lun. Oct 14th, 2019

La crisis Irán Arabia Saudita

El ataque a un importante complejo de refinerías de petróleo de la estatal saudita ARAMCO, por parte de drones, generó una crisis internacional, con acusaciones cruzadas entre Irán y Arabia Saudita. Las responsabilidad del ataque fue asumida por las milicias houtíes – pro iraníes – en Yemen, como represalia a los ataques sauditas sobre objetivos civiles en dicho país.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Director Diario El MINUTO para Argentina

El precio del petróleo ha subido con sus consecuencias y diversos actores se han movilizado en apoyo a las partes. Estados Unidos ha desplegado fuerzas y fueron anunciadas sanciones mas duras a la economía iraní.

¿Vientos de guerra en el Golfo Pérsico?

El 17 de septiembre pasado, autoridades sauditas acusaron a Irán de estar detrás de un atraque con drones contra una importante refinería de Abqaiq y Khurais. Irán rechazó categóricamente la acusación. Las acusaciones cruzadas, dieron por tierra un escenario de negociación por el tema nuclear. Algo que muchos veían posible por el alejamiento de Bolton, un “halcón” y favorable a una intervención militar contra Irán, como Asesor de Seguridad nacional.

La respuesta de Estados Unidos fue ambigua en cierto punto. Por un lado el presidente Trump dejó en claro que su país está listo para acciones militares y cuenta con clara superioridad, pero por otro lado anunció sanciones y dejó supeditado la estrategia a seguir, luego de escuchar la postura de los sauditas.

El presidente Rouhani de Irán, desde Ankara, Turquía, señaló que lo ocurrido era una respuesta del pueblo yemení ante la agresión militar saudí. El régimen de Riad evitó acusar abiertamente a Irán, cosa que si hizo Estados Unidos, pero en la investigación realizada sobre las instalaciones atacadas, el coronel al Malki, de la fuerza aérea saudita, señaló que las armas eran de origen iraní.

La Casa Blanca se contactó con el príncipe heredero Mohamed bin Salman – acusado de instigar la atroz asesinato de un periodista opositor saudita en Turquía – hombre fuerte del régimen y principal impulsor de la guerra en el Yemen, la respuesta de este fue, que su país estaba preparado para hacer frente a una agresión terrorista. Pareciera que no quisiera hablar de un enfrentamiento con Irán, dado que los saudíes y sus aliados están empantanados en una guerra en Yemen desde 2015, sin posibilidad de derrotar al gobierno revolucionario instalado en la ciudad Saná, en lucha contra el otro gobierno con sede en Adén.

El general Sari, de las fuerzas houtíes, lanzó una seria advertencia sobre las capacidades que poseen. El ataque ha significado que Arabia Saudí deje de procesar 5.7 millones de barriles de crudo, el 6% de la producción mundial. Esta crisis ha dinamitado cualquier acercamiento, como se tenía previsto en Nueva York, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, entre Trump y su par iraní Rouhani.

Las sanciones de Estados Unidos se orientan asfixiar la economía iraní, especialmente el sector petrolero. China, Rusia y la India abiertamente que seguirían apoyando el sector petrolero iraní. Rusia con una serie de inversiones, apuesta a garantizar una alternativa al crudo iraní, India es un importador del petróleo persa, y China también, pero este país anunció multimillonarias inversiones en la industria petrolera iraní.

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El 21 de septiembre, Trump anunció el envió de tropas para defender Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, este último aliado de Riad en la aventura yemenita. Asimismo fue anunciada la entrega de equipo militar a dichos países. Irán dejó en claro que cualquier ataque tendría graves derivaciones. Mientras la “guerra de nervios” es una realidad, expertos analizan posibles acciones contra bases de lanzamiento de misiles y drones en Irán, en el marco de operaciones encubiertas.

Israel observa con atención esta crisis, en un contexto donde los dos candidatos favoritos, el conservador y polémico Netanyahu y el centro izquierda, Gantz, que no han logrado la mayoría para formar gobierno, a pesar que Gantz sacó el 32% de los votos, frente al 31% de Netanyahu. Este último ofreció formar un gobierno de unidad, pero todavía quedan largas negociaciones, si es que ambos líderes deciden llegar a un acuerdo.

La tensión con Irán ha llevado a incrementar los gastos de defensa, con perjuicio de una economía con déficit fiscal. La guerra civil siria, ha reforzado notablemente a Irán y su agente regional, Hezbollah. Las promesas de Netanyahu de anexar del valle del río Jordán, radicaliza a los palestinos, que pueden ser seducidos por Irán. en el

pasado Hamas, grupo sunnita y salafista, recibió apoyo iraní, a pesar de las profundas diferencias políticas e ideológicas, al solo efecto de erosionar al estado israelí. El gobierno israelí es consciente del crecimiento de Irán en la región, con su influencia en Líbano, Siria, Irak y Yemen. La experiencia de guerra, lo convierte a un actor a considerar, por eso la postura extrema de Israel de apoyar acciones militares contra infraestructura militar y estratégica iraní.

En este juego, Rusia una vez más emerge como actor clave, no solo por su rol en la guerra civil siria, su creciente influencia militar en Turquía, que a pesar de ser aliado de la OTAN, su relación con Rusia es cada vez más estrecha. La venta del moderno sistema de defensa antiaérea de largo alcance S 300 pone los pelos de punta a la Casa Blanca. Moscú tiene un claro interés de una cumbre palestino israelí de paz, con el claro objetivo de ser un actor relevante en Oriente Medio.

La tesión con Irán atenta contra esa aspiración, es por ello que muchos creemos que Moscú “maniobrará” para evitar una conflicto de mayores proporciones. Además creemos que Moscú busca contener de manera indirecta a los sauditas, que siempre han estado detrás del apoyo a grupos salafistas, que han sido y lo siguen siendo, una amenaza para la estratégica región del Cáucaso.

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Finalmente la Unión Europea se ve afectada por esta crisis, dado las limitaciones que se imponen para importar crudo iraní, y por los posibles negocios que se podrían desarrollar tras el acuerdo nuclear y una tímida apertura del régimen al mundo. El cambio de postura de Estados Unidos, funcional especialmente a sectores duros de la Casa Blanca, Israel y Arabia Saudita, da por tierra esta apertura y genera serios perjuicios para la UE, que veía en Irán un gran potencial para inversiones y comercio exterior. Una vez más pone en evidencia que el Golfo Pérsico, es una región cuya situación tiene impacto global.

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