Lun. Nov 30th, 2020

“In God We Trust”, En Dios Confiamos

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“In God We Trust”, En Dios Confiamos

Joseph Robinette Biden Jr., demócrata y católico llegó a la meta final ante Trump en la versión 59° de las elecciones presidenciales en EE.UU., lid que también eligió a un tercio del centenar de senadores y 435 miembros de la Cámara de Representantes; pero… el resultado del Colegio Electoral -a cumplirse el 20 de enero del 2021- aún conlleva gresca por delante a pesar de la fe proclamada: Ambos incorporaron a Dios en sus campañas.


Por: Gary Ayala Ochoa | Director de El Minuto en Perú.


Aún se recuerda aquel 23 de enero del 2016, cuando el candidato republicano y presbiteriano, Donald Trump pronunció con ironía: “Podría pararme en medio de la Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería ningún votante, ¿OK?”. La feligresía de la Iglesia protestante de predominio blanco (Iowa) se sorprendió, pero finalmente lo aceptó ¿Por qué?, él prometió: “El cristianismo tendrá poder…”. “Si llego ahí, ustedes van a tener mucho poder, no necesitarán a nadie más. Van a tener a alguien que los representará muy, muy bien. Recuerden eso”. Y Dios, lo premió.

Las familias conservadoras pensaron entonces que tenían al candidato indicado para proteger sus tradiciones morales y hábitos generacionales. Resulta interesante rememorar la coyuntura del año 2016 donde sí ganó.


Gary Ayala Ochoa  en New York.


En dicho tiempo, la comunidad evangélica representó un quinto del electorado, de ese total el 81% votó por Trump según la Pew Research Center; posteriormente, la comunidad evangélica pensó que el reconocimiento del gobierno norteamericano a Jerusalén -como capital de Israel- era coherente con la fe cristiana. Lo fortaleció.

Mike Pence, gobernador de Indiana, igualmente, al anunciar aquel año su postulación a la vicepresidencia junto a Trump, anunció: “Soy cristiano, conservador y republicano”, resumió perfectamente un perfil político.

Cabe recordar que el Washington Post, hizo una encuesta en el 2016 y halló que el 61% de los pastores evangélicos norteamericanos prefirieron a Trump y el 52% de los electores católicos, también.

La campaña demostró que el aborto y el matrimonio homosexual, son dos ejes que se mediatizan con alta resonancia y un impactante concepto de moral. Su discurso obtiene una alta rentabilidad para quien la coloca hábilmente entre las personas y familias medianamente o muy conservadoras.

Hillary Clinton minimizó esto en aquella coyuntura electoral, pues, teniendo poderosos medios de comunicación, ONGs, miles de activistas pro género en redes y un gran presupuesto, no interpretó los valores familiares del segmento poblacional que vota en un país donde el voto es voluntario.

Luego, la versión 2020 -elecciones en pandemia- no mostró precisamente la mejor fraternidad entre dos prójimos, desde el debate inaugural:

Trump: “No hay nada inteligente en usted”.

– Biden: “Es difícil hablar con este payaso”.

Importante observar que actualmente el 45% de la población total (327.352.000) es protestante y el 20%, católica, aparte de los agnósticos y de otras minorías religiosas. El católico Joe Biden, de origen irlandés, no dejó tampoco de apelar a Dios para ganar votos, citó fragmentos de la última encíclica del Papa Francisco, “Hermanos Todos” (Fratelli Tutti), se hizo visible en Misa y portó su rosario, también acusó a Trump de racista -que alude migración latina, el muro, el resonante caso George Floyd y más-. Lo llamó falso cristiano.

Por su parte, Trump decidió nominar a la jueza católica, Amy Coney Barrett, a la Corte Suprema de Justicia; obviamente, ante la oposición de los senadores demócratas quienes pidieron hacerlo post elecciones.

Con Coney -anti aborto y de línea dura frente a los inmigrantes- Trump, obtuvo un gran referente de moral y una aparente aliada en este poder del Estado que ahora componen seis magistrados conservadores y tres progresistas.

Pero, ¿Tan complejos son los asuntos terrenales del hombre que la gracia de Dios no apacigua un escrutinio? Cuando, Trump, se rasgó las vestiduras en la madrugada del 04 de noviembre y dijo: “Esto es un fraude al pueblo estadounidense, francamente ganamos esa elección…” y se autoproclamó ganador desde la Casa Blanca (no desde una sede partidaria) anunció una judicialización: Ya no dejaría el asunto en las manos de Dios, sino en las manos de la Corte Suprema.

Un día después, Biden -acusado de socialista por Trump- también cantó victoria, pero fue más persuasivo e invocó paciencia al país.

Está claro, EE.UU., tendrá conflicto interno para rato, Biden, asumirá el triunfo en ese marco, habrá más manifestaciones de ambos lados, la asimetría política será titular en los medios globales por semanas y el mundo lo seguirá como tema extra nacional para comentar y hasta para defender a uno de ellos (como en espera de una mejora a problemas socioeconómicos y políticos locales -agravados por el virus- gracias al electo).

Es inevitable recordar a John F. Kennedy como el primer presidente apostólico y romano que ocupó la Casa Blanca; el retorno de otro mandatario con similar fe constituyó una posibilidad racional de alternancia democrática. Asimismo, el natural desgaste de la gestión Trump -agravado por el Covid-19 que cobró aproximadamente 225,600 vidas hasta fines de octubre y que Biden aprovechó en resonarlo- pasó su factura.

Vale recordar que el presidente, Dwight Ike Eisenhower, refrendó en 1956 el lema aprobado por el Congreso: “In God We Trust” (En Dios Confiamos), desde allí la frase consagró al país en una alianza con la divinidad, por cierto, qué mejor ocasión invocarlo en un contexto electoral donde se define el destino de la nación, en este sentido, Dios no discrimina a nadie, los políticos lo saben, por eso lo afilian cuando más lo necesitan.