dom. Ago 18th, 2019

Diario el Minuto

Guardia Nacional en México.

¿Continua la estrategia militarizada contra el crimen?

La llegada a la presidencia de Andrés Manuel Lopez Obrador como presidente de México, ha significado un intento de cambio en la política de seguridad del país. México en el marco de la llamada “Guerra contra el narcotráfico” que ha significado el uso de las fuerzas armadas en materia de seguridad pública, tuvo como consecuencia cientos de miles de muertes, millares desaparecidos.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Director Diario El Minuto.

Las poderosas organizaciones criminales, con redes regionales, importantes recursos económicos, son un desafío a la paz de los mexicanos. Estas organizaciones de hecho controlan policías locales, y tienen un elevado nivel de infiltración en distintos sectores del Estado mexicano. México se inserta en una geopolítica que no lo ayuda para nada, especialmente por la incapacidad manifiesta de sus vecinos del sur de controlar el problema y por la existencia del primer consumidor de drogas, los Estados Unidos. El flamante presidente, ha decidido reemplazar las fuerzas armadas por una organización híbrida, la Guardia Nacional, no exenta de polémicas.

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México existe una crisis nacional de inseguridad, misma que ha llevado la situación a una emergencia nacional.

La creación de la Guardia Nacional era una de las promesas del actual presidente de México, e incluso fue mas allá y considero que incluso este cuerpo debería reemplazar a las Fuerzas Armadas. Incluso su establecimiento estuvo rodeado de algo de improvisación, dado que comenzó la selección de personal, antes que tuviera un marco legal. Este la define como una institución del Estado que participará en la salvaguarda de la libertad, la vida, la integridad y el pleno ejercicio de los derechos de las personas, protegiendo su seguridad y patrimonio, así como los bienes de la Nación, en los casos y bajo las condiciones dispuestas en esta Constitución y en las leyes”. El régimen legal además define competencias propias de seguridad pública en el ámbito federal, cuyo entrenamiento y control disciplinario están en manos de la Secretarias de Defensa Nacional y Marina. La secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, es la responsable de la conducción del flamante cuerpo, que tiene a un comandante, que es un general del ejército mexicano, el sr. Luis Rodríguez Bucio.

Esta fuerza de seguridad, que cuenta con efectivos provenientes de las fuerzas armadas, especialmente ejército y armada, además de la policía federal. Se observa en el marco legal un fuerte control civil sobre la nueva institución, pero conserva una estructura del tipo militar, lo que la calificaría como fuerza intermedia. En su presentación, se incorporaron 10.000 efectivos, a los que se sumarían unos 80.000 en una segunda etapa, para ser distribuidos en 266 coordinaciones regionales. El objetivo es contar con 150.000 efectivos distribuidos en todo el país. La Secretaría de Defensa Nacional hizo una serie de previsiones, entre ellas la necesidad de organizar 85 batallones de 590 efectivos como unidad operativa táctica territorial. En esta etapa de organización y puesta en funciones, según su ubicación geográfica las coordinaciones estarían en una primera instancia bajo control del ejército o la marina.

Quienes se vieron afectados por la creación de este cuerpo fue la Policía Federal, cuyos integrantes tienen al parecer un destino incierto, dado que gran parte de ellos serían asimilados a la Guardia Nacional. El gobierno ofreció la posibilidad de incorporarlos a otras dependencias responsables en materia de seguridad pública. Esto evidencia cierto grado de improvisación para la puesta en marcha de este peculiar cuerpo. Medios especializados hablaron que el flamante cuerpo de seguridad costaría unos 800 millones de euros, que saldrán de los fondos destinados a las secretarías de Defensa Nacional y Marina.

La Guardia Nacional fue objeto de críticas diversas en medios mexicanos y extranjeros, dado que se considera que de alguna manera, no contribuye al saneamiento de cuerpos policiales locales, la gran parte cooptados por el crimen organizado y que se mantiene la militarización de la seguridad pública y la lucha contra el crimen organizado. A pesar de ello, quienes impulsan esta idea, indican que los cuadros de la Guardia Nacional tendrán formación en materia de derechos humanos y un fuerte control civil, que es relativo dado la injerencia de las Secretarías de Defensa y Marina (responsables de las Fuerzas Armadas y cuyos titulares son militares, algo muy distinto a los países de gran parte de América Latina, donde existen ministerios de defensa en manos civiles). La organización de este cuerpo también genera dudas especialmente

al crear coordinaciones regionales, bajo liderazgo civil y formado por funcionarios del ministerio público, militares, autoridades federales y locales. Creemos que esto dificultará la conducción operativa de las fuerzas desplegadas.

El debut de la Guardia Nacional ha sido la crisis migratoria que afecta seriamente a los países de América Central y al propio México. Las operaciones se han centrado en blindar la frontera sur de México, especialmente cerrando numerosos pasos fronterizos ilegales. En una primera instancia se han organizado 150 coordinaciones, aprovechando personal proveniente de las Fuerzas Armadas. Mientras tanto la actuación de la Guardia Nacional para contrarrestar la oleada de inmigrantes ilegales que tienen como destino los Estados Unidos, ha recibido elogios del presidente Donald Trump embarcado en una polémica política migratoria, que en más de un caso es una clara violación a los derechos humanos.

¿Era necesario crear la Guardia Nacional?

Desde hace largo tiempo las Fuerzas Armadas mexicanas tienen como prioridad la seguridad interior, esto es un hecho histórico y queda reflejado en el tipo de equipamiento que han tenido, su organización y despliegue. La guerra contra el narcotráfico con un saldo de millares de muertos y desaparecidos, puso en evidencia que la estrategia de militarizar respondió a intereses de Estados Unidos, como parte de exportar el problema a terceros países, más que a una necesidad de México. El crimen organizado se han convertido en un poder que tiene capacidad para desafiar al estado, ha infiltrado a cuerpos policiales locales y estatales, además de control geográfico sobre espacios concretos y hasta de localidades y ciudades. Es un tema muy complejo. Es altamente probable como una solución política y para mostrar una suerte de cambio, fue previsto crear este cuerpo de seguridad de carácter nacional, con la idea de desplazar a las Fuerzas Armadas de su rol de seguridad interna y terminar con la Policía Federal, que no dio resultado desde su creación.

La Guardia Nacional puede ser una herramienta para promover el uso racional de recursos, avanzar hacia un mayor control civil sobre la seguridad interna del país. El aspecto negativo es que no se observa que se tomen medidas para sanear los cuerpos policiales totalmente cooptados por el crimen organizado y movilizar millares de soldados y marinos, en funciones policiales, que a pesar del tiempo transcurrido desde que han sido empleados a escala en materia de seguridad, no cuentan con la preparación adecuada. No es algo fácil crear un cuerpo de seguridad desde cero y esto lleva muchos años hasta que esté plenamente operativo.

Un vistazo sobre las promesas electorales del actual presidente Lopez Obrador, pone en evidencia que la creación de este cuerpo, responde a cuestiones netamente políticas, con la idea de terminar con la imagen de los militares en las calles, que ha sido objeto de numerosas controversias. La Gendarmería, un cuerpo dentro de la Policía Federal ha sido una experiencia relativamente buena, pero que ha quedado en la nada con la puesta en marcha de este nuevo modelo de seguridad. Debemos resaltar que el presidente López Obrador reconoce que en materia de seguridad, es una deuda pendiente y no será para nada fácil sortear el problema en el corto y mediano plazo.

La dependencia de la Guardia Nacional en relación a los militares es clara, no solo en esta etapa donde millares de policías navales y militares son integrados a crear este fuerza, sino por la necesidad de contar con elementos para su funcionamiento, como aspectos logísticos, de instrucción, y además operativos. Esta corporación precisará vehículos, armamento y apoyo aéreo para su despliegue y ejecución de sus operaciones de seguridad. Hemos buscado información pero no logramos saber, si está previsto que la Guardia cuente con su componente aéreo, los planes de equipamiento para el mediano y largo plazo. Tampoco hemos observado la posibilidad de aprovechar el numeroso contingente de fuerzas especiales que tienen las fuerzas armadas mexicanas, que pueden ser de suma utilidad para actuar contra los grupos criminales que asolan al país. Es preciso crear unidades antiterroristas, de lucha contra secuestros, rescate de rehenes, detenciones de personas peligrosas, combate en áreas urbanizadas, etc.

La necesidad de reestructura el sistema de defensa y seguridad en México.

México se encuentra en una situación geopolítica difícil. El gran vecino del Norte, Estados Unidos, es el principal mercado para las organizaciones del crimen organizado. Su política es blindar fronteras y apoyar estrategias de militarización. De alguna manera traslada parte de sus problemas a sus vecinos, que a su vez nunca pudieron organizar un sistema regional de seguridad que permitiera de alguna manera cooperar eficazmente ante una serie de problemas comunes. El drama del narcotráfico, degenerado en narcoterrorismo, ha significado una expansión de las Fuerzas Armadas, que se ha significado que el país sea un lucrativo mercado para las industrias de defensa. La saturación de poder militar no ha frenado la violencia. Es un serio desafío para las autoridades actuales de México que buscan dar un nuevo curso a la política de seguridad de México.

En primer lugar la deuda pendiente de la dirigencia política es el control civil sobre las fuerzas armadas, como lo han hecho países de América Latina. El país cuenta con dos secretarías militares, lo que afecta a la articulación de una verdadera conducción conjunta de las fuerzas armadas a nivel estratégico y operacional.

Debe haber un replanteo en la seguridad y defensa de México. Más allá de los graves problemas internos, parte del problema deriva de un vecino poderoso que arroja sus problemas a México y de vecinos débiles incapaces de controlar sus propios espacios. Las fuerzas armadas mexicanas pueden cooperar con sus vecinos no solo en materia de entrenamiento, equipamiento, sino en el patrullado de costas, vigilancia del espacio aéreo, políticas de cooperación cívico militar apoyando a localidades remotas y generando confianza en la población civil a instituciones del Estado.

Una suerte de misión de asistencia, que signifique de alguna manera articular una “defensa avanzada”. México debe trabajar en un sistema regional de seguridad con los países de América Central. El narcotráfico, el crimen organizado, así como el drama humanitario que viven estos países por la crisis migratoria demandan políticas integrales, que van mas allá de militarizar o colocar soldados en las fronteras.

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Soldados de la Guardia Nacional de México fueron desplegados a lo largo de la frontera.

Dado la ausencia de amenazas convencionales, las fuerzas armadas deben orientarse a conflictos asimétricos, control de los espacios terrestre, marítimo y aéreo, ciberseguridad, protección de objetivos estratégicos, defensa territorial, apoyo a la comunidad, además de contribuir a la seguridad interior, que se puede materializar a través de apoyo logístico, comunicaciones, entrenamiento, seguridad de fronteras. En materia de equipamiento no debe descuidarse la adquisición de medios de combate convencional, como por ejemplo pensar en el reemplazo de los veteranos cazas F5E, que a pesar que esta administración lo descartó por cuestiones de presupuesto, el país precisa contar con interceptores. Es por ello que un avión como el FA 50 Golden Eagle, no sería una mala opción o en menor medida, como quisieron hacer los vecinos de Guatemala, hacerse con el IA 63 Pampa Serie III (México mostró interés en materia de participación industrial) para tareas de interceptación de vuelos ilegales, como también disuadir a que grupos criminales usen el espacio aéreo para sus propósitos.

En materia de seguridad pública, el modelo de policías municipales ha sido un fracaso.,especialmente ante la aparición de poderosas organizaciones criminales trasnacionales. Los países que cuentan con modelos descentralizados de policías locales han ido hacia un modelo centralizador. El Reino Unido ha reforzado el rol del ministerio del interior y ha creado agencias regionales y nacionales especializadas para lucha contra el crimen organizado e inteligencia criminal, asimismo ha promovido la racionalización de las estructuras existentes. Los Países Bajos que llegaron a contar con más de un centenar de policías locales, fueron articulados en una decena de agencias regionales, con fuerte control civil y del Ministerio del Interior.

Final

La Guardia nacional es una realidad en México, puede servir aunque un poco accidentado por sus inicios, servir para terminar con la intervención militar directa en la grave crisis de criminalidad que vive el país. Este problema es de carácter regional y México no podrá enfrentarlo con éxito, sino existe una verdadera estrategia regional, que vaya más allá de la militarización. Este drama se supera con políticas de desarrollo, saneamiento de las instituciones y una estrecha

cooperación de las agencias nacionales involucradas, movilización de la sociedad civil y cooperación fuera de las fronteras. Queda un largo camino para la ansiada paz.

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