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Kiribati: “El drama de los refugiados ambientales”

El Minuto | El cambio climático es una realidad e impacta de lleno en muchos países subdesarrollados a una situación crítica. Esto quedó reflejado en la entrevista al ministerio de Exteriores de Tuvalu, Simon Kofe para Diario El Minuto. En muchos puntos del globo, observamos migraciones impulsados por la desertificación, y en otros casos, el avance de los océanos, que puede terminar con la desaparición de muchos estados insulares. Kiribati es un ejemplo.

Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director  El Minuto para Argentina

En la década del 90, Naciones Unidas advirtió sobre el incremento del nivel de los mares como iba afectar a países como Kiribati. Las antiguas islas Gilbert (Kiribati es la pronunciación en idioma local), tienen una superficie de 811 km2. Son 32 atolones y una isla coralina, Banaba, antiguo centro de la minería del fosfato, dispersos en una superficie de 3.2 millones de km2 de espacios marítimos jurisdiccionales.

Las islas fueron pobladas a partir del 3.000 a.C. por poblaciones austronesias.  Posteriormente hubo aportes melanesios y desde 1300 d.c, llegaron poblaciones desde Samoa. Esto puso fin a prácticas como el canibalismo. Hacia el siglo XV, las islas estaban gobernadas por dos sistemas, por un lado, los territorios del norte, eran gobernados por jefes absolutos, y los del sur, por consejos de ancianos.  Hasta la llegada de los europeos, las islas vivían en constante conflicto. En 1820 las islas fueron recorridas por el almirante ruso Adam von Krusenstern, que dirigió la primera circunnavegación rusa del globo, que denominó las islas como “Gilbert”.  Los europeos estuvieron presentes anteriormente, pero no habían hecho acto de presencia efectiva.

Tembinok de Abemama, inmortalizado por el novelista estadounidense Robert L Stevenson en 1889, fue el último gran jefe isleño que ejerció el control sobre parte de las islas que componente en actual Kiribati. Las islas también se veían afectadas por la visita de barcos europeos en busca de trabajadores, generalmente reclutados por la fuerza. Varios miles de nativos no volverían jamás a su tierra natal. En 1892, las islas eran parte del Imperio Británico.  La copra y el fosfato fueron los productos de la colonia, que incluía las islas que forman el estado de Tuvalu (denominado islas Ellice). Las islas fueron ocupadas por los japoneses en 1941, parte de su población fue esclavizada y enviada a trabajos forzados en la base naval de Truk. En la isla de Tarawa, sería protagonista de una de las grandes batallas del Pacífico, con el desembarco de los “Marines” norteamericanos.  Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los británicos, evacuaron la población de la isla de Banaba, trasladándolos a la colonia de Fiji, más precisamente la isla Rabi.

Eran sobrevivientes de la masacre perpetrada por los japoneses cuando ocuparon la isla. Banaba fue objeto de la explotación intensiva del fosfato y de abusos de la empresa PPC, que monopolizaba el mineral, de la mano de obra nativa. Parte de los isleños retornaron a Banaba a fines de los 70. Incluso hubo acciones legales contra la Corona Británica, que fracasaron, en el reclamo por regalías y compensaciones por daños ambientales.  También hubo acciones y reclamos contra el gobierno de Kiribati, por el uso de fondos provenientes de la explotación de fosfato, que quedó en punto muerto. Incluso la comunidad Banaba de la isla Rabi, exigió que su antiguo terruño pasara a manos de Fiyi, algo que fue rechazado de plano por Kiribati.

El caso Banaba los primeros “refugiados ambientales”.

La vida en aquella remota isla sin agua potable, es sumamente difícil, agregándose las consecuencias de la explotación del fosfato de tiempos pasados. Sus 300 habitantes llevan una vida precaria y en en un ambiente de aislamiento.  El consejo local apeló a los gobiernos de Nueva Zelanda, Reino Unido y Australia, responsables en su momento de la explotación del fosfato, para reconstruir cuevas que eran empleadas para almacenar agua de lluvia, empleada en tiempos anteriores a la ocupación europea. La antigua empresa BPC, propiedad de los citados estados y el Reino Unido, removieron 22 millones de toneladas de tierra, que ayudó al desastre ambiental que es la isla. En una nota del diario The Guardian señalaba Otro impacto de la minería fue la construcción de viviendas con asbesto, que al ser inhalado puede provocar cáncer de pulmón y mesotelioma, ambas enfermedades mortales.  Podemos afirmar que los primeros “refugiados ambientales” fueron los pobladores de Banaba enviados a la isla Rabi, sin ser consultados y de manera compulsiva por parte de los británicos, dado que la vida en su tierra natal, era inviable por la explotación minera. Los reclamos de los descendientes de los “banabas” ha sido una constante en la política de Kiribati, agregándose los pedidos por reparación por los daños sufridos.

Las islas Gilbert se transforman en la República de Kiribati

En los años 50 y 60, las islas Navidad, fueron escenario de ensayos de armas nucleares por parte del Reino Unido y Estados Unidos, con sus consecuencias ambientales presentes hasta hoy día En 1967 las islas Gilbert y Ellice obtuvieron un régimen de autogobierno. En 1974, las islas Ellice solicitaron separarse de Gilbert. Esto fueron los pasos para la creación del estado de Tuvalu en 1978.  En 1979, finalmente las islas Gilbert, se convirtieron en una república, Kiribati. El fin de la explotación del fosfato, transformó al joven país en dependiente de la ayuda internacional, la venta de licencias de pesca, exportación de copra, las remesas de trabajadores emigrantes y del fondo fiduciario de la explotación del fosfato. Este ha sufrido severas fluctuaciones, por el nivel de déficit presupuestario y la crisis financiera global de 2009. 

La política local, tuvo algunos aspectos destacables como los intentos de coartar la libertad de expresión, por una controvertida ley en 2002, facultando al gobierno a cerrar periódicos opositores. A pesar de estos incidentes, la política local ha estado marcada por el Cambio Climático, el incremento del nivel del mar y el drama de un país que carece de sustento para sus 100 mil habitantes, que la mayoría viven hacinados en la capital Tarawa. 

Por las características de las islas y atolones, el agua del mar se mezcla con los depósitos de agua dulce. Diversos estudios revelaron que el país, puede desaparecer en los próximos quince años. En junio de 2008, el presidente de Kiribati, Anote Tong, dijo que el país había llegado al “punto sin retorno” y señaló además Planear para el día en que ya no tengas un país es realmente doloroso, pero creo que tenemos que hacer eso.  A lo largo de sus dos mandatos como jefe de estado, ha viajado a diversos países, denunciado los peligros que se cierne sobre muchos países insulares, ante el calentamiento global- Desde ese momento hubo peticiones a los gobiernos de Nueva Zelanda y Australia para dar asilo a millares de ciudadanos de Kiribati, cuando dicho país pueda desaparecer bajo las aguas del Océano Pacífico.

En el marco de esos reclamos, se llevó a cabo una petición judicial por parte de un ciudadano de Kiribati para ser considerado refugiado ambiental y que generó, que el mismo Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas se pronunciara al respecto.  Por otro lado, el gobierno ha llevado a cabo la compra de tierras en las islas Fiyi, para reasentar a sus ciudadanos, cuando el peor escenario se haga realidad.

En 2013 un ciudadano de Kiribati, Ioane Teitiota, emprendió durante cuatro años una batalla legal contra el gobierno de Nueva Zelanda, en un intento de sostener que su salida del país, se debe al cambio climático que amenaza la existencia su país natal. En la presentación realizada por Teitiota, se basó en la ley migratoria neozelandesa, Immigration Act 2009, en los términos de la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951; y solicitó la protección conforme al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.  La Justicia de Nueva Zelanda rechazó el pedido “el aumento del nivel del mar puede hacer que la república de Kiribati sea inhabitable en un plazo de 10 a 15 años, como lo señala (Teitiota), (pero) este tiempo podría permitirle a la República de Kiribati intervenir, con la asistencia de la comunidad internacional, para tomar medidas destinadas a proteger y, cuando sea necesario, reubicar a su población”. Esto abrió las puertas para un interesante debate jurídico – político. Finalmente, Teitiota fue deportado en 2015. El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, se pronunció contraria al fallo de la justicia neozelandesa. Sentando un interesante precedente en materia de doctrina.

Desde el mismo portal de noticias de la ONU, señala al respecto El Comité determinó que en el caso específico de Teitiota, los tribunales de Nueva Zelanda no violaron su derecho a la vida en el momento de los hechos, porque la evaluación exhaustiva y cuidadosa de su testimonio y otra información disponible condujo a la determinación de que, a pesar de la seriedad de la situación, en Kiribati se habían adoptado medidas de protección suficientes. Asimismo, el Comité apoyó los argumentos de Teitiota, en su defensa legal al pedir asilo como “refugiado ambiental” al señalar que el riesgo de que un país entero se sumerja bajo el agua es extremo, las condiciones de vida en dicho país pueden volverse incompatibles con el derecho a la vida con dignidad antes de que el riesgo se realice. Considerando que, sin esfuerzos nacionales e internacionales sólidos, los efectos del cambio climático en los estados más vulnerables pueden exponer a las personas a una violación de sus derechos contemplados en el artículo 6 del PIDCP, lo que activaría la obligación de non-refoulement por parte de los Estados receptores de migrantes por los impactos climáticos; y en este sentido la obligación de no extraditar, deportar o transferir de conformidad con el citado artículo puede ser más amplia que el alcance del principio de non-refoulement de acuerdo con el régimen jurídico internacional de los refugiados, lo que incrementaría el marco de protección para aquellos que NO tienen el estatus de refugiado. Por lo tanto, el Comité observa que deben de considerarse las violaciones de derechos humanos causadas por la crisis climática en el país de origen del migrante al examinar casos de deportación.

Los expertos aseguraron que el daño inducido por el cambio climático puede ocurrir tanto a través de eventos repentinos (como tormentas e inundaciones intensas) como a través de procesos más largos (como el aumento del nivel del mar, la salinización y la degradación de la tierra). Ambos tipos de situaciones pueden llevar a las personas a cruzar las fronteras para buscar protección. (Kate Schuetze, investigadora sobre Oceanía de la organización Amnistía Internacional). A pesar del fallo judicial, la realidad en Kiribati, pone en evidencia el drama ambiental que vive el país.  La capital Tarawa, aloja a la mitad del país, alcanzando los 50.000 habitantes, dado la emigración de muchos hacia dicha localidad, por el incremento del nivel del mar, que hace inhabitable un número creciente de islas.  

El crecimiento del nivel del mar pone en riesgo el acceso al agua potable, obtenido de agua de lluvia y almacenado en depósitos naturales. El nivel de salinidad puede dejar al país sin agua potable por un tiempo que se puede prolongar hasta dos años.  Dos atolones Abanuea y Tebua Tarawa (esta última utilizada por los pescadores) ya han desaparecido bajo las olas. Pareciera que el país vive una cuenta regresiva. La situación es cada vez más complicada. La salinidad del suelo, los huracanes, superpoblación hacen inviable la agricultura y producir alimentos, que deben ser importados con su impacto negativo en una economía endeble y completamente dependiente de la ayuda internacional.

En 2016, fue electo un nuevo jefe de estado, Taneti Maamau. Bajo su liderazgo el país mantiene la preocupación por su posible desaparición y da un giro en su política exterior, al acercarse a China y romper lazos con Taiwán. Por otro lado, Estados Unidos se ha comprometido a mantener programas de ayuda, en su momento llevado a cabo por el Cuerpo de Paz, que levantó escuelas, centros de salud, etc. El país, en sus aguas jurisdiccionales, tiene una de las reservas marinas más importantes del mundo, la llamada Área Protegida de las Islas Phoenix, creada en 2006 con una superficie de más de 400.000 km2, pone en evidencia el valioso patrimonio marino que tiene el país y también el intento de buscar en el turismo una fuente de ingresos alternativa.

La precaria situación del país, ayuda a la emigración hacia Australia y Nueva Zelanda, además del clima de incertidumbre, ante la posibilidad que los ciudadanos de Kiribati, se queden sin patria, cuando el nivel del mar avance aún más sobre dicho país. No solo se ha hecho un llamado desde el Comité de Derechos Humanos, sino de otros organismos como el Banco Mundial, para abrir las puertas al concepto de “refugiado ambiental”.

El tiempo corre y pareciera que los días de Kiribati y otros países insulares, están contados. Millares de sus ciudadanos se verán obligados a buscar un nuevo “hogar” con sus consecuencias políticas, económicas y sociales.