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Las ruinas de Villa Epecuén a 35 años de su inundación

Villa Epecuén, es el nombre de un pueblo turístico argentino en ruinas, ubicado en el partido de Adolfo Alsina, provincia de Buenos Aires.

Inaugurado en 1821 por Arturo Vatteone, Lago Epecuén, se transformó en el balneario más exclusivo del país. Era el destino de moda de esa época y el lugar escogido por la aristocracia bonaerense como destino no solo para el ocio, sino también para curar enfermedades reumáticas y de la piel.


Situada a 7,3 km de la ciudad de Carhué, fue fundada en 1921 a orillas del lago del mismo nombre, y llegó a tener cerca de 1.500 habitantes, siendo visitada por un promedio de 25 mil turistas durante el verano.



En 1985 una inundación provocada por una crecida del lago sumergió al pueblo completamente bajo el agua, obligando que se evacuara casi toda su población.

Posteriormente en los últimos años el agua comenzó a retirarse, dejando a la vista las ruinas de la ciudad, que se han convertido por sí mismas en un atractivo turístico.

La repentina destrucción de la ciudad, junto con sus ruinas, despertaron el interés de periodistas, antropólogos, fotógrafos y deportistas.



Después de todo, Villa Epecuén no estaba totalmente deshabitada, ya que Pablo Novak, un vecino cuya familia estaba firmemente ligada a la ciudad mediante distintos emprendimientos, se negó a abandonarla y permaneció ahí como el único habitante.

Epecuén proviene de la lengua mapuche, pero todavía hoy está en debate cuál es su significado. Una interpretación bastante aceptada es que deriva de “epe” (casi) y “cuen” (asar), debido al blanco que da la hipersalinidad del agua de la laguna. Otros, cambian el “cuen” por “cuel” (límite), aduciendo que ese blanco divide las tierras buenas de las malas.

Otras interpretaciones apuntan a lecturas tan diversas como “eterna primavera” o “flor de ceniza”. Las aguas termales de la laguna Epecuén poseen un alato nivel de salinidad, similar al del Mar Muerto, lo cual generó un creciente interés turístico medicinal a la zona.

En 1975, el gobierno provincial construyó el canal Ameghino, una obra de ingeniería que conectaba varias cuencas y regulaba el caudal de agua en todas las lagunas de la región. Con este sistema ninguna se secaría y no habría riesgo de inundación. La idea era estabilizar el caudal irregular de la laguna, una característica natural e inherente a su condición, pero que causaba serios trastornos a la actividad turística.

Los trabajos comienzan con la construcción de un canal recolector de agua, pero son abandonados a medio hacer con la llegada de la Dictadura Cívico Militar en 1976.

Este panorama comienza a verse agravado desde 1980 con el surgimiento de fuertes lluvias, que amenazan con anegar al pueblo. La laguna crecía entre 50 y 60 centímetros por año y amenazaba con rebasar el terraplén defensivo de cuatro metros de altura sobre la costa, construido para proteger al pueblo.

En 1985 la provincia de Buenos Aires pasaba por una de las peores inundaciones de su historia. Cuatro millones y medio de hectáreas habían quedado anegadas por un desborde del Río Salado. Las pérdidas —por evacuación, por poblaciones incomunicadas y por deterioro global de la economía de los distritos afectados— luego se medirían en mil quinientos millones de dólares.

Durante una fuerte crecida ocurrida a principios de noviembre de 1985, algunos vecinos del pueblo —entre ellos, los bomberos de la zona— comentaban que el terraplén que los separaba del lago podría caer, mientras que los funcionarios municipales y provinciales sostenían que cualquier desborde no superaría los diez centímetros y que esta villa del suroeste de la Provincia de Buenos Aires seguiría siendo uno de los principales centros de salud del país.

Pero el 10 de noviembre de 1985, el terraplén cedió y los excedentes hídricos inundaron el pueblo, que tuvo que ser evacuado. El trabajo “fuerte” de evacuación duró 15 días y no hubo ninguna fatalidad, si bien hubo que trasladar hasta los féretros del cementerio— la municipalidad los derivó a Carhué, a unos ocho kilómetros.



Epecuén se fue cubriendo de agua lenta y paulatinamente y sus casi 1.500 residentes estables perdieron todo. Dos años después llegó a su pico máximo de inundación; las ruinas quedaron bajo el agua durante dos décadas

Se ha imputado al entonces gobernador Alejandro Armendáriz de haber ordenado sacar los sistemas de defensa que paraban el agua de un sistema hídrico que, como el de las seis lagunas “Encadenadas” al norte de Carhué no tenía contención. Las indemnizaciones en australes fueron afectadas por la hiperinflación reinante.

Varios funcionarios serían posteriormente imputados por desvío de fondos públicos que estaban destinados a las obras públicas contra las indundaciones, entre ellos el vicegobernador, y el ministro Conrado Storani y el ministro Aldo Neri, quien sería acusado por los vecinos damnificados de desviar la ayuda alimentaria a punteros, siguiendo criterios políticos partidistas a cambio de votos.

El pueblo fue evacuado en su totalidad, y el agua no retrocedió.

A​ctualmente la ciudad dispone de varios circuitos turísticos que reviven aquella época de esplendor: El Matadero, Ruinas de Villa Epecuén, Playas sustentables, Spa termales y el Museo Regional de Adolfo Alsina.

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