar la infiltración terrorista.

El mando naval israelí había desarrollado tácticas para contrarrestar a las lanchas patrulleras Osa, egipcias, armadas del potente misil Styx, además de estar en capacidad para actuar ante fuerzas superiores.

Los éxitos pronto serían una realidad. Las acciones navales israelíes, destruyeron la pequeña, pero modernísima fuerza naval siria en la batalla naval de Latakia. Las acciones contra los egipcios incluyeron la batalla naval de Damieta Balatin, entre el 8 y 9 de octubre. Las acciones israelíes, limitaron la respuesta árabe en el mar. Esto permitió garantizar la seguridad de las comunicaciones marítimas de Israel durante la guerra.

Finalizada la guerra, la marina israelí siguió siendo una fuerza reducida, pero con personal de elite, dado que para ser seleccionado entre sus cuadros y marinería, son elegidos los reclutas con más alto coeficiente intelectual. El personal destinado a los patrulleros tiene un entrenamiento extremadamente exigente, como también quienes optan por tripular los medios de la flotilla de submarinos.

Los comandos navales pasan por uno de los cursos de selección y preparación más exigentes del mundo. Esta peculiar institución está organizada un comando, estado mayor, flotillas (3ª y 6ª), tres escuadrones de patrulla naval, unidades auxiliares (que incluye algunas embarcaciones menores de desembarco, transporte, etc) y fuerzas especiales, los célebres comandos navales. El titular de la fuerza ostenta el grado de aluf (equivalente a un vicealmirante) que está subordinado al Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

Los efectivos de esta reducida fuerza, pero muy moderna, suman 9.500, mas 10.000 reservistas de disponibilidad inmediata.

Desde fines de la década del 90, la estrategia israelí en relación al mar, ha sufrido cambios, esto lo han observado diversos analistas, que han visto como oficiales navales han avanzado en ocupar puestos de responsabilidad fuera de la Fuerza Naval, en áreas como la Agencia Nacional de Seguridad, en el Consejo Nacional de Seguridad, en la industria de defensa o en la Administración de Desarrollo de Sistemas de Armas Avanzadas, incluso, en 2010, existió una posibilidad cierta que un hombre de la Fuerza Naval alcanzara a ser Jefe de Estado Mayor de la Fuerzas de Defensa, finalmente este nombramiento recayó en un general del Ejército, siguiendo la tradición al respecto desde que fueran creadas las FDI.

El crecimiento institucional vino aparejado con la visión de contar con una fuerza de “Aguas Azules”, aprobada en 2002 por los responsables de defensa. Esta realidad trajo aparejado el incremento de capacidades, incorporando medios que puedan operar a importantes distancias de sus bases.

Los líderes israelíes, han comprendido, la necesidad de invertir en sus fuerzas navales. El arma que siempre quedaba relegada a la hora de hacer inversiones importantes. El empleo de la vía marítima para el contrabando de armas por parte de grupos terroristas como Yihad Islámica, Hamas, Hezbollah, puso en evidencia la necesidad de contar con medios adecuados para contrarrestarla. Esto demanda buques con mayor autonomía que los patrulleros lanzamisiles o costeros empleados en seguridad de bases, puertos y costas.

La necesidad de cerrar el “cerco” sobre el régimen de Hamas en la Franja de Gaza, le ha dado protagonismo a las Fuerzas navales, para impedir la llegada de ayuda material a dicho grupo. La existencia de misiles de largo alcance, con base costera, como pudo apreciarse en la guerra contra Hezbollah en 2006, puso en evidencia la debilidad de las fuerzas navales para golpear blancos terrestres. El grueso de las fuerzas israelíes contaba con cañones tipo Vulcan Phalanx, con un alcance limitado.

Es por ello que se inició un proceso de incorporar cañones de 76 mm en las corbetas en servicio y en las nuevas que llegaran en 2021. La amenaza iraní, también han impulsado acciones concretas, que ha llevado al despliegue de submarinos lejos de las bases israelíes. En caso de un ataque iraní con su poderoso arsenal de misiles balísticos, Israel no solo golpearía con su poderosa Fuerza Aérea, sino con medios navales que desde posiciones en el mar, pueden golpear objetivos estratégicos en Irán.

Las fuerzas navales están desplegadas en las bases de Haifa, Atlit, Ashdod, y Eilat, en el Mar Rojo, más precisamente en el Golfo de Aqaba. La principal base es Haifa donde aglutina las fuerzas de patrulleros lanzamisiles, submarinos, corbetas, astilleros y base logística. La base Atlit, cuenta con la Sayeret 13, unidad que engloba los comandos navales, o mejor dicho las Fuerzas de Guerra Naval especial.

La base de Ashdod, cuenta con uno de los escuadrones de lanchas patrulleras, siendo uno de los puntos “calientes” el control de la Franja de Gaza y velar por el cumplimiento del bloqueo impuesto por el gobierno israelí al régimen de Hamas en dicho territorio. Finalmente el puerto de Eilat, punto de conexión de Israel con el Mar Rojo y por ende hacia el Océano Índico y acceso a importantes mercados y vías de comunicación, están desplegadas fuerzas de patrulla, pero también

eventualmente son desplazados submarinos y corbetas, dado el valor estratégico de dicha base. El mando naval, tiene sede en Tel Aviv, donde está el Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Navales.

Las fuerzas de seguridad y protección de aguas costera recae en una importante flotilla de patrulleras rápidas, de las tipo Dvora, Super Dvora II y III, y Shaldag III. Estos buques se caracterizan por su velocidad, armadas con cañones de 30 mm, ametralladoras de 12.7 mm y misiles Spike (versión naval del conocido misil Spike ER, antitanque).

Esta flota suma unos 40 buques, que tienen como responsabilidad garantizar la seguridad de costas, combate contra el terrorismo. Una novedad, es el empleo de medios navales automatizados, o USV, obra de la ingeniería y talento israelí. Estos son lanchas de pequeño porte, de control remoto, y que emplean armamento, destinados especialmente a operaciones de seguridad y lucha antiterrorista. El número de este tipo de medios es desconocido.

La flotilla de patrulleros lanzamisiles, actualmente unos ocho buques, han sido objeto de importantes programas de modernización y mejoras. Los SAAR 4.5, cuentan con modernos sistema de comunicaciones, comando y control (que facilita su operación en conjunto con medios de tierra y aire), radares, guerra electrónica y misiles antiaéreos Barak 8. Estos buques cuentan con misiles antibuque Harpoon y Gabriel. Los patrulleros SAAR 4, conforman un escuadrón especializado en guerra antisubmarina. Estos medios son empleados para la protección de explotaciones de gas en aguas jurisdiccionales de Israel.

En los años 90, esta flotilla se vio reforzada con la llegada de 3 corbetas de 1227 toneladas, tipo Lahav, diseñadas y construidas en Estados Unidos, bajo requisitos israelíes. Estos buques cuentan con una elevada densidad de armamento por tonelada de desplazamiento.

Su armamento consiste en ocho misiles Harpoon II de largo alcance, ocho misiles también antibuque, Gabriel II, de corto alcance, capacidad antiaérea con 64 misiles Barak 8, y modernos sistemas de guerra electrónica, radares, contramedidas electrónicas, sonares, etc. La llegada de estos tres buques fue un salto para la pequeña fuerza naval israelí, permitió proyectar su presencia a mayores distancias. Los buques pueden operar un helicóptero. Cabe destacar el alto grado de automatización, ya que las corbetas solo cuentan con 64 tripulantes.

Las lecciones de la guerra del Líbano de 2006, donde un buque de la clase fue averiado por un misil lanzado por el grupo Hezbollah desde una batería costera, impulsó un paquete de modernización que incluye incorporar cañones OTO Melara 76 mm Super Rápido para poder actuar con mayor precisión contra blancos en tierra.

La flotilla de submarinos, son de origen alemán, financiados por Berlín, en el marco de una política de reparación histórica. A fines de los 90 llegaron los submarinos clase Dolphin, basados en el popular U 209. En 2005, el gobierno israelí encargó otros tres submarinos alemanes, basados esta vez en la clase U 212, con sistema AIP (propulsión independiente del aire), con un desplazamiento de 1640 toneladas, tienen capacidad para lanzar misiles Harpoon II, misiles de crucero Popeye (algunos consideran que los buques puedan lanzar misiles con munición nuclear).

Además de los componentes de origen germano, incorporan sistemas de factura israelí. La incorporación de estos buques ha sido un importante salto cualitativo para la marina de Israel y le permite ejecutar operaciones a distancias importantes de sus bases. No en vano, dichos buques han sido desplegados en el Mar Rojo, con un claro mensaje hacia Irán.

Cabe destacar que gracias a las capacidades de los submarinos Dolphin/Dolphin II, permite a Israel golpear objetivos a grandes distancias desde posiciones móviles seguras. Sin ninguna duda el Arma submarina le da proyección estratégica hasta la que hacía poco era una marina de aguas costeras.

En 2014, Israel dio otro paso para incrementar sus capacidades navales, el contratar en Alemania la construcción de cuatro corbetas Tipo Braunshweig, empleando la tecnología MEKO que entraran en servicio para 2021. La decisión sobre estos buques, tiene que ver con los altos costos de adquirir los modernos y sofisticados LCS, o buques de combate litoral, desarrollados para la US Navy. La llegada de las corbetas alemanas, junto a la clase Lahav, potencia la capacidad de control del mar de la marina israelí.

La necesidad de proteger las explotaciones de gas off shore en el Mar Mediterráneo, ha planteado la necesidad de contar con plataformas adecuadas para su defensa. Esto va en consonancia con la directiva estratégica, aprobada por el alto mando de las Fuerzas de Defensa en 2002, de convertir a la marina hebrea, es una fuerza de “aguas azules”.

Limitaciones materiales, financieras y también en materia de recursos humanos, impactan en el diseño de una marina de aguas azules para Israel.

Es por ello que de manera inteligente y sobre la base de un acertado planeamiento, la Fuerza Naval sigue siendo una pequeña fuerza naval, pero temible, gracias a su equipamiento, logística, y alto nivel profesional de su personal, que permite “blindar” las aguas costeras de incursiones terroristas y otras acciones hostiles, proteger las líneas de comunicación marítima y los recursos del país en los espacios marítimos de interés nacional, como también proyectar el poder naval, gracias a los nuevos buques con capacidad oceánica y especialmente su moderna arma submarina, que le permite atacar objetivos a lugares tan distantes como Irán.

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