jue. Dic 5th, 2019

La primera guerra contra el yihadismo

Por: el Dr Jorge Alejandro Suárez Saponaro Hoy observamos lo mismo con el siniestro Estado Islámico, su régimen despótico, sus crímenes, no hicieron más que debilitarlo.

La primera guerra contra el yihadismo

Sudán 1881-1898

Nos despedimos de las Lecturas de Verano. Generalmente muchos creen que la guerra contra el  yihadismo comenzó de la mano con la llamada “Guerra Global contra el Terror” liderada por el entonces presidente George Bush Jr en 2001, como consecuencia del atentado del 11- S en Nueva York. Pocos saben que la primera guerra contra el; yihadismo, fue llevada a cabo por el Imperio Británico contra el régimen integrista del llamado “Mahdi” en Sudán. En aquella última “aventura imperial” participó entre, el que sería el célebre Winston Churchill, que a fines del siglo XIX era un joven teniente, que estuvo presente en la caída de Omdurman en 1898, en manos del también célebre mariscal Lord Kitchener

Por: el Dr Jorge Alejandro Suárez Saponaro  Director de El Minuto para Argentina.


La historia del Sudán es milenaria, la antigua Nubia en tiempos de los faraones. Durante siglos, la llamada “Tierras de los Negros” (que es lo que significa Sudán), fue tierra de guerras entre tribus, sultanatos locales, etc.  En el siglo XVIII sobresalió por un tiempo el sultanato de Funj, luego conocido como Sultanato de Sennar. Este territorio ligado de tiempos inmemoriales a Egipto, fue conquistado por uno de los hijos del célebre jedive de Egipto, Mehmet Ali, Ismail Kamil en el período entre 1820-1822. La resistencia fue particularmente dura en la región del Kordofán.  Siendo suprimido el sultanato de Sennar.

El régimen egipcio implantó un gobierno altamente centralizado, con base en Jartum. La política de modernización de Mehmet Ali, tuvo su costo. Tanto Egipto como su posesión sudanesa, tuvieron escuelas, ferrocarriles, línea de vapores por el Nilo, telégrafos, etc. Ello demandaba muchos recursos. La política impositiva, generó antipatías en la población, dado la voracidad de las nuevas autoridades, agregándose la corrupción.

En 1877, Egipto ya en la órbita económica británica, aplicó sus posesiones sudanesas el tratado de lucha contra la trata de esclavos. El jedive prohibió esta lucrativa práctica en todos sus dominios, lo que alimentó los ánimos tanto antiegipcios como antibritánicos. En 1881, apareció Mohamed Ahmad, que se proclamó como Mahdi, sucesor del Profeta Mahoma, dando comienzo a una rebelión integrista, contra el dominio turco egipcio. Sus seguidores eran conocidos como daraweesh,, que los británicos denominarían derviches.

El jedive Tewfiq ordenó suprimir la rebelión mahdista y despachó una expedición militar. Desde 1882, Egipto era un protectorado británico. Los lazos de vasallaje con el Imperio otomano, eran nominales, desde hacía tiempo, Egipto actuaba como un estado independiente. Serán las deudas contraídas y el interés de Londres por el estratégico canal de Suez, que llevó a Egipto a convertirse de facto en un protectorado. El clima para lanzar la expedición punitiva no era la mejor, hacía poco que los británicos habían ahogado una rebelión nacionalista liderada por el coronel Arabi Pachá. Encontrar reclutas era muy difícil, a tal punto que más de uno se amputaba los dedos o buscaban inacapacitarse para quedar exentos del servicio militar.

El general británico Hicks que encabezó la expedición llevo consigo a muchos soldados que llevaron grilletes para que no desertaran. Los rebeldes habían lograron reclutar miles de adeptos entre las temibles tribus baggara y los bedja, etnia caracterizada por su temple guerrero.  La expedición de Hicks fue aniquilada en la batalla de Sheykan. Los supervivientes de la batalla, los que no fueron asesinados, terminaron muriendo de hambre en las calles de El Obeid, capital del régimen mahdista.

En 1877 el jedive Ismail Pachá, designó como gobernador general de Sudán al general británico Charles George Gordon, quién fue comisionado para terminar con el tráfico de esclavos. Este lanzó una serie e expediciones punitivas cerrando mercados de esclavos, colgando a traficantes y al estallar una rebelión de esclavistas de la zona de Bahr el Ghazal, envió a tribus nómadas a lidiar con la rebelión. Ismail Pachá, no le agradaban las medidas tomadas, pero no tenia otra opción, había hundido al país en deudas, y sus acreedores querían cobrarlas. Esta situación fue aprovechada por el Reino Unido para hacerse con el control de Egipto y el estratégico Suez, clave para sus conexiones con el imperio que tenía en la India.  Finalmente Ismail fue reemplazado por su hijo Tewfiq, títere de los británicos.

Ese desencadenó una rebelión nacionalistas liderada por el coronel Arabi Pachá, que ocupó Alejandría, buscando liberar al país del peso de sus acreedores. La flota británica intervino y la rebelión fue suprimida. Treinta mil soldados anglo indios desembarcaron e impusieron el orden en Alejandría y Egipto en general. Ahora este país, aunque no formalmente, pasaría ser parte del creciente imperio británico.  El ejército egipcio fue colocado bajo el mando británico y partir de estos momentos, el poder real pasó a manos de altos funcionarios británicos.

El general Gordon asumió como gobernador general, siendo su capital, Jartum, un poblado que fue creciendo gracias al comercio local, alrededor de la base militar que fue fundada por los egipcios. La riqueza del Sudán venía de la mano de la agricultura, el oro, el marfil – que generaba grandes ganancias a sus traficantes – y los esclavos.

Las expediciones que buscaban marfil, también iban detrás de los esclavos. Asaltaban aldeas, asesinaban a sus pobladores dejando solo a los jóvenes y niños, que eran vendidos en los mercados del norte. Los esclavos, eran vendidos para compensar los gastos de las expediciones en búsqueda del preciado marfil. Jartum se benefició de este tráfico, a tal punto que en 1850, de los 25.000 habitantes la mitad eran esclavos.  El general Gordon era un oficial célebre en el Reino Unido había combatido en la guerra de Crimea, sirvió en la India, y China. Fue gobernador del sur del Sudán, y luego gobernador general, entre 1877 a 1880. Dimitió a raíz de sus diferencias con el jedive Tewfik, pero regresaría ante el estallido de la rebelión mahdista.

La crisis llevó a que el gobierno egipcio ordenada la evacuación de las guarniciones en el Sudán, además de la población civil que había quedado en Jartum y otras localidades. La expedición militar para llevarla a cabo estaría al mando del general Gordon, no exento de controversias políticas de aquellos años.

Los británicos enviaron dos expediciones, una al mando de Gordon a través del desierto, hasta poder contactar los vapores que los llevaría hasta Jartum a través del Nilo. Esta travesía estuvo rodeada de todo tipo de penurias, especialmente por cuestiones logísticas. Mientras por el Mar Rojo la Royal Navy transportaba al general Graham, que tenía como objetivo el puerto de Suakin, atravesar las tierras en manos de los temibles bedja, y enlazar con la expedición de Gordon. Las distancias eran enormes, tengamos en cuenta que el Sudán egipcio, era un territorio de dos millones de kilómetros cuadrados.

La expedición de Graham, chocó con uno de los mejores comandantes mahdistas, el líder tribal bedja, Osman Digna, como veremos más ade;lante.  El general Gordon cometió el error, para muchos historiadores, de dar a conocer a determinadas figuras de la administración egipcia en Sudán, del edicto secreto de Tewfiq, de evacuar las guarniciones y funcionarios. El gobernador del norte de Sudán, Hussain Califa, consideró que era un verdadero desatino dar a conocer dicho edicto y que debería actuar de otra manera, dado que esto sería visto como signo de debilidad por el Mahdi, con sus consecuencias, tanto políticas como militares.,  Gordon consideraba que loa males del Sudán era la corrupción turco egipcia, fuente de todos los males. Incluso pensaba restablecer los antiguos jefes y soberanos locales, previa a la conquista egipcia.  El presentimiento de Hussain Califa, fue cierto. Las tribus que recibieron con alegría la suspensión del tráfico de esclavos, al saber que se había ordenado la evacuación de las guarniciones militares, cortaron las redes telegráficas y se pasaron al bando mahdista.  Esto tendría consecuencias fatales para Gordon, al quedar aislado de El Cairo.

En febrero de 1884, Gordon arribana a Jartum, comenzaba la ardua tarea para empezar la evacuación de 20.000 personas, entre soldados, sus familias, funcionarios y civiles. Gordon no tenía órdenes de evacuar extranjeros, pero por razones humanitarias ofreció esta posibilidad a los pocos europeos que estaban en Jartum. Inspeccionó las defensas de la ciudad y los medios para la evacuación. Según sus cálculos esto demoraría seis meses, debido los limitados vapores de transporte y otras embarcaciones. Tomó diversas medidas para reducir tensiones, como eliminar el impuesto al mercado, lo que redujo a la mitad los precios de los alimentos. Adoptó medidas de control de ingreso y salida de la ciudad.  En pocos días, el presunto salvador de Jartum, se convirtió en mala palabra.

Gordon tuvo que amenazar con represalias a la población, ante una inminente revuelta, incluso mencionando que una expedición británica venía a la ciudad. Algo falso, el venía en verdad a evacuar y dejar la ciudad a su suerte. El cónsul general británico en El Cairo, Baring, le había hecho llegar las últimas directivas, en las cuales dejaba en claro que no designase sucesor alguno.  El coronel Stewart, al servicio de Gordon, realizó un reconocimiento aguas arriba del Nilo y observó que la mayoría de las aldeas estaban plegadas a la rebelión.  La situación era complicada y desató una tormenta política en el Parlamento en Londres, donde el primer ministro Gladstone, indicó que la misión de Gordon era meramente informativa, para conocer la situación. Mientras los políticos en Londres dejaban que Gordon solucionara el problema sudanés, con la idea de no asumir costo alguno, en las montañas cercanas al Mar Rojo la expedición del general Graham, que había desembarcado en Port Suakin, en su avance chocaría con las fuerzas de Osman Digna. El temple y disciplina militar británica, superó la ferocidad de los derviches en la batalla de Tamaai.  La pérdida de diez mil efectivos británicos, egipcios y sudaneses, no tuvo un resultado satisfactorio, no pudieron acabar con Osman Digna, ni abrir la ruta hacia Berber, para enlazar con Gordon. Fue una victoria pírrica.  Los británicos no estaban en capacidad de penetrar dentro del dispositivo enemigo, además de carecer bases de apoyo adecuada para enfrentar la guerra irregular de los bedja.

La deserción de dos mil miembros de tribus Ferayhab y Jammuiyya, que abandonaron la zona de Jartum para engrosar las fuerzas mahdistas, unido al corte de la línea de telégrafos, fueron señales inequívocas que el cerco sobre Jartum era cuestión de tiempo. La situación de Gordon se hacía crítica. La deserción de dos generales turco egipcios, que luego de un juicio fueron fusilados, no hizo más que potenciar los ánimos de rebelión. Se implantaron patrullas militares en las calles y el toque de queda. Antes que cortaran el telégrafo, Gordon supo que Gran Bretaña no enviaría refuerzos. Lo habían dejado a su propia suerte.

La conquista de determinadas zonas en las riberas del Nilo, cerraban la navegación hacia el norte. El cerco había comenzado. Un joven Winston Churchill, que era miembro de los Comunes, interpeló al gobierno, solicitando explicaciones sobre el cerco sobre Gordon. Hubo campañas para recaudar fondos y financiar alguna expedición de rescate.

El Mahdi, para mantener la disciplina de las numerosas tribus que lo seguían, impuso un régimen de convivencia draconiano, especialmente hacia las mujeres que debía cubrirse (desde la edad de cinco años), no frecuentar el mercado, no hablar con hombres extraños, las lamentaciones tradicionales en funerales, asimismo se castigaron severamente con azotes el consumo de alcohol y tabaco. Incluso en algunas tribus nómadas, se impuso la costumbre de probar la resistencia ante los azotes como una diversión entre los mas jóvenes, dado que la práctica de castigar con este método era más que frecuente.  Un testigo que sobrevivió a la brutalidad de los derviches, el padre Ohrwalder, señaló que parieron rumbo a Jartum una fuerza de unos 200.000 combatientes. El destino de Gordon estaba sellado. Las fuerzas derviches usaban como arma lanzas, espadas y escudos, además de armas de fuego capturadas.

Por una cuestión cultural, preferían combatir con armas blancas. Su fortaleza era su número, superando de manera abrumadora a las tropas  anglo – egipcias. En Londres el general Lord Wolseley, preparaba la expedición de rescate. El plan del general era la creación de una Columna del Desierto, donde tropas británicas usarían por primera vez camellos, en vez de caballos. Este cuerpo, debía estar formado por personal de elite, en buen estado físico, destinados a librar una guerra de carácter irregular. La idea de Wolseley, era similar a la creación de una fuerza especial. Este concepto sería aplicados años después por el capitán Lawrence en la rebelión árabe contra el Imperio otomano en la Primera Guerra Mundial.

Los mandos tradicionales del ejército se horrorizaron con estas ideas y censuraron a Wolseley. Finalmente en medio de vítores y un espíritu triunfalista partía la expedición rumbo a Egipto. El objetivo era evacuar a Gordon y las fuerzas allí apostadas, para luego dejar el Sudán en manos de las hordas del Mahdi.

Las fuerzas de rescate llegaron a El Cairo, donde comenzaron los preparativos para continuar con el reclutamiento de cuadros y soldados. Allí sobresalió el mayor Kitchener, futuro héroe del Imperio británico, quien llevó a cabo tareas de exploración e inteligencia de las tierras controladas por el Mahdi. Su trabajo consistía además reconocer rutas y lugares seguros para la expedición, conocer las intenciones del enemigo, su potencial y el grado de lealtad de las tribus locales, además de determinados funcionarios que todavía estaban en la zona. En septiembre de 1884, Kitchener informó a su amigo Stewart, que formaba parte del comando del general Gordon, que la expedición de rescate estaba en camino. La situación de Gordon era desesperante, varios millares de soldados egipcios fueron perdidos en una emboscada derviche.

Stewart remontó el río en un vapor en un intento de buscar ayuda al sitiado Gordon. El Mahdi estaba en las cercanías de Omdurman. Pero Stewart, luego de quedar averiado el vapor que lo transportaba murió combatiendo fuerzas derviches.  La expedición de rescate atravesaba problemas logísticos, dado que solo había 1500 camellos para 2.000 soldados. Problemas en el empleo del camello como arma de guerra, generó todo tipo de contratiempos y pérdidas (ignorantes los británicos, trajeron herreros de caballería, desconociendo en absoluto el empleo de camellos).  Sin ninguna duda el llamado “Camel Corps” vivió una odisea. Los expedicionarios libraron una dura batalla en enero de 1885 frente a Abu Tulayh, donde los britanicos se habían impuesto. La resistencia fanática de los derviches, su enorme número, era una cuestión a tener en cuenta, a ello se unía que las bases de abastecimiento británicas estaban muy lejos.  El Mahdi atacó y tomó Omdurman, ello generó el pánico entre los habitantes de Jartum que huyeron para rendir honor al Mahdi. Gordon toleró la deserción, la situación era sumamente delicada y la expedición de ayuda parecía que nunca iba a llegar.

El gobernador británico contaba con 9.000 soldados mala comidos, dado que las raciones eran cada vez más escasas. El hambre cobró sus primeras víctimas. La situación de las tropas era dramática, la falta de comida, llevó a comer solo goma arábiga y agua, con sus consecuencias para la salud.  E Mahdi le prometió un salvoconducto y ponerse a salvo con las tropas británicas, pero Gordon no quería faltar a la promesa a los soldados y civiles que el había comprometido salvarlos y defenderlos. En una carta señaló que permanecería hasta la caída de la ciudad.  El Mahdi ante las malas noticias de la llegada de la Expedición, convocó un consejo, su tío le sugirió que había que tomar Jartum, gracias a un desertor, las fuerzas derviches identificaron un punto débil en la fortaleza de Jartum. Finalmente las fuerzas del Mahdi asaltaron la ciudad, encontrando el general Gordon una muerte heroica. Esto conmocionó a la opinión pública británica, lo que alimentó la expedición de Lord Kitchener en 1898.  La caída de Jartum, dio al traste con la expedición de rescate.

El estado mahdista y su final.

El primer ministro Gladstone cayó, reemplazado por el conservador Lord Salisbury. El Mahdi, tampoco sobreviviría mucho. La fiebre tifoidea o viruela acabarían con su vida. Su reemplazo sería uno de sus jefes militares, un modesto pastor de Darfur, Abadía wad Torshayn. En 1889 los derviches fueron derrotados en la batalla de Tushki. El ejército egipcio era muy distinto, había sido mejorado y reorganizado. Los conscriptos ahora recibían buena comida y un salario.

El Camel Corps, había sido mejorado y profesionalizado. Los británicos tenían una doctrina de empleo de fuerzas en el desierto. En 1892, el padre Ohrwalder y dos monjas que fueron retenidos por los derviches, lograron escapar y el padre escribió un libro sobre su cautiverio bajo el régimen Mahdista o Mahdiuyya. Esto fue de suma utilidad para la propaganda británica para conocer en detalle, el régimen integrista implantado por el Mahdi.

Los informes permitieron conocer el sistema político del nuevo Mahdi, que generaba resistencia por ser un tosco campesino. Su familia ahora formaba parte de la nobleza o Ashraf . El Mahdi, denominado oficialmente Califa,  había instaurado un califato, con una lectura extrema del Islam, semejante a la lectura que hoy vemos en Arabia Saudita o la que quiso implantar el Estado Islámico. En 1891 el Califa, tuvo que hacer frente a conspiraciones dentro de su círculo de poder.

Ello no impidió sus ambiciones de combatir a los infieles y apóstalas,  ello incluía una agenda expansionista con el objetivo de derrocar al Jedive de Egipto, como también amenazar la cristiana Etiopía. El rey Juan II fue derrotado y muerto, siendo su cabeza cortada y expuesta en una pica en Omdurman. Las rebeliones dentro del régimen mahdista mostraban fisuras, con sucesivas rebeliones. El régimen implacable del califato generaba fisuras y había indicios de rebelión en varias unidades del ejército derviche.

Abdellahi, el califa, encerrado en su palacio, se lo empezó a ver poco y su régimen despótico y gobernaba por medio del miedo. Los británicos sabían de la debilidad del régimen y prepararon dar el golpe para terminar con él.

El desastre italiano de Adua, frente al rey etíope Menelik II, puso en aprietos la presencia italiana en Eritrea, especialmente ante el poderoso general derviche, Osman Digna. El gobierno italiano, hizo saber de esta situación al británico. La presencia del régimen del Mahdi, mas allá de sus fisuras internas, era una amenaza cierta a Egipto y a los intereses coloniales británicos en África. En enero de 1896, el gobierno egipcio aprobó la invasión de Sudán. Quién lideraría la empresa el sirdar o jefe del ejercito egipcio, el general británico Lord Kitchener.

Viejo conocedor del territorio. Una de las acciones fue superar las diversas cataratas y saltos que tiene el Nilo en Sudán, construyendo un ferrocarril a fin de enlazar con un puesto, donde podría seguirse la navegación por medio de vapores. Este ferrocarril hasta el día de hoy funciona. Fue construido en condiciones sumamente duras y en pocos meses.

Asimismo también se trajeron partes para ensamblar los vapores, que transportarían las tropas. La caída de Dongola en 1896, advirtió al Califa que pronto llegaría su turno. El expansionismo francés, fue un toque de alarma para Londres para avanzar sobre el África ecuatorial, por lo tanto la ocupación del Sudán era imperioso.

El Mahdi decidió pasar a la defensiva, convocó a emires de Darfur y Kordofan para que movilizaran sus fuerzas para Omdurman. Pensaba que Kitchener sería vulnerable como Wolseley, a tener líneas de comunicación muy extendida, lo que limitaría sus movimientos. Ignoraba la existencia del ferrocarril militar del Sudán, que abastecía a escala de agua, municiones, equipo a las tropas anglo egipcias. Las armas de los derviches tenían problemas de mantenimiento, había escasez de munición.

Los británicos habían hecho importantes cambios en táctica, doctrina, equipamiento y armamento. Además tenían buena inteligencia, lo que facilitaba conocimiento del terreno y debilidades del oponente. El Califa tenía serios problemas de abastecimiento de su ejército, mientras que esto había sido superado por los británicos.

La superioridad británica fue puesta a prueba en Atbara contra uno de los más importantes jefes derviches, Mahmud, quién cometió una serie de errores, que lo llevaron a la derrota. El general derviche Osman Digna sugirió librar una campaña de guerra irregular, el cual fue desoído. El mismo conocía como los británicos combatían en campo abierto. El camino a Omdurman estaba abierto y Kitchener se lanzó a su conquista.  El Mahdi lo esperó en las afueras de la ciudad, donde se libró una dura batalla, donde fue derrotado completamente.

Este se retiró a orar a la ciudad, cuando le avisaron que el general británico estaba próximo, se retiró de la ciudad y se esfumó literalmente en el interior del país.  El general Kitchener, ordenó destruir la tumba del primer Mahdi, cuyos restos fueron enterrados en una tumba sin nombre. Luego recorrió la ciudad de Jartum, que era un pueblo fantasma y allí ofició una misa en memoria del general Gordon.  El 24 de noviembre de 1899, una fuerza egipcio sudanesa, fue atacada en una llanura de Kordofán.

El general al mando de dicha fuerza era Reginald Wingate, una vez aplastado las tropas derviches, fue en búsqueda del Mahdi, que atacó con siete mil efectivos, sumamente afectados por la falta de agua. El Mahdi, o mejor dicho Abdallahi wad Torshayn, un modesto pastor en sus orígenes, murió tras el “muro” de plomo de las ametralladoras y fusilería de las tropas egipcio sudanesas. Las tácticas medievales de los derviches, libraron su último combate en aquellos parajes, mientras la era victoriana iba tocando fin.

El legado del mahdismo.

El Imperio británico libró la primera campaña contra el llamado “islamismo radical”. La Mahdiyya, tenía como objetivo expandir el califato y su visión puritana del Islam. A pesar de la derrota, de los años de dominio anglo egipcio, el “islam político” en una versión radicalizada persistió. En 1964 el Frente Nacional Islámico, liderado por Hassan at Turabi, quién propuso convertir a Sudán en un estado islámico.

Esto alimentaría la guerra civil con el sur, cuya población negra era animosita débilmente cristianizada.  Varios años después Turabi como su cuñado Sadiq al Mahdi, descendiente del primer Mahdi, con partido Mahdista Umma, apoyaron el golpe contra el general Nimeyri, a favor del régimen del general Bashir, quién implantó la sharia e inició la islamización del país. Turabi apoyó a que Sudán diera refugio por unos anos a Osama Bin Laden. Asimismo el integrismo del régimen degeneró en otra guerra con el sur (que se independizó en 2015) y en la crisis humanitaria de Darfur con decenas de millares de muertos.

La lectura extrema de la religión ha llevado a verdaderas tragedias y violencia que pareciera no tener fin. Este fenómeno como en el pasado es consecuencia de la pobreza, corrupción y oportunismo político. En Sudán la corrupción del régimen egipcio y los constantes abusos, llevaron a la rebelión, encontrando en una lectura extrema y milenarista de la religión sustento ideológico, que terminó en una aventura que estaba destinada al fracaso. La religión en vez de aglutinar y construir una identidad, fue empleada como herramienta de control, que derivó en represión y abuso. Esto debilitó las bases del estado mahdista.

Hoy observamos lo mismo con el siniestro Estado Islámico, su régimen despótico, sus crímenes, no hicieron más que debilitarlo. Ironía del destino, tiene muchos paralelismos con el régimen del Mahdi, que parecía invencible, para luego sucumbir al tiempo, no solo por un enemigo militarmente fuerte, que comprendió sus puntos débiles y los explotó a fondo, sino porque perdió su base social y legitimidad.

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