dom. Ago 18th, 2019

Diario el Minuto

La expansión de las zonas “No-Go” musulmanas en Europa

La Comisión Europea y el gobierno griego están trabajando contra reloj para aclimatar los centros de detención de migrantes en las islas del Mar Egeo ante la contingencia de otro arribo masivo de exilados que abandonen Idlib, la última ciudad en el noroeste de Siria controlada por los grupos armados opositores al régimen de Bashar al- Assad, cuya fuerza principal está representada por el Frente al-Nusra, organización terrorista asociada a Al Qaeda.

La oficina de Coordinación Humanitaria de Naciones Unidas calcula que en caso del postergado ataque combinado de las fuerzas sirias, rusas, kurdas e iraníes contra el enclave de Idlib, podrían huir hasta 800.000 personas. Ya tuvieron que abandonar sus hogares 380.000 personas ante los bombardeos. En el medio, Turquía pone todo su ahínco en las negociaciones con Moscú y Damasco para evitar una nueva migración masiva hacia su territorio, donde se refugian más de tres millones de sirios. Mientras estas negociaciones se llevan a cabo, militares sirios y rusos han abierto corredores humanitarios para que la población civil alcance a abandonar la zona y situarse a resguardo antes del asalto final.

La guerra en Siria -que ya está en su séptimo año- dio un giro favorable a al-Assad en septiembre de 2015 después que Rusia comenzara a bombardear a los rebeldes para sostener al régimen, provocando el desplazamiento de 11,5 millones de personas y un total de 4 millones de refugiados han tenido que salir de Siria. La llegada de 1,2 millones de refugiados sirios (y también iraquíes que venían huyendo de los territorios controlados por el extinto autoproclamado califato del ISIS) a Europa entre 2015 y 2016 desató el peor conflicto migratorio desde la Segunda Guerra Mundial en el continente, lo que llevó a algunos países a endurecer su política migratoria, hasta que en la primavera de 2016 la Unión Europea cerró un acuerdo Turquía que supuso que las entradas en suelo europeo se paralizaran a cambio de dinero y concesiones políticas y diplomáticas.

Ahora bien, ¿cómo ha repercutido la llegada de los migrantes musulmanes a Europa? Pues no muy bien. Si bien una encuesta realizada el año pasado por la consultora Ipsos Mori arrojó que hay una gran diferencia entre el número real de musulmanes que viven en 15 de los 28 estados de la UE, con lo que perciben sus habitantes, la llegada de los migrantes de la ola 2015-2016 -inclusive desde 2014- reconfigurará étnica y culturalmente a muchas de las sociedades europeas.

Los números del nuevo escenario son alarmantes para la identidad europea. La población islámica en la UE está creciendo más de un 1% por década. Mientras que los musulmanes son los más jóvenes de Europa, con una edad media de 31 años, la de los europeos es de 40 años promedio.

Otro tema es la tasa de fecundidad. Según datos proporcionados en marzo de este año por la Oficina Europea de Estadísticas (Eurostat), en los 28 países de la Unión Europea, en promedio, las mujeres tienen su primer hijo recién a los 29 años, con lo que no alcanza para reponer la población autóctona. Los demógrafos explican que una sociedad requiere una tasa de fecundidad de al menos 2,1 para renovar su población. La tasa de fecundidad europea en 2016 (el último año con datos asegurados) fue de una media de 1,60. Francia tiene la tasa más elevada con un 1,92 y España la más baja con un 1,34. Italia le sigue de cerca. Ninguno de los países de la UE llega a cubrir el 2,1.

En cuanto a la tasa de nacimientos, la UE registró el año pasado 5,1 millones de nacimientos (90.000 menos que en el año 2016), una cifra levemente menor al número de defunciones, que se situó en 5,3 millones de fallecimientos, 134.200 menos que en 2016.

La población total estimada de la Unión Europea es actualmente de 512 millones de personas, lo que supone un sutil aumento respecto al año pasado en el que se registraron 511 millones. Durante 2017 se produjeron más defunciones de europeos nativos que nacimientos, por lo que el recambio natural de la población fue negativo.

Un estudio hecho por el Pew Research Center (PRC) en noviembre del año pasado, que incluyó a los 28 países de la Unión Europea (incluido Reino Unido), así como Noruega y Suiza, pronosticó que la población musulmana crecerá en Europa hasta 2050, aun sin inmigración, llegando a representar entre el 7,4% y el 14% de la población europea para esa década, frente a un 4,9% en 2016.

Otro estudio del PRC en el mismo sentido, reveló que los musulmanes representarán en 2030 el 26,4% de la población mundial. Según el think tank estadounidense, esta explosión demográfica se debe a que mientras la población no musulmana crece entre el 0,9% y el 0,6%, los musulmanes lo hacen al 1,7%. Si bien se prevé que la población mundial crezca un 35% en las próximas décadas, se predice que el número de musulmanes se amplíe en un 73%, es decir, de 1,6 millones en 2010 a 2,8 millones en 2050.

¿Por qué pongo el acento en el crecimiento de la migración musulmana en Europa? Ciertamente no por una cuestión racista, islamófoba, ni mucho menos. Es un problema de la seguridad occidental a futuro. O no tan a futuro, ya que se están imponiendo en estos momentos en suelo europeo zonas de exclusión para no musulmanes: las llamadas “No-Go Zones” (Zonas de No ir, no estar), donde impera la sharía, la ley islámica. La sharía (que es un código puntilloso de conducta, en el que se incluyen las normas concernientes a los formas del culto, los criterios de la moral y de la vida, las cosas admitidas o prohibidas y las reglas que separan el bien del mal) aunque está en el Islam, no es un dogma ni algo incuestionable (como pudiera serlo el texto del Corán), sino objeto de interpretación, lo que supone un serio inconveniente para los occidentales.

Las llamadas “No-Go Zones” son enclaves en las ciudades europeas donde imperan la cultura y las normas de conducta islámicas de hecho. En estos barrios es tan grande el número de musulmanes viviendo, que les permite imponer sus códigos y estilo de vida al resto de la población. Son zonas en donde ni los propios cuerpos policiales se atreven a intervenir por que pueden ser agredidos por las bandas de jóvenes islamistas que operan en estos sectores.

Estas barriadas están germinando en las principales metrópolis europeas en donde son un semillero de radicales islamistas y encarnan una amenaza para la seguridad de los estados donde se han instalado.

Estas “No-Go Zones” son habituales tanto en Francia, el Reino Unido, Alemania, Suecia, Países Bajos, España o Italia, así como en menor escala en otros países de la UE, y están en constante crecimiento. Estas zonas están sometidas por las mafias y los jóvenes son caldo de cultivo para los reclutadores de los grupos radicales islamistas, como hizo en su momento Al Qaeda y recientemente ISIS. Las provocaciones, las extorsiones, los abusos sexuales contra mujeres no musulmanas, los robos y los ataques con violencia son moneda corriente en estos sectores, por lo que los no musulmanes están optando por mudarse, dejando los barrios liberados para su crecimiento.

La gran mayoría de los migrantes que habitan en estos barrios viven de la asistencia social, recibiendo un subsidio mensual que promedia los €600, más unos €250 adicionales como ayuda para arrendar una morada y otros agregados para la manutención de los niños. Este asistencialismo (que les cuesta a los diez países europeos que tienen la mayor cantidad de migrantes en su territorio, más de €130.000 millones al año, un monto semejante al superávit comercial de todo un año de esos mismos estados) provocó que la inmensa mayoría de estas personas no trabaje y utilicen su tiempo para radicalizarse, principalmente a través de los clérigos de las mezquitas y casas de oración locales.

Los números difieren en cantidad de habitantes de estos barrios, pero las zonas crecen en forma sostenida. En Alemania, la mismísima Angela Merkel (la gran patrocinadora junto a los gobiernos socialdemócratas europeos de las políticas de acogida y asistencialismo de los migrantes musulmanes) reconoció en marzo último la existencia de “No-Go Zones”, luego de miles de incidentes y abusos sexuales en Berlín, Bremen, Colonia, Hamburgo, Hannover, Turingia y Renania del Norte-Westfalia, entre otras ciudades. En Colonia, para citar sólo un ejemplo, en la noche de fin de año de 2015, hubo 1.092 denuncias presentadas por mujeres ante las autoridades policiales, de las que 621 se presentaron ante las autoridades por delitos como robos y asaltos, mientras que otras 471 se deben a abusos sexuales perpetrados por migrantes musulmanes en estado de embriaguez. Las policía cree que fueron muchas más violaciones, aunque no fueron denunciadas por vergüenza de las víctimas.

En la última década, como señala Arturo García del diario español La Gaceta, se han cerrado en toda Alemania más de 400 templos católicos y más de 100 protestantes. Sin embargo, hay unas 200 mezquitas (incluyendo más de 40 mega-mezquitas), 2.600 salas de oración musulmanas y una innumerable cantidad de mezquitas “no oficiales”, asimismo están en obra otras 128 mezquitas más.

En octubre de 2017, la BKA (la Oficina Federal de Investigación Criminal, es decir el servicio de inteligencia alemán) mencionaba que hay unos 11.800 islamistas radicales en el país. Esto significa un fenomenal crecimiento del 64% con respecto al año anterior, habiendo bajado la edad de radicalización media de 20 a 18 años. La BKA atribuye estas cifras a las escuelas de las “No-Go Zones”, donde se aplica la sharía y el adoctrinamiento islamista desde la primaria, sin control gubernamental.

Suecia cuenta con más de 60 de estas áreas (con Estocolmo y  Malmö a la cabeza). Si bien el gobierno sueco, luego de varias investigaciones publicadas por medios periodísticos extranjeros, irresponsablemente declaró que las “zonas prohibidas no existen”, un informe de la policía sueca de 2016, enumeró 53 “áreas expuestas” (llamadas en sueco “utsatta omraden”), de las cuales 15 están “particularmente expuestas”. Según el Ministerio del Interior sueco, un área se considera “particularmente expuesta” cuando sus habitantes son renuentes a seguir los cánones legales vigentes, en las cuales existe una dificultad de la policía para llevar a cabo su trabajo y en el que se hallan “estructuras sociales paralelas” y extremismo étnico fanático. El Säkerhetspolisen, el Servicio de Seguridad sueco, advirtió que el país está siendo “infiltrado por cientos de islamistas que comparten la ideología del Estado islámico (ISIS). El Servicio de Seguridad advirtió que “unas 15.042 mujeres suecas han sufrido ataques sexuales durante el último año en zonas de la capital en que las autoridades admiten grandes áreas bajo la aplicación de la sharía islámica”.

Francia (principalmente en París, Burdeos, Toulouse, Marsella, Amiens, Grenoble y Aviñón) posee más de 750 “No-Go Zones”, denominadas por las autoridades de seguridad como ZUS (Zones Urbaines Sensible, Áreas Urbanas Sensibles), donde viven unos 5 millones de musulmanes. En octubre de 2011, un trabajo de 2.200 páginas titulada “Banlieue de la République” (“Suburbios de la República”), señaló que el Sena-Saint-Denis y otros barrios parisinos se estaban transformando en “áreas separatistas islámicas” aisladas del estado francés y donde la ley islámica estaba sustituyendo velozmente a la ley francesa. El informe afirmaba que los emigrados musulmanes se resistían cada vez más los valores tradicionales franceses y abrazaban cada vez más el Islam radical. El informe, encomendado al influyente think tank francés Institut Montaigne, fue dirigido por el politólogo e islamólogo Gilles Kepel, junto con otros cinco investigadores. Los autores del informe demostraron que Francia, que ahora tiene 6,5 millones de musulmanes (la mayor población musulmana de la Unión Europea), está al filo de un gran estallido social debido al fracaso de la integración de los musulmanes.

En las zonas islámicas del Reino Unido, las ciudades de Londres, Birmingham, Manchester, Liverpool, Lancaster, Rotherham y Bradford, entre otras, han visto el incremento de la violencia doméstica, los asesinatos de honor, los abusos sexuales o las mutilaciones genitales femeninas (propio de la cultura islámica), pero han sido ignoradas por las autoridades británicas. Esto ha producido una migración obligada de británicos nativos a medida que el porcentaje de musulmanes en determinadas área se fue acrecentado, un fenómeno llamado “white flight”. A diferencia de Francia, la aplicación de la sharía en el Reino Unido está escudada en la Arbitration Act (Ley de Arbitraje), sancionada en 1996, que admite a las partes envueltas en un conflicto optar por la forma de arreglar las disputas bajo otro sistema legal. Así, de acuerdo con esta ley, el arbitraje, en el caso de los musulmanes, puede operar de acuerdo con los principios de la sharía, un sistema que vulnera constantemente los derechos de las mujeres.

Por su parte en Italia, los barrios riesgosos en Roma son San Basilio, Tor Sapienza, Tor Bella Monaca y Collatino, donde viven 40.000 personas, con una fuerte presencia de inmigrantes marroquíes, tunecinos y nigerianos. Si bien las autoridades, al igual que en Suecia, negaban la existencia de “barrios prohibidos”, en las ciudades de Nápoles, Bolonia, Florencia y Milán se hallan varias de estas zonas. 

En España, las dos primeras áreas en las que se implantaron las “No-Go Zone”, lógicamente, fueron en las ciudades norafricanas de Ceuta y Melilla. Allí se encuentran las barriadas de “El Príncipe” y la “Cañada de Hidum” (también llamada “Cañada de  la Muerte”), donde la policía no se entromete y los no musulmanes son perseguidos, principalmente por los migrantes marroquíes. El orden y la justicia no son ejercidas por las autoridades españolas, sino por los clérigos islámicos.

A 30 minutos del centro de Madrid, se localiza la “Cañada Real Galiana”, conocido como Sector 6, el mayor asentamiento pobre de España, donde las precarias casas se entremezclan con la basura y los escombros. Si bien el Sector 6 ha empezado a ser desmantelado y sus moradores serán reubicados, hoy por hoy es un caserío islámico con muchos militantes radicalizados. En esta “No-Go Zone” española se hallan erigidas tres mezquitas que los servicios de inteligencia y la policía tienen bajo vigilancia permanente para identificar radicales. Asimismo, existen dos centros culturales musulmanes. En el año 2015, la Policía Nacional arrestó en esta zona a tres jóvenes de origen marroquí a los que imputó de integrar un grupo vinculado al ISIS. Según las autoridades, estos individuos estaban dispuestos a perpetrar atentados. De hecho, muchos de los encarcelados por su vínculo con el islamismo radical en España estuvieron en el Sector 6. Fue también en la “Cañada de la Muerte” donde el programa “Espejo Público” del canal de televisión Antena 3 realizó una entrevista, en junio del año pasado, en la que un grupo de musulmanes justificaron los atentados terroristas en Europa, diciendo que “Lo que pasa en Europa es porque los musulmanes están hartos de vosotros, de los cristianos”.

En Cataluña la situación es delicada. Si bien consta que se hallan varias áreas donde operan militantes islamistas, a las autoridades le preocupan dos zonas específicas: Santa Coloma de Gramanet y el barrio de “La Mina”, en Sant Adriá del Besos, en el límite con Barcelona. En esta última zona, una parte importante de las casi 3.000 viviendas que existen han sido ocupadas por población islámica -desplazando a la población gitana- y hay tres edificios en los que habitan únicamente musulmanes.

Las “No-Go Zones” también se instalaron en Dinamarca (más de 30 zonas reconocidas por el propio Estado danés); Países Bajos (donde los tribunales obligaron en 2015 al gobierno a publicar la lista de las 40 “No-Go Zones”); Bélgica (con el barrio Molenbeek, situado en el centro de Bruselas, donde se consiguieron las armas que se emplearon en el ataque al semanario satírico francés Charlie Hebdo, en enero de 2015; Ayou El Khazzani, que quiso hacer una masacre en el tren Thalys, en agosto de 2015, se crió aquí; los nueve autores de los atentados de Paris, de noviembre de 2015, poseían vínculos en esta zona; y también se planearon en este barrio los atentados con bombas, de marzo de 2016, en el aeropuerto y el subterráneo de Bruselas); Noruega (con el barrio de Grønland como principal bastión islamista, a los que se suman Sofienbergparken, Stovner, Akerselva, Karl Johans Gate y Toyen); y también en Austria, principalmente en Viena, Favoriten y Linz.

Como hemos visto, las pésimas políticas migratorias de los gobiernos socialdemócratas y la tolerancia exacerbada de las autoridades europeas con respecto a los migrantes musulmanes radicales, han provocado una situación que, de no empezar a remediarse de manera inmediata, pondrán en un futuro cercano en serios problemas a las sociedades de Europa. Y también han hecho crecer el número de los votantes de los partidos de ultraderecha, tal el caso del Front National (Frente Nacional, FR), de Marine Le Pen, en Francia, la Lega Nord (Liga Norte), del vicepresidente y ministro del Interior italiano Matteo Salvini, o Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania, AfD), que ya se sitúa segundo en las preferencias del electorado alemán, según la última encuesta realizada por ARD DeutschlandTrend.

Como corolario, quiero citar tres declaraciones casi proféticas: la primera es de 1966, dicha por el primer presidente de Argelia, Ahmed ben Bella: “Conquistaremos Europa con el vientre de nuestras mujeres”.

La segunda, de 1974, fue lanzada por el entonces presidente de Argelia, Houari Boumédiène, nada más ni nada menos que en la sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas: Un día millones de hombres abandonarán el Hemisferio Sur para irrumpir en el Hemisferio Norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque comparecerán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria.

La tercera declaración pertenece al ajusticiado ex líder libio Muammar al-Gaddafi: “Hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sobre Europa sin espadas, sin pistolas, sin conquistas. No necesitamos terroristas, no necesitamos suicidas. Los más de 50 millones de musulmanes en Europa la convertirán en un continente musulmán en pocas décadas”.

Las cosas están claras. Solamente depende de las autoridades europeas torcer un destino sociocultural tan aciago para su futuro.

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