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Noticiero

La Crisis Como Estilo de Vida

Cuando un país persiste por décadas en elegir autoridades entre candidatos aborrecidos, significa que ha llegado la hora de examinar al elector.

Por: Gary Ayala, Director de El Minuto en Perú


Después de una guerra, surgían los generales estrategas, hoy es tiempo de los opinólogos. El resultado electoral que aun sorprende y deprime más a la sufriente población peruana debido a las consecuencias de la segunda ola pandémica, ha promovido reactivamente la aparición de una legión de analistas premonitorios sobre el apocalíptico destino del Perú cualquiera gane la presidencia en segunda vuelta: Pedro Castillo o Keiko Fujimori.

La confirmación estadística de la Oficina Nacional de Procesos Electorales, ONPE, con más del 19% de votos para Castillo (PC) y del 13% para Fujimori (KF) trae nuevamente un escenario irónico entre un candidato de la temida izquierda con tolerancia legal y a otra de la extrema derecha con lideresa bajo proceso por crimen organizado, lavado de activos y pedido de 30 años de cárcel por la Fiscalía. Nadie lo soñó pero ahora es una pesadilla.

La Nueva Cultura Cívica

La presencia de “outsiders” (candidatos surgidos abruptamente), la decisión del voto a pocos metros del ánfora electoral, y la funesta opción por el “mal menor” han sido factores presentes en los últimos 30 años como impulsadores de un devenir sin ningún tipo de compromiso del candidato ganador respecto a la ciudadanía. La impunidad, como aureola política de quienes asumieron el poder, ha constituido un signo.

La pandemia mediática, por su parte, aquel virus producido post 2da. Guerra mundial con la guerra fría y que fuese expandida desde los ’60 por las agencias de noticias hasta llegar a los canales digitales es la única plaga sin vacuna. La infección mental de generaciones, sin protocolos de protección -por ejemplo, vía políticas de educación- de parte de gobiernos dóciles a los poderes mundiales, entrega hoy la factura de vivir en lo irreal.

El exterminio de la lectura como expresión de modernidad, de identificación con el éxito basado en el ímpetu donde no existe la necesidad del análisis social también hace lo suyo. La conducta electoral presentada en momentos fotográficos por las malévolas encuestadoras y no como contextos con historia, revela que es necesario refundar el aprendizaje desmitificador.

El libre mercado como templo de la feligresía más grande de todos los tiempos -que influye de modo invasivo a la inteligencia humana- es el gran espejismo global.

Y el individualismo como pauta moral, que decreta una visión del mundo, promueve la extinción del sentimiento de comunidad -incluso de familia- lo cual aleja la idea de nación.

La “Experiencia Socialista” en Perú

Desde los tiempos pre incas (anteriores al siglo XII d.C.) la territorialidad del actual Perú, tenía el predominio socieconómico de la producción y utilidad de los campos de modo colectivo, principalmente en la Costa y la Sierra. Los Incas, posteriormente, establecerían lo que muchos estudiosos han coincidido en llamar “socialismo andino” por la distribución de la tierra desde una autoridad vertical, pero con el criterio de atención para todos.

En efecto, cada pueblo conquistado, era respetado en sus creencias y dioses, luego sus áreas cultivables se repartían, en primer lugar, para el templo del sol, después para el Inka y una tercera parte para el pueblo donde se distinguía a la nobleza local y al hombre llano. Nadie se quedaba sin posesión, ni las mujeres quienes también recibían una porción de tierra (cuando en Europa existía una gran discriminación de derechos para la mujer).

El trabajo en el imperio incaico era colectivo, el pueblo labraba en un ámbito festivo y la producción -aparte de ser destinada para su sostenimiento- era almacenada en parte para el ejército y los tiempos de guerra, para repartirse durante las sequías o periodo críticos, además para atender a los ancianos, viudas y huérfanos. Era obligatorio trabajar los caminos, acueductos, templos y otras obras de beneficio público, no existía la iniciativa personal, pero tampoco el hambre. Con la presencia europea, todo cambió.

El Nuevo Tiempo

Al año 2021, la última jornada electoral (11 de abril) con 18 candidatos en concurso para la presidencia de un país de 33 millones de habitantes, quedó como el día más dramático del nuevo siglo ya que junto a las tensiones por la pugna de los votos se tenía en la memoria a más de 55,400 fallecidos por el covid y más de 1’655,000 infectados desde un año atrás. Peor todavía, la incertidumbre fue extendida: Segunda vuelta para el 6 de junio.

Luego del shock generado, la polarización del país está marcada por una línea entre el “Terrorismo” vs. “Corrupción”.

Surgieron denuncias sobre ánforas con votos anticipados a favor de KF, diferencias entre el número de electores en mesa y los contabilizados en ONPE, visitas sospechosas del jefe de la ONPE, Piero Corvetto, a la sede partidaria de KF durante las elecciones del 2016; asimismo, la contratación de la ONPE a CANVIA (proveedora de servicios informáticos para las elecciones 2021) cuyo gerente, fue a la vez gerente de una empresa del grupo Graña y Montero, grupo que entregó US$ 25 mil a KF en la campaña del 2011. Y más.

Las denuncias de mayor calibre contra PC lo vincularon a organizaciones como SUTE-Conare (magisterial) y Movadef (brazo político) ambas acusadas de operar bajo la influencia del grupo terrorista Sendero Luminoso. También se cuestionó su intención de tumbarse al Tribunal Constitucional y de pretender convertir a Perú en la nueva Venezuela. Se recordó además que Vladimir Cerrón, dirigente de Perú Libre, tiene sentencia judicial.

El nuevo Congreso (130 miembros) tiene sin duda en el ex presidente, Martín Vizcarra (obtuvo 165,308 votos, 60,300 más que el segundo) a un visibilizado personaje ya que la gran anti campaña mediática de la oposición desde el año 2020, que lo acusó de corrupto, no pudo derribarlo en contienda. En post elecciones, el Congreso lo ha inhabilitado por diez años para asumir cargos públicos, pero ciertamente aun cuenta con el camino judicial.

Numerosos analistas han coincidido en que los 37 congresistas de Perú Libre con Castillo presidente no lograrían mucho ya que su empatía, por ejemplo, con Juntos por el Perú (también de izquierda) con 5 congresistas, no es segura. Contrariamente, los 24 electos de Fuerza Popular con Fujimori presidenta contarían con Renovación Popular, 13; Avanza País, 7; Acción Popular, 17 y Alianza Para el Progreso, 15 (considerados de derecha).

De este modo, las diez organizaciones que lograron colocar congresistas -ninguna con mayoría determinante- tendrán que establecer una convivencia basada en negociaciones y consensos entre sí de modo que puedan constituir un equilibrio de poder con el Ejecutivo.

Tiempos de guerra

Como en cada guerra convencional, todas las armas se validan mientras logren sus fines, de hecho, todas tienen ahora un blanco: El elector, sujeto disciplinado en absorber cuanta noticia, entrevista, encuesta, mensaje o posteo digital se difunde a través de las diversas plataformas. Por tal razón, en esta etapa, los misiles mediáticos truenan más para desacreditar al rival, que para anunciar un programa de gobierno.

La pandemia global ha perturbado proyectos de vida, planes de desarrollo y estilos de vida, ha inducido a realizar lo que no se pensó y a suspender lo planificado, tiene al ciudadano disminuido en su inmunidad integral y por añadidura puede haber debilitado su consistencia principista, ergo, podría ceder con más facilidad ante el pregón del político embaucador. Una preocupante hipótesis.



Decidir entre un supuesto pro terrorista y una acusada de corrupción con evidencias que involucran a su propia familia, puede resultar muy difícil o muy fácil. Dependerá de la intensidad de contaminación mediática del elector, de su inmunización con lectura y análisis, de su visión humana cultivada en principios y de su voluntad para superar por fin a la crisis como estilo de vida.

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