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Kiev Bajo Fuego

El Minuto | Kiev es la capital de Ucrania, dividida por el rio Dniéper y conocida por su arquitectura religiosa, los monumentos seculares, los museos de historia y las mujeres más hermosas del planeta entre otras.

Por: Daniel Defant | Corresponsal de España

El monasterio de las Cuevas de Kiev data del siglo XI es un sitio de peregrinación que abarca varias iglesias con cupulas doradas.

Es conocido por sus catacumbas rodeadas de cámaras fúnebres de monjes ortodoxos y una colección de objetos de oro de antiguas épocas escitas.

Con una superficie de 839 kilómetros cuadrados y una elevación de 179 metros con 2884 millones de habitantes; con un clima agradable de temperaturas que oscilan en los 16 grados centígrados, vientos de 6 kilómetros por hora y una humedad de 28 por ciento con hoteles de 3 y 5 estrellas que rondan entre los $5.070 y $ 25.523 la noche.

Hoy es una capital sacudida por esta guerra iniciada el 24 de febrero por Rusia, lo que hace que ya quede poco del “Retroville” el mayor centro comercial y shopping de esta emblemática ciudad en el que Rusia sostiene se albergan armas.

Lleva esta Ucrania unos 3,5 millones de refugiados que lo han perdido todo abandonando sus tierras y casas en busca de una sobrevida truncada a la deriva de la suerte en los vaivenes de la guerra donde Rusia ve a la OTAN como una potencial amenaza a pesar del colapso de la Unión Soviética.

Vladimir Putin ha rediseñado un nuevo mapa con grandes cambios geopolíticos donde el mundo no sería ya el mismo que fue o ha sido.

En definitiva, cual es el secreto oculto de esta guerra en que al parecer las cosas no le estarían saliendo del todo bien como Vladimir las ha diseñado.

La OTAN (Organización del Tratado Atlántico del Norte) es un Tratado celebrado allá por 1.949 después de la Guerra fría cuyos países fundadores se destacan EE.UU, Canadá, Reino Unido, Francia y algunos otros que se fueron sumando hasta llegar a ser 30 miembros que hoy la conforman: Albania, Alemania, Bélgica, Bulgaria, Canadá, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, EE.UU, Estonia, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Lituana, Luxemburgo, Macedonia del Norte, Montenegro, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Republica Checa, Rumania y Turquía.

Con sede en Bruselas, capital de Bélgica.

Rusia ve la OTAN como una amenaza y entre sus principales pretensiones es que la misma no se siga extendiendo.

Pide garantías de que la OTAN no se extenderá más, algo a lo que los países miembros se han resistido.

A pesar de los grandes Cambios Geopolíticos que se produjeron en el mundo desde su fundación su objetivo sigue siendo siempre el mismo: Que la OTAN sea una alianza de defensa colectiva.

Un ataque armado contra uno o varios de ellos ya sea en Europa o América del Norte será considerado por la OTAN como un ataque contra todos ellos.

El principio de defensa colectiva se escoge y está contemplado en el artículo quinto del Tratado del Atlántico Norte y es crucial para países más pequeños que estarían indefensos; Islandia por ejemplo no cuenta con un ejército propio.

Cada país debería gastar el 2% de su PBI en defensa, pero la mayoría de países no están alcanzando este objetivo.

Esto es a modo de contribución a los EE.UU para ser miembros de la OTAN que en tiempos de Donald Trump se exigía que devolviesen los déficits pasados.

En 2021 solo siete países cumplieron o alcanzaron el objetivo.

Cualquier país integrante de la OTAN que sea tocado desataría hoy una tercera guerra mundial razón por la que Rusia no quiere quedarse sola y exige a otros países no formar parte de la OTAN.

Mas allá de esta guerra, Rusia es hoy un imperio en decadencia, y sin poder cumplir con sus aspiraciones del nuevo rediseño geopolítico.

Busca ayuda en otros poderosos como la China, que no termina por dar un apoyo definitivo por las sanciones económicas que impone los EE.UU por sobre todo en tecnología.

Es una guerra que nos duele, mientras los poderosos muestran su poderío ante sus ansiadas pretensiones.

Es la OTAN contra Rusia que siente quedar cada vez más cercada, no es otra cosa más que esto y pone acento en países limítrofes como Ucrania.

Es una guerra informática, donde lo digital es político y está dando pruebas a quienes creían que con la llegada del 2020 el mundo serio y turbulento tendría complicaciones de toda índole.

El 2021 comenzó recargado: a solo seis días de comenzado el año, una multitud irrumpió en el Congreso de los Estados Unidos bajo el lema “Save América”, como forma de protesta por la derrota fraudulenta de un Donald Trump que hoy se ve brillante al cortar tela sobre los problemas de la representación política en este siglo XXI incitado por la violencia extrema.

Twitter decidió eliminar la cuenta del presidente de los EE.UU que contaba con 89 millones de seguidores.

Trump superaba lejos al premier indio Narendra Modi y al actual Joe Biden que en su momento solo contaba con 24 millones de seguidores.

La inédita acción de Twitter no es sobre la libertad de expresión, ellos quieren promover una plataforma para la izquierda radical donde parte de las personas más agresivas del mundo pueden hablar con libertad. Permanezcan atentos.

En el mundo de datos y algoritmos que caracteriza la Cuarta Revolución Industrial, no está del todo claro quien establece las reglas tanto del debate público como de otros ámbitos de la política, el caso Twitter versus Trump es un indicador que la guerra ya estaba desatada.

¿Estamos avanzando hacia un mundo donde aquellos que marcan los límites de lo que podemos hacer y lo que no son las entidades privadas con el mejor algoritmo?

¿Quién tiene el poder entonces?

¿Qué tan libres somos para tomar decisiones en un mundo así?

¿Quién pone las reglas entonces?

¿Cuánto falta para que se haga lo mismo con los expedientes judiciales y sea una maquina la que llegue a la conclusión sobre cuál sería la sentencia más “justa” para alguien acusado de un delito?

Puede haber chatbots que sean “mejores políticos” que los seres humanos?

No lo sabemos. Probablemente si sean más honestos.

Todos los interrogantes no fueron al azar, representan los cambios que están experimentando el poder, la libertad, la justicia y las democracias más allá de una guerra en donde KIEV está bajo fuego.

Es por esto que hablamos de una guerra informática desatada que resulta de vital importancia para los actores que forman parte de las decisiones políticas estando cada vez más informados, conociendo de sus ventajas, sus potencialidades y peligros de las tecnologías emergentes, para que puedan dar respuestas a estos interrogantes.

Es cuando nos estamos entonces preguntando: ¿Porque debería la política dar respuestas a todo ello?

Es muy sencillo: lo más probable es que, si el sistema político no tiene respuestas, los desafíos que implica la tecnología se lleven puesto al propio sistema político, como ya ha sucedido en una multiplicidad de ocasiones a lo largo de la historia.

Sabemos que hay crisis de representación en las sociedades contemporáneas.

Sabemos que aún hay una primavera en las redes sociales.

Sabemos que el efecto Trump no ha dejado de ser desapercibido.

Sabemos que hay una batalla por los datos.

Sabemos que los datos están dominando nuestro mundo.

Sabemos de los commodities del siglo XXI al referirnos a los bienes primarios.

Sabemos que hay una batalla por el espacio y el renacimiento espacial.

Sabemos que hay una batalla cultural para cambiarlo todo.

Sabemos que la guerra ya está desatada y puede ser el anti capítulo al que debemos prestar atención a las opiniones de los sabios, ya que ellos son los que tienen la mayor percepción basada en experiencias que nos ayuda a mirar correctamente la realidad.

Solo nos resta poner en acción algunos hábitos que se están volviendo cruciales como perder el miedo a fracasar, la perseverancia para volver a intentarlo para encontrar soluciones nuevas a problemas viejos, tener creatividad, desarrollar competencias multiculturales, aprender a pensar en términos de lo improbable, ser un poco más ingenuos y animarnos a pensar en grande.

Todos nuestros hábitos para el futuro tienen que ver con habilidades que no siempre nos enseñan.

Todo fracaso conlleva los mil intentos para descubrir que existen 999 maneras de cómo hacer una bombilla.

Haber fracasado es el invento de frustrarnos y desalentarnos donde en el fondo de la cuestión es aprendizaje.

Los niños huidos de esta guerra ya no obtienen visa en el consulado americano para ingresar a Disney… solo huyen.

Es una actitud que podría resultarnos ridícula, a nosotros que todo lo sabemos, porque somos seres humanos con el diario del lunes, pero no difiere mucho de la forma de pensar de la mayoría de los de nuestra especie.

De hecho, la propia ciencia nos enseña que tenemos que pensar de cual o tal manera tomando determinados patrones que se repiten en el tiempo y lo vuelve a nuestra lógica, para entender el mundo y crear la ilusión de que sabemos y que a todo lo tenemos controlado.

Todo va bien hasta que la propia realidad se encarga por tirar por la borda todas nuestras certezas.

Si pensamos solo en términos de lo probable y de lo que ya sucedió, nunca vamos a estar listos para aquellos eventos que nos terminan tomando por sorpresa, y que por ende tienen un enorme impacto en nuestras vidas como puede ser esta guerra; KIEV está bajo fuego; llevar este pensamiento al extremo podría preocuparnos, y es bueno que así sea.

Vivimos en un mundo donde la mayoría de las cosas importantes son muy difíciles de predecir o de comprender, y en cualquier momento podría pasar algo que nos cambie radicalmente sin que lo esperemos, pero no nos alarmemos… al menos no demasiado. Existen formas de no ser tan frágiles y sensibles a estos cambios que son inevitables.

Quizás sea esta guerra, quizás no.

La Cuarta Revolución industrial ya está en marcha y esta guiada por un sueño: que la tecnología nos cambie la vida a todos nosotros y no solo a unos pocos

Nuestro gran sueño es que nadie quede afuera en este mundo del futuro, que todos podamos dar esa batalla; todo conlleva una pequeña dosis de ingenuidad; ojalá que así sea.

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