mar. Nov 19th, 2019

La Marcha Verde: la catástrofe Saharaui

En 1975, se vivieron momentos de gran tensión entre España y Marruecos por la cuestión del Sahara Occidental.

En 1975, se vivieron momentos de gran tensión entre España y Marruecos por la cuestión del Sahara Occidental.


Por: Jorge Suárez Saponaro. Director del Minuto en Argentina


Las guerrillas del Polisario luchaban abiertamente contra las autoridades españolas. El general Franco, muy enfermo mantenía en vilo a la dirigencia española. La posibilidad de una guerra regional era una realidad. Hassan II, rey de Marruecos tenía una situación difícil y precisaba a todas luces un conflicto externo para salir del atolladero. Sabía que el próximo intento de golpe de Estado no fallaría.

El gobierno marroquí a partir de 1975, incrementó la presión a España, aprovechando circunstancias de la política interna que vivía dicho país. La enfermedad del “Generalísimo” mantenía en vilo a los políticos del “Régimen”. Las características de este, por su verticalismo y centralización de las decisiones en el Jefe de Estado limitaba seriamente el margen de maniobra del gobierno. Las fisuras eran evidentes, dado el avance de los sectores que exigían una apertura, incluso dentro de la Iglesia Católica y las fuerzas armadas españolas. Las ejecuciones de integrantes de grupos armados ilegales fue objeto de numerosas críticas internacionales y especialmente dentro de Europa, generando el aislamiento internacional del Régimen. Esto repercutía en la estrategia aplicada al Sahara, el asesinato del almirante Carrero Blanco, jefe del gobierno y delfín del Régimen significó el fin de la tesis integracionista, los bandos en pugna en el poder franquista se vieron influenciados o mejor dicho presionados por Estados Unidos (Kissinger), Francia y los intereses económicos vinculados a la monarquía alauí.

Mientras Marruecos desplegó su ofensiva diplomática, en la frontera saharaui – marroquí sucedieron una serie de incidentes armados a lo largo de 1974-1975. El gobierno español denunció la existencia de 24 incidentes armados con Marruecos ante las Naciones Unidas a pesar que las fuerzas españolas siempre se imponen en los incidentes, Madrid estaba decidido a llegar a un entendimiento con Marruecos en el marco de una salida negociada. Desde el punto de vista del Derecho Internacional, España contaba con argumentos de sobra para acusar a Marruecos de agresión.

En el marco de estas presiones apareció la Marcha Verde, movilizando 350.000 personas (gran parte eran personas desocupadas y subocupadas). Hassan II ante el fallo adverso de La Haya en un mensaje a la población señaló que la Corte había reconocido vínculos de sumisión y jurídicos entre el Sahara y Marruecos, omitiendo el contenido real del dictamen, que descartó de plano los derechos marroquíes sobre el territorio. El rey tenía dos meses para ganarle de mano a la ONU y evitar otros tipos de medidas que impidieran la anexión de “su Sahara”. Ello lo llevó a poner en acción la Marcha Verde o Marabunta como lo nombraban los mandos espanoles, acción que venía planeándose hacía varios meses atrás. Esta Marcha, estaba planeada desde el mes de agosto. No en vano, como dice Fuente Cobo, Marruecos mantenía desplegado importantes fuerzas del Ejército Real en la frontera con el Sahara.

El rey sabía que una derrota diplomática, unido con el repliegue de las potentes fuerzas desplegadas en el sur, hubiera sido explotado por sectores opositores, provocando seguramente su caída (algo que no evaluaron los líderes espanoles en su profundidad). El Alto Mando en el Sahara tuvo una frenética actividad, especialmente en el aspecto de la inteligencia para identificar las reales intenciones de la Marcha, temerosos de incidentes con civiles marroquiés, que pudieran tener consecuencias catastróficas para Madrid. La respuesta fue por medio de alambrados, campos de minas canalizar la “Marabunta” a zonas de seguridad, controlables por los españoles, pero adoptando medidas para dar respuesta a una invasión armada por parte de Marruecos. La Marcha, como se supo tiempo después, fue la “cortina de humo” de la invasión militar. Los puestos avanzados españoles abandonados por seguridad, fueron ocupados por tropas marroquies en lucha abierta con las guerrillas del Polisario. Si se llegaba a la guerra, el dispositivo militar español concentraría su esfuerzo en la defensa de El Aaiún, que recibiría apoyos desde el Mando de Canarias.

En el marco de esta verdadera “guerra de nervios” el general Gómez de Salaza, viajó secretamente a Argelia, donde mantuvo un encuentro con el coronel Selim, comandante de la 5ta Región Militar. Los argelinos no asumieron abiertamente la idea de apoyar directamente a España, no obstante mostrar su oposición abierta a Marruecos, pero sí facilitaron el diálogo con el líder del Polisario, El Uali.

Esta marcha en los primeros días de noviembre de 1975, penetró varios kilómetros en el interior del territorio del Sahara Occidental. En el marco de una suerte de acuerdo tácito entre las partes, que fue explotado al máximo por el Rey marroquí. La Marcha Verde avanzó hasta la línea cercana a los campos minados, bajo la advertencia de Hassan de continuar la movilización con el objetivo de obtener la devolución del Sahara.

En Villa Bens unas 30.000 a 40.000 personas quedaron a la espera, con el objetivo de utilizarlos como colonos del territorio saharaui. Semejante movilización, no solo no pudo permanecer en secreto para los servicios de inteligencia españoles, sino que recibió el apoyo directo de Estados Unidos y Arabia Saudita. Fuente Cobo señala que la planificación se llevó a cabo en un gabinete de estudios estratégicos en Londres. La organización de semejante marcha sin ninguna duda requirió asistencia, dado la magnitud, la complejidad de la logística y de organización en un país con severos problemas de infraestructura e inexperiencia absoluta en movilizaciones de semejante magnitud.

Prueba del apoyo extranjero queda de manifiesto cuando en la misma Marcha Verde se observan como ondearon banderas de Estados Unidos junto a las marroquíes. Es más, el Dr. Ruiz Miguel señala que el mismo Kissinger, desde Jerusalén, dio el visto bueno para llevar a cabo la Marcha Verde. Debe destacarse que los medios marroquíes controlados por el gobierno de alguna manera lograron contribuir a movilizar la opinión pública luego de años de bombardearla con la idea de un Sahara pro-marroquí. Toda opinión contraria la idea del Sahara marroquí, sería objeto de prisión y torturas.

El rey se jugaba su permanencia en el trono, el fracaso no era la opción, si sus planes naufragaban ello significaría el fin de la monarquía. En esos días la sociedad española no tenía conocimiento de la magnitud del problema, al considerarlo el régimen “materia reservada”. Cabe señalar que durante estos momentos de tensión en tierras saharauis había 20.000 colonos españoles, potenciales víctimas de una guerra de agresión como amenazaba Hassan II. Muchos años después cuando en el seno de la población española se forman las organizaciones de solidaridad con el pueblo saharaui, queda de manifiesta que si en su momento el pueblo español hubiera tenido conocimiento de la situación real del Sahara, seguramente la presión hacia el gobierno lo llevaría a cambiar de actitud en relación a los saharauis.

El Dr. Ruiz Miguel nos dice que el apoyo de Estados Unidos fu determinante a través de asesores para organizar semejante movilización. La magnitud de la Marcha requirió más 7.000 camiones, diez mil lideres para organizar a los cientos de miles de voluntarios; más de 400 médicos; cientos de ambulancias; 17.000 toneladas de alimentos; 23.000 toneladas de agua; y más de 2500 litros de carburante, etc. Todo esto no solo requiere una eficiente organización, que incluyó un aceitado mecanismo de coordinación entre las columnas de avance, la construcción de bases de apoyo, sino dinero para llevarla a cabo, que el gobierno marroquí no tenía.

La Marcha Verde, en verdad no fue más que una cortina de humo para una brutal invasión militar, aprovechando la oportunidad de que el Ejército español estaba retirándose. Del interior de la marcha surgieron columnas militares formadas por fuerzas del Ejército Real y el FLU, apoyados por blindados ligeros, desplazándose hacia el este en dirección a los puestos abandonados en la región de Saguía el Hamra por los españoles. Aquí comienzan los choques con el Frente Polisario que ocupan los puestos avanzados por las fuerzas españolas.

En esos días el Generalísimo tenía su salud resquebrajada y convocó a una serie de personalidades, entre ellas al príncipe Juan Carlos y el presidente de las Cortes Generales, Rodríguez de Valcárcel. Según dicen fuentes de la época, que de la boca de este último, Franco se enteró lo de la Marcha Verde, lo que lo indignó. La gravedad de las circunstancias llevaron al presidente Arias a

convocar el 20 de octubre a la Junta de Defensa Nacional (componían este organismo el presidente de gobierno, los ministros militares y los jefes de estado mayor). El contenido sigue siendo secreto hasta el día de hoy. Pero es altamente probable que la tesis entreguista se impusiera, como muestra el hecho que el ministro Solís, por encargo de Arias es enviado a dialogar con Hassan II. Desde la cartera de Exteriores, el viaje de Solís se entendió – y fue así – una claudicación frente a Rabat Mientras tanto la situación de Franco empeoraba aún más y sin ninguna duda ello repercutía en las decisiones del gobierno, temeroso de su destino “el día después”.

Las autoridades militares del Sahara Occidental en su momento montaron la “Operación Marabunta” destinada a evitar la ocupación militar de El Aaiún, montando un eficiente dispositivo de defensa a cargo de 20.000 efectivos, que en aquel momento estaban mejor equipados y preparados que las fuerzas marroquíes. La operación consistía en impedir la toma marroquí de El Aaiún, centro de gravedad del dispositivo militar español. El mando español extendió una red de alambradas doble en dirección este – oeste hasta enlazar con el camino que desde la frontera norte se dirigía hacia la localidad de Hagunia. Al este de este lugar se extendía un río seco de difícil tránsito, el Uad Hagunia. Entre ambas alambradas se habían sembrado minas antipersonal.

El objetivo era obligar a los participantes a seguir una serie de rutas pre fijadas de antemano. Bajo el concepto de “defensa a ultranza” se formaron una serie de potentes agrupaciones tácticas en el interior de la ciudad y sus alrededores. Las agrupaciones tenían como mínimo una “bandera” (batallón) de La Legión y como fuerza de reserva se contaba con un grupo de caballería legionaria para lanzar contraataques locales. Además las fuerzas desplegadas contaban con un grupo de artillería autopropulsada con cañones M-109, dotando de una gran cadencia de fuego al dispositivo militar, apoyados por un batallón de “carros” (tanques) AMX-30. En el interior del Sahara había desplegados unos 10.000 efectivos y llegado el caso podrían desplegarse en apoyo a las fuerzas españolas dos batallones paracaidistas. Nos dice Fuente Cobo que la disciplina y moral eran elevadas y las fuerzas españolas se consideraban aptas para destruir rápidamente a los 13.000 efectivos marroquíes que invadieron el Sahara con la Marcha Verde.

La dotación de munición les hubiera permitido incluso avanzar hasta Rabat en menos de ocho días. El despliegue respondía a un modelo “conservador” pero sólido, detrás del dispositivo estaba el mar, controlado por la Armada Española. Dicha fuerza estuvo preparada con un grupo anfibio, despliegue de submarinos y fuerzas de la flota cercanos a puertos y costas marroquíes.

En estos momentos de tensión el personal saharaui fue licenciado y desarmado, que rápidamente engrosó el creciente ELPS. (ejercito de liberación popular saharauii) La situación militar marroquí era precaria, sus líneas de abastecimiento se habían extendido más de lo debido, sus bases aéreas estaban lejos, a ello se sumaba la masa de civiles lo que implicaba un serio problema logístico. Nos dice Fuente Cobo que dado la superioridad naval española la posibilidad de un desembarco en la retaguardia marroquí – el peor escenario para la Defensa magrebì – hubieran tenido que librar una guerra de dos frentes. El alto mando marroquí era consciente de las posibilidades militares españolas, igual que el propio rey Hassan II, pero hábilmente el monarca supo explotar la situación interna dentro del gobierno español.

A ello se sumaba un escenario más complejo, si los manifestantes quisieran saltar las alambradas, estimando el mando marroquí la muerte de 30.000 personas, provocando un escándalo internacional. También estaba la posibilidad de que España buscara maniobras dilatorias y con el tiempo la multitud de la Marcha Verde podría perder la paciencia y volverse en contra del rey.

El gobierno español hacia tiempo que estaba decidido a abandonar el Sahara, el sector “entreguista” se había impuesto, mientras que el comando militar hispano en el Sahara afilaba la Operación “Marabunta”, el Alto Mando militar en Madrid comunica el 18 de octubre al comando militar la decisión del gobierno español de evacuar el Sahara (Operación “Golondrina”).

El 23 de octubre el rey Hassan II instó a los saharauis a rechazar cualquier idea de independencia por ser una manipulación de las autoridades españolas y solicita la intervención de Estados Unidos para mediar entre Marruecos y España. Al día siguiente el ministro de exteriores marroquí Ahmed Laraki se entrevistó con autoridades españolas para negociar el traspaso del Sahara Occidental. La tensión en esos días fue enorme, a tal punto que el mismo jefe de

gobierno español Arias Navarro preguntó a funcionarios marroquíes si buscaban la guerra con España. Mientras tanto en El Aaiún las manifestaciones independentistas continúan.

En los días de la Marcha Verde, mientras cientos de miles de marroquíes acampaban dentro de territorio saharaui, los civiles españoles huyeron y el 28 de octubre de 1975 fue decretado el toque de queda, el argumento del gobernador Salazar eran posibles atentados por parte del Polisario. Algo irreal, puesto que esta organización nunca apostó a la táctica terrorista.

La población saharaui vivió sus horas más dramáticas dado que sus barrios son rodeados con alambradas, la ciudad es cercada por blindados con la orden de disparar sobre cualquier manifestación; las líneas de comunicación son cortadas entre los nativos y españoles simpatizantes de la causa independentista; y se obliga quienes quieran salir de la ciudad hacerlo por medio de un salvoconducto con la promesa de no regresar.

Muchos españoles (gran parte de ellos canarios) resistieron la idea de abandonar sus casas, negocios y puestos de trabajo. La administración colonial impuso multas e intimidaciones para quienes se negaban cumplir con la orden de abandonar el Sahara. Se pone en marcha la llamada “Operación Lazo” destinada a cercar los barrios nativos y evitar la salida de los saharauis, donde ya habían huido en gran parte los más jóvenes. Las tropas españolas descontentas con la actitud tomada por el gobierno y por la claudicación ante la agresión marroquí, permitieron que la población huyera, sin saberlo que lo hacían para no volver.

El 30 de octubre el príncipe Juan Carlos de Borbón recibió los poderes de Jefe de Estado ante la situación irreversible del General Franco, cuya salud estaba totalmente quebrantada. En esos días las fuerzas marroquíes luchan abiertamente en tierra saharaui contra las fuerzas del ELPS.

En el plano diplomático España estaba aislada: Estados Unidos, aliado del Régimen decidió apoyar a la tesis marroquí, incluso prohibió expresamente el uso de armamento de origen estadounidense en una hipotética guerra con Marruecos (gran parte de la fuerzas aéreas y navales eran de Made in USA) ; los territorios de Ceuta, Melilla y las islas Canarias estaban amenazados, a lo que se sumaba la posición de apoyo a Rabat de parte del mundo árabe (del cual dependía fuertemente España por su importación de petróleo del Golfo), la Comunidad Europea (particularmente de Francia que apoyaba a Marruecos).

Madrid estaba inmerso en un conflicto que podría terminar en una guerra, en un marco político sumamente vulnerable dado la situación de salud del Jefe de Estado. El gobierno no tenía una postura unánime y tenía fuertes divisiones internas por el conflicto, lo que impedía ejecutar una maniobra exterior que neutralizara a Hassan II o por lo menos aprovechara las circunstancias favorables, que las hubo hasta último momento.

En los días que Hassan II lanzaba la Marcha Verde, España intentó en vano movilizar el Consejo de Seguridad. Es en esos momentos donde la diplomacia española quedó en soledad, salvo el proyecto de Costa Rica que pedía al Secretario General que entablara consultas inmediatas con las partes. Francia aparece como opositor a la posición española. Luego de varias idas y venidas el Consejo emitió una resolución deplorando la Marcha Verde.

Tal vez un conflicto armado hubiera beneficiado a España. Esto hubiera obligado a la ONU en el marco del Cap VII a enviar cascos azules y de esa manera se evitaba firmar los tristemente célebres Acuerdos de Madrid. Un juego peligroso sin ninguna duda, que hubiera requerido una rigurosa planificación previa. Nuestra posición, es que España tenía elementos suficientes para cambiar el rumbo de la historia y contribuir con el lamentable gobierno de Hassan II, que no era más que una dictadura.

El día 7 de noviembre las Naciones Unidas reaccionaron ante la Marcha Verde, el presidente del Consejo de Seguridad Iakok Malik dirigió una nota al rey Hassan II solicitándole poner fin a la marcha. Ese mismo día el embajador español presentó una nota ante el Consejo de Seguridad denunciando las graves circunstancias de la Marcha Verde, que había llegado hasta las posiciones defensivas españolas, siendo ello un riesgo y abriéndose la posibilidad de un enfrentamiento armado. En citada misiva las autoridades españolas denuncian la presencia de las FAR (Fuerzas Armadas reales marroquíes) entre los manifestantes.

En este conflicto además de los actores ya conocidos en esta tragedia se encontraban dos potencias, Estados Unidos y Francia. En el caso del primero tenía intereses concretos en la zona del Mediterráneo en el marco de la Guerra Fría. Una serie de hechos políticos incrementaron la atención de Estados Unidos sobre la zona. La Unión Soviética de la mano del genial almirante Gorshkov emergía como potencia naval de primer orden, zonas de influencia occidental se habían perdido, como la estratégica Indochina.

En la OTAN había una seria crisis tras la invasión turca a Chipre que provocó tensiones con Grecia, a lo que se agregó el golpe militar de izquierdas (Revolución de los Claveles) que terminó con la presencia portuguesa en África, dejando sus ex colonias en manos de regímenes abiertamente pro – soviéticos. El Mar Mediterráneo tenía – y tiene hasta hoy día – un rol fundamental por la dependencia de las potencias occidentales del petróleo del Golfo Pérsico. Una serie de bases en España, Gibraltar y otros puntos del Mediterráneo eran claves para el despliegue militar de Washington. En este juego se insertaba Marruecos, país clave para sus intereses, dado que parte del Magreb estaba en manos de gobiernos favorables a Moscú (Argelia y Libia).

Para los estrategas de Washington la estabilidad del régimen marroquí era crucial como la transición española. La crisis del Sahara no podía interferir en los planes de Estados Unidos en la zona. No podía tolerar otro episodio como Grecia y Turquía, y esta vez con la posibilidad de un enfrentamiento armado. A ello se suma las acciones desplegadas por Rabat para mostrar el presunto peligro de un estado filo comunista con costas en el Atlántico Norte, Frente mostrando las autoridades marroquíes al Frente Polisario como un instrumento de Moscú para extender su influencia.

La agonía de Franco y el crecimiento del Partido Comunista español como principal motor de las protestas y movilizaciones en pro de una apertura, hacían factible que España pudiera seguir el camino de la Revolución de los Claveles en Portugal, siendo una de sus consecuencias que todas sus ex colonias, excepto en dos casos puntuales, terminaran en manos de gobiernos pro soviéticos. Según nos dice el profesor Ruiz Miguel estas posibilidades fueron explotadas hábilmente por Rabat. Todo ello, constituyeron razones que motivaron a que Estado Unidos brindara apoyo militar y económico a la aventura de Hassan II, aún con conocimiento del fallo de la Corte Internacional de Justicia.

En el caso de Francia, cuyo aliado incondicional en la zona era Marruecos, también tiene sus intereses vinculados al conflicto. En estos días difíciles París no duda en apoyar a Hassan II, dado que Marruecos es pieza clave para los intereses franceses en la región, luego de la pérdida de Argelia en los 60. En los años 70 se observa una activa política neocolonialista en África a fin de garantizar los intereses económicos y estratégicos de París, intentando recuperar terreno perdido luego del proceso de descolonización de los años 60. Esta política pone en evidencia la clara intención de Francia de seguir jugando el rol de potencia con cierta proyección y balancear su poder frente a Estados Unidos, especialmente al acordar con Marruecos facilidades militares para sus fuerzas militares, lo que significaba poner en riesgo la tradicional influencia sobre Rabat.

Otro problema era recuperar terreno perdido en Mauritania que había nacionalizado las minas de hierro y roto el acuerdo militar con París, frente a una creciente influencia argelina. Las aspiraciones expansionistas de los liderazgos políticos de Marruecos y Mauritania demandan ayuda militar y económica, circunstancias que fueron aprovechadas por Francia para mantener a dichos países en su área de influencia. El apoyo diplomático, político y militar francés será de capital importancia para que la aventura saharaui fuera posible. Esta situación le permitirá a Francia reforzar su influencia neocolonial con Marruecos y Mauritania y hacer factible el eje París – Rabat – Nouakchott – Dakar.

El escritor Emiliano Gómez López nos dice en su obra “Del Sahara Español a la República Saharaui” que unos años antes de la invasión del Sahara, Marruecos cerró importantes contratos de adquisición de equipamiento militar con Francia: “En un plazo muy breve, los funcionarios de Hassan II firmaron una serie de contratos de compra con diversas empresas fabricantes de material bélico: SAVIEM, filial de Renault, vendió varias decenas de vehículos blindados de reconocimiento VAB. Thompson CSF suministró equipos de radar. SNIAS, cohetes “Milan” y helicópteros “Puma”.

GIAT, tanques AMX y municiones de todo tipo. PANHARD, carros blindados ligeros. DASSAULT, se comprometió a suministrar rápidamente 75 aviones de combate “Mirage F-1”. Con posterioridad a estas adquisiciones, la monarquía efectuó nuevas compras a la industria

bélica francesa hasta completar el rearme del Ejército y dejarlo listo para iniciar la “recuperación” del Sáhara Occidental.

Esta compra de equipo militar moderno fue gestada durante la visita del rey Hassan II en el marco de las negociaciones de un acuerdo de cooperación militar con Francia. El entonces presidente Giscard D´Estaing tomó la iniciativa para gestar dicho acuerdo militar, codificado como “Plan Marrakech”. Estas importantes adquisiciones de material francés, transforman a Marruecos en un importante mercado para la industria bélica gala, reforzando los lazos políticos con Francia. Este material será utilizado profusamente durante la invasión al Sahara.

Estados Unidos y Francia presionaron a España por diversos canales con el objetivo de promover la entrega del Sahara a Marruecos y Mauritania. Dichos países precisaban un conflicto externo de manera urgente, a fin de distraer recursos y la opinión pública de las cuestiones domésticas. En el caso de Rabat, era prioritario mantener lejos a los militares de las puertas de Palacio. El próximo intento de golpe no fallaría y sin ninguna duda sería el fin del Majzen. Francia no podía perder estados clave a sus intereses, y en menor medida Estados Unidos buscaba contener una presunta “avanzada” comunista, a pesar que el Polisario no tenía ningún vínculo con Moscú.

Pero el mundo estaba dividido y “otros” habían decidido que los saharauis debían ser entregados a sus vecinos mauritano y marroquí, para salvar sus regímenes pro occidentales. Lo que no se esperaron fue la resistencia que opondría este pueblo en los años siguientes.

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