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Gran Sociedad

Una crítica que se ha efectuado a la derecha es su economicismo. Cifras macroeconómicas que se enrostran a la izquierda que propone respuestas altamente centralistas y homogeneizantes.

Por: Gérard Oliger Abaroa | Abogado y Magíster en Relaciones Internacionales


Algo muy interesante que emerge en Chile Vamos es una renovada apuesta por una descentralización profunda, la que se plasma, por ejemplo, en la “Ciudad Justa” de Evópoli.  Por su parte Joaquín Lavín sostiene que la Constitución debiese consagrar el protagonismo de los municipios,  y Felipe Kast insiste en la equidad entre éstos.

Tanto el conservadurismo compasivo del conglomerado, como el liberalismo presente en éste, crecientemente destacan el rol del individuo y de las organizaciones de la sociedad civil como actores fundamentales de los próximos desafíos del país lo que, unido a una descentralización real, da consistencia a una propuesta constitucional sólida, que tiene la virtud de legitimar la institucionalidad, hacer más competitivo al país de cara al mundo,  y a todas y todos más empáticos con nuestros connacionales.  Llego la hora de la gran sociedad.

La alusión a “La Gran Sociedad” es fruto de una segunda lectura que hago del libro de Jesse Norman, quien se refiere a la realidad británica pero atrae la atención del citado senador Kast, quien puso en contacto a Norman con Pablo Ortúzar (de IES), traductor de la versión publicada en Chile.

Veamos la concreción en el Reino Unido de “La Gran Sociedad”:

David Cameron y Hugo Young, en diversos contextos, destacaban la importancia de “la acción social, la reforma de los servicios públicos y el empoderamiento de las comunidades, la devolución del poder a los gobiernos locales y el impulso a las cooperativas y las mutuales” (La Gran Sociedad p. 240). En esta misma obra se atribuye a Lord Wei la siguiente cita: “(las sociedades) deberían ser pensadas como ecosistemas que operan en tres niveles: grupos ciudadanos y vecinales; proveedores sociales, privados y estatales de servicios públicos; y gobierno (…) Un mayor involucramiento de las personas en sus comunidades locales reduciría el aislamiento, reforzaría los lazos sociales y aumentaría la autonomía” (La Gran Sociedad p. 241).

Volviendo a Chile, “La Derecha Perdida”, de la que nos advirtió Valentina Verbal en su obra de 2017 tiene un posible punto de encuentro en la libertad económica, pero hay otros, como el principio de subsidiaridad territorial. Existen regionalistas en todos los partidos del conglomerado y, con bastante seguridad, mucho apoyo para que Chile tenga municipios más empoderados, con recursos y competencias para prestar servicios públicos de manera más eficiente dada su cercanía con quienes son sus beneficiarios.

Sólo me resta expresar el anhelo de que la democracia se profundice y que, de una vez por todas, Santiago deje de ser Chile, no para el dudoso solaz de algunos teóricos, sino que para que todas y todos seamos verdaderos protagonistas del futuro de nuestras comunas y regiones, lo que de seguro nos permitirá desarrollar de mejor forma nuestros proyectos individuales.        

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