mar. Jun 18th, 2019

Prensa de América Latina

Israel el giro hacia la derecha

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Director de El Minuto Argentina

¿llegó el fin de Palestina?

En unas elecciones reñidas, el primer ministro Bernjamin Netanyahu formó su quinto gobierno al lograr contar con apoyos suficientes dentro del Parlamento,  frente al opositor Gantz, con quien literalmente habían empatado con 35 escaños cada uno. Las elecciones se dan una circunstancia especial, dado que Estados Unidos reconoció la anexión de los Altos del Golán (ocupados por Israel en la guerra de 1967), además del anuncio del traslado de la embajada de dicho país a la ciudad de Jerusalén (cuya ocupación en su sector oriental no está reconocida internacionalmente), lo que animó en el marco de la campaña electoral a Netanyahu a proponer la anexión de territorios en la llamada Margen Occidental o Cisjordania, dando por tierra el Plan de paz que se gestó en Oslo en los 90, que desde hacía tiempo era letra muerta. Si el primer ministro apuesta a dicha tesis anexionista, puede tener consecuencias directas a la seguridad del estado israelí. Es un juego peligroso.

El conflicto árabe israelí tuvo un hito con los llamados Acuerdos de Oslo firmados en 1993 y 1994. La posibilidad de llegar a una paz era posible.  Los acuerdos de paz con Jordania y las declaraciones conjuntas palestino israelíes, abrieron las puertas para una serie de negociaciones haciendo posible la creación de la llamada “Autoridad Nacional Palestina”. Los palestinos a través de la ANP tendrían un régimen de autogobierno, ejerciendo pleno control de la Franja de Gaza y de parte de Cisjordania.  En el marco de los acuerdos con Israel se crearon las áreas A (bajo control total palestino), áreas B (control civil palestino y la seguridad en manos israelíes) y áreas C (bajo control total de los israelíes).

El proceso de paz permitió la formación de un gobierno palestino, instituciones, una fuerza de policía y los primeros pasos para la construcción de un Estado. Las fronteras definitivas entre las partes quedarían sujetas hasta alcanzar la llamada solución permanente. La OLP (Organización para la Liberación de Palestina) reconoció las fronteras establecidas de facto en la guerra de 1967.

Por: Jorge  Suárez Saponaro. Director de El Minuto Argentina

Las partes tomaron como referencia la resolución 242 de Naciones Unidas de 1967, donde instaba al retiro de las tropas israelíes de Cisjordania y la Franja de Gaza. También reconocía como fuente, la resolución 338 de 1973 de Naciones Unidas, donde instaba al cese del fuego entre las partes y reconocer las fronteras de 1967. Los Acuerdos reconocían expresamente a la Franja de Gaza y Cisjordania como una unidad política palestina, creándose un gobierno común para dichos territorios.

Los aspectos más complejos eran la ciudad de Jerusalén, el retorno de los refugiados palestinos y los asentamientos israelíes en las zonas ocupadas.  Estos aspectos, muy delicados desde lo político, fueron explotados por sectores intransigentes de las dos partes, que habilitó al crecimiento y consolidación de organizaciones políticas con posturas irreconciliables, como los partidos de derecha ultraconservadores israelíes y del lado palestino, se decantó por el terrorismo de la mano de HAMAS

La Autoridad Nacional Palestina a pesar de sus limitaciones, como por ejemplo no tener competencias en materia de espacio aéreo y marítimo, sistema monetario, ha llevado a cabo una exitosa campaña para que sea reconocido como “Estado palestino” ingresando a organizaciones internacionales como la UNESCO, la Organización Mundial de la Salud, la Corte Penal Internacional y finalmente como miembro observador de Naciones Unidas.

A pesar de las limitaciones que surgen de los acuerdos con Israel, donde este país detenta ciertas facultades y competencias, el estado palestino es una realidad de facto. La radicalización y divisiones internas en Palestina, donde sus dirigentes eran objeto de cuestionamiento de cómo era su relación con el estado israelí, fue explotado hábilmente por la rama política del movimiento Hamas. En las elecciones de 2006, este grupo ganó las elecciones parlamentarias. Este hecho fue considerado inaceptable por Israel, dado que la agenda de Hamas incluye la destrucción del estado israelí y rechaza de plano cualquier tipo de negociación pacífica.

Dentro del gobierno palestino se desató una violenta crisis, que terminó con la Franja de Gaza en manos de Hamas, la expulsión violenta de líderes del grupo al Fatah, del presidente palestino Abbas. En la Franja, Hamas, logró contar con anclaje territorial, lo que ha fortalecido a dicho grupo, a pesar de las operaciones militares israelíes y el duro bloqueo impuesto.

En Cisjordania quedó en manos un gobierno palestino muy deteriorado. La problemática de las incursiones terroristas, llevó a Israel a la construcción de barreras físicas, los llamados muros de seguridad, para impedir infiltraciones. Esto aisló y perjudicó a millares de palestinos, sujetos ahora a estrictos controles de seguridad, que ha generado más de una tensión y hasta muertes.

Israel con esta política realmente antipática para el frente externo, pero muy positiva para el frente interno. El flujo de terroristas se frenó y las colonias como áreas cercanas a Cisjordania se vieron libres de amenaza terrorista. La Franja de Gaza continúa siendo una excepción, lo que llevó a Israel a construir barreras especiales para impedir las construcción de túneles y la puesta en marcha de un complejo y sofisticado sistema para contrarrestar los lanzamientos de miles de cohetes y proyectiles lanzados por las milicias del Hamas, hacia poblaciones y comunidades rurales israelíes linderas a la Franja. En 2008 la tensión llevó a la ejecución de la Operación Plomo Fundido por parte de las fuerzas militares israelíes contra la infraestructura militar de Hamas en la Franja.

Los intentos de llegar a un acuerdo que permitiera un Estado palestino desde hace años, sin presencia israelí en la Cisjordania, resultaron un fracaso. En 2003 conocimos la Hoja de Ruta, impulsada entre otros por el llamado Cuarteto de Madrid (Estados Unidos, Rusia, Unión Europea, Naciones Unidas). La división palestina no hizo más que complicar aún las cosas. Especialmente con la formación de gobierno de la mano del grupo terrorista Hamas. En 2008 el presidente Obama buscó conciliar posiciones sin gran resultado, en un intento de superar la crisis a raíz de la citada operación militar israelí en Gaza.

El primer ministro Benjamín Netanyahu y el jefe del Ejército, general Gadi Eizenkot, el miércoles en un acto en el sur de Israel.

El ascenso político de sectores ultraconservadores y de sesgo nacionalista en el gabinete israelí de la mano de Benjamín Netanyahu, abrió las puertas al mantenimiento de la política de instalación de asentamientos israelíes en territorios palestinos. Desde la perspectiva del derecho internacional, esta acción es abiertamente ilegal, dado que estamos hablando de un territorio ocupado. Naciones Unidas ha condenado abiertamente esta política, que obedece sin ninguna duda a necesidades de la política israelí y logar el apoyo de la población más conservadora o religiosa en las elecciones.

El tema de la ciudad de Jerusalén ha sido otro tema insoluble. Israel considera por ley, que es la capital del Estado, anexión que ha sido objetada internacionalmente. Los palestinos reclaman el sector Oriental como su capital.

Las profundas divisiones entre los palestinos y la presencia de grupos radicalizados generan temores en materia de seguridad para Israel., pero esta radicalización también se debe a la imposibilidad de llegar a un acuerdo y los abusos resultantes de la política de “asentamientos”, que junto a los muros de seguridad, afectan a la viabilidad económica palestina.

El avance territorial israelí, no hace más que exasperar ánimos. El gobierno palestino que ha recibido durante muchos años una importante ayuda internacional, no ha sido capaz, a pesar de la situación adversa de revertir la situación de la población bajo su control. Estamos ante un verdadero callejón si salida.

sondeo muestra que tras el atentado contra una sinagoga de Jerusalén, en el que murieron siete personas- cuatro rabinos, un policía y los dos atacantes palestinos- el electorado israelí ha girado más hacia la derecha.

El primer ministro Netanyahu, en el marco de la campaña electoral – por cierto bastante reñida – sobre la base del “espaldarazo” dado por el presidente de Estados Unidos, el polémico Donald Trump, sobre reconocer la soberanía israelí de los Altos del Golán, lo ha incentivado de alguna manera a apoyar la idea de anexión de los asentamientos israelíes en Cisjordania.

Esta acción da por tierra los acuerdos de paz iniciados en 1991 en Madrid y crea el campo propicio para que posiciones radicalizadas encuentren terreno fértil, además de ser contrario al derecho internacional. Esto es algo difícil de digerir para la opinión pública israelí, o un sector de ella, que considera que la Cisjordania forma parte del “Israel bíblico” y por ende encentran legitimidad en la propuesta del primer ministro Netanyahu.

La tesis anexionista y sus potenciales derivaciones

Israel de la mano del gobierno conservador de Netanyahu ha tenido un régimen de estabilidad económica importante, con un crecimiento económico discreto del 3%, pero sostenido y un desempleo del 4%. Algo muy valorado en un país con pasado inflacionario y mucha inestabilidad económica. A pesar de las crisis con grupos extremistas como Hezbollah o Hamas – que en noviembre de 2018 lanzó cientos de proyectiles – el gobierno no se vio arrastrado otra guerra, como más de un experto vaticinaba. A pesar que las encuestas no favorecían al primer ministro y la coalición entraba en una severa crisis, tras la salida del “halcón” Liberman, como ministro de defensa, pudo superar el temporal y como se ha visto, formará un quinto gobierno de derechas, logrando que se sumen a sus 35 diputados del partido Likud, 65 de otros partidos que formarán una nuevo gobierno  de coalición, superando al centrista Gantz.

Este es un general retirado, muy bien conceptuado, que en su momento el primer ministro Netanyahu, le ofreció el cargo de ministro de defensa. El general optó por seguir su propio camino, en el marco de la coalición Azul y Blanco, donde las encuestas le daban una ligera ventaja sobre el Likud, pero no la suficiente para formar gobierno.

El opositor Gantz habló de una posible retirada de Cisjordania, pero manteniendo el control sobre el Valle del Jordán, Jerusalén Oriental y los Altos del Golán.  Ante la perspectiva de una dura elección, dado que nadie tiene el control suficiente de los escaños del Parlamento para formar gobierno por sí solo, llevó a Netanyahu hablar abiertamente de las llamadas “Areas C” fijadas por los acuerdos de Oslo, que implican el 60% del territorio de Cisjordania. Se diferenció claramente del líder Gantz y señaló claramente que no sacaría a un solo colono de las zonas ocupadas. No cabe duda que esto en el electorado conservador tuvo su efecto y permitió que el Likud consiguiera los apoyos necesarios para formar gobierno.

Pero no olvidemos que el primer ministro que ha logrado tener un quinto mandato, ha sufrido escándalos de corrupción y que eso es objeto de una investigación judicial, y que pronto deberá dar explicaciones. La espinosa cuestión de las colonias israelíes en zona ocupada, sin ninguna duda ha servido de distracción. A pesar del costo político y de seguridad que podría implicar la anexión de las llamadas Áreas C, el respaldo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le permitiría a Israel supera el temporal que se avecina, si dicho plan es llevado a cabo en su totalidad.

La anexión podría acarrear diversos desafíos y problemas de diversa índole. Un grupo que aglutina a cientos de oficiales y expertos de inteligencia retirados israelíes, en un comunicado, publicado por El Comercio de Perú “Está claro que el plan no pretende quedarse en un cajón: la anexión está aquí y traerá consigo un Estado binacional con 2,6 millones de palestinos que vivirán donde quieran en Israel y se moverán sin restricciones. Sanidad, educación y bienestar: nosotros pagaremos el precio. Este desastre debe ser parado antes de que sea demasiado tarde.  La batalla demográfica es algo que poco se habla, pero el crecimiento de la población árabe es superior la israelí, esto plantea numerosos desafíos y una presión constante.

La idea de anexión puede ser explotada por grupos radicalizados, como Hamas y actores externos, como Irán, que puede explotar hábilmente el descontento, atraer grupos radicalizados y lanzar acciones desestabilizadoras, teniendo como punta de lanza, al grupo Hezbollah. Sus combatientes han adquirido importante experiencia militar luego de años de guerra en Siria, finalizada dicha contienda, millares de ex combatientes, podrían ser movilizados en otra escalada.

El Estado Nacional judío en la era Trump

Los países árabes, agobiados por graves problemas internos, divisiones, pueden encontrar una vez más en el tema palestino, en una válvula de escape, donde pueden canalizar su accionar distintos grupos extremistas. Ironías del destino, el estado palestino pudo ser una realidad, si los árabes lo haberlo querido, dado que Gaza como Cisjordania como Jerusalén Oriental, fueron administradas por Egipto y Jordania. Pero no lo hicieron, Jordania, vio la posibilidad de crear un estado viable, gracias a las posibilidades en materia agrícola y turismo que brindaban Cisjordania; Egipto en las manos del nasserismo, decidió disolver el gobierno palestino que existía en Gaza desde 1948 hasta 1959.

La ocupación israelí de 1967, puso en el olvido esta posibilidad negada a los palestinos por parte de los estados árabes. El tiempo pasó, llegaron los asentamientos israelíes, las políticas anexionistas, la escalada terrorista, hasta llegar a un punto de no retorno.  El Estado palestino o Autoridad Nacional palestina, no tuvo la voluntad o no quiso frenar la escalada de violencia promovida por sectores radicalizados, no fue lo suficientemente pragmático en determinadas cuestiones sensibles, como Jerusalén Oriental y los refugiados. De alguna manera los extremistas se salieron con la suya, lograr el endurecimiento de Israel, debilitar al gobierno en Ramallah, para de alguna manera convertirse a mediano plazo, en los únicos referentes del movimiento palestino, controlado por el extremismo islámico. Esto sería una verdadera tragedia en materia de seguridad en la región.

La política anexionista israelí, llevaría al estado palestino a ser una suerte de entidad simbólica, reducido a la más mínima expresión.

Los Acuerdos de Oslo, directamente serían letra muerta y se volvería a foja cero, donde los únicos beneficiarios serían los violentos. Sin ninguna duda se abre un serio dilema para los líderes políticos de Israel, un actor clave en el Oriente Medio, especialmente para Occidente.

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