dom. Ago 25th, 2019

Diario el Minuto

La inmigración en España es una olla de presión.

Efectivos de Salvamento Marítimo rescatan una embarcación a la deriva que navegaba cerca por el Estrecho de Gibraltar. Todos, varias mujeres y menores entre ellos, son trasladados al puerto de Algeciras o Tarifa, en aparente buen estado. La secuencia se repite desde hace años, pero este 2018 ha derivado en un colapso que muchos resumen como «una olla a presión a punto de estallar».

Las mafias de la inmigración, principalmente las que operan desde Marruecos, aprovechan el buen tiempo para que los migrantes se jueguen la vida cruzando un mar en cuyo fondo marino hay miles víctimas. Este verano el escenario recuerda a lo vivido años atrás en Tarifa cuando, en sólo dos días, llegaron más de 2.000 náufragos. Aquello tuvo mucho de crisis diplomática: Marruecos, al tercer día, cerró sus fronteras y el problema se subsanó.

En las últimas horas, como apuntaba el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce (PP), en este diario, la similitud con la isla italiana de Lampedusa es evidente. Y es que sólo en la mañana del pasado viernes se localizó y atendió a 700 personas.

Tanto este dirigente del PP como la presidenta de la Junta de Andalucía, la socialista Susana Díaz, han enviado mensajes al país vecino, algo infrecuente. Hay que redoblar el esfuerzo de comunicación, de colaboración y cooperación con Marruecos para combatir a las mafias, ha dicho la presidente, que también pide ayuda interna,entre las comunidades autónomas y europea-tiene que haber una política de responsabilidad compartida en Europa; no puede quedar a la voluntad de los gobiernos o que se mire para otro lado lo que está pasando en el sur

Las ONG están al límite: mañana se incorpora un equipo de Save The Children para atender a menores; Cruz Roja, que sirve la primera acogida, no tiene capacidad para recibir a más personas; los CIES están saturados; la Policía tiene habilitado el polideportivo de El Saladillo (Algeciras), con unas 300 personas en su interior, como oficina de identificación, pues en las comisarías tampoco hay espacio; los centros de menores, que tutela la Junta, están saturados, y la Guardia Civil, según las organizaciones sindicales, agota horas extra. Y en la bahía hay barcos con hasta 300 personas que duermen a bordo a la espera de destino. La Junta ha anunciado una nueva zona de atención en el muelle de Crinavis, en San Roque, desde esta semana. «Ya se ha quedado pequeño», advierten las ONG.

El proceso de registro e identificación es el verdadero cuello de embudo. Los migrantes pueden estar 72 horas en comisaría. Si se confirma que la nacionalidad de alguno de ellos es marroquí o argelina, son devueltos, inmediatamente, pues España tiene tratado de devolución con esos países.Pero la mayoría de los que llegan son subsaharianos, cuya identificación es compleja/imposible. Tras agotar el plazo de 72 horas, son llevados a ONG, a CIES y muchos quedan directamente en la calle.

Desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), José Encinas, pone palabras a la situación: «Estamos saturados y desbordados. No nos falta costumbre con la inmigración, pero lo de este verano está siendo tremendo y en agosto irá a peor». Encinas no sólo pide más medios materiales y humanos al Gobierno español, que los promete para luchar contra la inmigración y contra el narcotráfico, sino a la UE. «Los inmigrantes vienen en condiciones extremas, como sabemos, pero luego aquí hay que atenderlos dignamente y estos días hasta eso se hace complicado», subraya Encinas. Preocupado por la situación vista el pasado jueves en la valla de Ceuta, exige: «Al menos que nos dejen usar nuestros elementos de defensa, no podemos ser parapetos. Esto va a estallar en cualquier momento, es una olla a presión».

En España el fenómeno migratorio va a peor. Se ha duplicado con relación al mismo periodo de 2017 que ya fue un muy mal año. En Italia ha caído por tercer año consecutivo, un 77,34% menos hasta mediados de junio. La ruta migratoria del Mediterráneo Occidental (Magreb-España) es la única que está en auge mientras las demás menguan.

Las cifras de irregulares llegados a las costas españoles que proporciona Interior probablemente estén algo subestimadas. A diferencia de los subsaharianos, los magrebíes que ponen pie en España intentan escapar de las fuerzas de seguridad porque saben, sobre todo los marroquíes, que probablemente serán expulsados a su país.

Una investigación de la delegación de la agencia EFE en Rabat reveló el 11 de junio que “cerca de 250.000 marroquíes se encontraban en España en situación irregular como consecuencia de la crisis, pero también del repunte de las pateras desde 2016”. El Ministerio del Interior español no da a conocer el desglose por nacionalidades de los inmigrantes irregulares, pero la mayoría relativa (23%) de los que llegaron por mar a España en 2017 eran marroquíes y, en segundo lugar, figuraban los argelinos. Estos últimos zarpan en general desde Marruecos. En España hay 773.995 marroquíes empadronados.

El presidente Pedro Sánchez, respondió a las críticas de Salvini en una entrevista que publicó el domingo el diario ‘El País’. “Hay gobiernos, como el italiano, que están teniendo un discurso antieuropeo y donde está primando el egoísmo nacional”, afirmó. Se abstuvo, sin embargo, de hacer reproches a Marruecos pese a la laxitud con la emigración de sus fuerzas de seguridad.

Agosto siempre ha sido una época de máximos en la zona, porque el buen tiempo favorece la llegada de pateras, porque es el mes de la operación cruce del Estrecho y del boom turístico -con la N340 hecha un atasco-, pero el conflicto más que latente del narcotráfico y la crisis migratoria acentuada los últimos meses agravan una panorama de tensión más que preocupante.

 

 

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