Vie. Abr 3rd, 2020

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Guerra de Invierno. El heroísmo de todo un pueblo (Finlandia 1939-1940)

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Con una desigualdad de fuerzas descomunal a favor de los soviéticos, Finlandia resistió más de tres meses el acoso de Stalin y logró conservar su independencia

elminuto|Finlandia ha sido nota en varias oportunidades en Diario El Minuto. En el marco de la nueva sección dedicada a la Historia queremos recordar un hecho de armas que está siendo reconocido lentamente. La Guerra de Invierno que enfrentó a Finlandia con la Unión Soviética en el crudo invierno de diciembre de 1939 a marzo de 1940.


Por: Jorge Suárez Saponaro. Director del Minuto en Argentina


Finlandia un país de escasos recursos y 3.5 millones de habitantes enfrentaba a la Unión Soviética de Stalin, con 150 millones de habitantes y recursos muy superiores. No obstante ello, la calidad de la conducción estratégica finlandesa, la organización para la defensa y la voluntad de todo un pueblo, generaron admiración y sorpresa en el mundo en aquellos años. La pequeña Finlandia fue capaz de frenar las ambiciones de Stalin.

Antecedentes del conflicto

El 6 de diciembre de 1917, Finlandia declaró su independencia de Rusia, entonces envuelta en el caos revolucionario. La presencia de tropas rusas en Finlandia, sus simpatías por el bolchevismo, como de sectores finlandeses favorables a la revolución de Octubre, terminó en una guerra civil de unos meses, entre los blancos (nacionalistas) y rojos (comunistas).

La victoria de los primeros, terminó en una breve regencia por parte del mariscal Mannerheim, que una vez desechada la idea de una monarquía, fue proclamada la República.  En 1920,  Rusia soviética, agotada por la guerra civil y tras el fallido de mantener las fronteras heredadas por el zar, firmó el Tratado de Tartu. Fueron reconocidas las fronteras entre ambos estados, Rusia garantizó el control de un espacio territorial para garantizar la seguridad de la antigua San Petersburgo.

Desde ese entonces, los líderes finlandeses sobre la base de un estatuto de neutralidad, la vigencia de dicho tratado que establecía una comisión para solución de controversias y la vigencia del mismo hasta 1945, se consideraron a salvo de posibles conflictos a futuro.

El período de entreguerras se caracterizó por las tensiones internas, consecuencias de la guerra civil, los intentos de grupos filofascistas de hacerse con el poder. En el plano externo, Finlandia buscó adherirse a una política de neutralidad, bajo la creencia que ello preservaría su seguridad.  El ascenso de la URSS en la escena internacional, como el resurgimiento de Alemania, plantearon serios desafíos. En 1938,  Boris Yartsev,  funcionario secundario de la embajada soviética en Helsinki, llamó al ministerio de exteriores finlandés  Rudolf Holsti, para tratar un asunto de suma importancia. Era rumor que Yartsev, era un hombre de loa NKVD, la policía secreta de la URSS.



Con una desigualdad de fuerzas descomunal a favor de los soviéticos, Finlandia resistió más de tres meses el acoso de Stalin y logró conservar su independencia…


En la entrevista el funcionario soviético, hizo saber el temor de Moscú de una posible agresión alemana a Finlandia, con el objetivo de atacar la URSS.  Si Finlandia estaba dispuesta a ofrecer resistencia militar, Moscú brindaría apoyo material. En caso que la resistencia fuera débil, hizo saber que el Ejército rojo invadiría el país para defender la URSS.  Estas conversaciones quedaron en el más absoluto secreto e incluso el embajador soviético ignoró la existencia de la reunión. 

Las discusiones llegaron al nivel del primer ministro Cajander y el ministro de hacienda Vainö Tanner. En todo momento Yartsev hizo saber sobre los temores soviéticos de un ataque alemán y el compromiso de Helsinki de no cooperar con Berlín, a cambio de garantías de apoyo de Moscú, pero sin entrar en detalles. En verano de 1938, Helsinki elaboró un borrador que incluía el visto bueno de Moscú de fortificar las islas Aland – desmilitarizadas por un tratado internacional desde 1856 – para defender la neutralidad, además del compromiso de asumir una defensa creíble, con la finalidad de impedir que el país fuera usado de “trampolín” para invadir la URSS.  Moscú ignoró el borrador e hizo una propuesta en agosto de 1938, que incluía la presencia soviética en tierras finlandesas, estableciendo una serie de bases, la fortificación de la isla Suursaari en el Golfo de Finlandia, con la posibilidad de ser empleado como base aérea, además de dar luz verde a la militarización de las islas Aland, pero con supervisión de Moscú.

Asimismo ofrecía un ventajoso acuerdo comercial y la garantía de la soberanía del país.  El primer ministro Finlandés, Cajander, en la reunión de gabinete rechazó la idea, por vulnerar el estatuto de neutralidad.  Durante meses, las partes guardaron silencio.

En 1939, las autoridades soviéticas intentaron hacer valer su postura, sin llegar a nada, dado la intransigencia finlandesa. Los intentos de llegar a un acuerdo comercial, eran vetados desde Moscú, dado que no se llegaba a un acuerdo político.  La URSS temía una colusión entre Finlandia y Alemania desde hacía tiempo, por lecturas sesgadas sobre la visita de la marina germana a puertos finlandeses, o la visita del general finlandés Mannerheim a la casa de Göring, para una expedición de cacería. Además, astilleros de Turku, construyeron uno de los primeros submarinos, en un programa secreto que llevaba a cabo la marina de guerra germana.

Esto socavó en parte las medidas que impulsaba el ministro de exteriores Holsti, entre Finlandia y la URSS. Es probable que la dirigencia finlandesa no midiera las reacciones de Moscú ante sus vínculos con Alemania.  Las negociaciones continuaron, el Kremlin insistía en rectificaciones fronterizas, que implicaba una revisión total del Tratado de Tartu. En el seno del gobierno finlandés, en el más alto nivel había un intenso debate sobre el camino a seguir y determinar cuales eran las verdaderas intenciones de Stalin.

El Pacto Ribbentrop – Molotov, le dio manos libres a la URSS para actuar sobre los estados bálticos y la propia Finlandia. Los gobiernos de Estonia, Letonia y Lituania, cedieron a las presiones. Poco tiempo después, serían anexadas al imperio soviético.  Helsinki intuía cual iba ser su destino y mantuvo una postura de no cooperación, evitando provocaciones.  El 5 de octubre Stalin hizo su “oferta”, que implicaba nada menos que tolerar una guarnición de 5.000 soldados en las narices de la ciudad de Helsinki, cesión de varias islas, rectificaciones fronterizas a cambio de tierras poco productivas en Carelia. 

En otras palabras Stalin queria 2760 km2 de territorios claves, a cambio de unos 5500 km2 de tierras inermes en Carelia Oriental.  Asimismo sugirieron la demolición de fortificaciones y obras de defensa en zonas fronterizas.  El ministro Paasikivi, enviado a Moscú para negociar no tenía mandato para semejantes demandas. Regresó con la contrapropuesta finlandesa, que incluía rectificación de la frontera del istmo de Carelia, cesión de la parte sur de la isla Suursaari.

Revisión de tratado de no agresión de 1932. En este viaje, fu acompañado por el ministro de hacienda Tanner, destacado líder socialdemócrata. El 23 de octubre regresaron a Moscú y Stalin, consideró que las demandas eran mínimas y no se podía regatearlas. Molotov preguntó bruscamente, luego de inútiles discusiones, si los finlandeses buscaban el conflicto. Paasikivi, dijo que no…pero la parecer ustedes si.  

Antes de partir, Stalin hizo un nuevo ofrecimiento, que era reducir la guarnición a 4.000 efectvios, revisar el pacto de no agresión, rectificar en parte del istmo de Carelia, a fin de impedir que quedara muy expuesta la ciudad de Viipuri, en aquel momento, la segunda ciudad del país. Los finlandeses volvieron apresuradamente a Helsinki a pedir instrucciones. Mientras tanto Tanner sondeó al gobierno sueco, para el caso de una guerra. El primer ministro Hansson, señaló que brindaría apoyo material y diplomático, pero con limitaciones para no exponer a su país tanto a los soviéticos como alemanes. Finalmente la suerte estaba echada, cuando a fines de octubre, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, Molotov les dijo Nosotros los civiles no podemos ver más lejos de este asunto, ahora corresponde el turno a los militares para que manifiesten cuanto tengan que decir.  

El 26 de octubre de 1939, estalló el incidente de Mainila, donde los soviéticos acusaron a los finlandeses de abrir fuego de artillería. En verdad era una excusa para ir a la guerra. Hacía tiempo que el alto mando finlandés había retirado artillería de la zona del istmo por temor a un incidente. Las propuestas conciliadoras de los finlandeses cayeron en saco roto. El 29 de noviembre aviones bombardearon Helsinki y tropas soviéticas tomaban como prisioneros a guardias fronterizos en la zona del Ártico. La guerra era una realidad.

Estalla la guerra de Invierno. Los primeros enfrentamientos.

En 1931, el mariscal Mannerheim, fue nombrado presidente del Consejo de Defensa Nacional, a través de este organismo luchó en vano para buscar apoyo político e incrementar el presupuesto de defensa. Los políticos respondieron con recortes de presupuesto. No obstante ello, con gran talento organizó un eficiente sistema de movilización, mejoró la calidad de la oficialidad, se construyó una modesta y moderna fuerza naval, pero las falencias graves eran la falta de material pesado en el ejército, los reducidos niveles de munición, la fábrica de municiones aún incompleta y una aviación anticuada.

En caso de movilización, los 33.000 soldados del ejército regular se verían reforzados por 127.000 soldados de la reserva activa, otros 100.000 de reservistas en distintos niveles y 100.000 de la llamada Guardia cívica, una organización voluntaria.  Unas 100.000 mujeres del cuerpo auxiliar, cumplían funciones de salud, comunicaciones, intendencia, y administrativa, lo que liberaba recursos para ser empleados en el frente.  Los soviéticos contaban concentrados en la frontera con más de 500.000 efectivos, 800 aviones de combate y una extensa reserva militar entrenada, además de recursos materiales muy superiores a los de la modesta Finlandia.

El objetivo estratégico soviético era la ocupación de Finlandia e imponer un régimen comunista. No en vano, en los primeros días de la guerra en la localidad fronteriza de Terijoki, se formó un gobierno títere en manos del líder comunista finlandés Otto Kuusinen, acompañado por una serie de personalidades desconocidas (gran parte de los comunistas finlandeses exiliados luego de la guerra civil fueron asesinados en las purgas de Stalin).

En el marco del plan militar soviético abarcaba la ocupación del istmo de Carelia, apoderarse de la ribera finlandesa del Lago Ladoga, Este era el objetivo operacional principal. Otros objetivos era la ocupación del centro del país y alcanzar el golfo de Botnia, a fin de impedir cualquier asistencia sueca y el puerto ártico de Petsamo, para impedir la llegada de otro tipo de ayudas. Cabe destacar que en la zona septentrional había valiosas minas de níquel, de importancia para la industria militar.  El esfuerzo militar soviético estuvo centrado en el istmo de Carelia, poniendo en riesgo la segunda ciudad del país, Viipuri y la propia capital finlandesa, Helsinki.

La tensión reinante llevó a que a mediados de octubre las Fuerzas de Defensa finlandesas fueran movilizadas. El alto costo económico, llevó al ministro de defensa Niukkanen, una verdadera lucha contra el parlamento para impedir que las tropas fueran desmovilizadas. El ataque soviético encontró a las fuerzas finlandesas preparadas, a pesar del equipamiento anticuado y hasta inadecuado para la contienda, pero con un elevado nivel de adiestramiento, buen planeamiento y conducido por oficiales competentes.

El mando supremo, quedó en manos del general Mannerheim (mariscal de campo desde 1941), quién organizó el despliegue de la siguiente manera: Ejército del Istmo (gran unidad de batalla con seis divisiones). En Viipuri la División 6 de infantería quedó como reserva del Comando en jefe. El IV Cuerpo de Ejército cubrió el área alrededor del Lago Ladoga. En la ciudad costera de Oulu, en el Golfo de Botnia quedó en manos de la División 9, como reserva general. Mientras que la frontera entre el Ártico hasta el área del IV Cuerpo, quedó en manos de batallones y compañías de la Guardia Cívica.

Los problemas de coordinación de los ataques del Ejército Rojo en el istmo de Carelia, permitió un repliegue de las fuerzas finlandesas hasta la llamada Línea Mannerheim (línea de obstáculos antitanque y alambrados de púa). Los avances soviéticos fueron factibles por la inactividad del mando finlandés, que motivó que Mannerheim, se dirigiera al cuartel general del Ejército del Istmo a reprender personalmente al comando en pleno. Las fuerzas finlandesas aprovecharon atacar con patrullas de esquiadores, que se infiltraban en las atestadas líneas de comunicación soviéticas y generar daños. La llegada masiva de tanques generó pánico entre las fuerzas defensoras, finalmente el mando organizó una serie de destacamentos especiales que usando minas, compensaban la falta de armas antitanque.

El resultado fue exiguo y así nació el “cóctel Molotov”, una botella llena de petróleo o gasolina y con otros compuestos químicos, explotaba al hacer impacto contra el objetivo generando incendios en el interior del los tanques.  La nueva “arma” fue de suma utilidad para las fuerzas finlandesas en otros puntos de la geografía del país.  Las características del teatro de operaciones, con pantanos, lagos, vías de agua, bosques espesos, eran obstáculo para la guerra de blindados que planteaba el Ejército Rojo. A ello se unía problemas de coordinación entre armas y la falta de flexibilidad para responder a situaciones no previstas en el plan inicial. Los mandos finlandeses en cambio si se adaptaban rápidamente y contaban con un elevado nivel de flexibilidad, por lo menos en el plano táctico.  

Los llamados a las clases trabajadoras a rebelarse contra el gobierno, por parte del régimen títere de Kuusinen, cayeron en saco roto. El odio a Rusia y un patriotismo sin fisuras, mantuvo unida a la nación en esos momentos tan dramáticos. La política de reconciliación de los años 30, había surtido efectos. Mannerheim, fue uno de sus impulsores.

En el mar, la Flota Roja del Báltico, muy superior en teoría a las Fuerzas navales finlandesas, atacó la localidad de Porvoo, con la clara intención de abrir paso para un asalto anfibio. La artillería de costa finlandesa rechazó el ataque. También las ciudades de Hanko y Turku, atrajeron la atención de la flota soviética, sin éxito. La artillería de costa fue sumamente eficiente y destruyó tres destructores, dos submarinos, varios buques auxiliares y daños importantes al acorazado Revolución de Octubre. (sobre la marina finlandesa en la guerra ver. ). 

En las memorias de Nikita Kruschev, que fue comisario político para la Flota del Báltico, quedó reflejado el alto nivel de ineficacia de las fuerzas navales soviéticas. En el aire, la Aviación Roja con sus bases en Estonia, podía llevar a cabo acciones en la profundidad de Finlandia. La URSS contaba 2.500 aviones disponibles para el teatro de operaciones finlandés.  Arrojaron miles de bombas de todo tipo contra objetivos civiles y militares. Esto no minó la moral de la población. La fuerza aérea finlandesa, con una modesta flotilla de 287 aeronaves (de los cuales eran 167 cazas anticuados) pudo hacer frente con eficacia a los cazas y bombarderos soviéticos.  Según el historiador Richard Condon, los finlandeses destruyeron unos 700 aviones tanto por el accionar de baterías antiaéreas como de la propia aviación.  No cabe duda, que los finlandeses estaban bien entrenados y conducidos, compensando las carencias materiales que tenían.

El frente del Lago Ladoga estaba en manos de dos divisiones finlandeses que debían enfrentar a nueve divisiones soviéticas y dos brigadas de asalto blindadas. En esta zona se destacó el coronel Talvela, quién con determinación, llevó a cabo acciones ofensivas, en la localidad de Tolvajärvi, fuerzas superiores soviéticas fueron destruidas. Las condiciones de combate eran extremas, dado la espesura del bosque, los lagos congelados y temperaturas de 50 C bajo cero. En dicha zona dos divisiones soviéticas – la 139 y 75 – fueron destruidas.  

Las pérdidas finlandesas fueron importantes, comparando los recursos muy limitados de las Fuerzas de Defensa.  Incluso Mannerheim, pensó en detener la ofensiva.  En el sector de la localidad de Kitela, al norte del Lago Ladoga, las fuerzas finlandesas fueron reagrupadas y lanzadas contra la división 18 del Ejército Rojo. La táctica finlandesa consistió en aislar las unidades soviéticas, en pequeñas bolsas, aisladas entre sí, que recibían el nombre de motti.

Una vez aislados, los atacantes, se movían con absoluta libertad, terminando con cada bolsa de resistencia. Finalmente la división 18 soviética junto a una brigada blindada, con el costo de 4.300 muertos, además de enormes pérdidas materiales. El valioso botín, sería empleado por los finlandeses para engrosar su propio arsenal. El accionar del IV Cuerpo de Ejército permitió estabilizar el frente hasta finalizar la guerra e impedir que los soviéticos avanzaran hacia la región central del país.

La épica batalla Suomoussalmi

En los desolados parajes del norte, el alto mando finlandés, destacó unidades de la guardia cívica ver este Link:

https://elminuto.cl/voluntarios-de-la-defensa-la-guardia-civica-finlandesa-suojeluskunta/, reservistas y la guardia de fronteras. Para su sorpresa, dos divisiones soviéticas preparaban lanzar un asalto en el sector de Suomussalmi. Un caserío en un área realmente agreste y escasamente poblada.

El 30 de noviembre los soviéticos hicieron acto de presencia en la zona, e incluso se vivieron momentos de pánico en una escuela, cuando los niños fueron evacuados rápidamente ante la presencia de tropas del Ejército Rojo. En el sector de Kuhmo, el batallón de defensores tuvo que replegarse varias veces, a pesar de seguir lanzando ataques en los flancos, y ante la superioridad numérica del enemigo, no quedó mas remedio que pedir auxilio a la 9ºDivisión con base en Oulu.

Fue movilizado por vía férrea el 25º regimiento de dicha gran unidad. Las tropas se desplegaron con temperaturas glaciares, bien armados con armamento portátile, tiendas de campaña y esquís, pero sin material de artillería, tenían que enfrentar una potente fuerza motorizada compuesta por dos divisiones y el apoyo de abundante artillería y tanques, además de apoyo aéreo.

Los soviéticos aferrados a las carreteras, dado el equipo pesado, fueron separados en grupos, donde eran aislados y hostigados por combatientes en esquís, además de usar camuflaje blanco, lo que los convertía en verdaderos fantasmas. Los soviéticos se atrincheraron y resistieron. Bloqueados en Kuhmo, se contuvo el avance del Ejército Rojo. En los primeros días de diciembre de 1940, el enérgico coronel Siilasvuo al mando del 27 regimiento llegó a la zona de Suomussalmi. Bloqueó las líneas de comunicación de las fuerzas soviéticas (dos divisiones). Temperaturas de 40 grados bajo cero, los finlandeses montaron una trampa.

La imposibilidad de entrar en contacto con las fuerzas enemigas, los soviéticos solo desplegaron una fuerza de vanguardia muy reducida, que fue destruida. Era clave impedir que los soviéticos controlaran la terminal ferroviaria de Hankiperä. La dureza del clima, impidió el empleo de camiones y los soldados finlandeses no habían ingerido comida caliente, eran serios desafíos a tener en cuenta por los mandos del Ejército. Bajo temperaturas bajísimas, marcharon al combate. El despliegue de tanques, por parte de los soviéticos, fue inútil, dado la densidad del bosque.  Las fuerzas del Ejército Rojo estaban cayendo en la trampa. La táctica finlandesa era aislarlos en grupos, para luego proceder a su destrucción. El ataque al poblado de Suomussalmi fue violento, dado que los soviéticos estaban muy bien atrincherados.

El agotamiento era una realidad en los hombres del coronel Siilasvuo. Pero el objetivo se cumplió. La división 163 ucraniana estaba aislada y separada en grupos. Este estado de cosas había que mantenerlo hasta la llegada de refuerzos de la 9a División.  Mientras tanto la división 44, excelente unidad del distrito militar de Moscú, salió en auxilio de la división ucraniana.  En el camino se topó con un bloqueo formado por dos compañías de fusileros, muy bien atrincherados, que impidieron la llegada de la división a Suomussalmi. El 25 de diciembre las fuerzas finlandesas se lanzaron al ataque.

Los contraataques soviéticos fueron muy violentos. Opusieron una enconada resistencia, pero los finlandeses lograron aislarlos.  La intempestiva irrupción de fuerzas finlandesas en el dispositivo soviético, cundió el pánico entre las tropas rojas.  En pocos días, las división 163 fue destruida. De 17500 efectivos, 5000 estaban muertos.  La unidad había sido aniquilada.  La 44 división bloqueada en la carretera, recibiría el mismo tratamiento: reconocimiento y bloqueo, ataque y aislamiento en grupos, para luego ser eliminados uno a uno.

El 5 de enero fue lanzado el ataque contra la unidad citada. Días mas tarde, la división 44 había dejado de existir como tal. El botín obtenido incluyó miles de fusiles, cientos de vehículos de todo tipo, cañones, miles de caballos y hasta blindados. El precio pagado por la División 9 finlandesa fue de 900 muertos y un millar de heridos.  Estas victorias épicas salvaron que el país pudiera ser partido en dos.

La resistencia de una nación.

El mariscal Voroshilov fue reemplazado por el enérgico Timoshenko, que además tomó el mando de las fuerzas de Carelia. El 1º de febrero los soviéticos lanzaron una ofensiva a gran escala. Los defensores finlandeses tenían signos de desgaste por semanas de bombardeos aéreos y de artillería terrestre, además de intentos de penetrar por parte de equipos de reconocimiento. Mientras que los soviéticos operaban con cuerpos de ejército y ejércitos, los finlandeses oponían regimientos y divisiones, pobremente armados, dado que la clase política no había querido soltar los fondos necesarios (especialmente la oposición de izquierda) para equipar a las Fuerzas de Defensa. 

El asalto al istmo por parte de los soviéticos fueron días oscuros.  En aquellos días, los Aliados, ahora en guerra con Alemania, hicieron promesas diversas, desde enviar 100.000 soldados hasta abundante ayuda material.  Esta debía realizarse por medio del puerto de Narvik, en Noruega y atravesar Suecia. Estocolmo dijo un rotundo no. La razón era impedir cualquier provocación a los alemanes. Estos, además,  eran compradores del valioso hierro sueco y no permitirían bajo ningún concepto que los Aliados pusieran las manos en recursos vitales para su industria de guerra.

La diplomacia hizo aparición, Finlandia buscaba salir de la guerra, en la mejor posición posible, a pesar de las duras exigencias soviéticas. Suecia fue el lugar donde las partes llevaban sus negociaciones, mientras los Aliados los inundaban con promesas. La situación militar demandaba una salida rápida, dado que tarde o temprano, las fuerzas finlandesas iban a ser arrolladas por la superioridad del Ejército Rojo en cantidad de hombres y recursos materiales.

Los soviéticos lanzaron contra Finlandia nada menos que 1.2 millones de soldados, 1.500 tanques de diversos tipos y 3.000 aviones. La enorme presión, llevó a que las defensas finlandesas comenzaran a resquebrajarse y para los primeros días de marzo, las tropas soviéticas estaban en las puertas de Viipuri. Aprovechando el mar helado, el Ejército Rojo atacó las costas de dicha ciudada, envolviendo a los defensores, que opusieron una tenaz resistencia. La artillería de costa finlandesa disparaba contra el espeso hielo, generando huecos, provocando muchas bajas en las tropas que atravesaban el mar.

A los efectos de defender la zona, el cuartel general finlandés creó la Agrupación de Costa, al mando del teniente general Oesch. Esta unidad defendió con tenacidad el asalto masivo enemigo. Al quedar estranguladas sus líneas de comunicación, la situación se tornó desesperada. Las fuerzas finlandesas estaban al borde del colapso cuando el cese del fuego llegó el 13 de marzo de 1940.  El Ejército Rojo estaba en las puertas de Viipuri.

La paz llegó, y para los historiadores, la guerra de Invierno fue una victoria moral para Finlandia. Las condiciones impuestas por la URSS fueron duras, en materia de reparaciones de guerra, la cesión de la base de Hankö, determinadas islas, la pérdida del istmo Carelia, la cesión de la mitad de la Península de Petsamo en el Ártico, la localidad de Salla también en la lejana frontera norte. El país perdió una décima parte de su territorio, el 13% de su riqueza nacional y 400.000 refugiados huyeron de las zonas ocupadas por los soviéticos, con el consiguiente problema social y económico.

Las cifras de las pérdidas del lado soviético son motivo de controversia, por razones políticas. Los dirigentes soviéticos que durante la guerra hablaron del gobierno finlandés, como de renegados imperialistas, burgueses, cobardes, al sentarse a la mesa de negociaciones, puso en evidencia que la guerra no había sido un paseo militar. El historiador estadounidense Richard Condon, habla de 200.000 muertos soviéticos., la perdida de 900 aviones y 1.600 tanques, de los 3.200 que se emplearon en toda la campaña.  Los finlandeses perdieron 24.900 muertos, y más de 40.000 heridos. Cifras muy altas para un país de 3 millones de personas.

Las investigaciones históricas dejaron claro que los soviéticos hacía meses que planeaban una invasión a Finlandia, mientras negociaban en el plano diplomático. Pero su rígido sistema de planeamiento y conducción, que confiaba plenamente en una victoria rápida, por su abrumadora superioridad material y numérica, chocó con un liderazgo militar dotado de talento y gran flexibilidad. Los finlandeses habían desarrollado tácticas de guerrillas para el ártico y las zonas boscosas de Carelia y el norte del lago Ladoga. La dependencia de un mando altamente centralizado en el mariscal Mannerheim, afectó la rapidez en las respuestas ante determinadas situaciones, pero en el plano táctico, los mandos demostraron tener imaginación, talento e iniciativa ante situaciones críticas. Asimismo, fueron compensadas limitaciones materiales, con un riguroso entrenamiento, buena calidad de mandos, acertado planeamiento, buena organización y un eficaz sistema de movilización.

La calidad de los pilotos finlandeses quedó en evidencia, posteriormente se mostraría su valía, con la aparición de ases, comparables a los que tuvo Alemania, Reino Unido o la URSS. La calidad de los pilotos, permitió generar serios contratiempos a la poderosa Aviación Roja.  

Los responsables de la defensa finlandesa, sabían que no podrían obtener una victoria frente a la poderosa URSS, pero se ocuparon en aprovechar los escasos recursos disponibles, con suma habilidad, con la finalidad de generar el suficiente daño al atacante, con la clara finalidad de llegar a la mesa de negociaciones en la mejor posición posible.  La dura prueba de la Guerra de Invierno, a pesar de las duras condiciones impuestas, el país conservó su libertad y soberanía……

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