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La Cumbre de la OTAN en Madrid 2022: “El regreso de la Guerra Fría”.

El Minuto | En esta cumbre, la agenda fue intensa. La crisis de Ucrania y el creciente poder de China, terrorismo, la retirada de Afganistán, la situación de la región del Sahel, las negociaciones sobre el Acuerdo Nuclear con Irán, entre otros factores, sin ninguna duda son condicionantes para el debate del Concepto Estratégico de la OTAN.

Un documento rector, que se discute cada diez o doce años. Siendo el vigente hasta hoy, el aprobado en Lisboa en 2010, en un contexto muy diferente al actual, donde incluso se hablaba de cooperación con Rusia. Pero mucha agua ha corrido bajo el puente hasta la fecha.

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Especial para LA POLIS, Buenos Aires.

El mundo post pandemia, sin ninguna duda se está convirtiendo en un lugar cada vez más inestable y peligroso. En la cumbre, el texto que trascendió del nuevo concepto estratégico, pone en relieve la gravedad en materia de seguridad que vive el mundo. Los jefes de Estado y de Gobierno de los aliados de la OTAN, nos hemos reunido en Madrid en un momento crítico para nuestra seguridad y para la paz y la estabilidad internacional. Rusia ha sido mencionado como una amenaza directa a la OTAN. Esta vez de manera abierta, los adversarios y “competidores geopolíticos” fueron mencionados con “nombre y apellido”. En lo referente a la guerra de Ucrania, los 30 jefes de estado y de gobierno que concurrieron, apoyaron sin tapujos, la ayuda a Kiev. El Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, al decir: “Ucrania puede contar con nosotros durante el tiempo que sea necesario

El Concepto Estratégico 2022, tiene como objeto preparar a la Alianza a los amenazas y riesgos de seguridad actuales. Podríamos decir que establece una serie de pautas rectoras político – estratégicas, sobre las cuales los aliados, diseñan sus políticas de seguridad. Dicho instrumento, reemplaza al documento aprobado en Lisboa en 2010. En aquel momento, Rusia no era considerada una “amenaza directa” sino más bien un competidor geopolítico. Las tensiones en ese momento. eran por el llamado “Escudo Antimisiles” impulsado por la Administración Bush Jr. El presidente ruso de ese momento, Dmitri Medvedev, fue invitado, a participar, quien se mostró receptivo de apoyar la misión de estabilización – ISAF – de la OTAN en Afganistán. Las diferencias entre la Alianza y el Kremlin, fueron la imposibilidad de incluir a Rusia en un acuerdo global sobre seguridad de Europa, especialmente para reducir tensiones ante el avance de la Alianza hacia los países del Este de Europa y el Cáucaso, que generaba desconfianza por parte de Rusia, algo que era público, como surgen de documentos sobre seguridad nacional de dicho país.

Desde Lisboa a Madrid los cambios y desafíos para la OTAN

El tiempo pasó desde aquella cumbre en Lisboa. La OTAN estuvo involucrada en la caída del régimen de Gadafi, en el marco de la tormenta desatada por la llamada “Primavera Árabe”. La falta de liderazgo y un plan para el “día después” en Libia, convirtió a este país, en un espacio para el caos, el tráfico de armas, personas y el desarrollo de organizaciones terroristas. Europa pronto fue testigo de la llegada de un alud de inmigrantes ilegales, que generó un lucrativo negocio para las mafias de ambos lados del “Mare Nostrum” y las tragedias de los naufragios de las embarcaciones fletadas por los criminales. Siria, fue otra dura prueba, y una vez más, fueron cometidos gruesos errores. Los países occidentales, terminaron apoyando indirectamente a organizaciones vinculadas o ligadas al salafismo o la red Al Qaeda. Una vez más Europa fue testigo de una crisis de refugiados, comparable a la vivida post guerra de la Segunda Guerra Mundial. Las diferencias políticas, entre los socios de la UE, que se tradujo al seno de la OTAN, impidieron una estrategia clara para lidiar con la emergencia. La posibilidad cierta que el régimen de Al Assad, cayera y el país se convirtiera en un “paraíso” para el extremismo religioso, provocó la reacción del Kremlin. En una maniobra magistral, el presidente Putin, movilizó recursos, que permitió a su aliado sirio sobrevivir, convirtiendo a Moscú en un actor de peso en al Próximo Oriente. Esto quedó reflejado en el papel jugado en las negociaciones por el Acuerdo Nuclear con Irán, el acercamiento con la Turquía de Erdogan. En la Cumbre de Chicago

de 2012, la Alianza optó por la de Smart Defence, destinada a reducir los déficit o limitaciones de las capacidades europeas, impulsar la especialización en determinadas tareas militares. Los ataques cibernéticos a Estonia, en 2007, pusieron de relieve la necesidad de contar con recursos adecuados, impulsando la creación de un centro especializado.

En la cumbre de 2015, la OTAN, aprobó una visión 360, dado la creciente amenaza asimétrica y las tensiones en áreas linderas a Europa. En 2016, la Alianza implementó la llamada proyección de estabilidad, consistente en una combinación de misiones de gestión de crisis, seguridad cooperativa, con el objetivo de proveer un entorno de seguridad a las regiones vecinas, para promover la estabilidad en beneficio de los intereses de los Aliados. A pesar de las buenas intenciones, los despliegue en el Mediterráneo, la guerra llevada a cabo contra el DAESH/ISIS, la misión de apoyo a Irak, la situación en el Norte de África, Sahel, y el Próximo Oriente se hizo muy volátil. En Bruselas, en 2018, la OTAN, impulsó incrementar las capacidades convencionales, fijando como objetivo 30 batallones mecanizados, 30 buques navales y 30 escuadrones aéreos listos para ser empleado por la Alianza dentro de los 30 días posteriores a su activación.

La anexión de Crimea, el golpe en Ucrania y el ascenso de un gobierno prooccidental en Kiev, agriaron las relaciones con Rusia. Las tensiones eran crecientes, dado que, desde el Kremlin, el avance de la OTAN hacia el Este, la instalación de bases cercanas a sus fronteras, era vista como una amenaza. La crisis del Donbás, abrió las puertas para un escenario de conflicto mucho mayor. Tengamos en cuenta que la guerra de Georgia de 2008, tensaron las relaciones entre los Aliados y Rusia, donde claramente Moscú dio una señal clara hasta donde iba tolerar los alcances de la creciente competencia geopolítica entre Estados Unidos y sus aliados, y el Kremlin.

En estos años hasta la cumbre de 2022, la OTAN fue objeto de críticas, especialmente con el manejo de la crisis libia, Siria, y el ascenso del grupo terrorista ISIS. Esto se tradujo en una escalada del terrorismo en Europa, la oleada de refugiados con su impacto para la seguridad de los aliados, y la injerencia de actores como Rusia e Irán en el Próximo Oriente, ante el drama de Siria e Irak. La respuesta tardía fue sin ninguna duda consecuencia de falta de liderazgo político. Durante la presidencia de Donald Trump, las relaciones entre la Casa Blanca y sus aliados, se deterioraron, ante las diferencias por el incremento del presupuesto de defensa de Europa, algo que generaba resistencias en la ciudadanía. La retirada de Estados Unidos, en 2018, del acuerdo nuclear con Irán, abrió las puertas para que Teherán, dejara de lado los mecanismos de control y la posibilidad de usar la energía nuclear con fines militares, fuera una realidad, y volviendo a utilizar dicha cuestión como arma de presión. La torpe política exterior de Trump, su falta de liderazgo, rol que le cabe a Estados Unidos dentro de la Alianza tuvo sus efectos. Washington centró su atención en China, escalando en el lenguaje verbal, mientras que los hechos, más bien se hizo poco, dejando de lado otras regiones.

En África, el poder e influencia de China es una realidad y el rol de las antiguas potencias coloniales ha ido disminuyendo. El impulso por parte de la Casa Blanca de un mayor grado de autonomía estratégica por parte de los aliados europeos, se tradujo un clima de incertidumbre. La salida del Reino Unido de la UE, también generó tensiones políticas con sus aliados. China en estos años ha venido reforzando su presencia en el Índico y el Pacífico, no solo en materia militar, sino también política y económica.

Las diferencias políticas, las presiones internas de los aliados, llevaron a que Afganistán, una de las grandes operaciones de la OTAN, se transformara en un callejón sin salida. La incapacidad de generar canales de diálogo con Rusia, China, Irán, India y Pakistán, actores relevantes para el entorno de seguridad afgano, llevaron a la Casa Blanca, con patrocinio de Qatar, a dialogar con los talibanes. La caída de Kabul, el desbande del ejército afgano, verdadera cáscara vacía y la retirada abrupta de la OTAN, puso en evidencia el fracaso la operación iniciada en 2001, especialmente por una serie de factores: falta de una estrategia clara, diferencias políticas con actores regionales, y ausencia de liderazgo político por parte de la Alianza en la cuestión afgana. Esta verdadera derrota política en 2021, tuvo una lectura muy clara en tres lugares: Moscú, Pekín y Teherán.

La llegada a la presidencia de Estados Unidos del “atlantista” Joe Biden, despertó expectativas. La Casa Blanca se ha reconciliado con sus aliados, no solo de Europa, sino que ha reforzado lazos con Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Australia. Este regreso a la “política tradicional” de Washington, se ve afectada, por las consecuencias globales de la pandemia del COVID, y el avance de Rusia y China en espacios de interés, como África, Próximo Oriente, y la propia América Latina. En la cumbre del G7 de 2022, hubo una serie de anuncios de un plan de 600.000 millones en infraestructuras y programa al desarrollo, en un intento de frenar la influencia china. Una medida que llega algo tarde, dado el tiempo perdido. Veremos en que queda el anuncio del presidente Biden en la cumbre del G7, que por supuesto tendría su impacto en la influencia y seguridad para Estados Unidos y sus aliados europeos.

La Cumbre de Madrid. Competidores y Amenazas a la Alianza.

La Cumbre de la OTAN en Madrid, plantea directamente a Rusia como amenaza, pero respecto a China, el lenguaje es algo más moderado, es definida como un competidor geopolítico. Según el Pentágono, la competición se encuentra en un punto intermedio entre el conflicto y la cooperación, y presupone la presencia de ambos elementos. Se presupone además que la competición es en cierta medida inevitable, si bien sus efectos pueden mitigarse parcialmente por tratados de control de armamento o por la diplomacia (Luis Simón, Director de la Oficina Bruselas del Real Instituto Elcano). Algunos socios de la OTAN, como el Reino Unido, consideran a China como una amenaza de mayor entidad y sostiene que debe tenerse en cuenta las lecciones del caso Ucrania, donde claramente, la UE como la OTAN, fracasaron en disuadir la invasión rusa. Esto puede repetirse en el caso de Taiwán. A pesar del apoyo de Estados Unidos, este no se ha traducido en ayudas más decisivas en el plano militar, especialmente en materia de modernización de la fuerza aérea taiwanesa. Ucrania, antes de la escalada del conflicto con Rusia en febrero de 2022, recibió un limitado apoyo militar por parte de la Alianza. Más allá del lenguaje algo incendiario de Londres, el Secretario General de la OTAN señaló al medio alemán DW China no es un adversario (…) Pero, por supuesto, hemos de tener en cuenta las consecuencias para nuestra seguridad cuando vemos que China invierte fuertemente en poder militar moderno, misiles de largo alcance, o armas nucleares, e intenta también el control de infraestructuras estratégicas, por ejemplo el 5G”, la red de telefonía de última generación. Europa está fuertemente ligada a Pekín, y más con la llamada Ruta de la Seda, por ende, no tiene intenciones de escalar el nivel de conflicto con China. Estados Unidos al parecer, tiene la misma percepción por el momento, pero en el futuro puede ser objeto de futuras diferencias entre los aliados.

La OTAN considera entre los riesgos a la seguridad, actores no estatales, especialmente por el auge del terrorismo en el Sahel, los llamados “actores autoritarios” no solo competidores estratégicos, sino como patrocinadores de proxies o agentes desestabilizadores, en el marco de las llamadas guerra híbridas. La situación del Próximo Oriente, como África ha generado especial atención. El documento de Madrid señala Conflictos, fragilidad e inestabilidad en África y Oriente Próximo afectan directamente a nuestra seguridad y la de nuestros socios”, reconoce el texto. Los problemas de seguridad, políticos, económicos y demográficos se ven agravados por el cambio climático, la fragilidad de las instituciones, las emergencias sanitarias y la inseguridad alimentaria, “terreno fértil”, advierte, para la proliferación de organizaciones terroristas, con la interferencia coercitiva de “competidores estratégicos”. En el caso de estos últimos son China y Rusia, que están pisando fuerte en África.

El cambio climático, es considerado un riesgo para la seguridad. Es un debate que quedó trunco, durante la gestión Trump, por razones de política doméstica. La desertificación y la explosión demográfica, son elementos que lleva a miles de personas abandonar sus hogares en África rumbo al hemisferio norte. La violencia es otro elemento, que impulsa a muchos también a salir a millares de sus hogares. David van der Weel, secretario general adjunto de la OTAN, señalo al respecto en un reciente trabajo académico español El aumento de las temperaturas, la subida del nivel del mar y la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos provocarán sequías, erosión del suelo y degradación del medio ambiente marino. Pueden provocar hambrunas, inundaciones, pérdida de tierras y medios de vida, y tienen un impacto desproporcionado en las mujeres y las niñas, así como en las poblaciones pobres, vulnerables o marginadas.

Esto podría poner en riesgo la estabilidad política y económica. El cambio climático puede alimentar los conflictos y provocar desplazamientos y migraciones. Existe ejemplos claros. El manejo de la cuenta del Nilo, es fuente de tensión entre Egipto, Sudán y Etiopía. El programa de construcción de represas por parte de este país, fue objeto de severas críticas desde El Cairo, dado que el nivel de las aguas del Nilo, es vital para sus intereses y el sostenimiento de su economía, en un país con una explosión demográfica. No en vano, la crisis de Tigray, en Etiopía, tiene que ver con maniobras para debilitar Addis Abeba e impedir que continúe con sus proyectos hidroeléctricos. El primer ministro de Tuvalu, en la cumbre climática de Glasgow, habló directamente de la amenaza de la subida del nivel de los mares, que pone en riesgo la existencia muchos estados insulares. El drama del Sahel, también se vincula con la desertificación como resultado del cambio climático, que ha provocado el desplazamiento de millares de personas. Las dramáticas escenas vistas en la valla de seguridad frente al enclave español de Melilla, luego de la brutal represión marroquí a grupos de migrantes, que pretendían saltar el citado obstáculo, pone en evidencia que la presión demográfica hacia Europa será mayor. Van der Weel, señala como grave riesgo a la seguridad de los aliados, el desarrollo de tecnologías disruptivas: En otras palabras, es probable que las nuevas vías de perturbación de nuestras sociedades, seguridad y defensa aceleren los cambios en nuestro entorno estratégico, afectando a cada una de las tareas principales de la OTAN. La competencia por el desarrollo de nuevas tecnologías, que pueden tener uso dual, es un serio desafío para los Aliados, y estos deben hacer ingentes esfuerzos para mantenerse siempre a la vanguardia, algo que no es tan fácil, por sus costos y el aceitado sistema de espionaje industrial que tienen los adversarios de la OTAN.

Los nuevos aliados nórdicos

El ingreso de Finlandia y Suecia., luego de superar el veto turco, seguramente con concesiones en el plano político, ante la actividad de grupos de exiliados y militantes kurdos. Se sospecha que 33 activistas del Partido de los Trabajadores de Kurdistán, grupo armado considerado por Ankara como terrorista, como seguidores del lidere opositor tuco, Fetullah Gulen. serán extraditados por Suecia y Finlandia a Turquía. La tradicional postura que tiene estos países en materia de asilo político, se ve afectado, por el interés de formar parte de la OTAN, considerando que su incorporación, es una garantía para una acción directa rusa. En parte esto es así, pero el costo asociado, tiene que ver con un mayor grado dependencia respecto a la Casa Blanca, supeditar la tradicional autonomía estratégica que tenían estos países quede limitada, y los compromisos para ser parte de la Alianza, significará mayores erogaciones en materia militar. Por otro, lado, Finlandia y Suecia ganan como mercado potencial para su industria militar el lucrativo sector turco. Un ejemplo de “realpolitik” donde intereses en materia de seguridad, dejan de lado posturas en materia de estándares sobre derechos humanos, que impedían que Suecia y Finlandia, exportaran armas a Turquía, país, cuestionado por el autoritarismo de Erdogan, levantando las restricciones que dichos países habían impuesto para la exportación de bienes y servicios de defensa a Ankara. Queda por ver cómo responderá el Kremlin, ante el ingreso de dichos países a la Alianza Atlántica.

La nueva realidad incrementará las tensiones en el Báltico. Lituania, bloqueó el tráfico ferroviario desde Rusia hacia el enclave de Kaliningrado, en base a las sanciones que impone la UE por la guerra de Ucrania. La ira del Kremlin no se hizo esperar. El portavoz del Consejo de Seguridad de Rusia, Evgueni Anoshin Pátrushev, señaló que se tomarían medidas, entre ellas dejar de reconocer la independencia de los estados bálticos, y aquí viene la pregunta del millón, sobre las minorías ruso parlantes en Estonia y Letonia, donde Moscú puede actuar de manera indirecta y generar problemas internos a dichos países. El mar Báltico pareciera que volverá ser un espacio de tensión como en tiempos de la Guerra Fría. Es un área de gran sensibilidad para Rusia, dado que se encuentra la ciudad de San Petersburgo y el enclave de Kaliningrado, vías de acceso que tiene Moscú hacia el Atlántico, agregándose que, desde su perspectiva, con el ingreso de Estocolmo y Helsinki, a la OTAN, Rusia corre el riesgo de ser bloqueada, en una situación de crisis mayor.

¿Una nueva cortina de hierro?

La cumbre de Madrid parece un despertar de la OTAN, donde los líderes occidentales, han tomado nota de sus errores cometidos y vacíos dejados, que han sido ocupado por otros actores. La crisis de Ucrania ha sido el centro de atención, donde la idea de seguir enviado ayuda militar sigue en pie, acompañado con el despliegue preventivo de efectivos en Europa del Este. Fueron anunciadas nuevas sanciones a Rusia, pero al parecer el Kremlin, no ha tomado nota de ello, y continua con el conflicto. Observamos que, hasta el momento, no se busca una alternativa hacia la paz, o por lo menos un cese del fuego. Estados Unidos anunció nuevos envíos de armamento, por cifras millonarias, para reponer la alta tasa de pérdidas de las fuerzas ucranianas. La escalada del conflicto impulsa a Europa a realizar importantes inversiones en defensa, destacándose el caso de Alemania con el reciente anuncio de invertir nada menos que 100 mil millones de euros.

La Cumbre es un éxito político de Estados Unidos, que ha logrado, que los aliados europeos, hasta no hace mucho por la dependencia energética de Rusia, adhieran a la idea de ver a Moscú como una amenaza a la Alianza y cortar cualquier posibilidad de diálogo, y considerar al Kremlin, simplemente un competidor geopolítico. Sino, se ha dado un paso más, al considerarlo un grave riesgo a la seguridad europea. El anuncio de nuevas sanciones obliga a los socios europeos a buscar alternativas al gas y petróleo ruso, y es aquí donde se beneficia Washington, como otros actores. La Casa Blanca ha logrado que su estrategia prevalezca, concentrando el esfuerzo hacia Rusia, prolongando la agonía de Ucrania, con el objetivo de convertir a dicho país en un callejón sin salida para el Kremlin, con su impacto para en el frente interno, acompañado por una batería de sanciones económicas internacionales. El bloqueo de Kaliningrado, el despliegue de miles de efectivos en Europa del Este, el ingreso de Suecia y Finlandia a la OTAN, tiene como objetivo escalar aún más el conflicto y bloquear a Rusia. El Reino Unido, fiel aliado de Estados Unidos, supera las tensiones derivadas del Brexit y ocupa un rol relevante, impulsando a convertir a la OTAN en una alianza, que tenga responsabilidades globales, estrechando lazos con Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, e incluso va más allá al sostener la idea de brindar un apoyo militar a Taiwán de una manera más decidida.

Turquía, con su doble juego, tuvo su victoria. Ejerció el poder de veto sobre Suecia y Finlandia, y utilizó dicha situación para presionar tanto a dichos países como a los Estados Unidos. Logró que Estocolmo y Helsinki, dejaran de lado las restricciones en materia de exportación de armas, abrieran las puertas a una medida controvertida, la extradición de activistas kurdos y turcos, hacia un país, que ha sido cuestionado abiertamente en materia de derechos humanos y el autoritarismo de Erdogan. La “realpolitik” se impuso. Los nuevos aliados nórdicos ganan seguridad al estar bajo el paraguas de la OTAN, pero sus políticas exteriores y de seguridad, que gozaban de amplia autonomía, se verán limitadas y seguramente condicionadas a los dictados de Washington.

Los aliados tomaron nota del impacto del Cambio Climático y su impacto para las estructuras de seguridad. Esto requiere medidas concretas y un fuerte liderazgo político para llevarlas a cabo. Existe consenso entre Estados Unidos y sus aliados al respecto. Esto está llevando a millares de personas a buscar nuevos horizontes. Europa siente la presión proveniente especialmente desde África. Pero el drama por la escasez de agua y recursos renovables, posiblemente se potenciará los próximos años, y será factor de mayor nivel de inestabilidad. Veremos qué tipo de respuestas dará la OTAN ante estos desafíos.

La creciente competencia entre los aliados de la OTAN, con Rusia y China, permite que otros actores exploten la situación. Irán, ha subido la apuesta y busca presionar por alcanzar un nuevo acuerdo nuclear, para reducir el impacto de las sanciones. Los desaciertos de Estados Unidos en el Próximo Oriente, ha permitido que Teherán sea una influencia creciente en Irak, además de reforzar su influencia en Siria, Líbano y Yemen. Aunque no es mencionado expresamente en el concepto estratégico, entra en la categoría de regímenes autoritarios que buscan incrementar su influencia a través de acciones directas como indirectas.

La imposibilidad de un diálogo entre Rusia, China y las principales potencias occidentales – vital para el anterior Acuerdo Nuclear en tiempos del presidente Obama – es un factor que explota hábilmente Irán, para incrementar su influencia y llegado el caso promover acciones para presionar a Occidente.

China es vista como un competidor, no exento de convertirse en un riesgo mayor a la seguridad de la Alianza. Estados Unidos impuso su visión al respecto, dado que no busca por ahora un choque directo con Pekín, por cuestiones económicas. La UE tampoco quiere escalar el conflicto, dado que su dependencia es mayor, por la llamada Ruta de la Seda. Estamos ante una postura defensiva, pero los líderes de la OTAN, reconoce que tarde o temprano, China será un rival a considerar. Por ahora el esfuerzo se centra en desgastar a Rusia y sacarla del juego, con la guerra de Ucrania, para luego, dar el otro paso, el choque con Pekín.

La OTAN en la Cumbre de Madrid, intenta dar una imagen de unidad y fortaleza, pero está a la defensiva. Las sanciones y advertencias dadas a Rusia en los días previos a la guerra de Ucrania, no tuvieron los efectos deseados. La prevención de crisis, no ha sido del todo efectiva por parte de la Alianza, por cuestiones políticas de sus socios, poniendo en riesgo su propia seguridad y libertades. Estos deben cargar con el fracaso de Afganistán, cuyas consecuencias todavía están por verse, pero ha servido para que Moscú y Pekín, lo vieran como un signo de debilidad. La escalada del terrorismo en la franja Sahara Sahel, el final abierto de la guerra de Ucrania, el cambio climático, el incremento de la competencia con China, son serios desafíos para la OTAN en los próximos años. Estamos ante un duelo de gigantes, donde los actores más pequeños, serán las primeras víctimas, dado que la creciente competencia, llevará a dirimir el conflicto entre estos gigantes – léase Rusia, Estados Unidos, la UE, China – a distintos puntos del globo, convirtiéndolo en un lugar cada vez más inseguro.

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