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La Mirada del Vecino

Libertad como fundamento social, Estado al servicio ciudadano, defensa de la propiedad privada y respeto del estado de derecho, fueron ideas que los hombres de los burgos tomaron como filosofía para acordar un contrato social. Jean-Jacques Rousseau las presentó en 1762 y marcó la historia. Hoy, dicho contrato se custodia en cada carta magna.

Por: Gary Ayala | Director de El Minuto en Perú


Hace 46 años, el 20 de marzo de 1975, llegó a Santiago de Chile un economista de la Universidad de Chicago, Milton Friedman, se reunió con el presidente Augusto Pinochet Ugarte a quien explicó que la libertad económica constituía una condición para lograr la libertad política.

Además, disertó en la Universidad de Chile y en la Universidad Católica. Su palabra era regla económica, había sido asesor de Richard Nixon y de Ronald Reagan.

Al dejar Chile, Friedman declaró haber visto shock en los estudiantes que lo oyeron y que la comida probada no le había gustado, anecdótico; en cambio, muy serio, afirmó que le preocupó el déficit fiscal y la mala política monetaria, en abril de ese año el gobierno lanzó el Plan de Recuperación Económica. En adelante los “Chicago Boys” protagonizaron lo que Friedman llamó “El Milagro de Chile”. En 1976, recibiría el Premio Nobel en Economía por sus logros en el análisis del consumo, teoría monetaria, y políticas de estabilización.

Un Proceso en Marcha

Ahora, los titulares de los medios del mundo exponen los resultados del 16 y 17 de mayo en Chile donde los independientes (40%) y los candidatos de izquierda (30%) fueron mayoritariamente electos como convencionales constituyentes, conjuntamente con una reducida representación de la derecha (20%), más 17 escaños correspondientes a diez pueblos originarios para cambiar la Constitución que sustentó al milagro económico.

Sumado a ello, el impacto producido por la elección de una feminista y militante del Partido Comunista, Irací Hassler, como alcaldesa de la ciudad de Santiago -capital del país símbolo del neoliberalismo en América Latina- azuza el temor de quienes ven a los hijos de Marx en algún cargo público aun cuando hayan llegado allí por la vía democrática.

La labor de los 155 convencionales, de redactar una nueva Constitución en el plazo de nueve meses (prorrogables a 12), se presenta como una secuencia del proceso iniciado con las marchas estudiantiles en el 2006 y continuado en octubre del 2019 con el estallido social (“No son 30 pesos, son 30 años”) donde se denunció al modelo socioeconómico, al estado de carencia de servicios básicos para la vida y el desarrollo, y a la precariedad económica de muchas familias debido a su endeudamiento ante corporaciones privadas.

La ciudadanía activista, había cuestionado frontalmente a la Constitución política promulgada en 1980 por lo que buscó cambiarla, vía plebiscito.

Aquel resultado plebiscitario (25 de octubre del 2020) con un 78% a favor del “Apruebo” y de nuevos 155 miembros, fue contundente. La boleta había considerado dos preguntas. 1. ¿Quiere una nueva Constitución?: Apruebo/Rechazo y 2. ¿Quién redactará la Constitución?: Convención Mixta (50% parlamentarios vigentes y 50% ciudadanos electos) o Convención Constituyente (155 miembros electos. Encomendados por la ciudadanía).

Por consiguiente, la aprobación de la Constitución que elaborarán los convencionales (proyectada para el semestre final del 2022 mediante un plebiscito ratificatorio) induce a verla como otra etapa de un proceso impulsado con movilizaciones, enfrentamientos frente a carabineros y el lamentable costo humano, producida desde 15 años atrás.

Si bien, la actual Constitución tuvo modificaciones como la del último año del régimen militar, 1989, cuando se derogó la prohibición de organizaciones marxistas en el país, o la del 2005 en el gobierno de Ricardo Lagos cuando se eliminó la facultad de las Fuerzas Armadas y de la Corte Suprema para elegir a los senadores, la oposición tiene más reparos.

El resguardo de la privatización del recurso natural como el agua (propiedad empresarial privada), la exigencia de dos tercios de parlamentarios para realizar modificaciones, y el crítico rol subsidiario del Estado que deja la atención de salud, educación y seguridad social bajo dominio de entidades privadas, son otros aspectos que se busca cambiar.

Y hay más temas en expectativa: Un modelo de economía útil para todos, el papel de la empresa extranjera en el desarrollo nacional, la regionalización empoderadora de los pueblos del interior, las políticas de salud frente al Covid-19, el cuidado estatal de riquezas naturales como el cobre y el litio, la seguridad social y papel de las AFP.

La Mirada del Vecino

El vecino Perú, observa. También sufre una crisis y busca luces. Sabe que Chile triplicó su producción nacional durante los 20 años anteriores a 2019 y que su macroeconomía refleja prosperidad; pero también sabe que un jubilado allí recibe el 35% promedio de su ex sueldo y que si viviera 60 años más cobraría lo mismo si nada cambiase (Fuente, BID).

La “Cascada de la felicidad” o “chorreo económico” que plantea el neoliberalismo como efecto natural de su sistema de mercado, al parecer, no funciona muy bien en la redistribución de la riqueza cuando las estructuras legales sesgan el curso de dicha riqueza. La ventura económica empresarial y la penuria del trabajador que cumple con todas las formalidades sociales no expresan un estado muy exitoso de convivencia humana.

En Perú se menciona mucho la frase: “Pisar tierra” para invocar mejor acción frente a una situación complicada. En tal sentido, diversos colectivos ciudadanos han reaccionado para reclamar mejores condiciones para su progreso. El país, que tiene 33 millones de habitantes, 1’900,000 registrados con infección Covid-19 y 66,500 fallecidos hasta el mes de mayo 2021 por ese mal, atraviesa una etapa de grave inestabilidad sociopolítica.

Resultó irónico el informe que desde el Ministerio de Economía se brindó al país (agosto, 2020) cuando se anunció una mejora en lo económico, lo fiscal y en la demanda externa, cuando se dijo que para el 2021, habría un crecimiento de 10% del PBI con mejor gasto público, consumo, inversión privada y reactivación de proyectos estratégicos; además, que Perú, Chile y Colombia liderarían el retorno al estado pre COVID-19 en América Latina.

Y para coronar la ironía se recuerda ahora cómo desde el Fondo Monetario Internacional (febrero, 2021) se confirmó el ascenso peruano, se ajustó la cifra a 9% y se profetizó que lideraría el macro crecimiento en América Latina (?) seguido por Chile con el 5.8% y el continente con 4.1% como media. Pero, claro, reconocieron que el PBI per cápita (por persona) en toda la región recién recuperaría su nivel pre Covid en el 2025.

En la tercera semana del mes de mayo del 2021, el Instituto Nacional de Estadísticas e Informática, INEI, informó que efectivamente el Perú experimentaba un crecimiento de 10 puntos, pero en pobreza y que solo hasta el último diciembre la pobreza monetaria había afectado al 45,7% de la población del área rural y al 26,0% de la población del área urbana.

La macroeconomía tiene el encanto de mostrar escenarios exitosos en las pantallas digitales, aunque ello pueda contradecir la situación microeconómica y personalizada de cada ciudadano de a pie. Entonces, el conflicto social puede incubarse entre específicas condiciones sociales y no necesariamente en la alucinación de un antisocial.

Los resultados de la votación realizada en Chile (mayo, 2021) no han sido ampliados por los medios de comunicación peruanos, el hecho ha sido más tratado en las redes. ¿Razones? En el país sureño ganaron las fuerzas denominadas progresistas con una visible presencia de la izquierda. En el Perú el episodio de la segunda vuelta electoral presidencial la disputan un supuesto comunista y una representante de la extrema derecha.

La millonaria campaña de la señora Keiko Fujimori Higushi, la más cuantiosa de los últimos 40 años en el Perú, cuenta con la participación de los grandes medios de comunicación del país a su favor, por lo cual, toda información adversa como la originada por la ciudadanía indignada de Colombia ante las medidas de un duro gobierno neoliberal, y en nivel más alto, con la consumación de un triunfo progresista en Chile, está vetada.



En el escenario peruano, el factor Chile es letal para la campaña de Fuerza Popular, organización fujimorista; en cambio, sí bendice las aspiraciones de Perú Libre donde se suscriben los sectores más desfavorecidos y empobrecidos del Perú, además de quienes se han caracterizado por promover corrientes de gran sensibilidad social.

El país está partido en dos. La lid entre un novato candidato y una experimentada mujer con urgente necesidad de ganar el 6 de junio es más guerra mediática que idearia. Pedro Castillo Terrones, católico, de origen rural, quien va por un partido que no le pertenece y su ideario mucho menos, proseguirá con su providencial candidatura que lo eleva y le amplía sus sueños, pero que también lo hace blanco de una estrategia de difamación.

La proclama oficial del triunfo de Castillo, demostraría que la lotería política es parte de la democracia; de no ganar, volvería a su sindicalismo y magisterio. La proclama de Fujimori confirmaría la supremacía del poder económico, el nefasto rol de los medios sobre la mente humana y un sentimiento de millones de personas similar al del cinéfilo cuando ve triunfar a Darth Vader sobre Luke Skywalker; de no ganar, 30 años de cárcel la esperarían y 22 a su esposo, Mark Vito, por un proceso vigente.

Es necesario revisar la línea de tiempo: El rechazo realizado en el 2014 por jóvenes de las clases medias en calles y plazas -sin influjos de centrales sindicales- a las pretensiones empresariales de eliminar sus derechos laborales, rubricó la lucha cívica no ideológica. Luego, la acción espontánea y pública de millones de jóvenes en defensa del sistema democrático -sin conducción de ningún partido- ante la pretensión corrupta de imponer un presidente de facto en el 2020, advirtió que existe juventud despierta y con valores.

El cambio de contenidos de muchas personas en redes que hace un año publicaban sublimes saludos en fechas afectivas y tiernas fotografías familiares, por arengas cívicas en defensa de la democracia, demuestran un espíritu más identificado con el tema social, muy necesario para construir una sociedad más justa.

El respeto por la dignidad de las personas y por su libre construcción societal con reglas de participación equitativa son los cimientos de toda democracia que pretenda la paz y la vida en su sistema; no reconocerlo es pretender ¡Democracia sí, pero no en exceso!

Ahora, desde el Perú se observa a Chile para prever lo que podría ocurrir en su propio territorio. El poder socioeconómico y sus adeptos lo hacen para medir hasta dónde permitirán practicar democracia para no alterar su democracia. Los anhelantes del cambio observan los pasos dados en pro de una nueva Carta Magna. El porqué de unos resultados electorales ha generado un gran interés manifestado en la mirada del vecino.

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