A partir del próximo año se abrirá una “gigantesca” oportunidad para la economía de Guatemala. Una ventaja que la mayoría de los países desarrollados no tiene.

Es el llamado “bono demográfico”, un período donde las personas en edad de trabajar superan en cantidad a las personas económicamente dependientes (niños y adultos mayores).

Justamente lo contrario a lo que ocurre en economías ricas como Japón, que está a punto de convertirse en el primer país “ultraviejo” del planeta.

En Guatemala, en cambio, más del 50% de la población está en edad productiva y esa tendencia seguirá creciendo durante las próximas cinco décadas.

“Tenemos una ventana de oportunidad. Pero si no lo aprovechamos, esa oportunidad se volverá una pesadilla”, le dice a BBC Mundo Andrely Cisneros, profesora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad de San Carlos (USAC) de Guatemala.

La pesadilla es que si no generamos empleos, muchos de esos jóvenes terminarán en la delincuencia”, o en situaciones riesgo como el trabajo informal crónico.

O seguirán cruzando la frontera con México con el objetivo de llegar a Estados Unidos, como lo ha hecho más de un millón de emigrantes guatemaltecos, según estimaciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

La paradoja del empleo

En el mundo laboral guatemalteco hay una paradoja que puede confundir a cualquier persona.

Guatemala tiene 59% de pobreza, pero su desempleo (2,8%) es insólitamente bajo. Más bajo que el de Estados Unidos (3,6%) y de muchas economías desarrolladas.

“La cifra de desempleo en realidad no te dice nada. El problema es que del total de la población ocupada, el 70% tiene empleo informal”, explica Hugo Maul, investigador del Centro de Investigaciones Económica Nacionales (CIEN).

De hecho, Guatemala está entre los países con mayor informalidad laboral, superando ampliamente al promedio latinoamericano (53%), según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Guatemala ya que la necesidad de trabajar hace que las personas salgan a las calles arriesgando su vida y en algunos casos también la de sus hijos.

Muchos de los “empleados” en Guatemala son vendedores callejeros, obreros sin contrato, trabajadoras de casa particular o campesinos sin ninguna protección social, ni salario mínimo.

Por eso una de las grandes preocupaciones de los votantes que acudirán a las urnas este domingo para elegir un nuevo presidente es justamente el empleo.

“El elefante en el cuarto”

¿Pero cómo se crean puestos de trabajo?

“Hay que hacer una transformación productiva”, apunta Maul, porque ha emigrado más de un millón de guatemaltecos y los ingresos de las remesas superana todas las exportaciones.

Necesitamos industrias, call centers, inversión en infraestructura, trabajos con seguridad social. No podemos depender del trabajo agrícola.

Y gran parte de la inversión privada, agrega, debería apuntar a la construcción de carreteras, puertos y aeropuertos.

¿Cuál es la piedra de tope?

“El elefante en el cuarto es la corrupción” y la falta de seguridad jurídica, apunta. Un punto de vista similar tiene Andrely Cisneros, economista del USAC.

“Algunos dicen que somos un país verdulero. El problema es que no aumenta la inversión, porque no hay certeza jurídica”.

“La corrupción ha mermado la inversión y por eso hay que combatir la corrupción para salvar la economía“.

La mayor pobreza rural extrema de América Latina

Guatemala es el país con la pobreza rural extrema más alta de América Latina y el país con la mayor desnutrición infantil de la región, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Según el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2018 elaborado por las agencias internacionales FAO, OPS, UNICEF y WFP, casi la mitad de los niños guatemaltecos (46,5%) están desnutridos.

137 niños murieron de hambre en 2018 en Guatemala.

El número de niños menores de cinco años que han sido diagnosticados con desnutrición aguda, aumentó estos primeros cuatro meses de 2019, comparado con los últimos tres años.

A la semana 14 del año, la cual registra los primeros días de abril, el total de casos por desnutrición es de 3 mil 238, según datos del Sistema de Información Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Siinsan). De acuerdo a registros de este mismo sistema, de 2016 a 2018 la cantidad de niños con desnutrición no superaba los 3 mil casos. En 2016 hubo 2 mil 546 casos; 2 mil 270 (en 2017) y 2 mil 283 (en 2018).

Y murieron en medio de una economía estable que, en comparación con otros países de la región, pareciera estar a primera vista, en buenas condiciones.

¿Y la inversión extranjera?

En los últimos años Guatemala ha crecido a tasas que van del 2,5% al 3%, la inflación es baja (como no ocurre en Argentina), el déficit fiscal es bajo (como no ocurre en Brasil), no tiene mala calificación de riesgo internacional y no ha sufrido grandes turbulencias.

Si uno mira los indicadores macro, el país está muy bien, dice Edgar Villanueva, director ejecutivo del Consejo Empresarial Guatemala-Estados Unidos.

Aunque uno de los problemas económicos que enfrenta Guatemala es que ha disminuido la inversión extranjera directa.

“Los grandes retos que tenemos son la falta de certeza jurídica, el déficit de infraestructura y el respeto a la propiedad privada”, dice Villanueva.

Para tener mayor certeza jurídica, es decir, que no cambien las reglas del juego, el representante empresarial dice que se requiere fortalecer la justicia y capacitar a los jueces para que tomen decisiones de manera más rápida.

“A veces pasan dos años sin que tomen una decisión y eso tiene graves efectos económicos”, una situación que ha ocurrido, señala Villanueva, en el caso de grandes proyectos mineros.

En infraestructura, la falta de carreteras afecta directamente el desarrollo comercial, mientras que las invasiones a fincas han puesto en riesgo la propiedad de las personas, debido al reclamo de derechos ancestrales por parte de comunidades indígenas.

Con bajos niveles de inversión, una parte importante de la economía guatemalteca se mueve gracias a las remesas que envían los inmigrantes desde Estados Unidos.

“Las remesas son muy beneficiosas, pero necesitamos remesas productivas“, advierte, para que los recursos no se gasten únicamente en consumo.

“No podemos ser un país exportador de gente”

Mientras Guatemala envía a Estados Unidos productos como azúcar, café, banano, ropa y vegetales, recibe derivados del petróleo, maquinarias, electrodomésticos y vehículos.

“Tenemos una relación muy asimétrica”, le dice a BBC Mundo Edgar Balsells, economista del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (IPNUSAC).

El representante de la Universidad de San Carlos (Usac) ante la Junta Directiva del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), Édgar Balsells Conde.

Nosotros les mandamos azúcar y ellos nos mandan carros. Hasta los McDonalds traen las papas de Idaho”, Estados Unidos. El economista argumenta que se ha destruido el aparato productivo y que es urgente cambiar el rumbo.

“No podemos azucarizarla economía, no podemos ser un país exportador de gente que vive de las remesas”, agrega.

Para salir del estancamiento, el economista propone avanzar paralelamente por dos caminos: producir manufactura y desarrollar una economía digital, basada en el conocimiento y en los servicios.

Pero sin una población educada, los desafíos serán difíciles de lograr, apunta.

Futuro económico de cara a las elecciones

En este contexto económico, el domingo habrá elecciones presidenciales, en las que más de ocho millones de personas tendrán que elegir entre

En un país cada vez más polarizado, el proceso electoral no ha estado exento de problemas, dado que el poder judicial ha prohibido la participación de varios candidatos (entre ellos, la exfiscal general Thelma Aldana y Zury Ríos, hija del expresidente José Efraín Ríos Montt).

Y otros postulantes tienen procesos pendientes por presuntos actos de corrupción, delitos económicos o violaciones de derechos humanos.

Es por eso que la situación política y judicial ha dominado el debate en los últimos meses, a pesar de que los electores están preocupados por su futuro económico.

Especialmente cuando este año han aumentado las deportaciones de guatemaltecos desde Estados Unidos, quienes están regresando a un país del que se fueron, principalmente, por razones económicas.

Del resultado de los comicios, dependerá el plan económico que Guatemala implementará en los próximos cuatro años. Un futuro incierto, con electores indecisos y un panorama político altamente fragmentado.