Jue. May 28th, 2020

El Minuto

El Primer Diario Social de Chile

Hacia un nuevo contrato social para recuperar la República

Por: Daniel Alberto Defant | Corresponsal del Diario el Minuto en Argentina.

En medio de la tormenta de ideas y pasiones que hoy convulsiona la sociedad internacional sin dejar de lado a Argentina porque no somos la excepción en medio del contexto abrumador que dificulta establecer la magnitud del daño que enfrentamos al final de un proceso político

elminuto| En medio de la tormenta de ideas y pasiones que hoy convulsiona la sociedad internacional sin dejar de lado a Argentina porque no somos la excepción en medio del contexto abrumador que dificulta establecer la magnitud del daño que enfrentamos al final de un proceso político que resultó tóxico para nuestras relaciones humanas básicas, corrosivo para el diálogo en el espacio público y letal para la amistad social entre los que piensan diferente.


Por: Daniel Alberto Defant | Corresponsal del Diario el Minuto en Argentina.


Un ciclo que batió récord en corromper la organización económica, la independencia judicial, la práctica política y hasta pervertir el lenguaje o la percepción misma de la realidad. Un tiempo que dividió familias, amistades de una vida, relaciones laborales y todo espacio compartido donde la política irrumpió cavando trincheras y transformando la convivencia en campo de batalla.

Las palabras urgentes buscan el tono de una nueva apelación cívica; e invita a trabajar denodadamente por un nuevo “Nunca más”. Esfuerzo que demandara extraordinaria fortaleza y equilibrio para transformar la destrucción en oportunidad, el verbo en tarea y las heridas en cicatrices bien selladas.

Tengo aquí que confesar algo antes de escribir sobre el fenómeno del que estoy hablando; conlleva esto un repaso por nuestra historia que recién hoy después de muchos años me ha llevado a comprender:

Para que sirve la historia?

Amante de las matemáticas, estadísticas o ciencias exactas, que por siempre deteste estudiar historia… encontrando de respuesta un de qué sirve, si ya paso.

Cuando hoy recordando a mi primera profesora de historia Sra. Marta Ezpeleta, a quien nunca se lo pregunte y abriendo un reconocido libro de Pablo Rossi destacado periodista político cordobés hace alegato por la republica sobre populismo nunca más.

Descubro que es la historia la que se debe repasar con el propósito de hacer una biopsia simbólica pero inequívoca en el cuerpo del infectado social.

Momento cuando el ciclo populista está sucumbiendo en una guerra de facciones internas que lo desnudan, envuelto en sus mentiras insostenibles, en sus estadísticas falsas, en sus autoalabanzas estériles, en la explosión de sus abusos institucionales, en el extremo de su temeridad política y de su fracaso económico.

Es la historia la que puede repasar en un trabajo preventivo extraer e identificar el ADN, aceptar y entender el atractivo encanto que produce para millones de personas e indicarles hacia donde van, abrazándolas con legitima convicción o mera convivencia.

Es la justificación con expresiones de fanatismo cuasi religioso, lo que nos lleva a entender la alquimia de su esencia.

Lo que propongo no es otra cosa que una tarea sanitaria que permita establecer el protocolo de acción frente a una pandemia cultural que frente a una septicemia debilito nuestra democracia y nos enfermó a todos.

Libertad o barbarie, como un alegato de resistencia a este fenómeno, que intenta a exponer las alarmas para establecer como respuesta la mentira cívica y metodológica organizada como discurso y acciones de gobierno a continuar.

La opción disyuntiva, ideológica partidaria determina hoy una bifurcación existencial: entre ser comunidad de ciudadanía plena o ser rebaño manso al servicio de impostores, unidos y organizados.

Hoy, cuando las evidencias se vuelven asfixiantes, cuando los conversos ejercitan sus mejores saltos para desconocer aquello que justificaron a viva voz, cuando parte de la sociedad observa con pavura aquello que aprobó, voto, convalido en silencio o disfruto sin consentimiento alguno.

Cuando el identikit de los delincuentes se parece demasiado a ciertos rostros que nos gobiernan y solo nos queda el esfuerzo titánico de la reconstrucción.

Nos debemos un inventario del robo organizado, de las falsificaciones utilizadas, de las instituciones pervertidas, de los métodos usados para la cooptación de voluntades y de las divisiones sociales promovidas con fines de lucro.

Es urgente establecer el grado de toxicidad de la herencia que deja el ciclo político que se resquebraja sacudido por espasmos de su propia violencia.

Es imperioso recuperar el oxígeno de la paz y el espacio natural de la convivencia en diversidad.

Es tiempo de despintarse los rostros y salir de las trincheras que cavamos para una guerra promovida por alquimistas del rencor en beneficio propio.

De allí va la idea de promover otro “Nunca más”.

Para dejar en claro la envergadura del objetivo a trazar, la profundidad de la herida a sanar y la estrategia de un nuevo pacto democrático a consolidar.

Llámese un nuevo contrato social para recuperar la república, que permita abrir un nuevo tiempo real de desarrollo humano compartido.

Una tarea largamente superior a los escarceos propios de una batalla electoral común y silvestre, disputada entre monotributistas de la política que competirán por el favor de la ciudadanía para ver quien se hace cargo de los despojos de un régimen.

Porque un Nunca más debe, por naturaleza, ser consensual y masivo, inapropiable políticamente como eslogan de una elección, ya que debe interpretarse como imperativo categórico para toda una generación.

Debe guiar los objetivos más altos y los sueños impostergables: restaurar valores humanos indispensables para reorganizar la convivencia pacífica, un espacio democrático real, un escenario publico realmente pluralista y una cultura de gobierno que adopte la convicción del ejemplo propio como la más eficaz herramienta de persuasión.

Rescatando así de entre los escombros las tantas ilusiones perdidas y los tantos desencuentros avalados que nos remitan a la luz que brilla con potencia propia y patente colectiva para probar que los argentinos podemos adherir a un nuevo contrato perdurable, a un nuevo plan de acción, no escrito como ley, pero autoimpuesto por pura conciencia compartida.

Aun así y con muchas imperfecciones y olvidos, si miramos hacia atrás la historia podremos demostrar al mundo que somos tarea mancomunada y atrás quedo la violencia política, la manifestación de un terrorismo organizado en las clandestinidades que desataron el peor verdugo: El Estado convertido en asesino serial metodológico.

Las palabras Nunca más, propuestas por alguna vez por el rabino Marshall Meyer para el trabajo de la Conadep (Comisión Nacional por la Desaparición de Personas) al haber sido el lema utilizado por los sobrevivientes del Gueto de Varsovia para repudiar las atrocidades del nazismo.

El valor bisagra de dos palabras fue lo determinante para un cambio de época y constituye el verdadero acuerdo social vigente en medio de un océano de discordias crónicas.

Hoy es tiempo de no fortalecer los demonios que involucraron en su autoría nuestra democracia como aves de rapiña entumeciendo lazos que forjamos para guiar nuestros encuentros.

Solo falta un llamado convocante que proponga una manifestación pública a esa naturaleza social expresando un: “Basta ya” para rendirle homenaje a un Estado aniquilado por un pasado que desató las consecuencias del hoy con el calificativo de autoritarismo y llegar así a la gran meta:

“Nunca más a la guerra entre hermanos”.

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