mar. Nov 19th, 2019

Había una vez un imperio en África….

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro Seguimos con las “Lecturas de Verano”, esta vez recordamos un curioso monarca. Hace cuarenta años, un golpe de Estado con apoyo de trescientos paracaidistas franceses, terminó con el delirante y la vez siniestro régimen del “emperador” Bocassa I. Antiguo soldado colonial francés, fue siempre un hombre fiel a los designios de París....

Seguimos con las “Lecturas de Verano”, esta vez recordamos un curioso monarca. Hace cuarenta años, un golpe de Estado con apoyo de trescientos paracaidistas franceses, terminó con el delirante y la vez siniestro régimen del “emperador” Bocassa I. Antiguo soldado colonial francés, fue siempre un hombre fiel a los designios de París, pero sus atrocidades, entre ellas la matanza de estudiantes de primaria y secundaria en el marco de una manifestación, colmó el vaso y fue derribado. Esto no es más que un capítulo de las aberraciones de un régimen, que solía condenar a sus enemigos a ser devorados por cocodrilos y leones.

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro

La República Centroafricana, un estado que es consecuencia de los inventos coloniales franceses, ha sido noticia en estos últimos años por la guerra civil, la intervención de Naciones Unidas, para restablecer la paz y la seguridad, en el marco del capítulo VII de la Carta, en atención que la citada organización reconoció indicios de un “pre genocidio”. Mientras el país sigue sumergido en la violencia tribal y religiosa, algunos sienten la nostalgia de la “paz de los cementerios” impuesta por Bocaza, incluso uno de sus hijos es ministro en el endeble gobierno centroafricano y reivindica la mano dura o el autoritarismo como salida para el país., sin hacer un juicio crítico, que fueron las dictaduras y “mano dura” que llevaron al Estado Centroafricano al actual estado de cosas.

El país originariamente poblado por bantúes, hacia el siglo XVI llegaron poblaciones de lengua sudanesa, huyendo de las guerras en África occidental y de los traficantes de esclavo. Este último flagelo afectó al país hasta bien entrado el siglo XIX, especialmente por las expediciones árabes provenientes del actual Sudán.  A fines del siglo XIX, llegarían los franceses, quienes fundaron la ciudad de Bangui, la actual capital del país, y des allí se expandirían dando origen a la colonia de Ubangui Chari. El modelo de explotación adoptado fue similar al del Congo Belga, entonces Estado Libre del Congo, dominio privado del rey belga Leopoldo.  Fueron concedidas grandes extensiones de territorio a empresas, quienes por medio de un sistema de trabajo forzado y otras brutalidades, generaron beneficios al naciente imperio colonial francés en África ecuatorial. El movimiento nacionalista, de carácter tardío surgió después de la Segunda Guerra Mundial, de la mano del MESAN, Movimiento para la Evolución Social de África Negra, liderado por el ex cura Barthélemy Boganda, quién fue parlamentario en París y luego de regreso, sostuvo posturas nacionalistas y negoció el proceso de independencia, primero como república autónoma, para luego alcanzar la independencia, algo que no pudo ver tras su muerto en un “accidente” aéreo, que para muchos, fue un atentado perpetrado por los servicios secretos franceses.  La República Centroafricana, no solo era importante por su posición geográfica, sino por sus recursos mineros, entre ellos el uranio. Para Francia el control político sobre el territorio es vital.  En 1960, el primer presidente del país, ya independiente, al menos en teoría de París, fue David Dacko, que en 1962, impuso el régimen de partido único. Una solución que creían muchos dirigentes africanos frente al tribalismo.

Le primer presidente intentó una política nacionalista e incluso buscó reducir la dependencia con Francia, acercándose a China Popular.  La incapacidad para solucionar los graves problemas internos, herencia de tiempos coloniales, una administración estatal corrupta y cada vez más importante, lo distanció del electorado. La debilidad política de Dacko, tuvo como consecuencia el golpe de estado, dado por su primo, el general Jean Bedel Bokassa, comenzando así una nueva etapa en la historia del país, una verdadera pesadilla.  Este personaje, hijo de un líder tribal asesinado por los franceses, fue criado por una misión católica, para luego enrolarse en el ejército francés, especialmente en las Fuerzas de Francia Libre. Luchando con determinación y valor en los frentes del Norte de África y Europa.  También luchó en la guerra de Argelia, donde fue condecorado. Alcanzó el grado de capitán, a pesar de su modesta educación – solo tenía estudios primarios – algo usual en los súbditos de los imperios coloniales europeos.  En el medio de una profunda crisis político económica, Bokassa derribó a Dacko, y se proclamó presidente. Mantuvo el régimen de partido único y para 1972 se hizo proclamar presidente vitalicio.  Su régimen de mano de hierro, mantuvo unido al país, con gravísimas denuncias de violación sistemática de los derechos humanos. Francia miraba para otro lado, a fin de cuentas, tenía un personaje servil a sus intereses. Superó varios intentos de golpe de estado, en 1972, 1974 y 1976. La idea de establecer una monarquía estaba presente, como mecanismo para perpetuarse en el poder. Las intentonas de golpe, no hicieron más que madurar esa idea delirante en su proyecto político. En 1976, tuvo un acercamiento político a la Libia de Gadafi, y se convirtió por unos meses al Islam. Duró poco como musulmán, dado que Bokassa volvió a ser católico nuevamente, para su cumplir su sueño, el coronarse emperador, queriendo emular a su ídolo, Napoleón Bonaparte.  

En un Congreso extraordinario del partido único, el MESAN, el país se convirtió en el Imperio Centroafricano. Teóricamente sería una monarquía constitucional, siendo en verdad una continuación de la dictadura de Bokassa. Este personaje gastó un cuarto del presupuesto nacional en su fastuosa y a la vez patética coronación.  Se estima que gastó en su vestuario como la de la “emperatriz” entre cuatro y cinco millones de dólares cada uno, contratado todo en las mejores casas de lujo de Paris. El ejército también fue vestido de gala, como en los tiempos del siglo XIX. Se adquirió una carroza, centro, una capa de armiño, un trono, además de montar un palacio en Villa Kolongo, sitio además donde se cometieron atrocidades contra enemigos políticos.  Se estima que gastó el equivalente a unos US$ 75 millones actuales.

El presidente Valéry Giscard d’Estaing, tenía una estrecha relación con el dictador, era frecuente sus viajes para practicar cacería de elefantes. El dictador facilitaba la explotación de uranio y diamantes por parte de compañías francesas, los pocos beneficios destinados al “imperio” iban a parar a los bolsillos de Bokassa.  La violencia ejercida por el dictador hacia su población era  conocido por los franceses, incluso en el célebre periódico Le Monde en los sesenta señaló Hace falta toda la sordera voluntaria de los responsables franceses de la cooperación y de sus representantes en Centroáfrica para no oír lo que todo el mundo clama en el país»,. Ayer, en París, un alto ex funcionario autóctono, que mantuvo su anonimato y que fue quien alertó a Amnesty International, declaró que desde 1966, año en el que Bokassa subió al poder, «matar es un antiguo pasatiempo para él. En diario El País, citando al prestigioso diario parisino, Bokassa ha matado a todos aquellos de los que sospechaba que querían derrocarlo». Pero no sólo a los enemigos políticos, sino a los ciudadanos pertenecientes a otras etnias distintas de la suya, la mbakas mbati, que es minoritaria. La tribu de los bandas, que representa un tercio de la población, parece que ha sido la más castigada. Los métodos de asesinato también han sido múltiples: por asfixia, sacándoles los ojos él mismo con su bastón o haciendo comer a la víctima carne podrida.  Incluso el embajador del “imperio” de apellido Sylvestre, pidió en su momento ayuda para derrocar al emperador. No obstante ello, hubo silencio por parte del gobierno francés, temeroso que su “aliado” cayera en manos de un régimen marxista y las ricas y estratégicas minas de uranio quedaran en manos de Moscú.

La tolerancia al emperador, por parte de Francia, permitió que Bokassa actuara como un verdadero tirano y cometiendo aberraciones. Un viejo cuidador del palacio de Villa Kolongo, que oficiaba de residencia imperial, contó a medios periodísticos, entre ellos en una nota a la televisión estatal de España, como el emperador Bokassa juzgaba a los prisioneros, una vez condenados a muerte eran arrojados a un estanque con cocodrilos para ser devorados vivos, como también en una jaula con leones. Incluso ser padre de un enemigo político, era sentencia de muerte segura. Los padres del ex ministro de finanzas., Alexandre Banza, fusilado por conspiración, fueron asesinados brutalmente, además de ser torturados. El reinado del terror, se extendió a todos los ciudadanos, donde era frecuente tener un amigo o familiar victima de la policía secreta del emperador.

Las masas acudieron a la ceremonia de coronación, sin ninguna duda, sectores postergados, faltos de educación, fueron objeto de manipulación y apoyaron el delirante proyecto del dictador Bokassa en proclamarse Su majestad Bokassa I, emperador de Centroáfrica, mariscal de Centroáfrica, apóstol de la Paz y servidor de Cristo Dios. Bokassa quería que el mismo Papa oficiara la ceremonia de coronación, algo que le fue negado. También tuvo sus internas y conflictos con sus amantes, para ver quién seria elegida como emperatriz. Finalmente se decantó por Catherine, madre de cinco, de su cincuentena de hijos. Los trajes que lucieron Bokassa y su decimoquinta esposa fueron confeccionados por un descendiente de los bordadores que vistieron a Napoleón en 1804, que engarzaron 800.000 perlas en el traje del emperador y un millón de perlas de oro en el de la emperatriz. Ocho caballos blancos, llevados desde Normandía, tiraban de las carrozas que transportaron a la pareja imperial hasta el falso Palacio, donde un trono en forma de águila imperial bañado en oro esperaba al emperador. En un país pobre y sumido en la miseria, desde Francia cascos de metal para la flamante guardia imperial, toneladas de comida, vino, fuegos artificiales y 60 Mercedes-Benz para transportar a la familia imperial y a los invitados más distinguidos. Expertos en protocolo y etiqueta llevados de París controlaron al milímetro el ritual, cuyas ideas Bokassa había sacado también del jubileo de Isabel II y de la coronación del shah de Irán, así como de la película “Napoleón”, de Sacha Guitry.

La creación de un imperio, significó la construcción de carreteras, una universidad, estadios, pero solo era parte del “maquillaje” que quería darle el dictador al país, sumido en el atraso. Mientras tanto los ricos yacimientos de uranio y diamante alimentaron sus bolsillos. Pero el sueño duraría poco. Una protesta estudiantil sería el canto del cisne del régimen. El gobierno ordenó la compra de costosos uniformes para los escolares de nivel primario y secundario. A ello se unía la falta de pago por meses a los maestros.  Corría el año 1979, los escolares se manifestaron y fueron duramente reprimidos por las fuerzas del régimen. Entre los muertos había chicos de ocho años golpeados hasta la muerte, otros fueron ametrallados en las celdas, o morían de asfixia por las condiciones de encierro. Estas noticias llegaron a Francia, que colmaron el vaso, enviando una fuerza especial de comandos paracaidistas, unos 350 efectivos, que apoyaron el golpe terminando con el imperio…y su emperador. Bokassa sintiéndose traicionado por París, criticó abiertamente el presidente d’Estaing, al hablar de los regalos que le había hecho en diamantes, etc. Esto desató una tormenta en 1980, que favoreció el acceso del socialista Mitterand a la presidencia.  Tras su derrocamiento salieron a la luz, horribles historias de represión política, el destino de sus opositores, además de prácticas de canibalismo, sostenidas por varios testigos.

Jean Bedel Bokasa y su consorte imperial, Catherine, huyeron primero a Costa de Marfil, en manos de otro régimen francófilo, junto a quince hijos. Luego se fueron a París, donde Bokassa vivió en un castillo y adquirió diversas propiedades muy lujosas. En 1986, cansado del exilio, estafado por su emperatriz, que le robó la fortuna que a su vez el había desarrollado gracias a la corrupción, empobrecido y manipulado por la extrema derecha francesa, que quería desgastar a Mitterand, regresó a su país. Allí fue juzgado, por un tribunal,  con jueces que habían sido parte de su horroroso régimen, sería condenado a muerte, conmutada por cadena perpetua, para luego ser indultado en 1993. Moriría víctima de varios ACV en Bangui en 1996, repudiado por el mundo. Su lagado, sus “palacios” abandonados y saqueados, devorados por la vegetación tropical, son testigos mudos de sus aberraciones.

El país que Boklassa asoló, esta sumergido en la violencia, entre milicias tribales y confesionales, que mutilan, obligan a niños a presenciar ejecuciones de sus padres. Esto ha llevado a que antiguos opositores de Bokassa, hablen de la necesidad de un “dictador ilustrado”.  A ello se agrega algunos nostálgicos del presunto orden del “Imperio”. Pareciera que el horror vivido, no ha servido de nada. El espeanto de la guerra civil desatada en 2012, impide reconocer, que las dictaduras sufridas por el país desde la independencia son el origen de los males sufridos actualmente.

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