dom. Ago 18th, 2019

Diario el Minuto

La crisis migratoria, el dolor de cabeza de los líderes mundiales.

Estos últimos días vimos como una niña lloraba mientras su madre era revisada por un agente de la “Patrulla de Fronteras” de Estados Unidos. Las imágenes de menores en espacios separados por “jaulas” y los llantos de muchos reclamando ver a sus padres, detenidos por el hecho de cruzar ilegalmente la frontera de Estados Unidos. El escándalo, recorrió el mundo y el presidente Donald Trump, reconoció las falencias de la legislación, promoviendo la reunión de los menores con sus padres. En Europa también vimos el drama del buque Aquarius, donde cientos de pasajeros esperaban llegar algún destino, que terminó en una nueva crisis y una cumbre europea para buscar una solución. Una vez más el drama de las migraciones no controladas, coloca a los países líderes en una situación comprometida.

El origen de la crisis

La guerra civil siria, el hundimiento de Libia en el caos, la violencia en el Oriente Próximo ocasionado por el ascenso y caída del siniestro y genocida ISIS/Daesh, la desertificación de la franja del Sahel, que expulsa a millares, unido a la falta de oportunidades, violencia política. En El Minuto en el artículo dedicado a Eritrea, pusimos de manifiesto una realidad, en la cual lleva a muchos a huir con lo puesto. La expansión del salafismo a muchos les disgusta, y no les queda otra que emprender el exilio. Este es el drama no solo de musulmanes que no comparten la ideología totalitaria de estos grupos, sino de millares, cientos de millares de cristianos que huyen de las persecuciones religiosas y clima de “ostracismo” social que viven en muchos países del área.  El drama en 2015 afectaba a 20 millones de personas, entre refugiados y desplazados internos, en África y el Próximo Oriente.  Por ejemplo el drama sirio ha originado unos 300.000 muertos y 11.6 millones de desplazados (4.9 millones fuera del país), que ha significado para países de la región situaciones explosivas. El Líbano, con delicados y siempre en punto de ebullición por las divisiones confesionales, tiene 1 millón de refugiados sirios, en un país de 10.400 km2 y casi cinco millones de habitantes. El gobierno de dicho país ha pedido asistencia internacional, dado que su situación siempre es complicada, agregándose la posibilidad de una guerra con Israel y el grupo Hezbollah, que ha tenido un papel importante en la guerra siria en apoyo al régimen del al Assad.

El caos libio, como consecuencia de la caída del régimen de Gaddafi, significó que este país se transformara en una base para poderosas organizaciones dedicadas al tráfico de personas. Un video que mostró la CNN (https://edition.cnn.com/videos/world/2017/11/13/libya-migrant-slave-auction-lon-orig-md-ejk.cnn) hace un año atrás aproximadamente, donde migrantes subsaharianos eran vendidos por US$ 600, fue un escándalo que motivó la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.  Pero poco y nada  se hizo, mas allá de acuerdos o ayudas económicas, que para ciertos países se convirtió en una verdadera moneda de cambio para fomentar determinados intereses, como el caso de Marruecos.  Libia está desgarrada en lucha de facciones, un estado ausente, y ese caos permite que exista subasta de esclavos como en el siglo XIX. Una verdadera aberración. Algunas voces se atreven a señalar que el régimen de Gaddafi, era un “mal menor”, dado que era un freno a este tipo de situaciones, además de ser una verdadera barrera infranqueable para los terroristas. 

Europa busca un rumbo

En la cumbre de la Unión Africana – Unión Europea de 2017, en Costa de Marfil, las estimaciones sobre la situación de los migrantes – que rondan entre los 400.000 a 700.000 – es inhumana. Quienes son lanzados al mar en frágiles embarcaciones al Mediterráneo, muchos perecen ahogados. En 2017 unos 3.000 perdieron la vida en su camino hacia Europa.  Funcionarios de la Unión Africana, Organización de Internacional de las Migraciones y las Naciones Unidas constataron la situación deplorable de miles de inmigrantes en improvisados campos de Trípoli.  El portavoz de la Unión Africana,  Faki Mahamate, reclamó una urgente cooperación de agencias policiales y de inteligencia para desmantelar las redes de trata de personas.  Organizaciones como Al Qaeda en el Magreb Islámico, y una amplia panoplia de grupos terroristas similares se financian con la trata de personas, contrabando y tráfico de drogas. Ante la falta de acciones concretas, no hace más que engrosar los bolsillos de estas organizaciones que son una amenaza cierta a la seguridad internacional.

 

Libia, o mejor dicho, la facción que es reconocida por Naciones Unidas, desconocieron saber sobre la trata de esclavos en su territorio. El gobierno de transición se comprometió  de combatir estas prácticas y como hacen muchos, reclamó asistencia de la UE. Mientras tanto los países africanos no tienen herramientas adecuadas, ni capacidad para enfrentar solos con el problema, sino más bien pareciera convertirse en un factor de conflicto. La dependencia de la asistencia externa para muchos países es vital, un ejemplo de ello, ha sido Mauritania, que estuvo seriamente afectada por la amenaza terrorista, además de ser también “puerto de salida” para las llamadas  “pateras” cargadas de migrantes rumbo a España. La asistencia de la UE, especialmente de España y Francia, ha sido clave para que el país pudiera ejercer un control medianamente efectivo el control sobre sus fronteras.

El problema de las migraciones no controladas viene de lejos, pero la crisis siria potenció la crisis a niveles casi inmanejables. La UE no supo o no quiso adoptar medidas frente a la crisis humanitaria, en parte ocasionada por promover el derrumbe del régimen de Damasco, como fue el caso del pedido de Italia para hacer frente a las oleadas de refugiados y potenciar la capacidad de control de fronteras marítimas, los socios no hicieron más que reducir la ayuda. La UE solo invirtió en patrullado unos dos millones de euros por mes, y unos  nueve millones para operaciones de salvamento. Esto tuvo como consecuencia una verdadera tragedia, que el propio Papa Francisco, definión al Mar Mediterráneo como un cementerio de millares de refugiados.  Las rutas empleadas son varios, la principal es vía Turquía, padeciendo Grecia una pesada carga, de tener que contener de alguna manera los millares de refugiados, en un contexto de crisis muy severa. La ruta sigue por los Balcanes. La segunda ruta es a través de Libia y Malta, y la tercera a través de Marruecos, donde es frecuente ver escenas de cientos de refugiados saltando la cerca de protección de los enclaves españoles de Ceuta y Melilla.  Quienes huyen en su inmensa mayoría son sirios, seguidos de iraquíes, somalíes, afganos, eritreos y de otros países de África subsahariana. La inmensa mayoría huyen de la violencia y el hambre.

La crisis económica europea, el crecimiento de la tasa de desempleo, la desconfianza a los partidos políticos tradicionales, unida a la crisis de los refugiados, coincidente con una oleada de atentados terroristas, sirvió para que tenga su uso político. Esto provocó que la UE no tuviera una posición o mejor dicho consenso para el largo plazo para afrontar el problema. La canciller Angela Merkel, apostó por decirlo de alguna manera, una política de “brazos abiertos” que generó fuertes resistencias internas – el populismo de derecha es la principal fuerza de oposición –  y externas, en el marco del llamado “Grupo de Visegrado” compuesto por los países de Europa del Este (Polonia, Eslovaquia, Rep Checa, Hungría). Las reuniones en torno a este problema, han sido tensas entre los socios, incluso más de uno se pregunta si tiene sentido ser parte de la UE, cuando los dos socios principales, Francia y en mayor medida, Alemania, son los que llevan la voz cantante.  La oposición a dar asilo, tiene que ver con muchas cuestiones, desde culturales, dado que muchos grupos no se integran y mantienen marcadas diferencias, generando roces, especialmente por no adaptarse a vivir en países laicos y donde la religión es una cuestión de índole privado; el incremento de los sectores pobres, dado que los refugiados como migrantes, generalmente trabajan en empleos precarios, los que tienen la suerte de conseguir algo, la cuestión terrorista/seguridad (temor de infiltrados) y la realidad económica de los países que no están en capacidad de absorber importantes masas de trabajadores, en un mercado que expulsa mano de obra.  La crisis pone en tela de juicio el llamado “espacio Schengen” acuerdo por el cual los ciudadanos de la UE circulan libremente, como los bienes y servicios. El restablecimiento de controles fronterizos, especialmente en Polonia, Rep. Checa, Hungría, Austria, Italia, por razones de seguridad, pone en cuestión la vigencia de dicho “espacio”.

La crisis de los migrantes ha puesto en evidencia la existencia de importantes divisiones políticas y asimetrías entre sus integrantes. Los países de Europa del Este tienen una postura más dura, y ven con recelo de alguna manera que la voz “cantante” la lleven Francia y Alemania. La falta de una estrategia clara y de largo plazo, donde se observa dosis de oportunismo político frente a los electorados domésticos y como arma de presión a otros socios, terminaron en acuerdos, sumamente criticables con un país como Turquía, cuyo gobierno tiene bastante de responsabilidad por dos atolladeros, Irak y Siria, agravando la compleja situación interna de dichos países, expulsando a millares a buscar refugio. El acuerdo de 2016 estipula el derecho de la UE de deportar refugiados que crucen la frontera griega a Turquía. Un negocio que al gobierno turco de Erdogan lo ha beneficiado con una “ayuda” de 6.000 millones de euros. Mientras tanto el gobierno griego a fin de persuadir a los refugiados los mantiene en campos específicos – y en situación crítica – a decenas de miles de personas en diversas islas a la espera de una solución que pareciera no llegar nunca. La política de contención no impide que los refugiados intenten llegar a Grecia y de ahí, buscar un nuevo horizonte en Europa. Las ONG presionan para que termine la política de “contención” y que adopten medidas más flexibles.  El trabajo de muchas ONG es encomiable, pero no cabe duda que para muchos también es un negocio, encubierto, muy lucrativo, dado los subsidios y ayudas que recaudan para asistir a los desesperados que huyen de la guerra.  La idea de exigir ayudas económicas, se ha transformado en un “arma” de presión y que pareciera que la UE, por sacarse el problema de encima sin un gran costo político, está dispuesta a enviar millonarias ayudas a países que son fronterizos con la UE. Turquía y Maruecos han explotado esta situación, y lo emplean para imponer sus intereses, y los refugiados/migantes ilegales, son una poderosa herramienta de presión.

Nueva cumbre europea de junio de 2018. Simples parches y visiones de corto plazo

La reciente crisis de refugiados motivó una nueva cumbre promovida por Angela Merkel, donde los 28 estados miembros acordaron establecer centros de control, donde serán clasificados refugiados de inmigrantes económicos, siendo estos últimos, deportados a sus países de origen. El acuerdo fijó que cada país decidirá de manera “voluntaria” las cuota de refugiados a recibir, como también la decisión de permitir el ingreso a sus territorios.  Esto da por terminado las cuotas obligatorias que se había impuesto en su momento, y que generó una dura resistencia de los países del Este.  La UE todos los esfuerzos de los Estados miembros, especialmente España y los países de origen y tránsito, para prevenir la inmigración ilegal. Se aprobó un fondo fiduciario de 500 millones de euros para estados africanos, de donde provienen los refugiados/migrantes.  El acuerdos también indican que En el territorio de la UE, quienes son salvados [del mar] de acuerdo con el Derecho Internacional, deben ser atendidos, sobre la base de un esfuerzo conjunto, mediante su traspaso a centros controlados establecidos en Estados miembros, solo de forma voluntaria, donde un procesamiento rápido y seguro permitiría, con total apoyo de la UE, distinguir entre irregulares y refugiados

La polémica sigue vigente, dados que la ubicación de los centros de control, no ha sido definido, es altamente probable que España y Grecia sean los candidatos para su creación. Los países de Europa del Este mantienen una postura intransigente, e Italia, a pesar de haber cedido en su postura inicial, que casi lleva a una crisis importante dentro de la UE, pareciera que aceptaría crear un centro de este tipo.  El nuevo gobierno socialista español, de Pedro Sánchez, se mostró favorable a crear en territorio español de dicho centro/centros de control, dado que esto implica ayuda comunitaria. La idea que los centros de control/acogida estuvieran en países del norte de África, llevó al canciller alemana Merkel a plantear la necesidad de negociar con los países de la región mediterránea. Por ahora Marruecos se opuso. En el marco de la cumbre hubo declaraciones de solidaridad con los refugiados, sostenidas por Sánchez y Macron, que dijeron que habia que ayudar Alemania con esta cuestión. La UE insiste en crear estructuras extrarregionales para acoger a los refugiados y ha interesado en ello a las Naciones Unidas. La idea es disuadir a las mafias de seguir actuando, al hacer público nuevos mecanismos de control, como si eso fuera hacer efecto alguno. Igual los controles han funcionado, del millon de refugiados durante la crisis de 2015, en lo que va el 2018, solo han sido admitidos  50.000, pero el problema subsiste y los migrantes/refugiados que viven en Europa lo hacen generalmente de manera precaria.

La inestabilidad de Libia, Siria, Irak, la crisis y violencia que afecta a muchos países de la franja del Sahel y de África Subsaharaiana, demandan acciones de largo plazo. A nuestro entender en algunos casos debería haber “misiones de estabilización y reconstrucción” con un programa de repatriación, apoyado por políticas sólidas y monitoreo internacional para que sean cumplidos los acuerdos. La crisis ha puesto en tela de juicio la existencia de la UE, con el avance de los partidos populistas y euroecépticos, la crítica situación, genera dudas si realmente Europa podrá asimilar a los refugiados y migrantes. A nuestro entender, se está importando una verdadera bomba de tiempo social para el mediano y largo plazo.

Trump y la crisis de la frontera sur.

En las elecciones presidenciales, su caballito de batalla fue su discurso contra los inmigrantes, especialmente mexicanos y centroamericanos. Prometió un muro fronterizo e hizo saber que aplicaría con rigor la legislación migratoria. Los llantos de los chicos, los comentarios burlones de los agentes de la Patrulla de Fronteras, generó un profundo rechazo a las medidas de Trump, especialmente al saberse que los menores eran separados de sus padres. Las medidas tomadas, abiertamente contrarias al régimen de los derechos del niño, provocó que diversos sectores del Partido Republicano criticaran al presidente, incluso la primera dama, Melania Trump y su hija y asesora, Ivanka, llevaron a Donald Trump, a emitir un decreto por el cual los menores deberían reunirse con los padres.  Gobernadores tanto demócratas como republicanos se mostraron contrarios a movilizar las guardias nacionales para hacer frente al problema, como también criminalizar a los migrantes.

La situación de América Central, por la falta de oportunidades, el desempleo crónico, la violencia  y la corrupción, llevan a millares a buscar un futuro mejor, a pesar de las duras medidas disuasorias de Estados Unidos. El Salvador es un pais con un elevada cuota de violencia, donde las pandillas o Maras, son el refugio por decirlo de alguna manera, de millares de jóvenes sin futuro. El país centroamericano no puede lidiar con ellos. La sombra de una deportación masiva de salvadoreños abre un panorama siniestro, por un lado la pérdida de millonarias remesas que sostienen a miles de familias y por otro, la imposibilidad de dar lugar a millares de expatriados que sean regresados. Una verdadera pesadilla con el solo pensarlo para el gobierno de dicho país. Los inmigrantes desesperados son “carne” para las organizaciones criminales y se han convertido en un lucrativo negocio, y que vemos que no son atacados, sino que es atacado el migrante, que a fin de cuentas es una víctima. El escándalo debería obligar a Estados Unidos a revisar su política migratoria. Podrá reducir el flujo de recién llegados, pero no lo podrá impedir por completo, sino se adoptan soluciones que incluyan a los países “exportadores” de migrantes. Algo que Europa ha tomado conciencia de alguna manera.

El calentamiento global, la desertificación, los cambios climáticos que en más de un caso significará la desaparición de islas, está provocando del desplazamiento de millares de personas. Las guerras, la superpoblación son otros factores a tener en cuenta también. Estamos ante un drama global, nuestra región, con sus vacíos demográficos, elevadas deudas externas, debe pensar bien ante este problema y adoptar una postura, como también tener decisiones al respecto, ante que “otros” las tomen por nosotros. El drama de los venezolanos, es solo una muestra de lo que puede ser una crisis migratoria. Esperemos que este problema sea también parte de la agenda de nuestras dirigencias políticas.

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